lunes, 30 de noviembre de 2009

Todo Marlowe





Si eres amante de la novela negra y has soñado en el cine viendo a Bogart, no te pierdas este libro recopilatorio de todos los títulos que escribió Raymond Chandler teniendo como protagonista a Philip Marlowe. El sueño eterno, Adiós muñeca, La ventana alta, La dama del lago, La hermana pequeña, El largo adiós, El confidente, El lápiz y Playback aparecen en una edición de RBA con el título general "Todo Marlowe" para deleite de todos aquellos que son incondicionales del género y del autor, o, por qué no, del personaje.
El Hollywood y Los Ángeles de los años treinta son el telón de fondo de estas obras, con su legión de millonarios, diletantes, chicas rubias, chicas morenas, descapotables, berlinas, hombres de negocios, bandidos, mafiosos y gente de cabaret.
Es verdad que la imagen de la sociedad que ofrecen es turbia y poco afectuosa. Pero también lo es que el género negro, tanto en el cine como en la novela, proporciona un pasmoso entretenimiento. El que sucede cuando uno está convencido de que aquello que lee o ve es imposible de que ocurra en la realidad.
¿O no?

sábado, 14 de noviembre de 2009

Pasito a pasito...

(Sin título. Ignacio Tovar)

Conozco a un muchacho que comenzó leyendo (sin saber leer) los libros de pastas duras que incluían enormes dibujos con los nombres de las cosas: sillas, mesas, zapatos, casas...
Después, vinieron los libros de cuentos. Luego, los de Teo. Más tarde, los Mortadelos (todos los Mortadelos, risas, ironía a partes iguales). A continuación, Astérix y Tintín. A partir de ahí, casi todo.

Como esa canción que cantaban mis preescolares del colegio de la Compañía de María:
"Pasito a pasito
pasazo a pasazo
como un enanito
como un gigantazo..."

Así, paso a paso, se hace uno lector. No de un día para otro (aunque quizá un día se produzca el milagro del encuentro). Es tarea lenta, prodigiosa, diaria. Tiene mucho que ver con observar a los papás leyendo y también con que en el aula haya libros. Libros encima de las mesas y en las estanterías. El profesor levantando un libro y leyendo algunos renglones. Si no olvidáramos nunca lo que significa el placer de leer, nos daríamos con toda la fuerza del mundo a la tarea de hacer lectores, antes que otra cosa...
¿Cuánto tiempo a la semana dedicamos a leer en casa con nuestros hijos y a leer en clase con nuestros alumnos? He aquí la cuestión.
Podemos proponernos una tarea sencilla: Comenzar las clases con una frase de un libro de un autor cualquiera. Las primeras frases podemos seleccionarlas nosotros, de aquellos libros que nos gustan y nos acompañan. Pero, ¿por qué no? otras las pueden traer pensadas y escritas nuestros alumnos. A ver, ¿quién quiere comenzar la próxima clase con una frase? Sí, vale, tú mismo. Esperamos que nos la traigas.
Quizá, haciendo esto, algunos niños que no han tenido la suerte de tener a su favor los bienes que la naturaleza concede a otros, puedan comenzar a hacer algo útil en el aula. Esto les dará un sitio que antes no tenían. Quizá el profesor, al observar que tal o cual niño habla poco, no tiene amigos o se esconde al final para que no se note que está allí, pueda encargarle que sea él quien abra la próxima clase con una frase. A lo mejor nos sorprendemos con los resultados.
Porque las palabras pueden salvar, de eso estoy segura. Son un refugio contra la soledad y, también, por qué no decirlo, contra la mediocridad y la rutina. También para los niños...

sábado, 7 de noviembre de 2009

Un misterio cotidiano


Muchas veces nos preguntamos cómo podemos lograr que los niños se conviertan en lectores. Supongo que, al final, todo consiste en que haya un momento en su vida en el que encuentren un libro, unos libros, que les atrapen para siempre. Existen algunas personas que menosprecian ciertas lecturas: consideran que son demasiado simples, inferiores, carentes de enjundia literaria y sospechan que, a través de ellas, lo más que se puede llegar a leer son unos cuántos best-sellers.

Mi experiencia contradice estas afirmaciones. Cuando tenía doce años, más o menos, mi vecina Pepita puso en la puerta de su casa, enfrente de la mía, una caja de libros. Estaba haciendo limpieza en un desván y los libros le estorbaban. Como sabía que a mí me gustaba leer (y que leía todo el rato en lugar de ayudar en la casa, hacer labores, etc.) me avisó y, enmedio de la calle, me recuerdo sentada rebuscando entre los libros. Creo que me los quedé casi todos y así comencé mi propia biblioteca, algo que todo el mundo tiene que tener. Para distinguir esos que eran mis propios libros del resto de los libros de la casa (allí todo el mundo tenía y tiene conciencia clara de qué libros son de cada uno) mi madre me compró un "librerito blanco" que todavía se conserva. Tenía siete baldas y allí coloqué los libros regalados y otros que ya había ido adquiriendo.

En esa caja de libros venía "El misterioso caso de Styles" que resultó ser la primera novela que publicó Agatha Christie con ese nombre y esa temática y la primera que leí de las muchas que escribió, no sólo con ese nombre, tomado de su primer marido, sino también con el de Mary Wesmacott.

Después de esa primera novela, las he leído todas. Uno tras otro fueron llegando los títulos, que solía encontrar en cualquier lugar impredecible: en estaciones de autobuses, en aeropuertos, en quioscos o librerías. Todos, del primero al último.

Ya sé que hay quien piensa que son libros de segunda fila, pero creo que se equivocan. Para empezar, consiguen atraparte y trasladarte a la sosegada (pero misteriosa) campiña inglesa. Olvidarte de las preocupaciones ya es un logro que no se puede despreciar. Luego te acercan a unos modos y costumbres que, de otra manera, no podríamos entender. Quién me dice que ese acercamiento a los personajes de esta autora no fue el inicio de otras incursiones posteriores, en las Brönte, Jane Eyre, Jane Austen (sobre todo), Henry James y otros autores de novela inglesa y también americana (como Edith Wharton, en la misma línea)...

"Inocencia trágica", "El hombre del traje color castaño", "La señora McGinty ha muerto", "Tercera muchacha", "Los relojes", "Las manzanas", "Un cadáver en la biblioteca" son títulos que me vienen ahora a la cabeza sin pensar demasiado. Pero si tengo que elegir el que, para mí, es el mejor de todos, entonces tengo que hablar de "El asesinato de Rogelio Ackroyd", fantástica novela en la que la Christie emplea un recurso narrativo excepcional, que sólo pudo usar esa vez por razones obvias y que no desvelaré por si algún lector de este blog no la ha leído y decide buscarla, sentarse con ella y pasar unas horas inolvidables.

martes, 3 de noviembre de 2009

Francisco Ayala no cumplirá 104 años

Hablábamos esta mañana de los achaques y de la edad. A la vuelta del Instituto me he encontrado con la noticia de la muerte de Francisco Ayala, uno de los escasos intelectuales que aún quedaban en España. Ayala nos daba alegría, porque era un hombre muy vital que hacía fácil la vejez. Se casó con Carolyn Richmond nada menos que a los 93 años y estaba dispuesto a llegar a los 104 si no hubiera sido por una inoportuna y pertinaz bronquitis. Hacía bueno el dicho de que el hombre que conserva el gusto por la vida logra detener el final.

Aquí os añado el eco de su muerte en distintos periódicos digitales: El Mundo, El País, ABC, La Vanguardia. También su biografía, sacada de ESCRITORES.ORG y, por último, un blog en el que se recoge su desaparición.

Merece la pena detenerse en su obra y pensar en la extraordinaria capacidad que le dio vida plena hasta tan tarde.

http://www.abc.es/20091103/cultura-literatura/muere-francisco-ayala-200911031356.html


http://www.papelenblanco.com/escritores/con-francisco-ayala-muere-una-de-las-mejores-bibliotecas-del-siglo-xx


http://www.escritores.org/ayala.htm


http://www.elmundo.es/elmundo/2009/11/03/cultura/1257253079.html


http://www.lavanguardia.es/cultura/noticias/20091103/53816729236/fallece-el-escritor-francisco-ayala.html


http://www.elpais.com/articulo/cultura/Muere/Francisco/Ayala/gran/testigo/literatura/espanola/siglo/XX/elpepucul/20091103elpepucul_3/Tes