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Voyeurs

(Este vestido de Edith Heath, vestido maravillosamente por Grace Kelly, ha pasado a la historia de la moda) Cualquiera que haya tenido alguna vez una pierna enyesada sabe lo que es eso. Yo he pasado en dos ocasiones por esa experiencia. La primera vez fue en diciembre y me dediqué a ver trescientas veces “Doce hombres sin piedad”, la segunda, en verano, y escribí, o casi, mi libro sobre Manolo Caracol. Las noches eran lo peor. Todo el mundo durmiendo y tú intentando aliviar el picor de la pierna con una aguja de hacer punto, ay.  El patio de vecinos, la casa de apartamentos, es un espacio estrecho, saturado, desde el que no se ve la calle, salvo un pequeño resquicio. La claustrofobia que genera su pequeñez se une al hecho de que el hombre está sentado en una silla porque no puede moverse a causa de su pierna. El hombre es un fotógrafo, tiene calor, suda, padece de picores en la pierna y su única arma, su distracción, es mirar a través del teleobjetivo de su cámara de f...

Fuera de temporada

Esa condición efímera del amor que lo convierte en un sentimiento único, esa manera en que dos seres humanos se encuentran en un gigantesco mundo hostil que va a separarlos y que, sin embargo, conservan en algún lugar de sí mismos no solo el recuerdo, sino la exacta vivencia de lo que fueron juntos. Una infinita primavera que aún vive en mí, me dijo alguien hace poco recordando el tiempo en que creímos ser el centro de la vida y lo fuimos. Siempre que lo recuerdo me hace llorar. De eso trata esta película. De la cualidad del amor que lo hace impermeable al paso del tiempo, imbatible ante las dificultades de espacio y de oportunidad, único e irrepetible, doloroso y vivificador a la vez. Ellos dos tuvieron una historia y las historias de amor, cuando lo son de verdad, nunca se escriben en pasado. Este encuentro, fortuito y sin esperanzas, es la forma en que la vida devuelve algo de lo que quiso quitarte. Así que de eso va esta película. Me encanta el cine francés. 

Rizos y un mapa de España

(Fotograma de "Sentido y Sensibilidad" de Ang Lee)  Es la música, en primer lugar, lo que hace de esta versión de Ang Lee del libro de Jane Austen "Sentido y Sensibilidad" una pequeña maravilla. Un tributo eficaz, diáfano, exacto, al genio de la escritora, a su creación de personajes y ambientes, a su estilo, a su ingenio e inteligencia. La música crea el tono especial que la distingue y, entre todos los libros de Austen, en los que la música siempre tiene un importante papel, es aquí donde expresa el dolor y la alegría con mayor lucidez. Lo mismo ocurre con los versos, las palabras, los poemas que se recitan, el consuelo de la lírica en los momentos difíciles. Shakespeare y sus sonetos que invitan al amor, aunque sea, como sabes, un amor aureolado de triste cobardía.  Entre todas las imágenes hay una evocadora, imposible de pasar por alto, una imagen en la que me detengo y en la que observo cosas que quizá otros no ven. Al fin nuestros ojos siempre vue...

En el calor de la noche

  “Los negros mienten” parece pensar el jefe de policía de Sparta (Mississippi), el rudo y terco Bill Gillespie. No lleva un buen día. El asesinato de Colbert, poderoso industrial del norte, le ha contrariado. Tiene que solucionarlo de la forma más rápida posible. Y he aquí que su ayudante, el visceral Sam Wood, le trae la respuesta en bandeja. Ahí está Virgil Tibbs, negro, que estaba en la estación del tren durante la madrugada de este caluroso día de septiembre. Cómo un culpable de asesinato y robo (doscientos dólares exactos) se sienta luego a esperar tranquilamente que pase un tren es algo que excede de la inteligencia de Woods y del temperamento de Gillespie. He aquí un sospechoso y ya está.  Bueno. No tan rápido. El señor Tibbs, el negro de la estación, alto, guapo, bien vestido y muy sereno dadas las circunstancias, asegura que estaba esperando el tren de las cuatro y cinco que circula las madrugadas de los martes en dirección a Memphis, donde tiene a su madre. Y afirma...

Woody en París

  Los que formamos la enorme legión de militantes en la fe Allen esperamos siempre con entusiasmo y expectación su última película, no la que termine con su carrera sino la que continúe con la misma. A ver qué dice, a ver qué pasa, a ver qué cuenta. Esperamos su narrativa y sus imágenes, creemos en sus intenciones y admiramos que vuelva a trabajar con profesionales tan magníficos como este Vittorio Storaro , director de fotografía, que dejó en la retina sus dorados memorables en otras de sus películas y que ahora plasma un París de ensueño. ¿Quién no querría recorrer este París? En el imaginario Allen tiene un papel esencial la suerte, la casualidad, aquello que surge sin esperarlo y que te cambia la vida. Él cree firmemente en eso y nosotros también. Shakespeare lo llamaría "el destino" y Jane Austen trataría de que la razón humana compensara las novelerías de la naturaleza. Allen también cree en la fuerza de la atracción y en la imposible lucha del ser humano contra sí ...

La mejor Agatha del cine

  Resulta curioso que la mejor adaptación que se ha hecho nunca de una obra de Agatha Christie sea esta, " Testigo de cargo " y que las circunstancias sean tan especiales. Para empezar es un relato corto que, sin nada de florituras y yendo al grano, narra los hechos relacionados con un asesinato y un encubrimiento. En la novela no hay ese juego de abogado famoso y enfermera, ni tampoco ascensores interiores que suben y bajan, ni pastillas para controlar la ansiedad durante el juicio. Todo es mucho más directo, claro y sencillo. Sin embargo, la adaptación no solo conserva intacto el espíritu del libro sino que es una obra maestra del cine. ¿Por qué? El relato se publicó dentro de un conjunto de ellos en 1948 y la película se rodó en 1957, casi diez años después. Tres artistas rutilantes forman un triángulo increíble, algo fuera de lo normal en una obra aparentemente destinada a ser menor. Marlene Dietrich es la amante del acusado, la mala mujer, la que lo acusa primero y l...

Jonny Lee Miller es el señor Knightley

  Resulta curioso que Jonny Lee Miller , cuyo bagaje principal es el de actor de películas de acción, diera tan bien en el personaje de Mr. Knightley en la miniserie de la BBC "Emma" de 2009, con Romola Garai en el papel de la protagonista. La miniserie estuvo muy cuidada en todos los aspectos, con un reparto admirable, una ambientación exquisita y un resultado que capta fielmente el espíritu de la novela de Austen . Dentro del conjunto de actores es destacable la química entre Romola Garai, una jovencita entonces de veintisiete años y su oponente, Miller, que tenía diez años más que ella, de modo que estaba muy bien ajustada la diferencia de edad entre la pareja tal y como la novela detalla.  No fue el primer Austen que interpretó Miller. En 1983 participó en " Mansfield Park " en el papel del hermano de Fanny, Charles, que era un destacado militar, de presencia episódica. En 1999 en otra versión de "Mansfield Park" hizo del protagonista masculino, Edmu...

El tiempo de vaciar los armarios

  /Retrato de una joven dama, 1920. Archibald Gl Barnes, 1887-1972) Las redes sociales tienen muy mala prensa. No dudo de que sean dañinas en cierto modo, sobre todo si no se sabe cómo usarlas, si no gestionas mínimamente ciertas claves necesarias. He visto peleas absurdas, diatribas innecesarias, envidias puestas de manifiesto, robos descarados de ideas y de textos, engaños, un poco de todo. Lo bueno y lo malo de los seres humanos, como en la vida real. Porque son una parte de la vida real, inseparable ya de nosotros.  Sin embargo, hay ocasiones en que ejercen una influencia benéfica sobre nosotros. Pondré tan solo un par de ejemplos. Cuando quedé viuda no tuve ni consuelo ni consejo por parte de nadie. Puede resultar duro decirlo pero es así. Esporádicas visitas de algunos amigos, que cesaron rápidamente porque "ver y oír a un triste enfada" como dice el poeta; desinterés y horas de soledad. Ni familia, ni amigos dieron un paso adelante, ese empujón que necesitas. Ni para m...

Asombro y soledad

  /Richard Burlet/ Aprendí sola el arte de la observación. Tenía un extenso muestrario delante de mí: mi calle era un paraíso de personalidades, tipos y caracteres. Me acostumbré a mirarlo todo y a enterarme de todo, aunque había temas vedados a los niños. En realidad, no creo que a los niños les interesara nada de lo que allí sucedía, ni a la mayoría de las niñas. Pero yo era una niña distinta, una niña rara, porque escribía y escribir significa observar. Desarrollé de este modo el arte de la observación y lo practiqué a conciencia de tal modo que aún hoy, pasados los años, sigo teniendo una absoluta claridad sobre aquella gente, sobre sus acciones y su forma de ser, sus relaciones, sus amistades, sus encuentros, sus problemas. Era un laboratorio y en mi cabeza sigue siéndolo. Aunque soy consciente de que yo también formaba parte del muestrario. También era observada por los demás.  /Raphael del Orme/ Mi principal interés estaba en las mujeres y los hombres. Los niños no me i...

Quieres hablar de él

Esa etapa del duelo en la que los que te rodean quieren que pases página. Están deseando que dejes de llorar si es que lloras. Están deseando que salgas a la calle, que te peines, que vayas a la peluquería, que te cortes el pelo, que te pintes los labios. Te piden que te compres ropa, porque la de antes no te vale, has adelgazado sin darte cuenta. Quieren que te entretengas, que veas películas, que leas libros (no demasiado serios, eso sí), que entres en las redes sociales. Quieren que hagas ejercicio, que salgas a dar un paseo, que vayas al supermercado, que cocines, que ordenes los cajones de la ropa, que hagas cosas, mil cosas, cuántas más mejor.  No entienden el sosiego. No entienden el ir despacio. No te miran realmente. No sabes lo que sientes. No sabes que necesitas pararte, que no es malo llorar, que ojalá las lágrimas acudieran, que prefieres estar en tu casa, en tu rincón, que los libros no te suponen nada, que no los comprendes, que la música te sobra porque te entristec...

Sin lágrimas

 /Cuadro de Gustav Klimt fotografiado por Inge Prader/ Desaparecieron las lágrimas. Todas se unieron entre sí y formaron una nube oscura, que se elevó y se confundió entre otras nubes, allá en el más lejano horizonte de la galaxia. Habían estado rondando durante días, semanas y meses pero, llegado el momento de estallar, se confundieron con el aire, con el humo y con la distancia, y desaparecieron las lágrimas para siempre. De ese modo, el sentimiento era un poderoso arcón donde las palabras se mezclaban unas con otras y donde no había manera alguna de entenderse. Una torre de Babel infinita, que días se escondía y días se mostraba sin llegar a construir ningún pensamiento. Una inmensa nube oscura plagada de imposibles. Las imágenes dejaron de tener sentido, los abrazos desaparecieron, las venganzas eran solo un punto del pasado, los amigos huyeron y los miedos se aposentaron. Ni una sola lágrima aliviaba esos momentos, ni una sola aparecía en el horizonte y el horizonte no tenía e...

Avignon, tout le temps

  Cenamos en Le Violette y luego recorrimos las calles. Brillaban. Se oía un sonido tenue de alguna fiesta en algún sitio. Pero nada molesto, nada que hiciera interferencia con el amor y el eco de los ojos. Nos miramos. Hacía calor pero a quién le importaba. No a nosotros, tan jóvenes. No a nosotros, tan llenos. No a nosotros, tan enamorados. La ciudad se revolvía sobre sí misma. La plaza del carrusel siempre estaba llena y, durante el día, teníamos la ocasión precisa para recorrer librerías, comprar regalos y regalarnos a nosotros mismos, dos amantes sin indecisiones, completamente seguros, libros y convertidos en fuego y bruma.  Nous avons dîné au restaurant Le Violette, puis nous nous sommes promenés dans les rues. Elles brillaient. Il y avait un léger bruit de fête quelque part. Mais rien de gênant, rien qui ne puisse perturber l'amour et l'écho des yeux. Nous nous sommes regardés. Il faisait chaud, mais qui s'en souciait ? Pas nous, si jeunes. Pas à nous, si pleins. Pa...

Cualquier cosa que me digas

  La chica de la foto mira a Nina Leen , que es la fotógrafa, y sonríe. Se ha quitado las gafas en un infalible gesto de coquetería. Gesto suena igual que beso. La ventana está tendida hacia los árboles, desconocidos árboles cuya esencia no conocemos, porque a la fotógrafa le interesa más acercarse a la chica, con sus shorts y su camiseta de escote Bardot , aunque quién sabe si Bardot existía en esos años o no. Seguramente no. Brigitte no se quitaba la edad pero Nina Leen nos ocultó el año de su nacimiento y todo lo que ha dejado son elucubraciones. De todos modos, a quién le importa cuándo nació si tenemos sus fotografías, transparentes, inauditas, valientes para la época. Como le sucede a la chica, yo también solía usar poca ropa y mi padre tenía una frase para la situación: ¿no había más tela en la tienda? La tienda era Jisol y estaba en la calle Real y mi madre compraba los retales y me hacía los vestidos en un instante, porque a mis hermanas la moda no les interes...

Memoria del encuentro

 /Fotografía de Gonzalo Juanes, 1923-2014/ Había un paraíso en el encuentro. Las calles con sus miles de colores, sus atributos, la forma especial en que se presentaba a nuestros ojos, tenían toda clase de sorpresas y nosotros bullíamos en ellas, sin sospechar que un día no lejano iban a convertirse en enemigas, en cotos cerrados, en alambrada de espinos. Un tiempo hubo en que la calle era nuestro refugio, el que te hacía huir de la monotonía diaria, el que te aliviaba del trabajo, el que reseteaba tus sentidos y el que te traía el hallazgo de los encuentros. Todos unidos en ese momento del saludo, en ese adiós de las despedidas. Hace tiempo de esto y aún se recuerda esa fibra brillante de la vida enlazada. Hace unos años todo cambió y, para muchos, terminó. Nunca más recuperar la agilidad de las miradas, el abrazo, el  beso, la bulla ingenua, el temblor de los escaparates. Nunca más sentirse libre y a salvo de todo en ese espacio irrecuperable que ya no es nuestro, no es nues...

Voces blancas

/David Hockney, in memoriam/  Un hombre vestido de blanco descendió el avión y entonces se elevaron al cielo muchas voces blancas, niños y niñas, jóvenes, adolescentes, que cantaron canciones, cantos, cánticos y también hubo cantes en el aire y esto fue una especie de aviso de que todo el mundo se había dado por enterado de la visita del hombre de blanco al viejo país, gastado, cansado y sin esperanzas, que quiso convertir las voces de los niños en telegrama, carta, correo electrónico o mensaje de móvil para decir a ese hombre que querían que las cosas fueran distintas y la gente tuviera un poco más de ilusión, no solo los que llegaron de fuera sino la gran mayoría de todos, hoy dispersos, perdidos, agotados, envueltos en noticias alarmantes, angustiados porque faltan muchas cosas. Madres que velan por sus hijos, hijos que tienen que ayudar a los padres, muchachos que no saben dónde estará su futuro, árboles sin vida, luces apagadas, historias sin escribir. Todo eso se elevó al cie...

Tarde de lectura

 /Mis fotos. Patio del Aljarafe/ Las tardes frescas del verano, ese momento en que el aire atlántico se atreve a cruzar el espacio y llegar hasta la pequeña fuente, el arriate, el banco de madera, el escalón, la casapuerta, ese momento. La puerta de la casa está entornada, no hay nadie por la calle, los niños tienen prohibido pisarla hasta que acabe la hora de la siesta. Alguno se escapa siempre. Y se sienta en una esquina en silencio, en el banco, en el suelo, en el escalón, en un felpudo viejo. Y saca de alguna parte un libro, el libro de esas horas y esos días, el libro de los instantes silenciosos, el libro que contiene una aventura insalvable, que cubrirá de agua de mar los sueños, de una valle por pintar a la que se saca negocio, de una lucha incansable entre los cruzados o, quién sabe, de princesas también, siempre alguna princesa. 

Julian Barnes: no hay despedida

  La gloriosa generación literaria de Julian Barnes comienza con él mismo, que es el decano, puesto que nació en 1946. También están Ian McEwan , de 1948; Graham Swift , de 1949; Martin Amis , también de 1949 y fallecido en 2023; Christopher Hitchens, del mismo año y fallecido en 2011; así como los más jovenes, William Boyd , de 1952; Kanif Kureishi y Kazuo Ishiguro , ambos de 1954. He leído más a Barnes, Kureishi, McEwan e Ishiguro que a los otros, y, aunque he tratado a Swift , pero tengo una asignatura pendiente con Amis, por ejemplo. Y eso que conozco bien a su madrastra, Elizabeth Jane Howard , una de mis escritoras favoritas.  Barnes es, también, el único de ellos que ha sido premiado con el Premio Princesa de Asturias de las Letras , que tienen otros ilustres colegas como Philip Roth o John Banville. Ha sido este año de 2026 cuando el escritor se ha retirado de la literatura y ha cumplido los ochenta años. Sus dos últimos libros, no los llamaré novelas, están e...

"Persuasión" y los niños malcriados

  A lo largo de todas sus novelas, Jane Austen alude a la educación. Lo hace refiriéndose a la gente bien educada, cuyos modales son aceptables y adecuados y también cuando habla de los jóvenes. Pero en "Persuasión" encontramos referencias muy directas a la mala crianza, centrando en los hijos de una de las hermanas Elliot la cuestión. En efecto, de las tres hermanas, solo la menor, Mary, se ha casado. Lo ha hecho con un hijo de la familia Musgrove, Charles, que fue en su tiempo pretendiente de Anne, la hermana intermedia, aunque ella lo rechazo. Se podría escribir una tesis doctoral sobre los rechazos de las protagonistas a determinados matrimonios en sus obras. Mary Charles viven cerca de los padres de él y tienen dos hijos pequeños. En la novela se relatan las andanzas de los chavales, los dos carentes de las mínimas enseñanzas de urbanidad, respeto y modales ya que ni la madre ni el padre tienen capacidad ni interés en ello. Lograr que los niños se porten bien es una haza...

Morir de tristeza

 Fue mi amiga Pepa Domínguez, una lectora feroz, la que me puso en el camino del cómic Persepolis que Marjane Satrapi había publicado y que había salido en España. Tengo que agradecerle a Pepa el hallazgo de Irène Némirovsky, pues fue ella la que me recomendó que leyera El baile , su novelita casi autobiográfica que me presentó a la autora. En esos años yo impulsaba todo lo posible la biblioteca del instituto del que era directora y Pepa era una de las personas que colaboraba más activamente. Ser lectora y amar los libros es un santo y seña que distingue a alguna gente con la que da gusto tratar.    La muerte de Marjane Satrapi, a los cincuenta y seis años, ha caído como una bomba entre la legión de seguidores que tiene y que ha seguido su carrera. Y la familia ha aclarado que ella no deseaba vivir, que la tristeza la había inundado desde el año pasado, cuando murió su marido a los cincuenta y tres años y ella declaró que la vida sin él no le merecía la pena. Esa  t...

La tela de araña

 Suena la música y se apaga el teléfono. No hay nada que pueda traerte ese sonido, ninguna ilusión, ninguna buena noticia, ningún estremecimiento. La canción se eleva por encima del aire y cubre la habitación como si fuera una cúpula, un lugar extraño, nacido para eso, para entenderse en los peores momentos y en los buenos instantes. Suena la música y no queda otra cosa que esperar, entender y sentir los latidos de las voces, inflamadas del misterio que atrae, desde siempre, a la gente que se ama. Falta el amor y el amor se aloja en cualquier sitio, fuera de tu alcance, fuera de ti misma, fuera de todo, tan lejos. No en un país exótico, no a miles de kilómetros, a solo diez minutos la inmensa realidad de sus mentiras. Así que deja ahora la música sonar, que la música guarda un secreto que nadie más conoce y no olvides que, ante todo, si te has vuelto a engañar no ha sido cosa tuya. Es que, seguramente, hay cosas imposibles que te nublan la vista y logran que te envuelvas en la tela...