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Mostrando las entradas etiquetadas como Nina Leen

Un broche de flores y un collar de perlas

 El trasiego de las redes contrasta con la delicadeza de las fotos que hizo Nina Leen. El mundo femenino que ella retrata tiene un aire callado que no concuerda con el ruido. El sosiego es el paradigma más exacto. Como esta mujer que aparece en la revista Life y que se inclina con suavidad sobre la nota que está escribiendo, una carta, un recado, una disculpa, una declaración de amor, quién sabe. Precisamente ahí está su secreto, en no saber qué está escribiendo y a quién va dirigido. Quizá a ella misma, muchas veces nos escribimos a nosotros mismos, a lo mejor siempre, aunque haya otras personas que terminen leyéndonos. Qué despacio parece pasar el tiempo para esta mujer que se inclina levemente para escribir... Sabes lo que sucede cuando tienes algo que decir y no logras expresarlo. O cuando parece que las palabras van a fluir y se detienen. O, todavía peor, cuando no hay nada más y las expresiones desaparecen, todo desaparece, hasta las ganas de estar y de contar. Contar las his...

Cualquier cosa que me digas

  La chica de la foto mira a Nina Leen , que es la fotógrafa, y sonríe. Se ha quitado las gafas en un infalible gesto de coquetería. Gesto suena igual que beso. La ventana está tendida hacia los árboles, desconocidos árboles cuya esencia no conocemos, porque a la fotógrafa le interesa más acercarse a la chica, con sus shorts y su camiseta de escote Bardot , aunque quién sabe si Bardot existía en esos años o no. Seguramente no. Brigitte no se quitaba la edad pero Nina Leen nos ocultó el año de su nacimiento y todo lo que ha dejado son elucubraciones. De todos modos, a quién le importa cuándo nació si tenemos sus fotografías, transparentes, inauditas, valientes para la época. Como le sucede a la chica, yo también solía usar poca ropa y mi padre tenía una frase para la situación: ¿no había más tela en la tienda? La tienda era Jisol y estaba en la calle Real y mi madre compraba los retales y me hacía los vestidos en un instante, porque a mis hermanas la moda no les interes...

Siete escritoras y una cámara

  La maestra de todas ellas y la que trajo la modernidad a la escritura fue Jane Austen . La frescura de sus personajes puede trasladarse a cualquier época, de modo que no se puede considerar antigua ni pasada de moda, todo lo contrario. Cronológicamente le sigue Edith Wharton pero entre las dos hay casi un siglo de diferencia y en un siglo puede pasar de todo. Austen fue una maestra con una obra escasa y Wharton cogió el bastón de la maestra y llevó a cabo una obra densa, larga y variada. Veinte años después nació Virginia Woolf y aquí no solo se reverdece la maestría sino que, en cierto modo, hay una vuelta de tuerca porque reflexionó sobre la escritura, sobre las mujeres que escriben y lo dejó por escrito, lo que no quiere decir que Edith y Jane no tuvieran ya claros algunos de esos postulados que Virginia convierte en casi leyes. Ocho años más tarde que Virginia nació Agatha Christie y aunque su obra no tiene nada que ver con las anteriores dio un salto enorme en lo que a ...

El curso de escritura

 Ya iban tres veces. En tres ocasiones se había apuntado a un curso de escritura. El primero fue de poesía. Los profesores hablaban de figuras literarias y de metáforas y de nombres raros y había que escribir metiéndolo todo en un corsé y nada de eso parecía tener similitud alguna con la poesía que a ella le gustaba. No había sonidos ni armonía, no sonaba la música al leerlos. Tenía escritos un montón de versos pero nunca sabía si eran buenos, si valían algo o si eran solo palabras y más palabras. No le aclararon nada y dejó que el tiempo pasara sin más.  Después fue una cosa de una universidad, carísimo, que tenía que ver con la creación literaria. Dudaba mucho de que la profesora supiera escribir ni siquiera un aforismo pero había mucha teoría, teoría, teoría, teoría, y nombres raros y corsés de nuevo. Un aburrimiento. Como un libro de texto antiguo que hubiera que aprenderse sin más. No estaba la vivacidad de la creación, ni tampoco la belleza, ni la verdad. Lo dejé sin aca...

De repente, todos los veranos

  Llega un momento en que el verano se convierte en nostalgia. Una suma de ausencias y un enorme revoltijo de recuerdos. La vida se escribe de verano a verano y, en ciertos momentos, el verano es el gran invento de la memoria. Así lo viste cuando las azoteas ocupaban todo tu tiempo, mensajes indescifrables a pie de agua, a pie de viento, aires que llevaban ecos de gente a la que amabas, futuro, posibilidades, quejas, sueños. Las mañanas de playa tienen ese inenarrable sabor atlántico de la baja y la alta marea, nimbada de canciones de moda, de chicos a los que amas y que suelen tener los ojos verdes. En la caseta de rayas blancas y azules hay tiempo para buscar en un rincón la botella de cerveza para lavarse el pelo entre las olas. El agua del mar lanza un sortilegio de esperanza siempre. Es la bonanza del pensamiento y de la vida, tiene sentido simplemente porque soltamos nuestras risas imparables. La risa es el alimento que todos queremos conservar siempre. Hay noches de discotec...

Mujeres en blanco y negro

  Dentro de la nómina de espléndidas fotógrafas que empezaron a desarrollar su obra en los años iniciales y mediados del siglo XX, la figura de Nina Leen se antoja superdotada. Dueña de una sensibilidad especial, de una visión propia, la poesía que destila su obra está llena de paradojas, llena de contradicciones y de efectos tangibles. No es posible mirar sus fotos sin que una historia surja de ellas, sin que se cubran de palabras que se conviertan en la segunda piel de la imagen. Las luces y las sombras escriben aquí una historia imparable, del modo en que ella misma lo había concebido. Historias de triunfo o fracaso, dentro de un mundo que emergía lleno de novedades y que Leen presenció como una privilegiada espectadora.  Su propia biografía es diferente y sugerente. No se sabe a ciencia cierta dónde aprendió a fotografiar pero su cámara Rolleiflex la acompañaba desde siempre. Había nacido en Rusia, en una fecha imprecisa pues siempre se negó a revelar su edad, aproximadame...

"Tormenta en Cape May" de Chip Cheek

Chip Cheek es un desconocido y esta es su primera novela. Los protagonistas son Henry y Effie, una pareja muy joven que acaba de casarse y que decide, en su viaje de novios, pasar unos días en la vieja casa familiar de la chica, allá por Cape May, junto al mar, un mar otoñal, de gaviotas varadas, de tormentas y de lugares vacíos.  Los sitios de veraneo son inhóspitos cuando acaba la temporada. Resultan tristes y patéticos. La humedad se cuela por las puertas sin que haya forma de luchar contra ella y el suelo está pegajoso, como si el sol hubiera decidido hacer huelga hasta la próxima temporada. Los sitios de veraneo de playa están hechos para una temperatura tórrida, para vestidos de tirantes, bañadores atrevidos y paseos descalzos. Pero la pareja llega cuando apenas queda nadie y tiene que construirse una luna de miel con lo que hay, algún colmado, algún bar, poca cosa.  Y Clara Strauss. En una de las casas de la calle de al lado, una casa grande, con piscina, j...

El buen amante

Foto Nina Leen Las niñas de Conso se quedan, durante las horas del parto, en casa de una vecina, como es normal en la calle. No se quedan nunca con su tía Angustias porque no tiene hijos y se aburren. Así que pasan la mañana en la casa de Anita y Luciano, que viven pared con pared y que tienen dos niñas muy graciosas. El plan le ha fastidiado el día a Anita, pero no lo dice. No podría decirlo aunque quisiera y no quiere. Sonríe y se guarda el fastidio, le prepara a las niñas el almuerzo, va y viene a la casa de Conso y ofrece a la vida la imagen pactada: un ama de casa joven, una madre de familia guapa y coloradota, vestida de florecitas, bien peinada y con una sonrisa arrebatadora. Esa es Anita la mayoría de las veces. El marido de Anita pasa todo el día fuera, como hace siempre. Es camarero en uno de los restaurantes de la playa y está en plena temporada. Luciano es un buen hombre pero muy soso, dicen todos. Apenas habla y sonríe sin ganas. Siempre ha sido así de modo que todos se ex...

Oh, las amigas

  Iba a escribir de libros pero voy a escribir de amigas. La tarde se ha oscurecido con previo aviso y la tormenta está por llegar. El suelo terrizo parece que tiene polvo y la plaza se ha quedado desierta. Se han ido las familias, los niños y los jóvenes. Se han callado los árboles. Y el silencio parece anteceder el trueno y el relámpago. Quizá llueva o quizá sea una de las tormentas secas que la primavera trae y que no me gustan. Nada de agua, solo dolor de cabeza.  Las amigas! Pocos placeres igualan al charloteo entre amigas, a la confidencia, a la historia que cuentas con detalles, que escuchas con atención. Las penas del amor son menos si la amiga te está comprendiendo y si te dice que no merece la pena, que ya llegará otro o que es mejor estar sola que mal acompañada. Las amigas! Distintas y a veces separadas, a veces lejanas y también a veces engañosas. Algunas amigas te traicionarán siempre, es una sentencia que se cumple aunque quieras evitarlo. Bruto mató a César. Al...

Cosa de amigas

Uno de los temas recurrentes en las obras de Jane Austen es la relación amistosa entre mujeres, en concreto, entre las jóvenes protagonistas y otras jóvenes de edades parecidas. En el caso de “Emma” estas relaciones pueden analizarse a través de dos casos, bien distintos, pero de los que podemos extraer conclusiones interesantes. Se trata de la amistad con Harriet Smith, por un lado, y con Jane Fairfax, por otro.  La primera cuestión que tenemos que destacar es que, en ninguno de los casos, hablamos de amistad entre iguales. La diferencia social que hay entre Emma y las otras dos muchachas es notoria. Se trata, pues, de relaciones asimétricas, pues la única mujer que en la novela puede mantener una relación de igual a igual con ella, por su posición, es su hermana, Isabella, pero el interés que dicha relación tiene en la historia es muy escaso, todo lo contrario que ocurre en otras obras de Austen, como “Sentido y sensibilidad”, donde las hermanas Elinor y Marianne son el eje de la...

Catherine es un desastre

  Catherine Morland es una especie de potrillo salvaje. Tiene muchos hermanos, vive en un pueblo de la campiña inglesa y tiene unos padres muy permisivos. Su hermano mayor está ya en Oxford, en la universidad, pero los pequeños andan por la casa y ella ha recibido permiso para viajar a Bath con un matrimonio amigo, los Allen, que hacen lo que todos los matrimonios aburridos de la época hacían: llevarse con ellos una joven compañía que les dé algún aliciente. Cuando Jane Austen traza este personaje no se priva de nada. Catherine se aburre casi todo el tiempo, salvo cuando lee novelas góticas que le encantan. A su madre le gustaría que, además de leer, sacara algún aprendizaje de esa lectura y no tanta fantasía, y también que hiciera alguna cosa útil, que ayudara en casa, que aprendiera a doblar las corbatas de su padre, al menos. Si Nina Leen hubiera podido conocer a Catherine Morland, la habría retratado así, descalza, con un vestido romántico, con aire campestre e ingenuo. Todavía...

La conspiración de las sonrisas

  Vivíamos la una enfrente de la otra en esa calle larga y vivaz, sonora, que era nuestro paraíso. Las tardes de verano, cuando el aire se posaba en las esquinas y refrescaba los ambientes, cuando las casapuertas se abrían tras las siestas, Luna y yo cumplíamos el tácito rito del encuentro. Sin acuerdo previo, sin mensajes, sin avisos, sin gritos a través de las azoteas, sino usando únicamente la fuerza de la costumbre: un día en cada casa.  Cuando el turno nos llevaba a la suya su madre disponía, en una bandeja plateada con flores pintadas, unas rebanadas de pan con mantequilla y unos tazones de colacao fresco, que habían necesitado un buen rato para despejar los grumos. Las niñas cogíamos la bandeja con cuidado y nos sentábamos en un escalón del suelo que conducía al patio y allí podíamos pasarnos las horas, hasta que la oscuridad comenzaba a anunciarnos que era la hora de la ducha y de la familia. Un delicioso tête a tête quedaba así interrumpido hasta el día siguiente. La ...

Amigas

(Foto de Nina Leen para Life) Uno de los temas recurrentes en las obras de Jane Austen es la relación amistosa entre mujeres, en concreto, entre las jóvenes protagonistas y otras jóvenes de edades parecidas. En el caso de “Emma” estas relaciones pueden analizarse a través de dos casos, bien distintos, pero de los que podemos extraer conclusiones interesantes. Se trata de la amistad con Harriet Smith, por un lado, y con Jane Fairfax, por otro. La primera cuestión que tenemos que destacar es que, en ninguno de los casos, hablamos de amistad entre iguales. La diferencia social que hay entre Emma y las otras dos muchachas es notoria. Se trata, pues, de relaciones asimétricas, pues la única mujer que en la novela puede mantener una relación de igual a igual con ella, por su posición, es su hermana, Isabella, pero el interés que dicha relación tiene en la historia es muy escaso, todo lo contrario que ocurre en otras obras de Austen, como “Sentido y sensibilidad”, donde las herma...

Oh, esa chica

  /Chica americana en Italia. Ruth Orkin/ Una vez saqué un billete de tren de esos que van a todos los lugares y me subí en mi estación amiga, la de al lado de casa, aquella a la que solía ir cuando esperaba a alguien o cuando no esperaba, y me marché en busca de alguna aventura que levantara el tedio del verano, un verano muy metido en levante, un verano que obligó a que la Virgen del Carmen se quedara en el puerto y no pudiera cruzar los fiordos atlánticos de los azules esteros que rodeaban mi casa.  Saqué un billete de tren y era la primera vez que iba a viajar sola, sin primas, sin amigas, sin familiares y sin chico. Esperaba que todos me dejaran tranquila y que el chico, uno nuevo, apareciera en cualquier recodo, cafetería, autobús o parque. Entonces yo era muy de parques, muy de andar, muy de subir y bajar escaleras, muy de escalar el mundo en tren o en autobús. Y muy de iglesias. Entraba en las iglesias a descansar, a dejarme llevar por su silencio, por su especial atmó...

Extranjera

  Nina Leen, Roof Sunlamps, Senator Hotel, Atlantic City, 1948. © Time Inc. Un día descubres que estás fuera de todo para siempre y que eso no es una circunstancia, sino una manera de estar, de ser, de vivir. No puedes evitarlo, no es mérito alguno, no depende siquiera de ti. Es, más bien, algo que va contigo, que no tienes intención de sacudirte porque sería inútil completamente. Y hay momentos en que pensaste que esa extranjería vital era cosa de la niñez, de la adolescencia, de la juventud. Que la madurez lograría situarte dentro de esa esfera que es la vida tal y como los demás la disfrutan, la conciben, la muestran. Pensaste en que la próxima vez las cosas irían mejor. Que en tu nuevo destino, en tu nueva situación, en ese nuevo lugar, todo sería distinto. Que algo sea distinto es un objetivo que no puedes dejar de lado. Pero recuerdas, una y otra vez, las frases del Buscón, y las tienes a mano para ilustrarte, para abrirte los ojos: "Y fuéme peor, porque no muda de condición...

D. H. Lawrence y Nina Leen: Lo efímero y lo perdurable.

Úrsula y Gudrun son hermanas e infelices. Ninguna de las dos ha alcanzado en la vida aquello que desea. Han nacido en una familia de mineros, pobre y sin cultura, pero eso es algo que a las dos las atormenta. Son diferentes en su interior, se sienten diferentes. Odian lo negro de las minas, el hedor de la tierra cuando cae la noche y los pozos se despueblan, el aire cansado de las mujeres de los mineros, la suciedad, el polvo. Observan con admiración a los otros, los ricos, los que lo poseen casi todo, los que se rodean de un ambiente de música, de luces, de belleza. Ellas son muchachas pobres en un universo que las atrapa. Hubieran querido ir a la universidad y moverse de un lado a otro con indiferencia, como si nada fuera necesario, amar sin compromiso y conocer a la gente que disfruta de todo lo que ellas no tienen. Pero nadie elige dónde nace y elige a sus padres o a su familia. Eso las llena de un sentimiento de injusticia que ocultan al exterior pero que existe.  ...