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Jane Austen y el maestro Ford

  Una de las grandezas del considerado maestro del cine John Ford es la épica, la potencia emocional y ética que imprime a sus películas. Sus héroes luchan por el bien común y por el progreso personal y tienen claro que en ese empeño deben poner todas sus fuerzas y que no deben echarse atrás bajo ningún concepto. Por eso son héroes sacrificados, responsables y que conocen cuál es su deber. Ese deber se antepone incluso a su satisfacción personal. La familia, la patria, la amistad, el deber otra vez.  En estas dos películas se ejemplifica muy bien esta característica de su cine. Una de ellas tiene como fondo histórico la guerra de la independencia contra el inglés y la otra se desarrolla en otra guerra, la de Secesión, la llamada civil war. En la primera queda claro quiénes son los héroes y, en la segunda, como todo queda en casa, hay una ligera predilección por los vencedores pero los confederados tienen también su corazoncito. La chica, por ejemplo, es una aguerrida confeder...
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William Holden: cuestión de genio

  (William Holden y Audrey Hepburn) Admiro a William Holden mucho más de lo que pueda expresar y desconozco el motivo, porque hay personas que tienen para ti un carisma especial y te atraen. Es una especie de enamoramiento, una fascinación absoluta que no tiene explicación racional. Pura química. No solo es un gran actor, sino que tiene todas las cualidades para desatar la emoción. Su físico es extraordinario: guapo, elegante, arrollador y con un aire de sinceridad impresionante. Los hombres que levantan pasiones, como Holden, no deberían desaparecer nunca. Pero el cine tiene la virtud de mantenerlos vivos y de mantenerlos jóvenes, de forma que es fácil su evocación. Así que he estado recordando algunas de sus películas, al hilo de ver, por primera vez, una que se me había pasado. Se trata de "Grupo salvaje" un extraordinario western de 1969, dirigido por Sam Peckinpah, que me ha entusiasmado. Los westerns suelen ser películas líricas, en las que bajo una capa de violencia ...

Ford, Glenn Ford

Que Glenn Ford no ganara nunca un Oscar es una señal evidente de lo que son los premios. Dependen de tantas cosas y de tantas circunstancias que son fiables a medias. Hay por lo menos tres películas por las que Ford merecía un Oscar (y no cuento entre ellas a Gilda ): Los sobornados , de Fritz Lang , en 1953; Deseos humanos , del mismo director y un año después; Chantaje contra una mujer , de Blake Edwards , 1962. Las tres se pueden encuadrar en lo que llamamos "cine negro" y lo mismo le ocurre a Gilda . En realidad, en esta famosísima película, el papel de Ford es mucho más interesante que el de ella, pero la fama tiene esas cosas. Los sobornados , es una de las mejores películas negras que se han rodado nunca. Su violencia expresada y elíptica la convierte en un film oscuro, en una muestra de la maldad humana y de cómo las personas llegan a ser capaces de lo peor. Por su parte, en Deseos humanos (donde vuelve a encontrarse con la gran Gloria Grahame , quizá su pareja ci...

"Amar para siempre" de David Cerdá

  Como este es un humilde blog personal no necesitaré utilizar los recursos propios de una reseña bibliográfica y quizá este libro sea el que menos precise de artilugios. Sobre su autor diré que es una persona fiable, alguien a quien le comprarías sin dudarlo un coche usado y es también un pensador polifacético, amante de muchas cosas, que ofrece una mirada original sobre el mundo, al tiempo que participa abiertamente en la conversación pública sin importarle ir a contracorriente. Así lo dice en el subtitulo del libro. A David Cerdá llevar la contraria no le preocupa, sabe lo que quiere transmitir y lo hace con valentía, por usar una palabra que él mismo ya ha empleado en otro de sus libros, "Ética para valientes".  Armado de convicciones y de buenas maneras, David Cerdá cree en sí mismo y defiende sus posturas con ánimo de construir pero de una forma férrea. Es un duro contrincante dialéctico. La suavidad del trato no debe confundirnos. Resulta difícil mantener esas formas e...

En una esquina de la azotea

Cómo sería el vicio de la lectura en esa niña que se escondía en algún recodo de la azotea para leer. La azotea era el marco ideal para cualquier aventura. Desde allí se veía la pantalla del cine de verano, porque solo una huerta lo separaba de la casa. Desde allí se oían los avisos de los barcos que circulaban por la bahía y también la algarabía de los niños volando barriletes. Leer en la azotea te convertía en invisible para el resto de la casa. Nadie podía adivinar que estabas sentada, al resguardo del viento, en una de las esquinas que la azotea formaba en su diseño. Una azotea tan grande, tan llena de pequeñas escaramuzas, tan difícil de limpiar a fondo, tan fácil de disfrutar a tope. Una azotea para soñar en que algún príncipe de cuento trepaba por las almenas imaginadas de la tapia y llegaba hasta allí, armado de sonrisas y de buenos presagios. Una azotea para guardar confidencias, para tomarte un bocadillo, para estirar las piernas, para tender la ropa sin prisa y sin agobios, ...

Amistades peligrosas

 Era muy joven y muy entusiasta de la amistad. Tenía amigos de todas las edades y, a veces, los anteponía a la familia. Quería que fueran felices, compartía lecturas, hacia regalos, creía en ellos. Un amigo de la época, al que he dejado de ver aunque no de querer hace años, me dijo un día que me equivocaba. Que amigos se contaban con los dedos de una mano y que pensar de otra forma llevaba directa al precipicio de la decepción. No le creí entonces pero ahora sé que tiene razón. Hablamos con demasiada ligereza de la amistad y pensamos que todos ven la cosa como nosotros. Todos los regalos que he hecho, la escucha a tantos problemas, la preocupación por las vidas de los otros, la entrega ... todo eso está en la papelera, en la basura y ahí seguirá. Puede ser que haya algunos amigos de verdad, o que esa verdad sea una simpleza y no algo grandioso. En todo caso, como en tantas cosas, me equivoqué también en esto. Y ya no hay marcha atrás. Las horas que no pasé con mis padres por estar ...

Una música que llega al corazón

  Adoro la música de Rachel Portman y, entre sus trabajos, "Emma", la película de 1996 protagonizada por Gwyneth Paltrow y Jeremy Northam. A ella le viene bien el papel de chica rubia, guapa, rica y despistada en el corazón. Y él, que fue el brillante abogado sir Robert Morton en la preciosa "El caso Winslow" es un señor Knightley tierno y enamorado. Pero la música, ay la música, qué misterio tendrán esos sonidos que te hacen volar sobre la vida. Que te acompañan y te convierten en otra cosa. La música siempre me hace llorar, quizá porque trae de vuelta lo mejor, lo que se ha perdido, lo que ya no existe y fue en un tiempo la belleza de la vida.  A Rachel Portman le dieron un Oscar por la música de "Emma" y bien merecido estuvo. Estos fotogramas son de esa película. 

La calle de plata

/Caty desde el hotel Ribera de Triana/ El río es una cinta de playa. A uno y otro lado, la ciudad se estremece. Triana y Los Remedios, en su privilegiada situación al otro lado de los puentes. Sevilla, observando siempre. No hay mayor belleza que la de esta calle acuática, sembrada a veces de juventud en forma de remeros, siempre atenta al calor y a la caída de la noche, siempre en estado de perpetua solicitud a los que, en sus orillas, viven atónitos su belleza.  

El hombre de la camisa blanca

  Siempre que llega el verano pienso en los días de playa en que mi padre nos llevaba en el coche a pasar unas horas paseando por las orillas. Nunca nos sentábamos, salvo el día señalado del verano en que toda la familia arribaba a cabo Roche, cargados con cestas de comida, sombrillas, juegos de palas y toda clase de artilugios de entretenimiento. Fueron años repitiendo ese rito y ahora quisiera guardar en un rincón seguro de la memoria esa sensación del mar compitiendo con la brisa, los pies en el agua y las seguras instrucciones de mi padre, dirigiendo siempre el cotarro. Su camisa blanca de manga larga, eterna, lo acompañaba también en estas aventuras, era su santo y seña. Pero los días entre semana íbamos a Cortadura y más tarde a Camposoto, dos playas únicas que no las hay en otras latitudes, limpias de construcciones, saturadas de blanquísima arena, sin estruendos ni bullas, un verdadero paraíso ambas. Ese rato de playa te dejaba el cuerpo saturado de sal y de sol para t...

De lo puro y lo impuro

Alguien me pregunta sobre la pureza (supuesta) del flamenco, al hilo del aniversario de la publicación de "Alegato contra la pureza" del poeta Ortiz Nuevo, treinta años desde aquel 1996, aunque se reeditó con prólogo añadido de Montse Madridejos en 2020.  A José Luis Ortiz Nuevo, polifacético personaje que abarca muchos campos y todos los transita a su modo, lo conozco hace años y en alguna ocasión he coincidido con él en mesas redondas o en encuentros de nuestra revista "Sevilla Flamenca", o en una tertulia de tarde en la casa de Paco Cabrera, en Los Palacios. Sea como fuere, siempre le he guardado ley, porque es un heterodoxo inteligente y ambas cosas me gustan. Tiene hecho, además, un rastreo por la prensa de enorme valor, que he consultado muchas veces. También inventa cosas, iniciativas que son utópicas y que no se llevan a cabo pero, en todo caso, tiene ideas propias, lo que no es fácil encontrar en este mundo estereotipado del flamenco.  Desde hace mucho ci...

Un amor de verano

  /Niza. Costa Azul. Francia/ El verano es el tiempo del amor. Francia es el país del amor. El sur de Francia es el sitio del verano. El verano es amor, es Francia, es el sur. Hace años de aquello, pero conserva el olor de lo nuevo, el de las manzanas en el armario de buena madera; el del perfume en los albornoces blancos como si fueran de hotel de lujo; el de la mesa brillante y roja de la cocina; el de la quiche y el croque monsieur. No hubo nada preparado, todo surgió sin más, como sucede con las cosas auténticas llamadas a perdurar. La memoria distingue muy bien, con el paso de los años, lo que existió y lo que se inventó. Y aquí no hubo invención, aunque era un paraíso de artistas, un lugar en el que lo más fácil era tener un caballete bien dispuesto, pintura, pinceles e ideas para pintar. Era el pueblo en el que se habían inspirado otros antes que él, pero en ese verano él, Pierre, estaba allí, y tenía el cabello precioso atado en una coleta, una camisa blanca grande y a...

Todo es azul en Portimao

 Ese horizonte se confunde con el mar. Y el agua del mar parece caer en la piscina. La gente parece absorta en sus cosas, las parejas se miran, al son de una música tenue bailan cuando cae la madrugada. Alguien te ofrece una copa y sonríes. Estáis esperando el milagro. O eso parece. Hay una especie de tiempo nuevo cuando llegas aquí, una prórroga de la vida cotidiana. Terminan los agobios y acaban las tareas. Todo se va en soñar y en sentarte en una de esas hamacas dispuestas hacia el agua. El agua es el gran milagro. Lo que no falta en Portimao.  La playa es otra cosa. Desde todos los tonos de azul se pasa a todos los tonos del verde. Las enormes piedra rocosas sombrean toda la costa del Algarve, también aquí, y la gente parece perderse, son diminutos muñecos en un horizonte más amplio. Las sombrillas lucen sus colores y las olas apenas rompen en una extensión mínima de tierra. No hay bajamar, todo es altura. Nuestros días en Portugal fueron esplendorosos. No sabíamos qué nos...

Ni siquiera los libros significan ya nada

  /Mujer leyendo. Matisse/ Tengo mi biblioteca repartida en dos casas y hoy he hecho una mudanza de libros. El chico que ha desalojado dos estanterías de mi casa del campo y ha traído los libros en cajas a mi casa de la ciudad se ha quedado sorprendido de ver tantos libros. Ni yo misma pensaba que cabían tantos libros en una estantería. Los libros han llegado en cajas y he podido tocarlos poco porque, aunque vienen de estar acristalados, basta el polvo del viaje para que mis ojos empiecen a quejarse. Pero ya he sentido lo que no pensé sentir nunca con respecto a mis libros. Un desapego, una indiferencia. Me he puesto a pensar en mi biblioteca, amplísima, todos los libros que he ido atesorando durante mi vida, muchísimos, y de pronto he tenido la sensación cierta de que no me importaban, de que los libros están en mi cabeza, que leerlos es eso, que se te queden dentro, y si no se te quedan entonces es que no era para ti. Y he seguido pensando mientras caía el agua de la ducha sobre ...

Historias de paraguas

  Pierre-Auguste Renoir   (1841-1919) Los paraguas , 1881-1886 Óleo sobre lienzo, 180,3 x 114,9 cm National Gallery, Londres Podría contar un montón de historias de paraguas. La del paraguas de rayas azul y blanco que llevaba en un autobús camino del trabajo y terminé regalando a una mujer que iba a mojarse de cabeza a pies con su pequeño hijo. Al final fui yo la que me mojé y la mujer la que me decepcionó: prometió devolvérmelo en el trabajo pero no lo hizo.  Hubo también un paraguas rojo y ese siempre lo llevaba con una trenka que tenía un forro interior de cuadros escoceses . Ese paraguas lo presté, cómo no, a una compañera y luego negó que se lo hubiera prestado. No la veía mucho pero, después de aquello, no quise volver a verla. Era ladrona y mentirosa. Hay gente así. En una ocasión me compré un bonito paraguas en tonos verdes , estampado, verde hoja oscura , con un aire precioso. Lo dejé sin estrenar, porque al final no llovió, en el asiento de uno de los cercaní...

Libros para leer en verano

Verano, vacaciones, días libres, quizá playa o montaña, amigos, familia. Termina el colegio y tienes tiempo suficiente para aburrirte y para recibir a la gente que llega de fuera a pasar las vacaciones al pueblo. Esto sucedía en unos años de adolescencia en los que pasábamos muchas horas en el club, charlando, bailando y jugando al ping-pong. Relaciono siempre el verano con los días de paseo por la orilla, con un prudente sol y una hamaca con sombrilla amarilla. Las playas han sido muchas y todas están aparecen en mi biografía: Cortadura, La Barrosa, Camposoto, Cabo Roche, Valdelagrana, la Victoria. Echo de menos los días de sol y abrazos, los paseos y los ratos de ocio en el paseo marítimo. Echo de menos mi casa de Valdelagrana, su terraza, su cortina amarilla y aquella otra blanca que yo cosí, sus estores en el salón, sus sofás y su vitrina de cristal, su cocina decorada en azul celeste, sus platos blancos y azules, su cama grande con su colcha en tonos rosas, su peinadora con su...