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Mostrando las entradas etiquetadas como Louise Dahl-Wolfe

Louise Dahl-Wolfe: la luz es libre

El color que estaba buscando Harper's Bazaar para sus portadas y sus páginas de moda llegó de la mano de Louise Dahl-Wolfe , fotógrafa, uno de esos casos de mujeres casi desconocidas para nosotros pero que tuvieron una vida profesional intensa, a la altura de los más renombrados fotógrafos, lo que puede apreciarse fácilmente al contemplar sus fotografías. La luz era su gran elemento, el que consideró como primera materia prima de sus fotos. La luz natural, la que ponía el punto distintivo a sus obras y convertía los colores en ríos de llamativa atracción.  Fue una pionera. La fotografía de moda alcanzó un auge impresionante entre las décadas de 1930 y 1960 en las que ella trabajó. Y contribuyó a que no fuera un mero escaparate de tendencias sino verdaderas obras de arte. Nació en San Francisco, en 1895 y murió en Allendale, Nueva Jersey, en 1989. Tuvo, por lo tanto, una larga vida aunque el olvido la sepultó cuando dejó de trabajar en 1960. Años después algunas exposiciones sobre ...

Una persona tóxica

 Teníamos veinte años. Aquel muchacho era poeta, o eso decía él mismo. Llegaba al café todas las tardes cargado de libretas de hojas lisas y de una pluma Lamy en color rojo oscuro. Se sentaba siempre en la misma mesa, cercana a una ventana, como si quisiera que la luz del atardecer formara parte de su telón de fondo, del cuadro que él mismo dibujaba en sus papeles. Tella, Estrella, mi amiga del alma de esos años (las amigas del alma cambian tanto como cambia el alma) se fijaba mucho en él y lo observaba descaradamente porque ella era así, descarada y deseosa de entablar conversación con cualquiera. La conversación era su medio ambiente, el espacio en el que más cómoda se sentía porque odiaba el silencio y sus consecuencias. Lo peor es el silencio, decía siempre. El otro territorio en el que navegaba, un poco al estilo de los barcos que desde allí éramos capaces de oír si afinabas el oído, era el del amor, y, si podía ser un amor tumultuoso, una espera imposible, incluso un engaño, ...

Mi propia habitación

(Virginia Stewart fotografiada por Louise Dahl-Wolfe en 1948) Fue leyendo "Una habitación propia" cuando lo pensé. No sentada a la orilla de un río, aunque ella sí lo estaba. Virginia estaba sentada a la orilla de un río y hablaba de peces y de pesca, no sé ahora mismo por qué. Quizá tenía mucho que ver con su disertación o su mente vagaba por esa imagen que había retenido en la cabeza de la última vez que se sentó junto a un río. Intuí entonces que esa visión podía ser inexistente, y que yo, en realidad, jamás había estado sentada a la orilla de un río. Quiero decir, realmente en la orilla, en el suelo, en una especie de arena o de tierra o de margen cubierto de hojas, qué sé yo. El río de la ciudad que conozco no tiene nada que ver con un verdadero río cuando discurre por el campo, por su curso, esos conceptos geográficos que aprendí y que, tengo que reconocer, me gustaban mucho. Caudal, curso, cauce, márgenes, desembocadura, estuarios...Estas son las palabras que ...