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Mostrando entradas de abril, 2025

¡Qué verde era mi valle! (1941, John Ford)

  Para mi madre En un intercambio de mensajes con mi amigo Ángel Vela sale a colación esta película. Entonces me expresa su admiración por la misma y yo le confío que no la he visto aunque mi madre la ponderaba como su película favorita. Suena raro esto, ya lo sé. Y el mismo Ángel Vela dice, con toda razón, que no se entiende que no la haya visto. De modo que aprovecho un rato antes de cenar, bueno, en realidad es más que un rato, y la busco en las redes. Aparece en YouTube muy aceptablemente y es importante esa calidad porque la película tiene una fotografía magnífica, donde los blancos son blancos, que es algo fundamental en el uso del blanco y negro.  Empiezo por el principio. El niño, ya un hombre mayor, recuerda a su padre y, al mismo tiempo, su vida de la infancia, su tierra, su valle. Estamos en Gales, en las zonas mineras que tan poco gustaban a D. H. Lawrence, hijo de minero y de maestra, que abominaba de esa oscuridad de las minas. Los mineros de Ford están orgulloso...

George's

  El padre de Jane Austen se llamaba George. Ella le hizo honor poniéndole su nombre a uno de sus mejores personajes masculinos: George Knightley, de Emma. En su juventud creó a Darcy y con él conquistó a todas las chicas en edad de casarse, pero, llegada a una edad madura, sus hombres adquieren más empaque y más experiencia. Ahí están Knightley y Frederick Wentworth. A Jane Austen le gustaría este George Clooney de ahora, más elegante, más curtido por la vida y con menos tonterías. Desde que hizo ese papel tan carismático de editor de un programa de radio muy rompedor en "Buenas noches y buena suerte" la visión que tenemos de George Clooney ha cambiado. Es un tipo que no va de guapo, que no va de listo, que no va de guay. Es un hombre inteligente y que sabe mirar. 

The Idea of You: cuarenta y veinticuatro

Lo clásico y lo que no llama la atención es que haya un romance entre un hombre mayor y una chica muy joven. El hombre mayor puede tener hasta noventa años, no hay límites. Pero es menos frecuente en la vida y en el cine que la cosa sea exactamente al revés. Mujer mayor y hombre muy joven. Aunque ni siquiera pueda hablarse de una mujer mayor sino de una diferencia de edad sustanciosa, esto no se asimila todavía, no se comprende y se critica. Hay un curioso feminismo mediante el cual las mujeres están obligadas a ser siempre jóvenes o a parecerlos y para ello cuentan con el concurso inmediato de las cirugías, los bótox y demás adminículos que te convierten en un remedo de tu nieta. Cuando la mujer es mayor que el hombre siempre parece estar en la cuerda floja, siempre se puede uno imaginar que todo saltará por los aires e, incluso, que es algo ridículo y sin sentido. Pensar así dice poco de la capacidad de los hombres de entregarse por amor y que este sea verdadero y no sujeto meramente...

En Grecia el mar cambia de color

  Céline (Julie Delpy) y Jesse (Ethan Hawke) hablan de sus cosas. Y el fondo es agua y piedra, los dos elementos que definen las islas griegas, que hablan de Grecia a los que buscan en las guías de viaje una forma nueva de encontrarse. Cuando estudiábamos el mundo clásico todavía no sabíamos que habría veranos al calor de ese mundo que parece no haberse hundido nunca. Son las ruinas más fotogénicas del universo y el lugar en el que una puede resarcirse de los sonidos molestos de la civilización, aunque aquello es lo más civilizado del mundo. Grecia es el pasado y el futuro, mucho menos el presente, porque el presente pasa rápido si te sientas en cualquier pequeño restaurante, que una familia al completo lleva con total devoción.  Monemvasía se cuelga del mar y de la piedra, sus calles son piedra y suena a piedra siempre. Arachova presume de frescos bizantinos y lo hace con razón, porque Bizancio es una piedra (siempre la piedra) angular de los restos artísticos que ...

El periodista que se enfrentó a McCarthy

"Buenas noches y buena suerte" es una película mágica. Su elegante fotografía en blanco y negro, el ambiente de la redacción, el vestuario, el casting, la interacción entre sus protagonistas, el uso del documental para darle veracidad a la historia...todo contribuye a un gran acierto cinematográfico. George Clooney, aquí actor, director y coguionista, es Fred Friendly, el productor del programa de noticias de la CBS cuya estrella fue Edward R. Murrow, un periodista de convicciones firmes y decidido a que el periodismo cumpla su función esencial de informar y educar, las dos premisas que reivindica en el discurso inicial de la película, que es el momento que articula la historia.  Además de Friendly y Murrow, en la redacción de las noticias de la CBS está el matrimonio formado por Shirley y Joseph Wershba, interpretados por Patricia Clarkson (una actriz deliciosa, dulce y estilosa) y el gran Robert Downey Jr,, una de mis debilidades. Ambos forman una pareja clandesti...

Storaro en día de lluvia

Esta película me ha reconciliado con Gatsby/ Chalamet. Creo que ha contribuido a esta desaparición de la hostilidad (una palabra que suena con aire psicológico de andar por casa) el hecho de que aquí no pareciera el sobrino del dueño de la tienda de chucherías de la esquina. Entre paréntesis, la psicología (incluso la de andar por casa) está presente en la película y también las costumbres de los ricos. Aún más encantadora está Ellen Fanning (cuyo padre tiene muchos bancos) y también Selena Gómez, las dos chicas, una rubia y una morena, de la historia. Aunque hay más. La gente que dice que esto es solo un amasijo de encuentros casuales, de planes no cumplidos y de agua de lluvia transparente y fiel, tendría que pensar en que Nueva York nunca ha presentado esta inusual imagen vintage, tan llena de dorados, de ocres y de ventisca. Hasta el paseo en coche de caballos se estropea con la lluvia...En la foto, Vittorio Storaro ha fotografiado a Selena delante de la ventana de su casa, por...

La última aventura de Addie Rose

Estás con tus amigas. Las más íntimas. Mujeres como tú, que han recorrido el tiempo del lazo del encuentro, las confidencias, las tardes en otoño, las compras y las risas. Estáis todas y allí, sin avisar, inopinadamente, llega una voz que dice, a través del whatsapp o de la tablet, que una infidelidad se está cociendo. Que uno de vuestros hombres os ha engañado y se ha liado con otra. Así de fácil. Esa es la excusa para que el talento convierta un episodio de cuernos cotidianos en una obra maestra. Si no está Mankiewicz la cosa quedará en un cabreo, quien sabe si en divorcio, pero, si él aparece, si toma lápiz y papel y luego enfoca, entonces surgirá, de esa manera, su “Carta a tres esposas”.  Addie Rose ha faltado a la cita. En esta pequeña ciudad provinciana hay pocos motivos para festejar casi nada. Por eso extraña tanto esa ausencia. Addie Rose es, como Rebecca, una presencia ausente. No la veremos, pero estamos seguros de que aparecerá en cualquier esquina, tal es la ...

Maneras de destrozar(se) la vida

  (Dana Andrews, 1909-1992) (Glenn Ford, 1916-2006) (Gloria Grahame, 1923-1981) (Lizabeth Scott, 1922-2015) Esa fotografía en blanco y negro iluminada con haces de luz que convierten en nítidas las expresiones de los héroes y tapan la maldad de los que han renegado de todo. De valores, de familia, de amigos, de todo menos de dinero. Conejitos asustados que nunca ven nada, dice Glenn Ford en "Los Sobornados". El cine negro es esa emocionante aventura en la que entras con precaución, te desenvuelves con miedo y acaba con un esplendoroso final que hace justicia. Siempre tiene una galería de malos que asustan y algunos héroes que conmueven. El cine negro es el cine por excelencia y en sus personajes anida todo lo que los seres humanos pueden sentir o conocer.  Esa galería de películas, de directores, de actores y actrices, es lo mejor que el cine ha creado en sus años de historia. La mayor poesía, la mayor certeza, la mayor plenitud. El cine negro tiene momentos familiares, niños...

"La palabra heredada" de Eudora Welty

  Estoy fascinada con Eudora Welty. Tenía una asignatura pendiente con ella. No la había leído con atención y, sobre todo, no había leído este libro. La editorial Impedimenta, como tantas otras veces, la ha traducido al español y la ha puesto a nuestra disposición. Y es una autora inmensa, una escritora increíble. Este libro en concreto, son unas pequeñas memorias que ella escribió cuando tenía setenta y cinco años. Volvió la vista atrás y se encontró con su infancia, con sus padres y con el comienzo de su vocación. Y nos lo cuenta de una forma deliciosa, con un estilo tan limpio y tan primoroso que da gusto leerla.  En menos de doscientas páginas el libro encierra algunos milagros. Una perfecta traducción de Miguel Martínez-Lage, cuidada y completada con posterioridad; el empeño de la editorial en su publicación; la mirada inocente y también irónica de la autora sobre su vida pasada; la estampa de un mundo, el de su infancia, que ya no existe, como sucede con todas las infanc...

La Caleta y un abrazo

  En un tiempo comprábamos fruta y nos íbamos a La Caleta a mojarnos los pies, a darnos chapuzones riendo. Llegábamos andando desde la calle José del Toro y las dos llevábamos bañadores de cuadritos y sombreros de paja. Las pelotas, las palas, los cubitos, las muñecas, todo junto en la bolsa grande que llevaban los mayores mientras nosotras andábamos a saltos. Siempre andábamos a saltos.  Cuando los años pasaron, esos días se asentaron en la memoria como sucede con todo el tiempo en que uno es feliz pero imágenes nuevas fueron cambiando el recuerdo y en los miradores del balneario de la Palma estaban también los abrazos, los abrazos jóvenes, los abrazos nuevos, la antesala de los besos y los encuentros prodigiosos. Aquel muchacho tenía los ojos azules, era listo, compraba revistas prohibidas y hablaba de la política que entonces nadie comentaba. Leía libros y tenía un aire bohemio que nunca perdió y se reía de las cosas con el ingenio y la compasión de la gente inteligente. Cr...

William Eggleston: poesía en los suburbios

/William Eggleston nació en Memphis, Tennessee, Estados Unidos, el 27 de julio de 1939./ Nadie recorrería tranquilamente esos parajes, ni tocaría con confianza las paredes, ni sacaría una coca-cola de la máquina. El negocio de los coches parece definitivamente abandonado y las casas tienen el aire derruido de los suburbios industriales. Todo está muerto aunque quizá reviva cuando amanezca el día y haya quien transite por allí haciendo negocios, toda clase de negocios. Pero antes de eso Eggleston ha montado su cámara y ha convertido en historia el color y la forma, ha hecho que esa esquina de ninguna parte llegue a parecer un paraje embrujado. Arte con todas las letras. 

El enigma Bath

¿Cayó en depresión Jane Austen cuando tuvo que abandonar Steventon y marchar a vivir a Bath? Esta es una de las teorías defendidas por algunas biografías de la autora. Según esa teoría a Jane le sentó fatal que sus padres decidieran, sin consultar con ella y con su hermana Cassandra (ni con ningún otro hermano, cabe decir) dejar la rectoría de Steventon, jubilarse de clérigo y asentarse para vivir en Bath. Nos dicen esas biografías que fue algo pensado de la noche a la mañana y que se dio por hecho a los hijos.  Bien. No me lo creo. No creo que los padres de Austen, hasta el momento sensatos, se convirtieran en dos locos de la noche a la mañana. Además que la rectoría y su cargo serían heredados por el hijo mayor, también clérigo, James, que viviría allí con su familia desde entonces. Hay aquí conversaciones previas y quizá cierta tirantez entre unos y otros porque, en realidad, todos se veían concernidos por el cambio. El caso es que en mayo de 1801 se produjo el traslado a Bath, ...

Esos niños

/Berthe Morisot, pintura impresionista/ El niño, este niño, otro niño, todos los niños, extiende por el suelo sus pequeños tesoros. Estampas de seres extraños, de la legión oscura, de batallas inconfesables; animales mitológicos, inocentes, antiguos, reales; trocitos de papel de colores que semejan montañas, ríos, valles y salvajes desembocaduras; tribus domésticas y otras más estrafalarias. Y dinosaurios. Los dinosaurios tienen nombres que el niño aprenderá a pronunciar como si fuera en otro idioma y que nunca se irán de su memoria y que lo mantendrán embelesado, dueño de una visión que nadie más conoce, que nadie entiende.  El niño, este niño, otro niño, todos los niños, ha escrito en su cabeza una tremenda historia. Un relato en el que aparecen los buenos y los malos, en el que brilla alguna incertidumbre, en el que las palabras se conjugan para formar un tapiz de emociones inabarcables. Es el autor de algo que lo conducirá, desde el suelo de la habitación de juegos, a una galax...

Despedidas

/Uta Barth, fotografía/ Si te amanece una mañana fría, con densa niebla a tu alrededor, con la humedad prendida hasta los huesos, con un palpitante deseo de que aparezca el sol y este no llega, si te amanece así tendrás que echar mano de los cuentos de hadas para saber que, antes de su final, hay siempre un tiempo de desolación, de búsqueda, de camino sin vuelta, de colores baldíos.  Aprende a despedirte de los sueños que no tienen retorno, que no se comunican con tus sueños, que no tienen la vida incrustada en las manos. Aprende a despedirte de aquello que no escribiste tú, de las letras de otros, de las viejas mentiras que escuchaste porque estabas cansada y no había tiempo de cambiar la canción. Aprende que las despedidas no siempre significan adiós, y que algunos adioses te traen hasta ti misma la esperanza.

Media tarde de sol

Quiero que pase el día de hoy y que con él termine este dolor que siento. Si alguien te hace daño debería desaparecer de la faz de tu tierra, caer fulminado del fondo de ti y no tener ningún hueco en tus pensamientos. Pero la vida me enseña a cada instante que eso solo es posible para algunas personas y que otras, sin quererlo, quizá porque somos más inseguras o menos racionales, sufrimos demasiado y demasiado a menudo.  Cuando caiga la noche estará a punto de empezar una historia nueva. Hay veces en que no se sabe cómo cerrar capítulos de un libro y cómo iniciar otros. Los venideros no llegan a escribirse sin hacer un balance de todo lo anterior. Tienes que reconocer que mentiste, que te engañaste a ti misma y que convertiste tu vida en una incógnita pesada. Entonces, tras ello, se abrirá ante ti una posibilidad, la de estar en paz, la de la serenidad que ansias desde hace tanto tiempo.  El engaño es el maestro del dolor. La mentira se conjura para hacerte infeliz. La ausenci...

La amiga Agatha

   Siempre a mi lado! ¿Sabes esas veces en las que todo se aleja? Las palabras se esconden en la lámpara de Aladino y el genio ha huido. Los sonidos de las palabras se oscurecen, no hay tictac de relojes que anuncien nada, tampoco el tiempo significa alborozo. Se suceden las horas como si fueran una fila de hormigas andando encima de un trozo de papel blanco y liso. Días sin alharacas, vacuos, sin esa sonoridad de la alegría. Amaneceres dudosos en los que el sueño se termina para lanzarnos a un precipicio cuya altura desconocemos. Noches en las que no existe sino una penumbra indistinguible de las sombras.  Cuando eso ocurre y ocurre muchas veces, porque la vida está llena de golpes, algunos de los cuáles llegan directamente al corazón, es el momento de tener a mano una pócima. Si fuéramos Harry Potter, una simple varita de sauce nos serviría para conjurar el dolor. Si fuéramos Aladino tocaríamos la lámpara y de allí saldría triunfante el genio, con su aspecto retozón y f...

Quiasmos

/Esteban Vicente. Expresionismo abstracto americano/  Han pisado mis pies la arena temblorosa un pájaro brillaba en el cielo de pálidos sonidos qué extraordinario andar el del silencio oculto así, como si nada, enhebrando colores que cosen las estrellas. Ese verde sabor, la tibia sombra esa falsa verdad, la sombra inquieta la blanca oscuridad, el temible desierto, hallan mis pies desnudos en la brutal malicia una pequeña luz, un vano intento. Volando tras de ti y tú esquivándome fiera verdad, lluvia desconsolada, inmenso llanto, nostalgia prevenida, pisan mis pies con rabia el árido camino.

Luciérnagas

/Serge Balkin, fotografía/ No tengo el corazón para luciérnagas. La frase ha aparecido de repente y me sigue dando vueltas en la cabeza durante todo el día. No sé el motivo por el que algunas palabras se juntan y se convierten en una melodía que te persigue, como si no tuvieras más remedio que escribirlas. Ocurre con algunas canciones que oyes no sé dónde, un momento en la radio quizá o en internet y entonces entran en ti y no hay manera de espantarlas. Se pegan a las horas y no podemos prescindir de ellas y acabamos cantándolas. Me ocurre también con la poesía. Un poeta, unos versos, una estrofa, aparecen contigo una mañana, al tiempo de levantarte o mientras desayunas. Y entonces te intentas desprender de esa letanía inseparable. Y no puedes. Te duchas y te envuelves en una toalla azul con rayitas de color mostaza y descubres que la música del verso está presente. Luego te limpias la cara, te untas la crema antisolar, te peinas y te perfumas, y ahí están las palabras, el verso o la c...

El desconocido

/Lillian Bassman, fotografía/ Una vez recorría yo la calle de un punto a otro de una ciudad desierta. Era un verano abrasador, en la hora más tórrida del día. Mi corazón saltaba. Llevaba un vestido de gasa azul celeste, suave al tacto, con un encaje muy tierno en el escote que tenía forma de pico, pronunciado, hondo. El vestido flotaba sobre el aire caliente del mediodía y yo andaba sobre unas sandalias blancas que me hacían un poco de daño. Eran nuevas, solo para ocasiones especiales. Llevaba un sombrero del color del vestido. En ese momento sonreía sola. Miraba al frente, con los ojos cubiertos por mis gafas de sol, oscuras, impenetrables, pero la sonrisa se traslucía de inmediato, a pesar de que era una sonrisa interior. La sonrisa de la plenitud, quizá. La sonrisa de la nostalgia anticipada. La de la sorpresa o la duda. Venía de hacer el amor con un hombre que me amaba profundamente y al que yo abandonaría sin remedio unos días después. Nos separaban quince años, una esposa, dos hi...

La mujer asustada

/Eve Arnold, fotografía/ La calle estaba a rebosar de gente. Turistas, visitantes, vecinos, habitantes de la ciudad, todos se concitaban en esa zona del centro en la que los bares, los restaurantes, los museos y las tiendas competían para atraerlos. Había muchas familias, gente con niños pequeños que se plegaban a sus deseos, que iban cargados de globos, porque salían de visitar los Belenes. Había también parejas, que susurraban promesas que nunca iban a cumplir. Había ancianos que se sentaban a descansar en uno de los bancos de madera que estaban delante del ayuntamiento, en la plaza atestada de casetas que vendían artesanía muy cara.  Para llegar hasta allí había que cruzar puentes. Los puentes, la seña de identidad de la ciudad, también estaban a punto de hundirse, superpoblados, cubiertos de cámaras de fotos que querían inmortalizar el movimiento del agua, el rielar del sol sobre la superficie, el paso de los barcos y de los remeros sudorosos. Toda la plata del agua se convertí...

Desde el taxi

 LA TRISTEZA DE LAS MUJERES Desde el taxi /Hiperrealismo, exposición del Museo de Bilbao/ Primero te hizo gracia. Confiésalo. Te llamó por teléfono desde un taxi y tú te sorprendiste. Era algo original, algo que nunca nadie había hecho. Luego, se hizo costumbre. Subía a los taxis y sonaba el teléfono y su voz te contaba dónde estaba, por dónde se movía, adónde iba. Comidas con colegas, compromisos políticos, viajes hasta la estación para coger el tren…Ese continuo movimiento suyo, esa voz in itinere, un verdadero bullicio de palabras. A veces pensabas que era muy amable, que ya resultaba complicado estar todo el día viajando para, encima, llamar por teléfono y hablar del tiempo, el paisaje, el almuerzo o las últimas noticias.  Cuando el tiempo pasó observaste algunas cosas raras, sumadas al montón de las rarezas que eran su santo y seña. Nunca te llamaba cuando se dirigía a una de sus cenas misteriosas del jueves por la noche, del viernes, o del sábado. Y, a veces, cuando no p...

La foto

/Annie Leibovitz, fotografía/ He visto a tu ex-mujer en una foto. Parece triste. Tiene la mirada perdida y sin esperanza. Las manos aprisionan un bolso pequeño, un bolso de fiesta. Una media sonrisa imperceptible. El pelo liso, de peluquería, una corona en torno a la cabeza. Va vestida de oscuro y lleva una chaqueta de fantasía. Pero los ojos lo dicen todo. Da la impresión de que se ha quedado atrás, de que no está dentro de la foto, de que es ella la que nos mira a través del objetivo de la cámara. Es una tristeza que no viene de ahora, estoy segura. Una tristeza que tiene mucho que ver con abandonos. Te conozco. Sé cómo actúas. Y por eso el abandono no es cosa de un momento. No es una decisión, no es un divorcio. No es un hachazo a la vida en común. Es solo un corte momentáneo, la búsqueda de un estatus más cómodo para ti. Seguir viviendo solo, pero que ella esté a la mano. Que cumpla su papel, la madre de tus hijos. Que haya celebraciones en las que os vean juntos. Que aparezca en l...

La tristeza de las mujeres

 /Uta Barth, fotografía/ Una vez en la calle descubrió que hacía calor. El tiempo había cambiado de un día para otro. Era un calor seco porque seguramente el levante hacía de las suyas en la costa. Y, a pesar de eso, la gente estaba sentada en los bares de alrededor, en las cafeterías con toldos negros y en los veladores del restaurante de abajo. No tenían prisa, era domingo y poco les importaba el paso de las horas. Las conversaciones se convertían en un murmullo silbante, como si fueran las aguas de un río. El río, por otro lado, iba a lo suyo, allá en la dársena y en el brazo vivo, a poca distancia.  Había salido a despejarse la cabeza después de varios días sin hacerlo, leyendo y tomando notas de los libros que leía. Era una tarea voluntaria, nadie le obligaba y nada se obtendría de esa minuciosa lectura. Pero le absorbía horas y horas era lo que más tenía en su vida. Horas vacías de conversación, horas sin risas, sin gente, horas solitarias.  Pensó en su soledad. O, ...