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Mostrando las entradas etiquetadas como Mis fotos

Una historia de esperanza

Estaba el colegio situado en una de esas calles interiores del pueblo, pegadas a su centro, llenas de casas bonitas con cierros y espadañas. El colegio tenía un azulejo de brillantes colores en su casapuerta de entrada, ventanales a la calle, un patio rodeado de puertas que se abrían y cerraban y el lugar en el que se improvisaban obras de teatro y sesiones de fotos. Era un colegio pequeño, con solo cuatro maestros cuando hubo más pero que para las niñas de las imágenes fue el sitio donde hicieron algo tan fundamental como aprender a leer. La entrada en el mundo de los lectores es un hito que tiene el significado más especial que una pueda imaginarse. Y fue allí y fue con ellas, las maestras, las tres maestras que aparecen en la foto, mirando tímidamente al suelo.  El colegio era, en realidad, una academia. En aquel tiempo no eran usuales. Un centro privado y laico, donde se rezaba pero no había presión religiosa alguna. Un sitio en el que se aprendían muchas cosas útiles, leer, es...

La Provenza y unas violetas

Si algún día fuera posible que tú y yo recorriéramos el mundo, la primera parada sería Uzés, el pueblo de la Provenza en el que viví algunas de esas horas que se guardan en un arca secreta de la memoria. El olor a violetas cruzaba sus calles y los campos de lavanda las rodeaban imprecisos. En las horas tórridas de la primavera, todo se convertía en una sinfonía de lilas imposibles de apartar de la imaginación. Y en septiembre, la uva y sus tonos dorados eran un reclamo seguro para la vista. Todos los aromas se concitan en la Provenza para acuciar nuestros sentidos. El pueblo se estiraba como si fuera un viejo animal ronroneante que buscara el amparo de alguien que le pusiera suavemente la mano sobre el lomo. Las gigantescas puertas que cercaban algunos de los arcos de sus murallas eran como enormes manos que quisieran proteger el interior. En los soportales de la plaza cuadrada estaban los artesanos con sus madejas de hilo de colores, sus lanas teñidas manualmente y un sinfín de c...

Patios

  Más que otra cosa, tenía grabadas el tacto de las piedras y el olor de las plantas. Pasaba la mano por la rugosa superficie de la pared y quedaban huellas en los dedos y en la palma, testigos de una acción repetida, que le traía esa tranquilidad de saberse en medio de una naturaleza conmovedora. Y las plantas desprendían el acre olor del agua mezclada con la tierra y la clorofila a sus anchas y el viento que movía las hojas y las desprendía a veces. Todo el patio tenía ese aire decadente de una película italiana con pocas pretensiones. Y luego estaba el banco. Sentarse en él era ya una odisea, porque estaba quejumbroso, callado y a falta de una buena capa de pintura. Su color había cambiado con el tiempo, como cambia el peinado de las mujeres y la risa de los hombres. Todo estaba hecho a la medida humana y por eso, quizá, a ella le gustaba tanto estar allí, separada del resto, como en un paraíso imposible de restaurar, como una foto antigua que tuviera tanto significado como las ...

La primera vez que fui feliz

  Hay fotos que te recuerdan un tiempo feliz, que abren la puerta de la nostalgia y de la dicha, que se expanden como si fueran suaves telas que abrazaran tu cuerpo. Esta es una de ellas. Podría detallar exactamente el momento en que la tomé, la compañía, la hora de la tarde, la ciudad, el sitio. Lo podría situar todo en el universo y no me equivocaría. De ese viaje recuerdo también la almohada del hotel. Nunca duermo bien fuera de mi casa y echo de menos mi almohada como si se tratara de una persona. Pero en esta ocasión, sin elegir siquiera, la almohada era perfecta, era suave, era grande, tenía el punto exacto de blandura y de firmeza. Y me hizo dormir. Por primera vez en muchas noches dormí toda la noche sin pesadillas ni sobresaltos. La almohada ayudó y ayudó el aire de serenidad que lo impregnaba todo. Ayudaron las risas, el buen rollo, la ciudad, el aire, la compañía, el momento. No hay olvido. No hay olvido para todo esto, que se coloca bien ensamblado en ese lugar del cere...

Un paraíso en el sur de Francia

El mes de septiembre es para vivir junto a viñedos, aspirando el tierno sabor de la planta crecida, tomando helados en una mansión del siglo XV y sentados en un café cualquiera de Uzés. Es entonces cuando le tomas la medida a la vida, cuando entiendes que hay sensaciones que bien merecen lágrimas futuras. Es entonces cuando tu sonrisa lo dice todo, cuando has conocido la alegría de vivir de la que hablan los poetas. El sur de Francia es el telón de fondo de toda la poesía. Sus ciudades, sus carreteras, aquellos amigos, los muros del liceo, las comidas escasas, los puestos de la calle, las librerías tan llenas, todo es un santo y seña de la felicidad y del disfrute. Qué dulces pasaron esas horas, qué tiernas las miradas, qué llenas de pasión las esperanzas, qué grande todo, qué especial sin que entonces supieras que era efímero, porque los lazos del amor, a veces, son demasiado fáciles de desatar... (Foto: Manuel Litrán. Nîmes. Provenza. Francia)

Aquella mar de Cádiz...

Había una terraza tendida al mar y en ella se mostraban todos los amaneceres. Te levantabas temprano y te sentabas allí, hermosamente absorto en el agua que brillaba a lo lejos, o en las flores del suelo o en las nubes. Si llovía, por muy raro que parezca, caía sobre ti esa humedad a modo de recuerdo, porque en tu infancia fuiste niño de lluvia, de olivos, de rumores de campo y de voces del pueblo. Todos los veranos que estuvimos juntos, demasiado pocos, ahora lo sé, seguías el mismo rito con la misma certeza. El mar era la mar por adopción y hallaste su secreto como si hubieras nacido allí, aunque eras de tierra extraña, de tierra adentro, de otra tierra. Tu mar era tan verde... No debiste marcharte. Aquella casa se perdió ese mismo verano en que, sin avisar y por la espalda, nos dejaste desnudos de tus manos sin poder retenerte. No debiste marcharte y cerrar con tu marcha el capítulo de todos los abrazos, de todas las nostalgias. Eras tan de verdad que resulta imposible ...