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Mostrando las entradas etiquetadas como Lectura

La lectura es la expresión de un amor apasionado

  Estos tres libros de la imagen ejemplifican lo que quiero decir con este post. Hay una preocupación extendida ante una situación frecuente en la lectura. Comienzas un libro y no puedes con él. Te aburre, te cansa, desconectas, no logras entrar en lo que lees, no consigues que te enganche. Ante esto, las respuestas de los lectores son diferentes. Hay un porcentaje importante que sigue intentando terminar el libro, porque en su canon literario no entra abandonar. Lo ven como una rendición, una derrota. Otros dejan el libro de lado sin más y se olvidan de él. No son muchos, la verdad. Y hay un grupo de lectores que actúa con perspicacia y con sentido común. Creo pertenecer a este último grupo, y, como no es una actitud estable, a veces lo he hecho y he salido ganando.  Veréis: estos son tres libros escritos por Josephine Tey , una escritora de novela policíaca inusual, una escritora nada banal, con cierta dificultad, con un estilo muy característico que es elegante y también de...

Yo enseñé a leer a aquellos niños

  /Pintura, Roy Lichtenstein/ Al principio de mi carrera fui maestra. Si lo hubiera pensado bien y alguien me lo hubiera aconsejado, debería haber seguido siéndolo. No hay en la carrera docente ningún otro trabajo mejor que ese. Siendo maestra, en dos colegios distintos, tuve la suerte de enseñar a leer a dos promociones de alumnos. Qué milagros se iban sucediendo con toda aquella feliz parafernalia de las tarjetas, la estantería de las frases, los cuadernos de rayas, los lápices y los bolígrafos, las cartillas, los libros de lectura. Cuando empecé a ser maestra era muy joven, tanto que llevaba calcetines. Pasaba por la calle y las niñas me señalaban, ahí va esa señorita. Y algunas todavía están en mi agenda, en mi WhatsApp, son, en algunos casos, profesoras. Entonces eran niñas que no sabían leer, niños que estaban esperando el milagro de la alfabetización. Había un primer trimestre en el que todo para ellos era oscuro. Las sílabas, las frases, se iban sucediendo y cada día se arr...

Bibliotecas

  Me crié sin bibliotecas públicas. Creo que en el pueblo solo había una y nunca la utilicé. Me buscaba la vida para leer de mil maneras. La primera eran los libros de casa. No una biblioteca majestuosa hecha de tomos encuadernados en piel situados en vetustas estanterías de caoba. No. Sencillos tomos de bolsillo, colecciones que comprábamos en quioscos o que encargábamos a nuestra librería del barrio. Empezamos a comprar libros muy pronto y había de todo. Estaban los poetas, estaban los clásicos, estaba la colección Teatro, había novelones, estaban los episodios nacionales ordenados y con una cubierta marrón muy característica, estaban los libros infantiles o juveniles o eso parecía, con toda la ristra de plateros, tebeos, Alicias, Pinochos, julios vernes y Walter Scott. Cada cual tenía sus preferencias y elegía sus libros, que llegaban puntualmente en cumpleaños o en reyes. Y no había censura ni veto. Era una casa libre en la que se vivía en libertad.  Hay algo en este tipo ...

Stevenson da en la tecla

  Dos elementos bien distintos me han lanzado a la escritura de estas palabras. Los dos tienen un fuerte componente indagatorio. Pretenden averiguar o adivinar, no sé cuál de estas palabras encaja mejor, el motivo por el cual algunas personas se convierten en lectores de calidad y cómo se llega a ello. Es decir ¿cómo se logra adquirir el hábito lector y perseverar en él? Puede parecer una pregunta sencilla y quizá lo sea, pero la respuesta no lo es tanto. Todo lo contrario. Y la prueba es lo que voy a relatar a continuación.  Fue leyendo los “Ensayos sobre el arte de escribir” de Robert Louis Stevenson (1850-1894)  como surgió con nitidez la cuestión. Y ello es así porque Stevenson, después de hablar de los escritores, pasa a referirse a los lectores y a lo que él llama “el don de la lectura”. Lo hace respondiendo a la pregunta  “los libros que me han influido” que es algo que todo el mundo relata en algún momento de su travesía personal. Ahí aparecen Shakespeare, ...

Libros para leer este otoño

  Asómate a cualquier cultural y verás que, de nuevo, aparecen listas. Son las recomendaciones de lectura para el otoño. Como si fuera un atelier de moda, los suplementos culturales o las revistas de crítica literaria se empeñan cada estación en conducirnos por el terreno de los libros que sí o sí has de leer. Listas de diez, de cincuenta o de cien, da igual. Luego están las listas contrarias, las que vienen al final del curso escolar o del año, las de los más vendidos o los más leídos que, por otra parte, no tienen nada que ver las unas con las otras. De ese modo hay lectores que se sienten concernidos por este intento de dirigir su itinerario, se aseguran de no equivocarse y se ponen a la misma altura y nivel que otros lectores encantados de leer lo que hay que leer. Eso es un problema de toda la vida. Desde que estamos en el colegio se empeñan en decirnos qué hemos de leer. Si no lees lo establecido es como si no leyeras, como si fueras una especie de bandolero de extrarradio, a...

Tom Sawyer, pintando la valla

  La niña aprendió a leer sola. Aún no había cumplido cuatro años. La madre se dio cuenta un día que paseaban por la calle del cine. Llevaba a la niña de la mano y la observaba mover silenciosamente los labios. La calle rodeaba al cine de verano y en su pared blanca y alargada se veían, colgados, enormes cartelones que anunciaban las películas. La niña se paró delante de uno en el que se veía a una pareja joven abrazada: “Romeo”, dijo. Y, al instante: “Julieta”. ¿Romeo y Julieta? dice la madre. Sí, contesta la niña. Esa noche en el cine se vería la película de Zeffirelli y allí estaba el anuncio, con Olivia Hussey y Leonard Whiting mirando a cámara. Cuando llegaron a la casa, la madre preguntó a la niña: ¿Qué película era esa?. La niña contestó: “Romeo y Julieta”. Y se fue saltando a la pata coja y repitiendo una y otra vez, romeo, romeo, romeo, romeo… La niña había aprendido a leer sola en los carteles del cine y también en el periódico que su padre dejaba en una esquina de la mes...

¿Puede enseñarse el hábito de la lectura?

  He aquí un elemento de discusión entre profesores y padres. El hábito lector y las maneras de desarrollarlo en los niños. Hay familias de padres lectores que se preguntan por qué sus hijos no lo son. O por qué algunos de sus hijos lo son y otros no. También hay casos de gente que no lee y que tiene un hijo que se pirra por los libros. Parece que hay un poco de todo y que la cosa es aleatoria. Pero, si fuera así, significaría que la educación no puede intervenir para cambiar o modificar los procesos de aprendizaje y, en ese caso ¿para qué serviría la educación? Y no nos referimos solo a la educación reglada o escolar sino también a la educación en el seno del hogar, de la familia, tan importante (en algunos aspectos más importantes) que la que reciben los niños en la institución educativa.  Quizá para sentar la cuestión deberíamos distinguir esos dos ámbitos, el escolar y el familiar. En el ámbito escolar son recurrentes los debates entre los que son partidarios de imponer le...