Siempre me ha gustado mirar las casas desde la calle, sobre todo cuando se iluminan al caer la noche. Me imagino qué pasará dentro, quiénes vivirán allí, qué harán, qué amores y tristezas se sucederán en esos espacios lejanos. Soñaba con una bonita casa, llena de libros, de flores, de objetos bonitos, de mucha luz, de ventanales y, sobre todo, de jardines, jardines y patios, fuentes, caminitos de agua. Una casa con cómodas butacas para leer a todas horas, una casa con balcones. Con un ambiente cálido, acogedor, fresco, diáfano, grandes armarios, todo muy limpio, brillante, oliendo bien. Una casa con senderos, con vallas, con sentido de hogar. Porque una casa ha de ser un hogar, no puede ser un domicilio, ni una dirección, ni un almacén de cosas. Una casa es un refugio, una aventura, una forma de encontrarte contigo sin que haya distracciones, sin que tengas que esconderte ni fingir. Una casa para evitar el disimulo, para aceptar la realidad, para cojear si lo necesitas, para cerrar los...
Desde 2009, leyendo y escribiendo El blog de Caty León