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Mostrando las entradas etiquetadas como Vanessa Bell

La conversación

Vanessa Bell. Interior con Clive Bell y Duncan Grant bebiendo vino. 1918-19. Birberck, Universidad de Londres ¡Qué apacible resulta, a simple vista, esta charla entre el marido de Vanessa Bell y su amante! El matrimonio tuvo una relación abierta que duró hasta la muerte de Vanessa en 1961. Pero además vivieron en una especie de comuna, con varios amigos y en una granja, desde la Primera Guerra Mundial. Las guerras fueron para el matrimonio algo letal. Su hijo Julian murió en 1937 en la guerra civil española. Aquí están Clive Bell y Duncan Grant, el pintor, charlando tranquilamente mientras beben vino. Seguro que, por la fecha, todo transcurría en la granja Charleston, donde compartían la vida. Los rostros son inexpresivos, como solía hacer Vanessa en sus obras, pero hay muchos detalles que nos dan idea del ambiente y nos contextualizan la charla. Es una conversación tranquila y nada opresiva. Clive tiene un libro sobre las piernas, lo que indica que estaba leyendo cuando se ha iniciado...

Lo que dice Virginia

  /Virginia Woolf retratada por su hermana Vanessa Bell, en 1912/ Si hay un escritor que ha dejado constancia de su amor y admiración hacia la obra de Jane Austen esa es Virginia Woolf. Ella escribió muchos ensayos literarios y dio conferencias sobre el arte de la escritura, las formas de creación y todo lo que tenía que ver con ese oficio. Sus textos ensayísticos tienen tanto valor como los de ficción y por eso hay que volver a ellos con recurrencia, pues nos ponen por delante ideas valiosas, las propias de una mente original, ingeniosa y sin prejuicios. La falta de prejuicios fue, precisamente, lo que la acerca a Jane Austen, a la que despoja de toda esa hojarasca falsa que se echó sobre ella tras su muerte y a lo largo del siglo XIX. La joven dama escondida en la campiña no existía para Virginia, más bien Austen es una suerte de fuerza de la naturaleza que, además de observar y lanzar observaciones cáusticas e irónicas en sus cartas, escribía novelas.  Como dice la propia V...

El problema de decir lo que piensas

  /Vanessa Bell, pintura/ Transparente claridad, flores fogosas, un vaso de cristal, el mar, el lago, el agua, la mesa que refleja las flores, tranquilidad, silencio. Todo eso evoca el cuadro de Vanessa Bell, al que le vendría bien una música de fondo, algo de Alicia Keys o de Pablo López, siendo tan distintos, la emergencia de lo pop bien hecho. Por enésima vez pienso en lo difícil que es dar una opinión sincera acerca de las cosas. Estamos hechos para el disimulo, la mentira o el engaño. Nos resulta más fácil aceptar una falsedad si nos favorece, que la limpia sinceridad de algo que puede ayudarte a mejorar. No queremos mejorar, queremos afirmarnos en lo que somos. No sé si alguna vez he conocido a alguien que no se rindiera al halago, no sé si alguna vez he conocido a alguien que aceptara una opinión negativa, no diré crítica, porque eso parece generar derechos, sino simplemente una apostilla, un algo, una corrección. Así sucede siempre.  Hay quienes hablan de libros y de J...

Clarissa, insatisfecha

  La relectura, qué importante. El sosiego a la hora de leer, qué imprescindible. No es fácil captarlo todo a la primera, las palabras requieren un delicado trato, un cuidado que haga de ellas lo que son en realidad y no lo que aparentan. Apariencia y realidad tienen una difícil relación mutua. Y en este libro lo que se cuenta, cómo se cuenta y dónde va a parar todo esto. Los años difíciles de entreguerras fueron, de manera curiosa, aquellos en los que Virginia Woolf empezó a publicar, a despuntar y a convertir la literatura en su opción vital y profesional. Pasaron muchas cosas y ella las plasmó de formas diversas, en ensayos, en conferencias, en novelas. La señora Dalloway es el primer eslabón, la historia en la que ella decidió que el pensamiento de Clarissa tenía tanta fuerza como el hecho de cruzar la calle. A veces, en una primera lectura, te quedas con su asombrosa originalidad y también con algunos personajes que pugnan por llamar tu atención. Pero, poco a poco, la autora v...

Manual de abrazos para tipos difíciles

(Quentin Bell reading. Vanessa Bell) Ella se había quedado anonadada por esa manera extrañar de mirar que él usaba. No tenía miedo, pero sí una prevención absurda. Desde que lo conoció supo que ese hombre la haría sufrir. Un cierto aire de desvalimiento y una sonrisa casi infantil fueron las cartas de presentación que él puso sobre la mesa en una reunión social cuyo objetivo ni siquiera recuerda. A estas alturas, en pocas ocasiones le es dado disfrutar de la experiencia de verse rodeada de gente interesante. Pero ese tipo no tenía ninguna pretensión ni se hacía notar. Más bien estaba en ese discreto segundo plano que tanto puede significar aburrimiento que fastidio. O ambas cosas, pensó ella entonces. El caso es que se unieron y que, desde entonces, ella está cursando una difícil asignatura que el día en que él la besó se convirtió en un bonito reto. Escribe así una letanía de instrucciones para que él entienda que, por mucho que los aires del pasado lo azoten, por mucho que lo...