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Mostrando entradas de febrero, 2025

Rosas sobre un campo de lava

(Foto: Cristina Coral)   " Durante algunos años mantuve una especie de correspondencia con alguien a quien creí inteligente, compasivo y humano. En esa nueva forma de correo que es el electrónico mis cartas se movían continuamente desde el corazón al ordenador, en un bucle continuo. Era muy hermoso pensar cosas, convertirlas en palabras y lanzarlas al aire de mi destinatario. Sabía que me entendía. Entender es algo que todo el mundo busca en otro alguien. Y por eso, quizá, nos confundimos demasiado a menudo, pensamos que está ahí, que lo hemos encontrado, pero, tantas veces erramos como logramos acertar. Yo creí que esa persona tenía todas las cualidades para ponerse en mi lugar. Era capaz de oír sin juzgar, de consolar sin preguntar, de aconsejar sin presumir. Las mañanas del verano, cuando todo está más vacío y la vida se compone de horas más largas, yo me sentaba delante del ordenador, abría mi corazón y lo hacía llegar al otro lado del correo, con ...

Contexto, con texto...

  (Robert Frank. Valencia, 1952) Los youtubers hablan mucho del "contexto". A veces contexto es para ellos todo lo que justifica la cantidad de exabruptos que suelen soltar, al menos los que se dedican al "salseo". Muchos apenas tienen formación y lo mismo sus audiencias pero todos ellos han aprendido y aplican el significado de "contexto". El contexto es lo que hace imposible charlar con una amiga si esta sufre de mal de amores inmediato. Tienes que esperar que pasen los días y el contexto cambie. Ese mismo contexto va en tu contra cuando vives en un lugar inhóspito que te ignora gentilmente. Y qué decir de los contextos inhumanos, de los contextos perseguidos, de los contextos llenos de desesperanza...Cuando Robert Frank hizo esta foto en Valencia, en el año 1952, el contexto era la miseria, las ciudades desprovistas de todo lo que hace la vida mejor y la gente que salía a trabajar en bicicleta. A la Bazán iba la gente en bicicleta, los hombres, quiero d...

Un pájaro con las alas rotas

Miraba sin ver. La calle estaba desierta a esa hora de la tarde. Hacía calor. Le sudaban las manos. Pensó en que debería volver a casa. Llevaba mucho tiempo deambulando, dando vueltas en torno al mismo sitio, una extensión de parque abierto, en el que las flores nunca aparecerían. El suelo estaba surcado de miles de pisadas. Todo parecía acabado, muerto, en una especie de contemplación del duelo, en una alarma sonora de cristales. No existía ningún atisbo de esperanza en aquel paisaje y ella lo contemplaba como si lo hubiera visto antes, como si esa no fuera la primera vez. Toda la gente se había alejado de allí. Acabada la fiesta, no existía razón alguna para permanecer expectante en ese sitio, como si esperara un milagro, como si un acontecimiento estuviera aún por venir. Ella miraba a todos lados pero no veía nada. Su vista se fijaba en un espacio interior que no tenía motivos, ni explicaciones, ni susurros, ni música. Era una voz que le hablaba de que debía seguir andando, ...

Un verano en Arlès

 La casa tenía un aire de cuento. Muros de piedra, cancela de hierro, contraventanas azules. El azul era el de Dufy, un azul rotundo, un azul mediterráneo. Los azules atlánticos son otra cosa, tienen más de verde y más de dorado, como si la paleta del mar tuviera algo que decir al respecto. Era una casa silenciosa pero a veces se sumergía en un extraño bullicio, igual que si entrara en una fase de lucha consigo misma. Tenía habitaciones con techos altos, muebles de madera provenzal, cortinas de flores recogidas en el lateral y una cocina gigantesca. En la cocina estaban los muebles, cada uno de su color, alrededor de una mesa con tapa de mármol blanco y con sillas de formas y tamaños diferentes. Era una cocina caótica a su modo y olía a queso. Lo mejor de la casa estaba fuera. Un huerto aromático donde el aloe vera y el arrayán competían y un huerto con profusión de habas. Todas las muchachas de ese tiempo querían ser hortelanas y floristas, ninguna abogada ni maestra. Los amigos e...

Clive Owen, una falda tubo y el tipo de la camisa blanca

  No sé si me gusta Clive Owen porque me recuerda a aquel tipo o al revés. El caso es que también usaba camisas blancas y también tenía ese color indefinido de ojos, que tanto parecen grises, como azules, verdes o, incluso, plateados. Unos ojos con doble intención, que podían ser duros y sin compasión o tiernos y plagados de dulzura. Aquel tipo, lo llamaré así para aclararnos, tenía una personalidad dual, oscura y transparente a la vez, y las muchachas como yo, que sofocan las penas del amor con otras penas mayores, podemos ser presas fáciles de un vaquero bien llevado y una camisa de lino. En una de esas crisis amorosas por no sé quién (lo bueno de todo esto es que el olvido es la premisa) surgió un viaje al extranjero por un par de meses (el remedio eficaz, poner tierra de por medio) y allí estaba este Clive sin filmografía, con su aspecto de eficaz desaliño, su conversación filosófica y su mirada ardiente de unos ojos con color no identificado. Imposible resistirse a su llegada...

Oh, las amigas

  Iba a escribir de libros pero voy a escribir de amigas. La tarde se ha oscurecido con previo aviso y la tormenta está por llegar. El suelo terrizo parece que tiene polvo y la plaza se ha quedado desierta. Se han ido las familias, los niños y los jóvenes. Se han callado los árboles. Y el silencio parece anteceder el trueno y el relámpago. Quizá llueva o quizá sea una de las tormentas secas que la primavera trae y que no me gustan. Nada de agua, solo dolor de cabeza.  Las amigas! Pocos placeres igualan al charloteo entre amigas, a la confidencia, a la historia que cuentas con detalles, que escuchas con atención. Las penas del amor son menos si la amiga te está comprendiendo y si te dice que no merece la pena, que ya llegará otro o que es mejor estar sola que mal acompañada. Las amigas! Distintas y a veces separadas, a veces lejanas y también a veces engañosas. Algunas amigas te traicionarán siempre, es una sentencia que se cumple aunque quieras evitarlo. Bruto mató a César. Al...

"Todavía amanece" Antología poética de María Sanz, 2007-2022

  Si un libro de poemas ha de llevar un prólogo, tiene que ser un buen prólogo. En caso contrario sobra completamente. En "Todavía amanece" el acierto del prólogo tiene mucho que ver con que no está dispuesto a prevenirnos ni a anunciarnos lo que vamos a leer, sino que quiere presentar a la autora y situarla en su contexto. No faltan los prologuistas avezados que repiten versos allá y acá, destripando la cuestión y adueñándose por tanto de lo que debe guardarse para el momento oportuno, esto es, el tiempo en que te adentras en los poemas sin guía ni faro, solo con tu propia intuición y con lo que el poeta, en este caso la poeta, quiera ofrecerte como referencia. Convenimos, entonces, en que el prólogo que ha escrito Enrique Gracia Trinidad , también poeta, es una excelente apertura u obertura, ya que la poesía es música, para lo que viene después. Me paro en él porque además de plasmar el telón de fondo literario y vivencial de María Sanz hace suya una reivindicación que deb...

Hay que detener este absurdo

  No estamos siendo conscientes, pero quizá habría que pararse y pensar. Ya no basta con que escribas un libro, malo, regular, bueno o muy bueno. No basta con que te lo publique una editorial. A partir de ahí se abre una brecha entre los promocionados y los no promocionados. Y empieza la loca carrera por darlo a conocer, la frustración de las reseñas no escritas, de las escritas pero insuficientes, en enfado con los supuestos amigos que no escriben de tu libro, las librerías en las que no está, los eventos en los que no participas, las presentaciones medio vacías, las ventas escasas. Y las comparaciones con aquellos otros que tienen más suerte, más apoyo o mejores libros. Y entonces toda esa "delicia de la vida" que es escribir se convierte en un problema. Porque ya no basta con escribir, ni siquiera con publicar. Si tu libro no es convenientemente leído, alabado, reconocido, entonces es barbecho. No sirve de nada lo que has logrado. Un peligro que hay que sortear y detener. ...

Cosa de amigas

Uno de los temas recurrentes en las obras de Jane Austen es la relación amistosa entre mujeres, en concreto, entre las jóvenes protagonistas y otras jóvenes de edades parecidas. En el caso de “Emma” estas relaciones pueden analizarse a través de dos casos, bien distintos, pero de los que podemos extraer conclusiones interesantes. Se trata de la amistad con Harriet Smith, por un lado, y con Jane Fairfax, por otro.  La primera cuestión que tenemos que destacar es que, en ninguno de los casos, hablamos de amistad entre iguales. La diferencia social que hay entre Emma y las otras dos muchachas es notoria. Se trata, pues, de relaciones asimétricas, pues la única mujer que en la novela puede mantener una relación de igual a igual con ella, por su posición, es su hermana, Isabella, pero el interés que dicha relación tiene en la historia es muy escaso, todo lo contrario que ocurre en otras obras de Austen, como “Sentido y sensibilidad”, donde las hermanas Elinor y Marianne son el eje de la...

En cualquier parte crecen rosas

(Rosas de Raoul Dufy) La ventana tiene postigos rojos. Refulgen a la caída de la tarde. Los tiradores de latón están limpios y en ellos se refleja el sol poniente. Al otro lado del valle se adivinan las potentes montañas que ahora no tienen nieve, sino un manto tibio de verdor salado. La casa se mantiene en silencio, a la espera de que el trasiego de la noche lleve a la cocina la agitación del momento de la cena. Todas las ventanas anuncian que el crepúsculo ha terminado de mezclarse con la bruma de la oscuridad nocturna. Todos los ojos están puestos en ese final del día colmado de sonidos propios. Un leve chisporroteo, la canción que sale de la radio, el ladrido discreto de un perro a lo lejos. Es la hora breve del tránsito. La calle está desierta. Las pocas casas que se abren a cada lado, tienen puertas cerradas, postigos entreabiertos y un sospechoso aire de calma sobrevenida. Este paréntesis tiene a todos inmersos en un tiempo de paso, que dará pronto sitio al jolgorio de l...

Experto en muselinas

  /Mujer con vestido de muselina, Pierre Auguste Renoir, 1917/ El señor Henry Tilney es un experto en muselinas. Por ello, participa con una sonrisa en las conversaciones que mantienen las damas cuando se encuentran en el paseo, en un baile, en un establecimiento de Bath. Es el único personaje masculino de Jane Austen que tiene conocimientos sobre ropa femenina y ello le supone un plus de atractivo a los ojos de Catherine Morland. Aunque esto no sea demasiado concluyente. Ella está perfectamente abducida por las novelas góticas y sus arrebatos. Un hombre que entiende de telas es un caballero muy dotado para la vida social.  Tilney tiene veinticinco años, es hijo de una buena familia, la poseedora de la abadía de Northanger, es ministro de la iglesia anglicana y parlotea con gran conocimiento de causa del aprovechamiento de las muselinas cuando dejan de servir como vestido. Tilney es un gran partidario de la economía circular y parece haberla inventado él. Aprovechar la muselin...

El doctor Johnson, por supuesto...

  El doctor Johnson, don Samuel, tuvo la suerte de que lo retratara el gran Reynolds, de modo que su aspecto ha pasado a la historia en un digno retrato en el que aparece enfrascado, naturalmente, en un texto. Dada su condición de narrador, crítico literario, lexicógrafo y observador privilegiado del canon, no se le podía retratar mejor. Por supuesto que este es el doctor Johnson del que se habla en algunas novelas de Jane Austen, el que ella menciona en sus cartas y del que dice Henry Austen que tuvo una importante influencia en su hermana a la hora de seleccionar el significado y uso de algunas palabras. Todo ello se debió a que Samuel Johnson fue el acuñador de un diccionario de la lengua inglesa que tuvo mucha aceptación, que incluía numerosas acepciones de los distintos vocablos y pertinentes ejemplos sobre su uso normal. La normativa que de ahí extrajo sigue siendo un valioso ejemplo del mejor inglés.  Samuel Johnson nació en 1709 y murió cuando Jane Austen tenía nueve a...

Vas por la calle y te la encuentras

  /Estatua de Jane Austen en Basingstoke/ Una sociedad orientada al matrimonio tenía que tener por fuerza un gran número de actos sociales en los que se pudieran conocer las futuras parejas. De modo que la vida cotidiana de la gentry dejaba un importante espacio de tiempo al ocio en el que se podían disfrutar de veladas, cenas, conciertos, encuentros, visitas, paseos y, desde luego, bailes. Los bailes no eran solo ocio, también suponían negocio, porque era la forma de conocer gente y, quién sabe, de concertar matrimonios.  Había bailes públicos en los que se pagaba una entrada. El maestro de ceremonias era el encargado de que bailasen juntos los de un mismo grupo social. En La abadía de Northanger, es el maestro ceremonias del baile de Bath el que pone en contacto como parejas a Catherine Morland y Henry Tilney. Otros bailes eran privados y para asistir era necesaria la invitación. Aquí no había limitaciones a la hora de bailar, pues, al fin y al cabo, no se daban diferenci...

Soledades

 /Foto: Vivian Maier/ No hay una sola clase de soledad. Hay soledades. Cada soledad tiene unos motivos y una forma de manifestarse. Es la gran enfermedad del siglo XXI y se disfraza de otras cosas. Se confunde en medio del fragor de las redes, se difumina en ocasiones pero suele reaparecer a poco que las personas miren hacia dentro. Los seres humanos estamos abocados a la soledad final pero hay quien es capaz de sortearla, o tiene unas circunstancias más benignas o no piensa en ello. Si no piensas en la soledad, ese engaño puede salvarte. Pero si tu cabeza se detiene en lo que eres cada día, entonces no habrá simulación posible. Para luchar contra la soledad se hace de todo. Se buscan parejas inadecuadas, se adquieren compromisos molestos, se apunta una a cualquier cosa y, llegado el caso, se tira la toalla. Cuando tiras la toalla, cansada, perdida, inútilmente expuesta al fracaso, entonces se pierde el anclaje en la vida. Los seres humanos estamos anclados a algo que nos sujeta a ...

"El arte de la escritura" Varios autores

 La editorial Montesinos, que tiene un catálogo muy interesante y original, saca a la luz este libro que contiene escritos de diversos autores muy considerados acerca de escribir, incluso de publicar. Es un libro que interesará por ello a los escritores y a los lectores. Los escritores seleccionados, entre los que hay solo dos escritoras (ya sabemos que esta circunstancia es muy frecuente en la literatura), tienen la suficiente importancia dentro de la historia como para que nos resulte curioso cuanto menos asomarnos a su forma de pensar sobre el acto y el fenómeno de la escritura.  El libro lo abre una escritora, Louisa M. Alcott, y lo cierra otra, Virginia Woolf, bien diferentes en su obra y en la consideración de que gozan en la actualidad. Alcott está pidiendo a gritos una revisión que la aleje un poco de ese marchamo de literatura juvenil y, por el contrario, la valoración y el conocimiento de Virginia Woolf avanza a marchas forzadas. Sus opiniones acerca del proceso crea...

"Noche y día" de Virginia Woolf

Una pena impertinente Reina en mí de noche y día  Porque a mí ná me divierte  No encuentro más alegría  Que el rato que vengo a verte (Enrique  Morente) En la contraportada de este libro se desliza una frase referida a la protagonista que bien podía aplicarse a la autora: "no sabe qué esperar de su vida". Más allá de ser la reina de un grupo de intelectuales y artistas; más allá de una privilegiada situación social y una desgraciada vida familiar; más allá de un talento reconocido para la observación; más allá de la creación de un lenguaje propio, escrito en una habitación propia y en un jardín bajo el sol poniente...más allá de todo, Virginia Woolf fue una mujer que no sabía qué esperar de su vida. Esta característica, común a otras personas pero mucho más acusada en la gente de temperamento artístico que no tiene la obligación de fregar el suelo y tender la colada, hace evidente que la esperanza está casi ausente de tu visión. Para mantener una actitud esperan...

"Amy e Isabelle" de Elizabeth Strout

Elizabeth Strout es la autora de Me llamo Lucy Barton que aparece reseñado en otro lugar de este blog. Nació en Maine, en 1956, pero vive en Nueva York desde hace años. Esta es su primera novela. Hay que recelar de las "primeras novelas" que salen a la luz ante el éxito de las segundas o terceras. Pero, en este caso, no hay motivo. Amy e Isabelle es aún mejor que Me llamo Lucy Barton. Especialista en relatos y cuentos que publica en revistas y que la han llevado a ganar el Premio Pulitzer (Olive Kitteridge), su personalidad a la hora de escribir hace el efecto de una llama que atrajera a las mariposas. Es, sencillamente, única.  En Amy e Isabelle se cuenta la historia de una madre y una hija, pero también la de toda una comunidad. Los personajes que transitan por el libro no son felices y ninguno hallará más que una especie de rutina confortable a lo largo de su vida. No hay falsas esperanzas, no hay optimismo. Tampoco desesperación, sino el transcurso ritual d...

"Gente muy fría" de Sarah Manguso

  ¿De qué libro hablamos? Gente muy fría Su autora es Sarah Manguso , ha sido publicado por Alpha Decay y traducido por Julia Osuna Aguilar. Primera edición enero de 2023.  La imagen de la cubierta es de Frans Everbag.  Tiene 186 páginas.  **************************** ¿Qué cuenta este libro? Ruthie, la protagonista, ha vivido siempre en un pequeño y casi sórdido pueblo de Massachussetts, Waitsfield. Aunque ella no parece darse cuenta, como sucede con todos los niños, que colorean su realidad y la que los rodea, vive en una familia inhóspita, complicada y que nunca le va a dar los abrazos que necesita. La pobreza no es solo la pobreza material sino también la falta de objetivos y la falta de calor. Esa gente fría del título se transparenta en todo. Y todo lo que la rodea tiene esa misma sensación de frialdad.  **************************** ¿Quién es Sarah Manguso? Es una escritora de géneros inclasificables que ha escrito sobre todo artículos y pensamientos. Su p...