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Mostrando las entradas etiquetadas como Roy Lichtenstein

Yo enseñé a leer a aquellos niños

  /Pintura, Roy Lichtenstein/ Al principio de mi carrera fui maestra. Si lo hubiera pensado bien y alguien me lo hubiera aconsejado, debería haber seguido siéndolo. No hay en la carrera docente ningún otro trabajo mejor que ese. Siendo maestra, en dos colegios distintos, tuve la suerte de enseñar a leer a dos promociones de alumnos. Qué milagros se iban sucediendo con toda aquella feliz parafernalia de las tarjetas, la estantería de las frases, los cuadernos de rayas, los lápices y los bolígrafos, las cartillas, los libros de lectura. Cuando empecé a ser maestra era muy joven, tanto que llevaba calcetines. Pasaba por la calle y las niñas me señalaban, ahí va esa señorita. Y algunas todavía están en mi agenda, en mi WhatsApp, son, en algunos casos, profesoras. Entonces eran niñas que no sabían leer, niños que estaban esperando el milagro de la alfabetización. Había un primer trimestre en el que todo para ellos era oscuro. Las sílabas, las frases, se iban sucediendo y cada día se arr...

La casa

/Roy Lichtenstein, arte pop americano/ Él se había empeñado en comprar aquella casa y ella accedió porque antes el sacrificio de vivir en la ciudad había estado de parte de él. Era una casa muy grande y alegre, una casa bien construida, con espacios amplios, con mucha luz, con habitaciones claras y un aire transparente que le daba un tono especial a los muebles, al suelo. Estaba rodeada de jardín, de césped por un lado, de arriates por otro, de macetas vidriadas con plantas, de un pequeño grupo de árboles, de una piscina situada en la esquina más soleada. La piscina era una cinta de plata, alargada y con una escalera de color azul y blanca que disponía de un lugar para sentarse a leer. Así lo dispuso él para ella como todo lo que hacía y pensaba. Ella era siempre la destinataria de todos sus desvelos. Compró la casa sin decírselo y cuando la llevó a verla a ella le gustó pero sintió una aprensión indescifrable, pues se imaginó viviendo allí, solo con sonidos de pájaros y rugir de ramas...