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Mostrando las entradas etiquetadas como Fotografía

Asombrosa primavera

  /Foto de Nick Knight, Londres 1958/ La ventana muestra un jardín cansado. El calor convierte las macetas en un oasis dentro del desierto. Hay margaritas que se esconden detrás de un arriate donde las cintas ocupan el espacio y se niegan a compartirlo. Las plantas tienen su propio lenguaje y el agua las convierte en guerreras de una batalla sin fin. Esta primavera hay un hastío que se traduce en ese reguero de pétalos que cubre el suelo, sin que haya un verso que los anime, sin que haya una razón para elevarse por encima del polvo. Tenemos una asombrosa primavera, un estallido imposible que no admite pausas y nos paseamos por entre los jardincillos, con las corrientes de agua a flor de piel, con el jazminero que se asoma por la verja exterior y con un olor cargado de esencias en el huerto donde el arrayán, el aloe vera, la hierbabuena y el romero se han aliado, sin permiso, para convertir en desatada armonía todo el paisaje. 

Amable transparencia

 /Fotografías de Uta Barth/ Entra un rayo de sol. Cruza la calle. Se sube al árbol más cercano y trepa. Se detiene en un banco. Un niño se levanta, se marcha, se lleva la pelota, se despide de otro, se aleja, su madre está esperando en una esquina. El sol no ha pedido permiso. El sol se mueve sin que nadie lo pare. No hay sonido, no hay voces, no hay ecos, no hay montañas. Todo es tranquilidad, todo es silencio, todo es bruma, todo es el sol naciente. Un leve impresionismo atraviesa la plaza, la convierte en plató, puro teatro, gestos de actor de Shakespeare, diálogos y monólogos, expresiones, la palabra, muchas palabras, todas caen en el borde de una papelera azul, colocada en la orilla de la plaza, vacía, sin el recuerdo de los niños y sus bolsas de papel pintadas de dinosaurios. Hay cuatro naranjos que desgranan azahar. Han perdido las naranjas amargas. Los operarios llegaron una mañana y las sacudieron con sus enormes ganchos y las naranjas volaron por el suelo, recubriero...

Un broche de flores y un collar de perlas

 El trasiego de las redes contrasta con la delicadeza de las fotos que hizo Nina Leen. El mundo femenino que ella retrata tiene un aire callado que no concuerda con el ruido. El sosiego es el paradigma más exacto. Como esta mujer que aparece en la revista Life y que se inclina con suavidad sobre la nota que está escribiendo, una carta, un recado, una disculpa, una declaración de amor, quién sabe. Precisamente ahí está su secreto, en no saber qué está escribiendo y a quién va dirigido. Quizá a ella misma, muchas veces nos escribimos a nosotros mismos, a lo mejor siempre, aunque haya otras personas que terminen leyéndonos. Qué despacio parece pasar el tiempo para esta mujer que se inclina levemente para escribir... Sabes lo que sucede cuando tienes algo que decir y no logras expresarlo. O cuando parece que las palabras van a fluir y se detienen. O, todavía peor, cuando no hay nada más y las expresiones desaparecen, todo desaparece, hasta las ganas de estar y de contar. Contar las his...

La tristeza de las mujeres

  /Fotografía: Saul Leiter/ Las mujeres de mi calle eran mujeres tristes. Me di cuenta de ello cuando era muy pequeña. No tengo claro qué síntomas me desvelaron esta cuestión, pero estoy segura de que no me equivocaba. Tampoco le dediqué entonces tiempo a pensar sobre lo que sucedía, lo que les sucedía, pero, cuando el tiempo ha ido pasando, he encontrado algunas fórmulas que podrían explicar cómo se vivía allí y el motivo, o los motivos, por los que yo encontraba esa tristeza a flor de piel, ni siquiera escondida sino evidente. Quizá lo he entendido de mayor cuando yo también soy una mujer triste, con motivos que no logro descifrar y que no quiero conocer. Prefiero volver la mirada atrás y observarlas a ellas, situadas en ese microespacio que ocupaba solo una calle, no una calle entera, sino una parte de la calle, la parte en la que yo vivía y jugaba con las otras niñas. Las mujeres están allí, se llevan todo el día haciendo faenas, no se detienen nunca. No las veo sentadas, ...

Los niños y las niñas

  Los niños han desaparecido de mi plaza, no queda ninguno. Son todos adolescentes o jóvenes sin relevo. La zona del parque de juguetes infantiles está siempre vacía y lo mismo los bancos. Pero, en otro tiempo, la calle estaba llena de niños. Era el reino de la infancia. Había una división entre los niños y las niñas, cada cual iba a lo suyo, jugaban a cosas diferentes y tenían vidas distintas. Era una división comúnmente aceptada que se reflejaba a cada paso. Incluso en las casas en las que había hijos de ambos sexos eso ocurría con naturalidad. Y en las familias solía haber muchos niños. Las excepciones eran muy pocas. Tener uno o dos hijos era la diferencia. Todo ese trajín de nacimientos tenía su rito y su aquel. Las mujeres se aconsejaban unas a otras, se ayudaban unas a otras, se escuchaban entre sí. Vivían una vida que solo ellas eran capaces de entender del todo. Así, las confidencias estaba asegurada. Los maridos, los hombres, eran entes que aparecían después del trabajo y...

Cualquier cosa que me digas

  La chica de la foto mira a Nina Leen , que es la fotógrafa, y sonríe. Se ha quitado las gafas en un infalible gesto de coquetería. Gesto suena igual que beso. La ventana está tendida hacia los árboles, desconocidos árboles cuya esencia no conocemos, porque a la fotógrafa le interesa más acercarse a la chica, con sus shorts y su camiseta de escote Bardot , aunque quién sabe si Bardot existía en esos años o no. Seguramente no. Brigitte no se quitaba la edad pero Nina Leen nos ocultó el año de su nacimiento y todo lo que ha dejado son elucubraciones. De todos modos, a quién le importa cuándo nació si tenemos sus fotografías, transparentes, inauditas, valientes para la época. Como le sucede a la chica, yo también solía usar poca ropa y mi padre tenía una frase para la situación: ¿no había más tela en la tienda? La tienda era Jisol y estaba en la calle Real y mi madre compraba los retales y me hacía los vestidos en un instante, porque a mis hermanas la moda no les interes...

"Retrato el mundo tal y como deseo que sea": Robert Doisneau

  Las fotos de Robert Doisneau  (1912-1994) forman una algarabía ordenada. Parece como si los acontecimientos de la vida necesitaran rubricarse con su firma. Una imagen en la que, en abigarrado conjunto, las personas parecen disfrutar de un secreto que desconocemos. Fue un autodidacta con personalidad propia. El fin de la guerra hizo que pudiera disfrutar de una Francia renacida a la que puso imagen. Y los besos y los abrazos fueron su principal reclamo. Ver las fotos de Doisneau es como viajar en una nave espacial que sobrevolara solo lo que es auténtico, lo que importa. Europa vivió un tiempo único, en el que parecía posible dejar de esconderse, dejar de suplicar, dejar de sufrir pérdidas. Era un niño durante la primer guerra mundial pero en la segunda ya tenía clara su vocación de fotógrafo y la consecuencia de ella: retratar el mundo tal y como deseo que sea. Ese era su código, esa su leyenda. Las fotos de él mismo nos muestran un tipo simpático y con deseos de vivir. S...

Ocultación

(Erwin Blumenfeld. Fotografía.) En ese mundo de mujeres, las había afortunadas. Gente sencilla pero que parecía estar tocada por la varita mágica de la suerte. Gente apacible, respetada, que convivía con tranquilidad y que no se despertaba de noche en medio del susto y la desesperación. Pero también existía lo otro. Lo otro se ocultaba, nadie podía saberlo. Las primeras interesadas en ocultarlo fueron ellas, las mujeres que tenían una trastienda emocional llena de objetos viejos y punzantes. Esas mujeres agachaban los ojos cuando iban por la calle. Les parecía que ellas mismas eran las culpables de lo que les pasaba. No tenían capacidad para entender que nadie merecía aquello. No. Ellas sentían que la vida era un castigo y que ese castigo tenía que tener una motivación. Nadie podía sufrir así sin causa alguna.  Se equivocaban. Equivocaban sus silencios, que atravesaban las frágiles paredes de las casas y atronaban las calles. Equivoca...

Siete escritoras y una cámara

  La maestra de todas ellas y la que trajo la modernidad a la escritura fue Jane Austen . La frescura de sus personajes puede trasladarse a cualquier época, de modo que no se puede considerar antigua ni pasada de moda, todo lo contrario. Cronológicamente le sigue Edith Wharton pero entre las dos hay casi un siglo de diferencia y en un siglo puede pasar de todo. Austen fue una maestra con una obra escasa y Wharton cogió el bastón de la maestra y llevó a cabo una obra densa, larga y variada. Veinte años después nació Virginia Woolf y aquí no solo se reverdece la maestría sino que, en cierto modo, hay una vuelta de tuerca porque reflexionó sobre la escritura, sobre las mujeres que escriben y lo dejó por escrito, lo que no quiere decir que Edith y Jane no tuvieran ya claros algunos de esos postulados que Virginia convierte en casi leyes. Ocho años más tarde que Virginia nació Agatha Christie y aunque su obra no tiene nada que ver con las anteriores dio un salto enorme en lo que a ...

Elogio de la alegría

  (Scarlett Johansson fotografiada para Vogue por Mario Testino (Lima, 1954), el fotógrafo que ama el cine) La pena es mucho más rentable que la alegría . O eso parece. En los realitys, por ejemplo. Los concursantes más avisados se echan a llorar por menos de nada y eso mueve a la compasión y asegura el triunfo. No hay nada malo en hartarse de echar lágrimas y siempre tiene recompensa. Es algo muy visual. Lo mismo pasa en los Oscar's. Si haces una película dramática tienes muchas más posibilidades de que te premien que si haces una comedia. Si en esa película dramática hay lágrimas, sufrimiento, recorres el país pasándolas canutas, te abandonan, te gastan algunas faenas, entonces todavía mejor. Podrás salir fea, sin maquillar, sin peinar y darás el pego. En cuanto a los libros, un buen dramón, una novela de mil páginas con tragedia incluida es un seguro para obtener el éxito. La pena vende mucho a todos los niveles. En ocasiones termina convirtiéndose en un modo de chantaje que bi...

Louise Dahl-Wolfe: la luz es libre

El color que estaba buscando Harper's Bazaar para sus portadas y sus páginas de moda llegó de la mano de Louise Dahl-Wolfe , fotógrafa, uno de esos casos de mujeres casi desconocidas para nosotros pero que tuvieron una vida profesional intensa, a la altura de los más renombrados fotógrafos, lo que puede apreciarse fácilmente al contemplar sus fotografías. La luz era su gran elemento, el que consideró como primera materia prima de sus fotos. La luz natural, la que ponía el punto distintivo a sus obras y convertía los colores en ríos de llamativa atracción.  Fue una pionera. La fotografía de moda alcanzó un auge impresionante entre las décadas de 1930 y 1960 en las que ella trabajó. Y contribuyó a que no fuera un mero escaparate de tendencias sino verdaderas obras de arte. Nació en San Francisco, en 1895 y murió en Allendale, Nueva Jersey, en 1989. Tuvo, por lo tanto, una larga vida aunque el olvido la sepultó cuando dejó de trabajar en 1960. Años después algunas exposiciones sobre ...

Oscuros pétalos

/Fotografías de Uta Barth/ De cualquier forma siempre esperamos algo. Incluso cuando miramos a través de la ventana, la intensa claridad de fuera nos confunde. Estamos solos. Algo en la naturaleza nos intimida. La forma en que se mueven las ramas de los árboles. El suelo cubierto de un tapiz de pétalos oscuros. Una sombra tan etérea como firme que sigue nuestros pasos. Estamos solos. No hay sonidos que estorben. El tiempo que vivimos en esa latitud es un instante. Las flores comparten nuestro miedo. Hay veces en que el silencio es grito. Otras veces tiene un eco de austera compasión. No queremos temer, pero el miedo es esa línea de fuego que avanza hacia nosotros. Ya vemos que las cosas se llaman muchos nombres.  Si te ha gustado esta entrada, ya sabes, comenta, opina y suscríbete al blog. Puedes difundirlo también. Gracias. 

Ese fulgor efímero del verano que calla...

El frescor de tus labios seguro oasis en una isla desierta... Por ejemplo, algo así escribiría si la cosa fuera de un poema amoroso. Amoroso significa aquí dramático, porque el amor es un drama que a veces se escribe en comedia, otras en tragedia y algunas en chanza. Una aventura medieval sin yelmo ni coraza, un estupendo recorrido en barco sobre las aguas bravas del Mississippi. Lo contaría Mark Twain con su deje sureño y su fastidio ante las novelas de mujeres que hablan de hombres interesantes. Amoroso significa también que el corazón anda apabullado, en busca de un secreto que descifrar. Muchas veces el amor es solo una cortina de humo, una manera de olvidar los problemas. Se esconden detrás del sentimiento porque son ellos los que nos abruman. Incluso el desamor, que es el amor en negativo, es un espléndido sistema para que la vida diaria no nos sacuda. Si estoy desvencijada por el miedo puedo pensar en él y sentir su desprecio y entonces ese miedo se conjura y se c...

La palabra imposible

( Lee Miller. Fotografía) Una frase bailaba todo el tiempo en la cabeza: Cuando te veo, te echo tanto de menos...Y así era. Podía soportar la ausencia si no lo tenía cerca. Pero, en esas raras veces, extraordinarias, únicas, en las que lo veía, entonces no podía dejar de añorarlo desde el primer instante. Por eso, apenas lo miraba. Sabía que esa mirada sería su perdición. Sabía que, si guardaba en su retina la forma de sus manos, el hueco de su risa, la llama de sus ojos, la catástrofe sería irremediable. Por eso, apenas detenía en él su mirada. Por eso reía continuamente, de una forma nerviosa, irreverente y tibia. Como ella misma era. Extraña para muchos. Distinta. Conservando un hilo de inocencia que nadie percibía. Ni él siquiera.  Un pensamiento estaba en su cabeza y de ahí no se movía: Podría decirte tantas cosas. Y he de callarme tanto. Estaba segura de que las palabras nunca hallarían el camino de salida. Estaba segura de que ninguna circunstancia har...

De repente, todos los veranos

  Llega un momento en que el verano se convierte en nostalgia. Una suma de ausencias y un enorme revoltijo de recuerdos. La vida se escribe de verano a verano y, en ciertos momentos, el verano es el gran invento de la memoria. Así lo viste cuando las azoteas ocupaban todo tu tiempo, mensajes indescifrables a pie de agua, a pie de viento, aires que llevaban ecos de gente a la que amabas, futuro, posibilidades, quejas, sueños. Las mañanas de playa tienen ese inenarrable sabor atlántico de la baja y la alta marea, nimbada de canciones de moda, de chicos a los que amas y que suelen tener los ojos verdes. En la caseta de rayas blancas y azules hay tiempo para buscar en un rincón la botella de cerveza para lavarse el pelo entre las olas. El agua del mar lanza un sortilegio de esperanza siempre. Es la bonanza del pensamiento y de la vida, tiene sentido simplemente porque soltamos nuestras risas imparables. La risa es el alimento que todos queremos conservar siempre. Hay noches de discotec...

Ninguna mirada

(Jesús Helguera. Fotografía para almanaques) De ordinario sobrevuelas mis ojos. Nunca observas en ellos si hay alegría o desdicha. Miras hacia lo alto, recalas en lo lejos, pero nunca hay, amor, espacio para verme. No sé si esto es porque soy invisible o porque tú, en una rara muestra de desidia, desengaño o desgana, no tienes forma de mirar lo esencial, de ver la vida. Es así, sin embargo. Y, a veces, frente a frente, notarás que desvío la mirada, notarás que me voy, que dejo el espacio común en el que estamos y huyo hacia otras soledades, otros tiempos, otras cicatrices. Notarás que no quiero mirarte, ni verte entero, amor, porque si así lo hiciera moriría en el intento. 

Louise Dahl-Wolfe, primera mirada

En el apartado "Mis fotógrafas" escribo hoy de Louise Dahl-Wolfe. Como suele ocurrirme, a veces surge una fotografía que me impresiona y entonces me pregunto quién la hizo. Así he llegado a conocer, de una manera autodidacta, a muchos fotógrafos y fotógrafas, tantos que nunca creí que la fuerza de la fotografía en el siglo XX fuera tanta. En este caso, las imágenes de Louise tienen un encanto especialísimo y por eso ahora indago sobre ella. Fue una revolucionaria de la fotografía de moda, a la que sacó de los estudios y llevó al aire libre, al modo aventura, recorriendo así países y lugares alejados de la comodidad tradicional. Louise había nacido en San Francisco, California, en 1895 y después de estudiar pintura y diseño se dedicó a la fotografía. En su carrera tuvo mucha importancia el apoyo de su marido, también artista, Meyer Wolfe, al que había conocido, precisamente, viajando por África tras la muerte de sus padres. Louisa estuvo veinte años , desde 1936 hasta 1...

Un recipiente con una cinta azul

(Fotografía de Lillian Bassman para Harper`s Bazaar, 1951) Había un pequeño mueble lacado en rojo inglés. Parecía de anticuario pero no lo era, sino caro y muy moderno. Se encaprichó de él y quiso tenerlo porque tener cosas es fácil y él siempre la complacía. Le regaló el escritorio y lo colocó cerca de la ventana, un ventanal inmenso, por el que entraba una luz cómplice que nunca quería marcharse y que se filtraba desde que amanecía. El escritorio rojo tenía algunos cajones, a modo de secretos. Entonces recordó que también se le llama secreter y no es nada extraño. En ellos colocó algunos recuerdos, pequeñas tonterías. Servilletas de bares, en las que escribía el inicio de historias que nunca se completaban. También objetos adquiridos en sitios inverosímiles. Una sortija con una piedra verde, una pulsera que tenía una rosa incrustada, un lazo amarillo con la palabra amor que rodeaba una caja de perfume...Del mismo modo que los niños coleccionan estampas, piedras, muñecos, ella...

Sin luz

  Cada vez que falla una de las luces hay que avisar a alguien para que la repare. A veces se tarda mucho tiempo en dar el aviso y estamos casi a oscuras. Desde que él se fue (irse es el eufemismo de morirse) las pequeñas reparaciones se quedan a la intemperie, no hay forma de que la casa funcione con normalidad, todo parece que se va deteriorando sin remedio. Haría falta arreglar una persiana, cambiar el toldo, restaurar las luces que no encienden, solucionar el atasco, colocar las baldas de una de las despensas que se han caído y cuyos topes laterales no sé por dónde pueden andar...todas esas cosas que él hacía y que parecían insignificantes y que, después de todo, marcan el ritmo de la vida. Llega un operario cuando la cosa no puede andar más, hace su faena, cobra y se va. Eso es todo. En realidad, todo es nada en este caso. Nada es como antes. Nada será nunca como antes. Nada marcha. Nada vive. Nada brilla. Nada luce.  (Foto: William Eggleston)

Mujeres en blanco y negro

  Dentro de la nómina de espléndidas fotógrafas que empezaron a desarrollar su obra en los años iniciales y mediados del siglo XX, la figura de Nina Leen se antoja superdotada. Dueña de una sensibilidad especial, de una visión propia, la poesía que destila su obra está llena de paradojas, llena de contradicciones y de efectos tangibles. No es posible mirar sus fotos sin que una historia surja de ellas, sin que se cubran de palabras que se conviertan en la segunda piel de la imagen. Las luces y las sombras escriben aquí una historia imparable, del modo en que ella misma lo había concebido. Historias de triunfo o fracaso, dentro de un mundo que emergía lleno de novedades y que Leen presenció como una privilegiada espectadora.  Su propia biografía es diferente y sugerente. No se sabe a ciencia cierta dónde aprendió a fotografiar pero su cámara Rolleiflex la acompañaba desde siempre. Había nacido en Rusia, en una fecha imprecisa pues siempre se negó a revelar su edad, aproximadame...