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Mostrando las entradas etiquetadas como Arte

Asombro y soledad

  /Richard Burlet/ Aprendí sola el arte de la observación. Tenía un extenso muestrario delante de mí: mi calle era un paraíso de personalidades, tipos y caracteres. Me acostumbré a mirarlo todo y a enterarme de todo, aunque había temas vedados a los niños. En realidad, no creo que a los niños les interesara nada de lo que allí sucedía, ni a la mayoría de las niñas. Pero yo era una niña distinta, una niña rara, porque escribía y escribir significa observar. Desarrollé de este modo el arte de la observación y lo practiqué a conciencia de tal modo que aún hoy, pasados los años, sigo teniendo una absoluta claridad sobre aquella gente, sobre sus acciones y su forma de ser, sus relaciones, sus amistades, sus encuentros, sus problemas. Era un laboratorio y en mi cabeza sigue siéndolo. Aunque soy consciente de que yo también formaba parte del muestrario. También era observada por los demás.  /Raphael del Orme/ Mi principal interés estaba en las mujeres y los hombres. Los niños no me i...

La cita

/ Andy Wharhol / Había dudado en aceptar pero quiso pensar que no sería un problema, que las cosas irían razonablemente bien, como las últimas veces. Dudó también porque el final, las despedidas, siempre le costaban, siempre pensaba que el tiempo transcurría demasiado de prisa y que debería dejar de verlo, a saber hasta cuándo.  No encontró argumentos para decir que no a pesar de todo. Y se aplicó a su arreglo para estar lo mejor posible. No para él, que no se solía fijar en ella nunca salvo para verle defectos, sino para ella misma, para sentirse segura y digna en la cita. Que no era una cita, que era solo un rato de compartir un plato de comida, en el lugar que él siempre frecuentaba, junto a su propia casa para que le fuera más cómodo y que no suponía buscar un restaurante, acordar una hora, recogerla en un taxi…Nada de eso. Tomaría el autobús como hacía siempre y luego volvería andando. Él ni siquiera caería en la cuenta de que las cosas podrían hacerse de otra forma.  Est...

Leyendo a Alberti, con un cuadro de Sisley

  (Las orillas del Oise. 1878. Alfred Sisley) Pero un aroma oculto se desliza, resbala,  me quema un desvelado olor a oscura orilla.  Alguien está prendiendo por la yerba un murmullo.  Es que siempre en la noche del amor pasa un río. (Rafael Alberti)  Los impresionistas nos caían bien. Habían tenido agallas. Lejos de echarse atrás, lejos de considerarse excluidos, habían logrado el auténtico milagro del arte: que lo bueno y lo nuevo se aliaran para convertirse en academia. Hoy los impresionistas son esos señores que pintan cuadros que a todos nos gustan. Y que quisiéramos tener en nuestros salones. Ellos, los primeros, y los subsiguientes, los que tomaron alguna pauta, alguna guía, los que transformaron la idea de la pintura estática en pintura dinámica. Aunque quizá ya en Villa Médicis Velázquez supo mucho de esto. El arte es una rueda que siempre gira y gira, que nunca deja atrás nada sino que lo transforma, a modo de energía, como el volante de un...

Una calle que mira al sur

  (Pintura: Paul Cornoyer) Hermosa y larga, mi calle miraba al sur y se escondía de los malos vientos. Del calor del levante en el verano y del brumoso poniente en cualquier fecha. Así escribía su historia día a día, poco a poco, como si la vida no fuera otra cosa que las puntadas en un mantel de hilo. Puntada tras puntada, muy despacio, haciendo que el reloj no tuviera sitio para el aburrimiento. Las azoteas templadas del mediodía, las noches junto al cine de verano, las tardes de charla en las casapuertas, las mañanas junto a la taza de café en la cocina... La calle tenía un curioso resplandor que la convertía en escenario de cuentos. Los disfraces y las fiestas, la hora del cante, las miradas ruidosas, la gente que iba y venía, pisando sus piedras, sus aceras, logrando así el milagro de una convivencia más antillana que otra cosa. Todos los mares se apostaban a su alrededor para lograr el milagro de la risa y había quien no podía comprender cómo la escasez se convertía en chiste...

Las niñas de la calle Carraca

  /Todas las imágenes de esta entrada son de pinturas de Mary Cassat, que nació en el estado de Pensilvania, EEUU en 1844 y murió en Francia en 1926. Perteneció al movimiento impresionista y pintó numerosas obras con madres y niños en escenas cotidianas/ Si no conocéis San Fernando entonces no podréis saber nada de la calle Carraca. Yo la conozco bien porque viví en ella veinte años y porque es el paisaje levítico de la infancia y la adolescencia, ese que imprime carácter. La calle Carraca partía de la plazoleta de las Vacas y llegaba entonces a la carretera que conducía a la estación. Hoy la cosa es diferente y no me pararé a comentar cierto absurdo vallado que la ha convertido en un cauce cegado. Pero en aquellos años cruzaba por su entorno toda la algarabía de un barrio antiguo, el más antiguo de la ciudad, con sus peculiaridades y sus historias.  Algunas de esas historias no se han escrito nunca y no pueden contarse en alta voz, pero nuestras madres bien que las conocían, ...

La casa

/Roy Lichtenstein, arte pop americano/ Él se había empeñado en comprar aquella casa y ella accedió porque antes el sacrificio de vivir en la ciudad había estado de parte de él. Era una casa muy grande y alegre, una casa bien construida, con espacios amplios, con mucha luz, con habitaciones claras y un aire transparente que le daba un tono especial a los muebles, al suelo. Estaba rodeada de jardín, de césped por un lado, de arriates por otro, de macetas vidriadas con plantas, de un pequeño grupo de árboles, de una piscina situada en la esquina más soleada. La piscina era una cinta de plata, alargada y con una escalera de color azul y blanca que disponía de un lugar para sentarse a leer. Así lo dispuso él para ella como todo lo que hacía y pensaba. Ella era siempre la destinataria de todos sus desvelos. Compró la casa sin decírselo y cuando la llevó a verla a ella le gustó pero sintió una aprensión indescifrable, pues se imaginó viviendo allí, solo con sonidos de pájaros y rugir de ramas...

Jane Austen y la gentry inglesa

 /Retrato de David Lyon. Thomas Lawrence, 1825. Museo Nacional Thyssen-Bornemisza. Madrid/ Una de las muchas cuestiones a las que se suele aludir al hablar de Jane Austen es la de su pertenencia a determinada clase social, la gentry inglesa. Desde 1540 se denomina así a un grupo social en el que se incluían caballeros, hombres libres, escuderos y baronets, todos ellos al frente de una hacienda como terratenientes, teniendo la obligación de transmitirla en su integridad a sus herederos. Sabemos por las novelas de Jane que no siempre ese heredero era de la familia directa, porque no heredaban las hijas y porque faltaban herederos varones en muchos casos.  La vida social de la gentry en esos años que ella describe estaba orientada a crear buenos contactos para que, llegado el momento, se pudiera asegurar a los jóvenes un futuro acomodado a través de un buen matrimonio. Las familias se implicaban activamente en ello. Y lo hacían de forma directa, aprobando o desaprobando las posib...

John Sloan pinta los callejones

  Red Kimono on the Roof, 1912, John Sloan, Indianapolis Museum of Art. Hay otras calles fuera del circuito de los turistas, otros rincones que nunca salen en el mapa. La gente vive allí como si tal cosa, ajena al tráfico de la riqueza, lejos de los escaparates. Son gente humilde pero no marginal. Gente castiza, gente del pueblo, llegados algunos de regar sus huertas y otros encaramados en las azoteas viendo venir los barcos. Hay sitios que no tienen otra poesía que ellos mismos, donde las mujeres tienden las ropas al sol, balanceando los cordeles los secretos de su intimidad. Los niños, en esos lugares, tienen una risa más abierta y han vuelto de los escondrijos de la memoria para certificar que eran felices. Otros tiempos, otros lugares, otras calles, la calle, el secreto. 

Los retratos de sir Thomas Lawrence

  /Retrato de David Lyon. 1825. Museo Thyssen. Madrid/ El autor de este retrato es sir Thomas Lawrence. Había nacido como niño pobre, hijo de un tabernero, en Bristol, en 1769. Desde pequeño se ganó la vida y la de su familia dibujando retratos a los parroquianos de la taberna de su padre y desde 1780 en Bath, haciendo lo mismo con los turistas. Sus cualidades innatas lo convierten en un autodidacta, que solo tuvo tres meses de instrucción. Fue niño prodigio y luego pintor prodigioso. Dos retratos lo convirtieron en un pintor de moda. En 1790 pintó La reina Carlota (National Gallery, Londres) y Elizabeth Farren (MET, Nueva York). Dos años después falleció Joshua Reynolds prestigioso pintor del rey, y Lawrence ocupa su puesto. Tenía veintitrés años.  El regente, el príncipe de Gales, luego Jorge IV, le encarga en 1815 una serie de retratos de los grandes líderes que estaban en contra de la política expansionista de Napoleón Bonaparte. Para cumplir el encargo, Lawrence viajó por...

Tamara de Lempicka: frío glamour

  Tan espectacular en sus posados fotográficos como en su obra Tamara de Lempicka es una de esas artistas que se reconocen sin ser un experto en arte. Su estilo es, lo que se llama, inconfundible. El art-déco pasado por un diálogo con el color que nos trae vigorosos verdes, azules, rojos y anaranjados, puestos al servicio de la sensualidad femenina y de espectaculares puestas en escena. La mayoría de sus cuadros tiene a las mujeres como protagonista y ella misma aparece en extraordinarias poses captadas por eminentes fotógrafos.  Aunque no fue fácil que su pintura tuviera reconocimiento, cuando lo logró ella fue muy consciente: “Fui la primera mujer que hizo pinturas claras y evidentes; y ese fue el secreto del éxito de mi arte. Entre cien cuadros, es posible distinguir los míos. Y las galerías comenzaron a ponerme en sus mejores salas, siempre en el centro, porque mi arte atraía al público”.  Su biografía es tan exótica como sus cuadros. Ella ocultó datos sobre su l...

El perdón

  /Pintura de Henri Matisse/ Es una especie de club barato, un sitio de carretera donde la gente para a tomarse una hamburguesa y beber una cocacola. Las campañas de los candidatos a la carrera presidencial en los Estados Unidos pueden pasar horas en sitios así. De viaje en viaje. Hay una suave tranquilidad en este espacio que contrasta con la prisa de los viajes. Hace mucho que no viajo. Soy una persona anclada en un lugar que mira por la ventana para apreciar el exterior. Pero imagino un viaje llegando a esos lugares, cruzando un gran país que tiene tanto arbolado como agua, ríos, montañas, puertos y paraísos. Viajando en una compañía tranquila, con alguien silencioso, que solo está contigo como si fuera un paraguas que te proteja del miedo a cruzar la calle o de entrar en la noche después de los crepúsculos. Si ese viaje tuviera lugar, si un aire sereno atravesara sus momentos, entonces el perdón sería posible. Y acabaría la ira y el resentimiento. Nadie tiene la culpa de ser fe...

William Glackens, de Filadelfia a París

East River Park, 1902, William Glackens, Nueva York, The Brooklin Museum. He descubierto estos días al llamado Grupo de los Ocho, llamados también la escuela de Ashcan, pintores americanos realistas que pintan bajo la influencia de los impresionistas franceses pero que tienen cada uno de ellos su propia visión. En el caso de William Glackens se inspiró en el uso de la luz y el color para sus cuadros, de temáticas variadas aunque siempre centrado en la vida de la clase media americana. Además de pintor fue durante muchos años ilustrador para periódicos, recogiendo la actualidad en sus dibujos. Así fue el encargado de seguir los avatares de la guerra entre España y Estados Unidos en Cuba, por ejemplo. Aunque nació y se formó en los Estados Unidos tuvo un aprendizaje posterior en París y conoció muy bien la obra de Renoir que le aportó muchas de las formas de trabajar que él usó en su pintura.  Elevated, Columbus Avenue, New York, 1916, William Glackens, Connecticut, New Britain Museu...

Pasión por el arte contemporáneo. Tiempo de ARCO

  /Peter Zimmermann. Galería Filomena Soares. Portugal/ Me enamoré del arte contemporáneo estudiando la carrera. Tenía un profesor magnífico y aprendí a entender y a valorar muchos aspectos de la creación que antes tenía un poco en la oscuridad. El arte contemporáneo es todo lo contrario de lo oscuro: es claridad absoluta, es diálogo, relato e historia. Cualquier obra que tenga verdadero valor y que represente las virtudes de esta tendencia, de esta escuela, es una mirada afable, conversadora e inteligente, que deja al descubierto como nada la pasión del artista. Ningún creador se ha sentido más libre que en este tiempo, en este tiempo heredado de las primeras vanguardias y que ha dado a conocer al mundo una filosofía nueva y una praxis convertida en especialísima manera de tratar la materia del arte.  Hay algunos hilos que unen a esos artistas rechazados que después se convirtieron en canónicos, empezando por los impresionistas. Hay quien abomina de ellos y de los que viniero...

Ellas...

Matilda Browne ,  In the Garden , 1915. Primero fue Agatha Christie con sus domésticos asesinatos. Luego, Jane Austen que se quedó para siempre en primer plano. Después, en la remontada, Ellen Glasgow con "La vida resguardada". Y así comenzó el desfile de mis "Mujeres Que Escriben":  Llegaría Elizabeth Gaskell, con "Ruth" y con la biografía de Charlotte Brönte. Llegaría Emily Dickinson. Y Elizabeth Barrett-Browning. Envuelta en perplejidades renacería Edith Wharton más allá de "La edad de la inocencia". Renacería Agatha Christie con sus "Cuadernos". Y junto a las mayores presencias de Jane Austen y de Iréne Nèmirovsky, otras mujeres que escriben y que se mezclan en un caleidoscopio de letras que emocionan: Edna Ferber, Rosalie Ham, Maggie O´Farrell, Carol Joyce Oates, Daphne du Maurier, Patricia Higsmith, Agota Kristof, Adda Ravnkilde, Alice MacDermott, Amélie Nothomb, Anita Loos, Rosamond Lehman, Sabina Berman, Zadie Smith, Sophie Kins...

España

  Cabos bahías desiertos mesetas cordilleras dorada geografía un atolón de dudas una pregunta en forma de ancho cauce una duda como una nube negra.  (Cuadros de Joaquín Sorolla)

Una cierta soledad

  (Edward Hopper, Gas, MOMA, 1940) Cuando decidí estudiar Arte entendí que iban a abrirse algunas puertas nunca antes transitadas. Y así fue. No hay un momento más asombroso que el del descubrimiento de la obra de arte. Observas las imágenes, el color, los movimientos, los gestos, toda esa parafernalia que rodea el cuadro, y entonces te preguntas a ti misma cómo es posible que el ser humano tenga esa capacidad increíble de trazar líneas, de dibujar formas, para conmover hasta el infinito el corazón de otros seres humanos. Eso es el arte en cierto modo, además de otras cosas que no hace falta describir. Lo primero, emoción. Y sin ese empuje inicial poco valen las artimañas técnicas.  (Edward Hopper, Cape Cod Morning, Smithsonian American Art Museum, 1950) Una de esas veces, hojeando libros en el laboratorio de arte de la universidad, encontré a Edward Hopper. Creo que no hablaban de él en clase, aunque ahora me suena raro porque sí estaban los impresionistas, los postimpresioni...

Los irascibles

En noviembre de 1950 Nina Leen hizo esta fotografía del grupo de pintores expresionistas abstractos que estaban en desacuerdo con la política de exposiciones del MOMA y, por ello, habían enviado una carta al respecto. Eran "Los irascibles". La revista LIFE se hizo eco de la protesta y publicó la foto en enero de 1951. Pocas veces un testimonio gráfico es capaz de recoger a la élite del arte moderno en un determinado momento de la historia. Catorce hombres y una mujer posaron para Nina Leen arracimados estratégicamente, de forma que se pueda captar a todos ellos con el mayor detalle y amplitud. Todos los fotografiados tienen el semblante serio y miran a la cámara de forma muy clara. Excepto uno. Ese "uno" con gafas y que mira de través es, precisamente, Mark Rothko .  En la primera fila, además de Rothko , están Theodoros Stamos, Jimmy Ersnst, Barnet Newman y James Brooks , si contamos de izquierda a derecha. En la segunda fila, y en la misma dirección, ...

Abstracto Priego

  Quiero escribir, con esa misma quietud del campo en El Cañuelo, sobre aquellos días prieguenses que llevaban cante, música, pintura y calma. La tranquilidad de ser feliz sin meta y sin tasa. Qué lejano resulta todo aquello. Llegamos hasta Priego convencidos de que ese fin de semana sería muy especial y no erramos. Las risas de la primera noche, en aquel alojamiento que daba susto solo de pensarlo, se cambiaron después cuando cenamos en un sitio que parecía el patio de una casa encalada. Estábamos unos cuántos, gente que nos queríamos, eso bastaba. Había cante cerca de la fuente. Aproveché para hacer una entrevista a Carmen Linares, nuestro primer encuentro, luego vendrían muchos y muchas charlas amenas y profundas. La fuente manaba agua y a su alrededor se batía la música como si tuviera que ir a singular batalla. Qué felices entonces, qué lejos los problemas, qué llanas las miradas, qué bellos los sonidos...Después del cante se derramó todo en algo parecido al amor, al amor efím...

"Kandinsky" de Alexandre Kojève

  La relación entre Alexandre Kojève y Vasily Kandinsky iba más allá de la familiar: eran sobrino y tío. El filósofo se ocupó de teorizar sobre la pintura "no representativa" de Kandinsky y también sobre su personalidad. Esta la define como equilibrada, armoniosa y serena. Dos textos de Kojève expresan esta visión: "Las pinturas concretas de Kandinsky", de 1936 y "La personalidad de Kandinsky", de 1946. Ambos son complementarios y ayudan a integrar lo verdadero, lo bueno y lo bello como elementos sustanciales de la obra pictórica de Kandinsky. Lo más sustancioso de todo es que Kandinsky, como bien dice Kojève, no se dejó llevar por la improvisación ni por la rebeldía de la reacción a lo anterior, sino que construyó cuidadosamente su arte utilizando los principios teóricos que él mismo articulaba en sus escritos. Los amantes del arte contemporáneo disfrutamos con este librito que Abada Editores publicó en 2007, recogiendo el trabajo de edición de Marco Filo...

Hanna y la rosa del Cairo

Una extraña rosa ha crecido en el patio de recreo .  Nadie se explica su nacimiento ni su origen. Es una rosa amarilla. No de ese amarillo claro, desvaído, triste, que suelen tener las rosas de ciudad. No. Es un amarillo intenso, un amarillo potente. Como el color de un canario en libertad. Las tres niñas han sido las primeras en descubrirla. La rosa estaba justo detrás de la canasta de balon- cesto. Una canasta vieja, muy vieja, herrumbrosa y que nadie utiliza, semiescondida en la sombra en la zona del patio que apenas se utiliza. La mayoría de los niños prefieren la parte soleada porque este es un colegio frío, cuyas clases son antiguas y están mal acondicionadas. Por eso, en la hora del recreo, todos se apiñan en el centro del patio, allí donde el rayo de sol es firme, donde se despliega su calor sin necesidad de arrebujarse en los abrigos. ¿Todos? No. Casi todos. Las tres niñas, por ejemplo, indagan cada día en los alrededores del patio buscando alguna sorpresa. Así descubriero...