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Mostrando las entradas etiquetadas como Chiclana

Chiclana, mi pueblo

Mi pueblo, Chiclana de la Frontera, es, en realidad y ahora mismo, una gran ciudad de noventa mil habitantes. Que se dice pronto. Y es una ciudad afortunada en todo: clima bondadoso, campo, playa, zonas urbanas, comunicaciones. Ha crecido tanto que cuesta trabajo recordarla cuando La Barrosa era un pinar e iban allí los novios en los coches a "hablar" de amores. Siempre ha sido un paraíso y su gente muy especial, con ese sonido propio a la hora de hablar, un acento reconocible y que da gusto escuchar. Ese aire campestre que destila, ese olor a vino dulce en las casapuertas, esa ventana al río, esas huertas, todo en ella indica belleza y verdad. Y algunos de sus edificios presentan un perfil noble, elegante y burgués, al mejor estilo de las construcciones y del arte. Es un lugar increíble. Allí nací, en la calle Fierro. Allí jugué en sus azoteas y visité sus tiendas de ultramarinos y subí sus cuestas. Allí comencé a trabajar de maestra en el colegio de Santa Ana y allí me eché...

La riada

 Mi madre contaba siempre los detalles que a ella le llegaron de la riada del 19 de octubre de 1965 en Chiclana. Ella pasó esas horas en vilo, llorando según cuentan las vecinas, pensando en qué le había sucedido a su familia. En la foto se ve la farmacia de su primo y, en la esquina del Cabezo, la casa familiar, que se libró seguramente porque vivían en la primera planta. Sus dos balcones se asoman a la foto. Pero a la izquierda están las casas de las tías Teresa y Lola, que se perdieron completamente. Eran unas casas increíbles, como si fueran conventos, decía mi madre, de lo llenas que estaban de esculturas y cuadros. Algunas historias quedan siempre en la memoria de los niños y mucho más cuando tienes una madre que te las narra con paciencia y muchos detalles. La destrucción del Teatro García Gutiérrez, por ejemplo, situado junto al río, o el arrase completo de la Alameda, por donde paseaban las muchachas en su juventud. Ella sintió aquellas pérdidas como la del paraíso perdido...