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Mostrando las entradas etiquetadas como Navidad

Nochebuena en La Isla

 La cosa empezaba días antes con las compras y con el canto de villancicos . Cual si se tratara de una orquesta, la madre y los hijos se sentaban por las tardes con sus panderetas y se ponían a cantar como locos todo el repertorio de la navidad , incluso en varias voces, no faltaba de nada en plan de música. Al tiempo, se iban comiendo de las bandejas los polvorones , los mantecados , las figuritas de mazapán , las almendras rellenas y el turrón . Había de todo en eso de comer, algunos muy glotones y otros muy delicados, a los que nada les gustaba. Pero el bullicio en la casa era manifiesto. Incluso se había adornado con anterioridad, con un estilo peculiar y muy propio de la familia, con árbol, belén , guirnaldas , adornos por todas partes y botes de esos de nieve para las ventanas . Era una locura. El portón de la casa siempre estaba abierto y la gente iba y venía, saludaba, cogía un polvorón o un delicatessen, y las más de confianza un vaso de café, ese café en vaso largo como...

En la noche de la Nochebuena...

La Noche de Antonio da Correggio. 1530. Óleo sobre tabla. Gemäldegalerie Alte Meister, Dresde Cuando era niña vivía una Navidad llena de ritos, significados, música y adornos. Mi padre llenaba la casa de lazos, de guirnaldas, de muñecos y de regalos. Parecía una casa americana, de las que salen en las películas, toda llena de verde y de rojo, de musgo, de poinsetias, de caminitos, puentes y norias. El árbol y el nacimiento, los dos sin discusión alguna, cada uno en su sitio y en su papel. Y mi madre se encargaba de que los Reyes Magos llegaran cargados de juguetes. Buscaba desde meses antes aquello que a cada uno nos iba a gustar más. Preguntaba, indagaba, era una detective de los monarcas y, llegado un momento, también de Santa Claus. Una emisaria perfecta. Libros, juegos, mochilas, música, ropa, chucherías...¿cómo llamábamos a los caramelos, los bombones, las monedas de chocolate, los cigarrillos de mentira, los reyes que se comían? Ah, sí, la rebujina. La rebujina estaba junto ...

Cuento de navidad: Recuerda por qué brilla ese árbol

La casa estaba encendida. Como otros años, como todos los años anteriores, como muchos años de otros tiempos, la casa estaba cubierta de la pátina del dorado y el rojo. El muérdago aparecía sobre la puerta, como si esta fuera una casa inglesa. Las ventanas tenían figuras imaginadas de renos y viejos con barba blanca. En las esquinas de la entrada, dos maceteros con flores blancas y plateadas saludaban con cierta desgana a los visitantes.  Al fondo del salón, en el sitio de honor que se había logrado despejando hacia un lado la enorme pantalla de la televisión, allí estaba el árbol, un pino natural, porque aquí en estos sures los abetos son solamente de plástico, recogido de un vivero un día antes, plagado de bolitas de colores, cintas de espumillón, casitas de madera, muñecos, todos ellos vestigios de los niños de la casa cuando eran niños. No se trataba de una de esas decoraciones simétricas tomadas de una revista. No, era algo más natural, más íntimo, más cercano.  ...

Ritos

  Los ritos son esas pulsiones emocionales que nos llevan a la nostalgia. Aún así los necesitamos. Ordenan el calendario, clarifican las secuencias de los días y las noches, establecen la prioridad de nuestros afectos y, sobre todo, abren las ventanas de la memoria. Si a principios de diciembre colocas en tu casa esa sinfonía de luces, de ramas y de todos esos pequeños habitantes de la caja de navidad, entonces estás conjurando a quienes antes que tú hicieron esa misma operación y te enseñaron a hacerla. Los ritos de la navidad son, quizá, los que más recuerdos producen. Los días previos, los dulces que tu madre hacía, las compras que a tu padre le gustaba encargar, productos que solo se veían en esas fechas señaladas y la casa convertida en otra cosa. La caja de navidad que se abre y de ahí salen cosas año tras año y esa fisonomía dura un tiempo tan largo que da tiempo a que llegue el otro año, el año nuevo. Cosas nuevas y cosas viejas, la lámpara de Aladino, la necesidad de sacud...