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Mostrando entradas de noviembre, 2023

Elvira

 Elvira era una artista de cine. Tenía la figura, el rostro y el gesto adecuados. Tenía, sobre todo, el aire desvalido, la soledad y la ausencia precisas. Un pasado triste, una orfandad inexplicable y una familia extraña. Era una de esas niñas intermedias que no interesan a nadie y una joven con la mirada puesta en otras cosas, más allá del colegio y de los chicos. Por eso quizá pasó tantas horas en la sala de cine que tenía junto a la casa, esa casa familiar, blanca, casi georgiana, que se volcaba al Atlántico y que recibía el viento del sur con una elegancia única. El cine era su mayor bien y su mayor medicina. Las tristezas se volvían transparentes y las horas pasaban con una calculada rapidez. El desenlace de la película de espías o de miedo, el muchacho que cabalgaba con ese aire cansado que a ella le recordaba a alguien o el The End sobrevenido en el mejor momento, todo eso era parte de su biografía y así la transmitió a sus hijas con tanto lujo de detalles que todas podrían ...

Hermosa peluquería

  (Nina Leen. 1952. Rockefeller Center Nueva York) Las chicas de la peluquería de Nina Leen permanecen educadamente sentadas mientras el secador hace su efecto sobre la permanente o los rulos. Todas, excepto una, están leyendo un libro o una revista. Y esa una parece aprovechar el tiempo para pensar. Cruza los brazos y espera con una tranquilidad única que el tiempo pase y se haga el milagro del pelo arreglado. Eso es ir a la peluquería. Una especie de milagro.  En Triana hay una peluquería cuyas chicas tienen el don de convertir el tedio en risas y el mal día en un deslumbrante sol. Son María José, Mary, Ana y Anabel. Si no las conocéis merecerá la pena. Son distintas entre sí, incluso opuestas, pero manifiestan toda una suave elegancia a la hora de atenderte, una entrega fuera de lo común, una inteligencia emocional más allá del trabajo con el peine, la tijera, el champú o la laca de uñas. María José es divertida, extravagante, estrafalaria e independiente. Mary es catastróf...

"Un amor cualquiera" de Jane Smiley

Este es el tercer libro de Jane Smiley que reseño en el blog. Los anteriores fueron La mejor voluntad y La edad del desconsuelo , todos ellos publicados por la editorial Sexto Piso . Jane Smiley (Los Ángeles, EEUU, 1949) es una de las más interesantes escritoras de la actualidad. Escribe tanto obras de ficción como ensayos y ha ganado el premio Pulitzer de narrativa. La publicación original de Un amor cualquiera es de 1989. Se trata, pues, de historias contemporáneas, todas ellas centradas en seres humanos en apariencia como tú y como yo, gente que podemos encontrar cerca de nosotros, en el supermercado, en la escuela, en el teatro.  Rachel y Pat Kinsella tienen cinco hijos, dos de ellos gemelos. Un día ella le dice al marido que está enamorada de un vecino. Eso desencadena los acontecimientos porque el marido cogerá a los hijos y se los llevará sin decirle nada a Rachel. De ese modo ella pierde a sus hijos y empiezan los esfuerzos para poder verlos al menos. En el relato se ...

"Diario de una soledad" de May Sarton

Diario de una soledad May Sarton Traducción de Blanca Gago Domínguez Colección Narrativas, editorial Gallo Nero Imagen de la cubierta Jean Leroy (1930), óleo sobre lienzo Título original: Journal of a solitude Primera edición septiembre 2021 Diseño de cubierta Daniel  Regueiro Este diario de May Sarton transcurre como un tranquilo río que va mostrando sus lodos, sus piedras del fondo, sus mareas y sus cambios de luz conforme el tiempo pasa y las horas pasan. Desde el principio se hace preciso tomarlo como es: una memoria íntima y activa, una muestra de escritura luminosa y una efervescente mirada alrededor. Su oficio de escritora está aquí al servicio de la verdad que enseña y por eso es tan fácil, y tan delicado, sumirse en el interior de lo que va narrando, con detalle, despacio,  abiertamente .  "Empiezo  aquí . Está lloviendo" Estas son sus palabras iniciales. Con sencillez observa lo que ocurre desde su ventana y ese primer párrafo es revelador. Pues no hay...

La libertad de las azoteas

  (Puerto Real desde una azotea. Foto Juan José Iglesias, 2023) Cuando el mar se junta con el cielo y sus azules se mezclan, cuando el horizonte no tiene límite y las piedras se vuelven rosadas y perfectas, cuando la palmera mueve sus hojas impenitentes, sin reparar en que el viento siempre le gana la partida, cuando la arquitectura se motea de azul y de siglos, entonces observa el perfil detallado de tu tiempo, de tu tierra, de tu gente y tus horas.  Hay un silencio acompasado en observar desde las azoteas, ese territorio soleado y enfrentado a la umbría, ese lugar que recoge secretos, confidencias de niños y llamadas de madres. Las voces de las madres cruzan el espacio de la azotea y llegan a tus oídos: quieren que bajes a comer, que dejes de estar tumbado al sol o que abandones el libro que no sueltas desde hace varios días. Las madres convocan a los hijos para el gran rito de la olla humeante, abajo en la cocina, el lugar de culto de todas las casas andaluzas. Hay tiempo p...

"En Grand Central Station me senté y lloré" de Elizabeth Smart

¿Es posible enamorarse de alguien a quien no se ha visto nunca¿ ¿De alguien con quien nunca se ha hablado? ¿De alguien que no te ha dedicado ni una mirada? ¿Es posible enamorarse de alguien al leer un poema? ¿Es posible seguir amando a alguien a pesar de que sabes que no eres la única? A todas estas preguntas Elizabeth Smart  (Otawa, 1913- Londres, 1986), contestaría "sí". Es posible, diría. Es, no solo posible, sino cierto. Y por eso escribe este libro. Por eso este libro tiene sentido. Por eso y porque ella era una escritora, aunque no lo sabía, no solo una mujer enamorada. Las mujeres enamoradas lloran en cualquier lugar del tiempo y de las ciudades. Las escritoras, trasladan las lágrimas al papel y, al hacerlo, esas lágrimas ya no son suyas, pertenecen al lector que encontrará en ellas, seguro, algo de su propio dolor o de su propia dicha. Es así como la literatura se convierte en un espejo en el que mirarse y mostrarnos.  Su vida y el libro son la misma cos...

La belleza de lo sencillo

     A veces sueño con jardines. Recorro largas distancias sin cansarme, sin dolores, sin miedos, las recorro y a cada lado hay jardines, flores de todas clases, plantas, macetas y tiestos, setos, arriates. Querías tener un arriate en nuestra casa pero no pudo ser, fue una de tantas cosas como quedaron inconclusas, sin posibilidades de existir. Las plantas han desaparecido todas. Desde que estoy encerrada en este aquí que no entiendo sueño con jardines. Y son los extraños jardines de Eggleston y veo sus coches, sus enormes coches, coches de todos los colores, coches en los que podría viajar al mundo entero, sin que esta inmovilidad de sentimientos sea un impedimento para nada. 

Tertulias

  Creo que fue Clarice Lispector la que dijo que solo se escribía de la memoria no vivida. O algo parecido, que se escribía lo que no se había vivido. Tengo un poco de lío al respecto con las citas. No he leído mucho de ella pero me cae bien, creo que era una persona interesante. Me gustaría tener amigas de esta clase, o amigos, claro está, gente con cosas que decir. Esas tertulias en las que los amigos se sientan con tranquilidad y charlan de cosas que a veces son tonterías y a veces no. Las he vivido, las he disfrutado antes, antes de este tiempo de ahora en el que solo hay vacío y dolores. Sí, las he vivido en la pandilla de juventud, con mis colegas de trabajo, con la gente del flamenco, con mis hermanos y mis padres, con las amigas de la calle, con las compañeras de piso, hasta hace muy poco con Luis y María y Carlos y Jose...Todo eso terminó. Por eso he de hacer lo mismo que Clarice Lispector, escribir, escribir de lo que ahora no sucede. De las tertulias que no son, de los a...

Declaración de amor

(Renoir. Dos niñas al piano) El colegio aparecía en la esquina de una espaciosa calle del centro. Estaba rodeado de casas hermosas, la mayoría de ellas de una planta, aunque estaban coronadas por torres, buhardillas o azoteas al estilo del sur. La fachada era blanca con remates de color albero y tenías que subir tres escalones de mármol para acceder a la entrada, bordeada de azulejos esmaltados, formando cenefas y dibujos geométricos, verdes, azules, malvas y corintos. Después, traspasando una puerta de hierro y de cristal, aparecía el enorme patio, cuadrado y enlosado en tonos ocres, al que se abrían las aulas, los servicios, y, al fondo, una puerta secreta que comunicaba con la casa del director.  El zumbido de la poesía se oía a veces en alguna de las clases y también el dictado de Platero y algunas canciones que los más pequeños entonaban con poca fortuna. Un piano estaba en un rincón de la sala de música y la pequeña biblioteca estaba forrada de arriba a abajo con e...

Esa geometría del desprecio

Acuno soledades y, alguna vez, preguntas. Las certezas no existen, salvo para negarme, para negarlo todo. Avanzo entre las piedras, el suelo tiene la dureza de las tardes oscuras, esas en las que nadie más pisa las calles, esas en las que corro sin sonidos. En uno de los rincones que suelo atravesar está su imagen. Le he perdonado todo, casi todo. Desde el vacío, desde el sueño imposible, hasta la mentira piadosa y la mentira cruel. Todo. Le he perdonado todo. Por eso hoy ya no tengo palabras que ofrecerle y por eso las mezclo con las fotos de un espacio perdido en un país tan lejano como él.  Durante mucho tiempo reuní en pequeños fardos de ignorancia todas las dudas de un tiempo ya caduco y las puse delante de sus ojos porque creía en él. Creía en sus respuestas y en sus vacilaciones. Tan grandes era mi miedo que tuve que creerme que era cierto aquello que decía sin convicción. Mentía. Todo era falso. Era falso y mentía. Eran mentiras llenas de espejismos, de personas s...

Un vestido lavanda con fondo de ojos verdes

No diré ahora tu nombre porque desapareciste con la vida y estas palabras no vas a leerlas. Sé que andas por ahí, casado, con hijos, eres un triunfador. Entonces ya lo eras. Tenías una mirada perfecta, verde y atlántica, a pesar de que vivías tierra adentro y no eras un hombre de mar. Los hombres que han nacido en la mar no tienen ese ansía de mujer que tú gastabas. Más bien parece que el agua los limpia del exceso de deseo. Pero la gente de tierra adentro sabe muy bien cómo el abrazo es el pasaporte perfecto para la noche y el día. Para la mañana y la madrugada.  Había feria en no sé qué pueblo de las cercanías y tú me invitaste a ir contigo. Eso salvó la fecha de cualquier otra incidencia y la convirtió en la antesala de la gloria. Mi risa retumbaba desde el amanecer cuando el calor me apartó de la cama y me lanzó casi derecha a la piscina, tanta era la resaca de una noche baldía de descanso. El mediodía, pleno de confidencias, hizo que bebiera algo más de lo que pod...

Madre

Tus libros y tus cosas. La blanca estantería. La ventana. Asomarse y retener el sol en las pupilas. Mirar el horizonte. Buscar, en la cartografía de la memoria, el paisaje perdido de la infancia; el pueblo aquel, sus casas y su gente. Tus amigas, tu escuela, tu maestra. Tu padre, en la distancia. Tu madre, en la retina.  En ti vivía la risa. Reías por cualquier cosa. Una risa rotunda, convincente. Una risa capaz de hacer creer que eras la Campanilla de la historia. Una niña con alas, un hada, una borrosa forma blanca y transparente mezclada con el sol de los esteros y el resplandor del aire de poniente.  Ay, tus viejas películas. Ese amor al cine que escribiste en tus ojos cada noche, cada tarde, a escondidas en la butaca oscura del teatro, cerca de las estrellas, en la noche, en cines de verano trashumantes, que buscabas sin dudarlo siquiera. Toda tu vida soñaste con el cine que los días eran otros, que transcurrían en la serena humedad de la costumbre, sin mie...

Papá

Los niños andan atareados. En todas las clases hay barullo de papeles de colores, de lápices, de rotuladores, de tijeras...Todos, incluso los que son menos mañosos, se afanan en decorar una tarjeta, hacer un recortable o un cuento. Preparan los regalos del día del padre. Los llevarán a casa y esperarán la mirada satisfecha de su papá y quizá una lágrima furtiva que a algún padre se le escape.. Esto no tiene que ver con la lista de regalos de los grandes almacenes, ni con los anuncios de la tele, sino con el invisible lazo que une a los hijos con sus padres, un lazo indestructible, aunque invisible. Estos padres de ahora no son, a simple vista, como los de antes. Tienen la enorme suerte de poder estar más tiempo con sus hijos y no los ven ya acostados, como solía pasar cuando el trabajo los ataba tristemente a ser una especie de fantasmas con escasa presencia. Pero, aún entonces, desde lejos, los padres eran el referente único al que uno volvía la vista en todas las ocasiones, la seg...

Lo que no existe

Una mano te aprisiona el corazón y lo convierte en un órgano helado. Una sensación de frío te recorre el cuerpo y la angustia aparece, te sube por el estómago, se aposenta en tu cuello, te abrasa. El calor se mezcla con el frío y tú no sabes dónde mirar, en qué sitio colocar tu mirada. Entonces, las lágrimas acuden, ellas te encuentran desarmada, sin recursos, no tienes nada más que este dolor agudo, esta extraña sensación de vacío, este hueco en tu alma. Estás sola.  Puede ser cualquier cosa, ya lo sabes. Pero más que nada, la evidencia de una soledad que no has buscado, que te ha traído la vida. Una soledad escrita con el miedo, con la enfermedad, con la ausencia. Ausencia en todo veo, repites. Las palabras del poeta que te acompañó de joven se reproducen en tu cabeza y ellas dictan el sonido que ahora mismo es toda tu vida. Ausencia, en todo, ausencia.  Estás sola. Irremediablemente. Sola. No hay nada que pueda aliviar tu soledad. Y nunca llegará nada que avive...

Carta a un amor que nada sabe

Un día te lo diré será imposible no hacerlo alguna vez no tendré más remedio  y entonces el silencio de ahora se escribirá de fuego y de palabras las que guardo por ti desde los años en que te vislumbré sin conocerte. Un día te lo diré estoy segura, será ya inevitable llegará ese momento como llega la vida a avisarte a la puerta que se acaba y te dice que adiós es el sonido y te anuncia que adiós es la cuestión que tú no puedes ni quieres evitar.  Un día te lo diré será en un bosque alado junto a un río en un sitio especial, en un instante y será irreversible, no podrás olvidarlo ni olvidar que callé tantos años que guardé tanto tiempo un cofre de sonidos incompletos por ti, amado mío. 

De Cádiz

  La tierra es eso que se aprecia verdaderamente cuando te alejas. Cuando eres muy joven estás deseando poner kilómetros de por medio. Eso te hace sentirte más libre. Pero conforme pasa el tiempo te das cuenta de que lo que buscabas se ha quedado atrás. El secreto no estaba en marcharse sino en aceptarse. Demasiado tarde comprendes el secreto de la vida cotidiana. Demasiado tarde colocas en su sitio lo que verdaderamente eres, lo que deseas, lo que buscas. Y vuelves la cabeza atrás y allí están tus raíces, eso que tú eres en realidad y que abandonaste porque nadie te dijo, o sí, que te equivocabas. El andén de los trenes que traía su figura, las manos aladas, el paisaje, ellos.  (Foto de la web de Barceló. Plaza de San Antonio. Cádiz)

Indefensión

  La situación de indefensión en que las mujeres sin recursos caían conforme se iban haciendo mayor es un tema que preocupa enormemente a Jane Austen. Ella tuvo que ver muchos casos a su alrededor, mujeres que se hacían viejas sin casarse, incluso viudas sin ayudas familiares, que dependían de la caridad de otros y que no hallaban un sitio en la sociedad de la época. Eran las tías, las primas, adosadas a cualquier entorno familiar, sin rentas, ni grandes casas, ni vida social. El desencuentro que se da en "Emma", cuando hacen la excursión a Box Hill, genera una situación incómoda y da lugar a un enfado importante que tendrá que ver con el desenlace del libro. Emma y Frank se ríen de la señorita Bates. En el caso de la señorita Bates, vive con su madre anciana en una casa sencilla, a pesar de que en tiempos disfrutó de mejores circunstancias. Tiene un carácter alegre y siempre agradece a los demás los detalles que tienen con ella, pero también es algo pesada, repite mucho las ...

Una velada elegante

 La escasa presencia de aristócratas en las novelas de Jane Austen tiene su explicación en que ella dirigió su mirada y su observación a su propia clase social, la gentry, la clase media territorial de terratenientes. De modo que ni los criados, ni los aristócratas, abajo y arriba de la suya, tienen papeles protagonistas en su obra. Sin embargo, a veces y como contrapunto necesario en el argumento surge un aristócrata.  Es el caso especialísimo de lady Catherine de Bourgh en “Orgullo y prejuicio”. Lady Catherine vive en Rosings Park, una imponente casa junto a Hunsford, donde está la rectoría del señor Collins y su esposa Charlotte Lucas, casi recién casados después de que Elizabeth rechazara su petición de matrimonio. Charlotte es una gran amiga de la muchacha y todavía ella no alcanza a entender cómo accedió a casarse con Collins, un tipo ridículo a más no poder, que alardea todo el tiempo de las atenciones que le dispensa Lady Catherine, patrona de su beneficio eclesiásti...

Ritos sociales

  Una de las características de las conversaciones sociales en las novelas de Jane Austen es lo bien definidos que están los lugares que ocupan en la escala social cada uno de los personajes. Este tipo de conversaciones, por su propia naturaleza ,se dan en entornos donde, incluso dentro de una misma clase, la gentry normalmente donde ella sitúa siempre la acción, hay diferentes papeles y estatus económicos. Por ejemplo, en esa reunión que, al principio de “Orgullo y prejuicio” tiene lugar en Netherfield. Contextualicemos la situación porque la conversación nos depara algunas informaciones interesantes acerca de cómo piensan los personales. Allí está el anfitrión, el señor Bingley, que ha alquilado la casa recientemente; su amigo, el señor Darcy, poseedor de una renta de diez mil libras al año y una casa solariega en el Derbyshire, Pemberley, de extraordinaria belleza y ubicación; la hermana soltera de Bingley, Caroline, cuyas pretensiones son dobles: que su hermano se case con la h...

Charlotte M. Yonge

(Acuarela de George Richmond, 1844. National Portrait Gallery. Londres) Si quieres leer sus obras puedes entrar en el dominio de la biblioteca Gutenberg. La más famosa de ellas, The Heir of Redclyffe , publicada en 1853, tiene su historia. En Mujercitas , la novela de Louisa May Alcott, Jo March "come manzanas y llora sobre The Heir of Redclyffe ". Charlotte Yonge nació y murió en Otterbourne, Hampshire, Inglaterra, en los años 1823 y 1901 respectivamente. Era una mujer muy religiosa, con mucha vocación de enseñar a las chicas. Mantuvo durante años una revista para ellas, The Monthly Packet. Fue una escritora muy prolífica y sus novelas alcanzaron un gran predicamento en su época, pero, como suele ocurrir en ocasiones, el paso del tiempo ha acallado esa fama y en estos momentos es una desconocida para los lectores. Cierta intención moralista ha afectado seguramente a la pervivencia de sus textos porque eso la sitúa en una órbita temporal muy concreta y en una ideol...