Los niños han desaparecido de mi plaza, no queda ninguno. Son todos adolescentes o jóvenes sin relevo. La zona del parque de juguetes infantiles está siempre vacía y lo mismo los bancos. Pero, en otro tiempo, la calle estaba llena de niños. Era el reino de la infancia. Había una división entre los niños y las niñas, cada cual iba a lo suyo, jugaban a cosas diferentes y tenían vidas distintas. Era una división comúnmente aceptada que se reflejaba a cada paso. Incluso en las casas en las que había hijos de ambos sexos eso ocurría con naturalidad. Y en las familias solía haber muchos niños. Las excepciones eran muy pocas. Tener uno o dos hijos era la diferencia. Todo ese trajín de nacimientos tenía su rito y su aquel. Las mujeres se aconsejaban unas a otras, se ayudaban unas a otras, se escuchaban entre sí. Vivían una vida que solo ellas eran capaces de entender del todo. Así, las confidencias estaba asegurada. Los maridos, los hombres, eran entes que aparecían después del trabajo y...
Desde 2009, leyendo y escribiendo El blog de Caty León