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Mostrando entradas de julio, 2024

Triana

Breve relato de una Velá de Santa Ana muy especial. Si no eres de por aquí quizá te cueste entender el significado de las cosas de las que voy a hablar en esta entrada de mi blog. Pero eso suele ocurrir: cada lugar, cada espacio, guarda sus propios secretos y cultiva sus ritos. Esto de la Velá de Santa Ana está íntimamente unido a lo que el barrio de Triana significa y solo los iniciados en sus misterios pueden apreciar, de verdad, el significado que tienen estos días señalados que son historia e historia muy antigua. El motivo de la singularidad de esta fiesta está en que Triana es también singular. No existe un lugar como Triana en el mundo. Y no es exageración alguna. Se trata de un espacio físico reducido en el que se mantiene, por los siglos de los siglos, una forma de vivir que no ha podido destruirse por mucho que se haya intentado. Se han tirado edificios, se han modificado calles, ha sido invadido por foráneos y turistas, han desaparecido espacios de habitabilidad propios, ha ...

Amigas

(Foto de Nina Leen para Life) Uno de los temas recurrentes en las obras de Jane Austen es la relación amistosa entre mujeres, en concreto, entre las jóvenes protagonistas y otras jóvenes de edades parecidas. En el caso de “Emma” estas relaciones pueden analizarse a través de dos casos, bien distintos, pero de los que podemos extraer conclusiones interesantes. Se trata de la amistad con Harriet Smith, por un lado, y con Jane Fairfax, por otro. La primera cuestión que tenemos que destacar es que, en ninguno de los casos, hablamos de amistad entre iguales. La diferencia social que hay entre Emma y las otras dos muchachas es notoria. Se trata, pues, de relaciones asimétricas, pues la única mujer que en la novela puede mantener una relación de igual a igual con ella, por su posición, es su hermana, Isabella, pero el interés que dicha relación tiene en la historia es muy escaso, todo lo contrario que ocurre en otras obras de Austen, como “Sentido y sensibilidad”, donde las herma...

Tu palabra, tu vida

Dedicatoria: A mi madre Creo que no tendría aún quince años cuando mi madre me regaló ese disco de Serrat dedicado a Miguel Hernández. Una cubierta negra y unas canciones que aprendí, como hacía con todas las canciones que escuché tantas veces en mi infancia, mi adolescencia, mi juventud. Porque, además de escribir, la otra cosa que siempre me gustó hacer, que siempre quise hacer, fue ésa, cantar. Las canciones de Serrat venían a superponerse a los poemas de Miguel Hernández que yo ya conocía, que había leído y que tenía en unos librillos finos y de pastas muy blandas, algunos editados en México y que me mandaba de Madrid un amigo que estudiaba Económicas y que sabía más que todos nosotros, chavales de pueblo y de barrio, sin apenas mundo recorrido. Más allá de nuestras salinas y de la mar de Cádiz, los amigos que estudiaban en Madrid eran las voces de otros mundos y los ecos de otras formas de vivir. Por eso, José Luis me mandaba libros que no se podían encontrar en todas partes. Y as...

Del rosa al amarillo

Me preguntas por qué me demoro en los bosques, enredado en las huellas de las horas perdidas. No sabría decirte qué me retiene en ellos, si fuera la paciencia de los líquenes, el rubor contenido de las bayas o la revelación de aquellos días en los que fuimos hijos de la niebla, seguidores del fuego que sólo por nosotros encendían los dioses. O esa forma que tienen las hojas amarillas de recordar tus manos. O esa ocasión de verme sin ti, contigo a solas, decantando las sombras lentamente hasta obtener el néctar de la luz... Los labios de la tarde sonriendo entre un rumor de otoño estremecido. ( Poema de Carlos Aganzo)

Poesía con balas al fondo

Andrés Trapiello es un estimable escritor y, además, un agudo observador de la realidad literaria pasada y presente. En este año de 2010 ha vuelto a salir a la luz una reedición de su obra dedicada a la vida literaria y cultural en los años de la guerra civil española. "Las armas y las letras. Literatura y guerra civil 1936-1939" es un libro complejo e imprescindible, que ha publicado la editorial Destino. Trapiello es leonés, de Manzaneda de Torío, nacido en 1953. Ha publicado diversas novelas, algunas de las cuales han conseguido prestigiosos premios literarios: "La tinta simpática", 1988; "El buque fantasma", 1992; "La malandanza", 1996; "Días y noches", 2000; "Los amigos del crimen perfecto", 2003, que obtuvo el Premio Nadal; "Al morir Don Quijote", 2004 y "Los confines", 2009. Es, asimismo, ensayista y poeta. Este libro que ahora comentamos en nuestro blog fue publicado en su primera edición en el año ...

Invisibles

  Si te preguntas ¿para qué? es que estás a punto de tirar la toalla, sea esta cual sea. La gente se hace esta pregunta en relación con su trabajo, con sus aficiones, con su pareja, con su vida. Para qué hago esto, se dicen. Para qué hacer deporte. Para qué esperar al amor verdadero. Para qué sufrir. Para qué esforzarme tanto. Para qué escribir un blog.  Mientras resolvemos el para qué podemos mirar estas asombrosas fotografías del canadiense, de 1968, David Burdeny, algunas de ellas realizadas en la Atlántida. Siempre que las miro observo en ellas un enorme parecido a las extensiones de sal que hay en mi tierra y eso me reconcilia con la lejanía de un canadiense de quien no conozco nada más que su obra. Mirad.  Una cosa es ser anónimo y otra ser invisible. El anonimato puede llegar a ser incluso un aliciente, pero siempre hay anónimos que tienen momentos de necesidad y quieren que alguien los reconozca o los aplauda. Pasar la vida siendo anónimo, en un entorno de total a...

Marylebone Village, la Triana de Londres

  Existe un barrio en Londres que condensa lo mejor de Inglaterra pero que parece un pueblo en sí mismo, algo diferente al resto, un reducto único y original. Es Marylebone. Marylebone Village es, para mí, la Triana de Londres. En él se condensa lo mejor de lo londinense y lo más especial de este enclave lleno de historia, de arquitectura y de tiendas de todas clases, por supuesto, de una gastronomía muy especial. Algo así le sucede a Triana, cada cual en lo suyo.  El caserío de la época georgiana se mantiene intacto, con sus características casas de tres plantas con bajos llenos de comercios y mucho verde. El rojo del ladrillo se une a remates fantasiosos a modo de cornisas, torreones, cresterías, todo un mundo fantástico que recuerda la alegría de aquella época. Si paseas por allí vas a encontrarte toda clase de establecimientos y una cierta tranquilidad diferente al barullo de otras grandes avenidas. Como si hubieras recalado en un universo diferente. No es silencio, es el ...

La Provenza y unas violetas

Si algún día fuera posible que tú y yo recorriéramos el mundo, la primera parada sería Uzés, el pueblo de la Provenza en el que viví algunas de esas horas que se guardan en un arca secreta de la memoria. El olor a violetas cruzaba sus calles y los campos de lavanda las rodeaban imprecisos. En las horas tórridas de la primavera, todo se convertía en una sinfonía de lilas imposibles de apartar de la imaginación. Y en septiembre, la uva y sus tonos dorados eran un reclamo seguro para la vista. Todos los aromas se concitan en la Provenza para acuciar nuestros sentidos. El pueblo se estiraba como si fuera un viejo animal ronroneante que buscara el amparo de alguien que le pusiera suavemente la mano sobre el lomo. Las gigantescas puertas que cercaban algunos de los arcos de sus murallas eran como enormes manos que quisieran proteger el interior. En los soportales de la plaza cuadrada estaban los artesanos con sus madejas de hilo de colores, sus lanas teñidas manualmente y un sinfín de c...

Mientras asoma el alba

     Cuando yo tenía dieciséis años pasé un verano en Ronda . Puede parecer que Ronda no es el mejor sitio para pasar el verano. No hay playa y hace mucho calor. Pero si vives todo el año junto al mar puedes permitirte esas licencias. Y Ronda tenía un aire romántico que me llamaba. No contaré las circunstancias de aquella estancia, sería cosa que no importaría a nadie. Pero sí algunas de las sensaciones que experimenté el tiempo que estuve allí. Luego he vuelto, claro está, en muchas ocasiones, pero el sabor de aquel verano nunca más volvió a aparecerse, seguramente porque nunca más he tenido dieciséis años.     Recuerdo la soledad. Mi casa familiar, tan llena de gente a todas horas, impedía el mínimo sosiego. No había forma de estar ni siquiera un rato aislada, sin voces y sin charlas. Todo el tiempo te encontrabas rodeada de familia. Pero cuando comencé a pasear por Ronda me percaté de lo agradable que era el silencio y de lo bien que se estaba sola....

Hubo veranos felices

  Cuando llega el verano, repaso las fotos de hace unos pocos años y vuelvo a revivir las sensaciones de entonces. Me doy cuenta de que hubo veranos felices. Un tiempo en el que la llegada de las vacaciones producía un cosquilleo de placer y en que había disfrutes que ahora se han perdido. Estaba la mar, la playa, los eclipses de luna en sus orillas. Estaba el cine de verano. Estaban las terrazas de los bares hasta las horas tantas. Y la familia. Los días con la familia. Las visitas a los primos. La llegada de amigos. Estaban los hoteles con sus enormes piscinas y el cuerpo todo el tiempo metido en el agua. Estaban los recorridos en coche, los festivales flamencos, las horas destempladas de la madrugada recibiendo el día con una mezcla de euforia y serenidad. Muchos veranos felices, muchísimos, casi todos hasta hace poco, hasta que el viento negro te llevó y luego, tras un pequeño paréntesis, todo se hizo confuso. Hubo veranos felices. Las fotos no pueden mentir. 

Cada día

Como si Bridget Jones cruzara una ciudad plagada de asfalto, con aguas que apenas crean surtidores, sin tiempo para la esperanza ni huella de otros hombres que antes la vivieron, la vemos caminar cada día con ese gesto único de no saber si quiere estar allí o lanzarse a una aventura incierta. Su vestido impecable, la espalda recta, el bolso al hombro como si no pesara, el sombrero que quiere cubrir parte del rostro, un rictus en la boca, un gesto de las manos.... Todo parece estar medido en ella, a modo de cuadrícula, una línea trazada a escuadra y cartabón, una estructura anclada en el espacio, una obra arquitectónica, aunque efímera. La vemos avanzar sin preguntas. Seguro que tampoco hay respuestas. Es el silencio pleno y absoluto. Una imagen que no quiere decirnos las cosas que ha guardado tan dentro desde siempre.  (Imagen de Jack Vettriano)

Cucarachas

(Fotografía de Bruce Davidson) Una vez tuve una cita la mar de interesante. Tenía todos los condimentos para resultar uno de esos encuentros sobre los que una escribe en su diario, con letras cursivas y con muchas exclamaciones. Muchos oh, ah y guauuuu. Era bastante lejos pero me tomé mi tiempo y mi tren. Me puse un vestido rojo que solamente llevo en ocasiones especiales (esta lo era) e incluso unas sandalias muy altas. Tuve la tentación de guardar las sandalias en una mochila y ponérmelas al llegar, pero me pareció horroroso, porque no encajaban mi vestido elegante y mi cluch color champán con una mochila de Adidas. Así que aguanté todo el tiempo las sandalias, que eran de una de esas marcas que se anuncian en Internet con unas chicas de pies perfectos que parecen volar. Cuando te las colocas, observas que el dedo gordo empieza a quejarse y cuando te las quitas todos los dedos cantan al unísono una canción que no podrás olvidar: Ay, ay, ay, quítame esto de encima para siempre...

"El misterio de la casa roja" de A. A. Milne

Resulta muy tierna la historia de este hombre, Alan Alexander Milne (Londres, 1882-Sussex, 1956). Podíamos decir que su amor por la familia le jugó malas pasadas. Y su literatura siguió caminos irregulares, quizá intentando formatos que no eran los suyos y dejando de lado lo que mejor se le daba. Es un personaje extraño, del que hay pocos datos en castellano y que merecería, quizá, una investigación más a fondo. Uno de esos autores que pasan a la historia de la literatura por algo que ellos mismos no imaginaban que trascendiera.  A. A. Milne (como firmaba su obra) tuvo un único hijo, Christopher Robin y quiso dedicarle una serie de cuentos y poemas en las que el niño era un personaje más. En esos cuentos estaba acompañado por sus propios juguetes, sus peluches. Así nació la serie de "Winnie the Pooh" , que alcanzó una enorme fama y que recibe todavía culto en Inglaterra. El oso, el niño, sus amiguitos, eran, en apariencia, una forma de expresar amor de padre, pero pa...

La última coca-cola del desierto

  El balance de la mañana es una tertulia improvisada entre colegas, todas madres, todas profesoras, todas con experiencia de la vida y de la enseñanza. Hace calor pero aquí, en esta esquina de la plaza, una ligera brisa azota los soportales y parece que en lugar de estar a la intemperie hay una especie de resguardo que nos alivia. Somos muy distintas y cada una de nosotras tiene su afán y tiene su porqué. Nuestras palabras tienen el aval de lo que hemos vivido y de lo que conocemos muy bien, pero también cierta ingenuidad porque nos enseñaron a esperar lo imposible, a luchar por conseguirlo. Nuestros hijos parecen haber aprendido esa misma letanía porque todos ellos suman un buen número de chavales de esos que la sociedad debería mimar y debería convertir en el mayor y mejor resultado de cualquier civilización. Son trabajadores, respetuosos, estudiosos, sencillos, y están muy formados. Todos tuvieron en casa un ejemplo muy parecido. Padres que leen libros, que visitan museos, que ...

Quien no tiene padrinos...

  (Foto Vivian Maier) La sabia madre de una querida amiga tenía este refrán entre los suyos: "Quién no tiene padrinos, no se bautiza". Como todas las madres, grandes verdades estaban siempre en sus frontispicios y sabían manejarlas con la suprema elegancia de quienes no se quejan sino que muestran una evidencia.  Cuando eres una niña de barrio todo te cuesta más. Todo se consigue a base de esfuerzo, de trabajo, de voluntad, de estudio y de lucha. Tu familia, en el mejor de los casos, empuja a tu lado, pero el resto del mundo es una abrupta montaña que no se va a dejar conquistar así como así. Si no eres la hija de..., o la nieta de..., o la esposa de...no lo vas a tener nada fácil. Las niñas de barrio, por muy inteligentes que seamos, y a veces lo somos, hay techos que no vas a alcanzar.  Se habla mucho de ese "techo de cristal" que impide a las mujeres lograr las más altas cotas de poder o de influencia. Pero yo hablo de un techo mucho más evidente y oculto a la ve...

Una destrucción

  Escribo mucho de mi plaza porque es (mejor dicho, era) un oasis de verde en el asfalto. Sus dos setos centrales, de forma cuadrangular, eran una sinfonía del verde. Sobre ella, los naranjos, siempre a punto para realizar su trabajo. Verde, verde, verde. Mirar por las ventanas o por los balcones era un ejercicio de verdor, de encuentro con la naturaleza. Era. En pasado.  Hace algún tiempo observé que lo verde se estaba convirtiendo en sequedad y que desaparecía el seto, las hojas, los pequeños arbustos, todo, sustituido por un manto terrero y por hojas secas, achicharradas, muertas. Hablé con un responsable de aquello y me dijo que el sistema de riego no funcionaba.  No he comprendido por qué algo tan evidente como que un trozo de verde, el único que hay por aquí, se va quemando por falta de riego, no enciende las alarmas y obliga a algo tan fácil como revisar el sistema de riego. La burocracia y el trabajo mal hecho matan las plantas, matan las esperanzas de la naturale...

Una cuestión de afectos

  ("Migrant Mother" fotografía en B/N de Dorothea Lange , tomada en Nipomo, California, 1936) Alguien debería explicarnos, desde muy jóvenes, desde que tengamos eso que se llama tan cuerdamente "uso de razón" que hay una asignatura que no se enseña en ningún sitio y sin la cual moverse por la vida es un camino cuesta arriba. Tan cuesta arriba que la mayoría de la gente se queda en un recodo de esa cuesta, sin avanzar, sin moverse, sin lograr atisbar el horizonte último, el que se contempla desde arriba. Puede que se piense, ingenuamente, que la democracia garantiza que todas las personas sean iguales y que, sobre todo, tengan las mismas oportunidades. No es así. Existen unos impedimentos que tienen que ver con dónde naces, por ejemplo, y no me refiero solo a la localización, que también influye, sino a la familia. Tienen que ver con cómo eres y tienen que ver con tu capacidad de crear afectos, de tejer contactos.  Si naces en una familia pudiente, con buenos contact...