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La mujer que cayó en la trampa

 /Iustración Alphonse Mucha/ Lo contaba pero no era capaz de descifrar cómo se creó la tela de araña. Fue a lo largo de los años hasta convertirse en un estrecho corsé que no dejaba respirar. Ella quiso desprenderse de aquello en muchas ocasiones, pero nunca lo lograba. Tuvo que ser la vida. Cortó todas las amarras. Bloqueos, silencios, olvidos, todo mezclado en un avatar lleno de suciedad que no le correspondía. Así que terminó borrándolo todo. Menos el dolor que le había producido. Los canallas son así. Dejan una huella indeleble de lo malo. Por ahí anda, en la televisión, en la prensa, en las presentaciones de libros, en las radios. Anda por ahí y se pavonea, se ufana, aunque es una terrible mierda corrupta. 
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Pasó el 250 aniversario. Austen sigue.

 Pasó el 250 aniversario del nacimiento de Jane Austen y he aquí los libros que han salido en España para conmemorarlo. Hay una selección de cartas con comentarios. Un resumen de su vida y obra con brevedad. Dos biografías ilustradas. Y mi ensayo sobre los hombres en sus novelas y en su biografía. Para elegir. Hay que seguir leyendo a Jane Austen. 

"Enseñar flamenco" por José Cenizo Jiménez

  Sobre "Enseñar flamenco" de J osé Cenizo Jiménez , editado por Renacimiento en 2026. Esta actualización de los trabajos llevados a cabo por el autor en la enseñanza del flamenco viene a recordarnos la actuación en primera línea de maestros y profesores que, desde finales de los años ochenta, dedicaron esfuerzos para que las aulas andaluzas no estuvieran de espaldas al conocimiento de nuestro arte más genuino. El autor del libro es uno de esos pioneros que, durante años, añadió a su especialidad en Lengua y Literatura, el trabajo interdisciplinar sobre el flamenco, consiguiendo enormes resultados entre sus estudiantes, como ellos mismos han expresado en muchas ocasiones. Este libro es un compendio de su trabajo, pero hay una parte que ni siquiera una obra escrita puede contener: el entusiasmo, la labor de integración social, el conocimiento cultural que el trabajo de este profesor logró en entornos desfavorecidos gracias a su empeño. Aunque la enseñanza del flamenco en el au...

La esposa que no tenía libertad

Vivía en una jaula de oro. Tenía de todo, incluso joyas valiosas, vestidos de marca, bolsos buenos. Tenía de todo y vivía en una jaula de oro. La casa en la que vivía era bonita. Tenía una gran cristalera que daba al patio al estilo de las casas del interior de Cádiz. La calle era una de esas que forman parte del centro y en las que hay vida siempre. Podía haber sido muy feliz. Él era educado, con buena planta y muy amable con todos. Cuando estaba de buen humor salían a pasear o a visitar a la familia de ella. En los veranos pasaban temporadas con la familia de él, que era de un pueblo de Castilla. Eran veranos aburridos pero ella los sobrellevaba, había cosas peores. Sus hermanas pensaban que había hecho una buena boda y que era una suerte haber dado con ese hombre, tan educado, que hablaba tan bien, sabía tantas cosas y ganaba buen dinero. Cuando se enteraron que la mantenía encerrada en la casa cada vez que él salía, cuando se enteraron de otras cosas, cuando se enteraron de todo, e...

La casada que tenía un amante

 /Ilustración de Isabelle Arsenault/ Los niños oían cosas que no entendían. En susurros, en voz muy baja. Pero las mujeres de la calle lo sabían todo. Eran las entendidas en secretos. No se enteraban por casualidad sino que tenían un radar siempre a punto. Una casada que sale a deshora y que enfila la calle sola, sin su hijo pequeño, sin su marido ¿adónde va? En el caso de Ana María todos estaban en el ajo. Desde hacía años se veía con un mozo de almacén que era más joven que ella, aunque no mucho, y que vivía en la plazoleta, dos calles más arriba. No se sabía dónde se encontraban, porque él también estaba casado y tenía chiquillos. Una mujer muy fea, es verdad, pero tampoco él era un adonis. No logramos averiguar la historia completa, cómo se conocieron y todo eso. Las madres ocultaban las noticias y los detalles. Pero, pasados los años, después de que muchas de ellas quedaran viudas, otras separadas, y otras desengañadas, los amantes seguían juntos, seguían clandestinamente...

La tendera con vestidos de flores

 /Kaoru Yamada/ La familia había llegado a la gran ciudad portuaria desde un pueblo agrícola del interior. Eran un padre, una madre y un hijo mocito. Buena gente. Muy trabajadora y muy dispuestas a todo. El padre y el hijo llevaban la tienda de ultramarinos. El hijo era muy simpático y el padre muy callado. De modo que las vecinas quedaban encantadas con la charla y los chistes. Imitaba a José Luis López Vázquez y no había forma de dejar de reír. Las señoras se acodaban en la esquina del mostrador mientras esperaban que la atendieran. Algunas impacientes, aunque en realidad no tenían nada mejor que hacer, gritaban en voz alta "despachar, despachar". Las había que compraban muy poco, al granel, lo justo para el día. Otras pagaban al fiado. Y todas sabían de qué pie cojeaban las demás. Pero se querían en realidad, se ayudaban en los partos, y atendían a los niños de las otras. Si un chaval hacía una trastada, cualquiera era bueno para reñirle. Eso era una buena señal. Los niños...

La niña que no contaba nada

  /Pintura, Edie Seberg/ En la casa había siempre mucha gente, entraban y salían vecinas a charlar, amigos de hermanos, novios, amigas a hacer confidencias, gente que venía a vender, pobres que pedían su limosna semanal, el señor que llevaba los periódicos el domingo, el de la fruta, la señora de la leche... Había un trasiego singular todos los días. Solo a partir de la caída de la tarde, ese ir y venir se tranquilizaba y entonces no se oía el pesado y lento abrirse de la puerta de entrada, un portón grande y oscuro con una mano de latón brillante para llamar, ni el de la puerta interior, la que cercaba la casapuerta, que era de cristal y de hierro, formando casetones, con una mirilla en una esquina que dejó de usarse. En realidad, era una casa de puertas abiertas. La niña cumplía su papel en el reparto de tareas, charlaba con los vecinos de nimiedades, contestaba preguntas, jugaba a las palabras cruzadas y a las canciones inventada por ellos. Pero nunca hablaba de sí misma, nunca ...

El club

 El club era un lugar feliz, un sitio en el que todo el tiempo hablabas, hablabas, jugabas al ping-pong, te reías con los amigos, te tomabas un refresco y te fijabas, con todo detalle, en el chico que te gustaba, el chico de turno, el chico de ese verano, el chico de ese curso.    El club era un lugar feliz y ella hizo muy bien en apuntarse muy pronto, con solo catorce años, la más pequeña de todos porque había gente con veintitantos. Era un grupo muy heterogéneo. Estudiantes de bachillerato, chicas que hacían peluquería o estética, universitarios, hombres que ya trabajaban y tenían coche. Los universitarios se cotizaban más si estudiaban en  Madrid porque de allí traían historias fantásticas, leyendas que se contaban en voz alta y las chicas reían y reían al oírlas.      Ella fue la única hija de la casa que se apuntó al club, como se apuntaba a todo, a todo, todo, con tal de vivir, con tal de cruzar la casapuerta y salir a la calle, el paraíso de las...

Ximena Maier. Papel y cerámica

  La ilustradora y ceramista Ximena Maier nació en Madrid , en 1975. No solo ilustra libros ajenos sino que crea sus propias historias, como el libro que dedicó a su visión del Museo del Prado . Actualmente vive en Portugal y trabaja en España .  He aquí una muestra de su trabajo: 

Editoriales

  Henriette Browne  Albert Edelfelt Durante los años de la pandemia me dediqué a repasar, reescribir y revisar libros que tenía ya prácticamente acabados y que no había tenido ni tiempo ni ocasión de publicar. Recurrí después al conocido sistema de enviar los textos a editoriales y tengo un repertorio gigantesco de respuestas y actitudes que bien podrían engrosar un libro que sería hasta sabroso. Los hay que te piden que compres no sé cuántos libros de entrada; otros, que lo disfrazan pero llega a ser lo mismo; los más nunca te contestan; algunos tienen un mensaje que envían a todos, una cosa estándar. Pero hay dos casos llamativos por su propia naturaleza. Una editorial me aceptó y ponderó un manuscrito que le había gustado mucho al editor. Me tuvo entretenida unos cuantos meses, cambió el editor, llegó otro que se extrañó de que no se hubiera publicado ya el libro, porque les encantaba, blablabla, no se llegó a firmar el contrato, aunque el segundo editor volvió a ...

Me regaló un libro de Matisse

  Tenía flores y pájaros, franjas de color, recortables, como si alguien hubiera cogido unas tijeras y trazado los límites. Estaban también sus mujeres, algunas con cintas en el pelo, con rayas verdes en el pelo, con blusas de odaliscas, con extrañas flores en las mesas y en las estanterías. Todo era color en ese libro, que lleva una dedicatoria y que evoca otros tiempos, otros años, la mesa de al lado, el libro de Francés, las hojas sueltas en la mochila, las tardes en la biblioteca, las paradas del autobús que nunca llegaba, las frondosas ramas de la alameda, del parque, la blancura de la pared del aula, el patio rodeado de naranjos, el tono amarillo de las puertas, el salón de actos tan incómodo, el profesor de música y sus carillones. Todo. Lo evoca todo y todo está reflejado en las palabras de la dedicatoria y era un tiempo en el que el recuerdo tenía aún mucho sentido. Después de la vivencia tiene la memoria su sitio. Y cuando ya esa memoria no interesa, entonces podemos preg...

Pizzarelli y una casa

  Si estás escuchando a John Pizzarelli en cualquiera de sus conciertos y has tenido la suerte de verlo en directo, como yo en el Lope de Vega de Sevilla, entonces alumbrará tu escritura como casi nada puede hacerlo. Y para acompañar su sonido nada mejor que las imágenes de John Baeder , el fotorrealista más mágico de los que todavía cuelgan sus cuadros en las galerías y los museos. Es así, en esa conjunción de sonido e imagen, como se puede escribir sobre las casas, sobre la casa, sobre tu casa.  El otro día visité en Google la vieja casa de mi abuela, aquella en la que nacimos algunos de los primos, una casa mágica para los recuerdos, una casa encantada. Tenía, tiene, dos plantas y una enorme azotea, de esas llenas de pequeños muros fáciles de saltar que te llevan de un lado a otro. En la planta baja estaba el pozo que nos surtía de agua, un patio gigantesco y dos viviendas ocupadas por dos vecinas de esas de toda la vida, Juana y Dolores, los nombres míticos, dos mujeres q...

Un recipiente con una cinta azul

(Fotografía de Lillian Bassman para Harper`s Bazaar, 1951) Había un pequeño mueble lacado en rojo inglés. Parecía de anticuario pero no lo era, sino caro y muy moderno. Se encaprichó de él y quiso tenerlo porque tener cosas es fácil y él siempre la complacía. Le regaló el escritorio y lo colocó cerca de la ventana, un ventanal inmenso, por el que entraba una luz cómplice que nunca quería marcharse y que se filtraba desde que amanecía. El escritorio rojo tenía algunos cajones, a modo de secretos. Entonces recordó que también se le llama secreter y no es nada extraño. En ellos colocó algunos recuerdos, pequeñas tonterías. Servilletas de bares, en las que escribía el inicio de historias que nunca se completaban. También objetos adquiridos en sitios inverosímiles. Una sortija con una piedra verde, una pulsera que tenía una rosa incrustada, un lazo amarillo con la palabra amor que rodeaba una caja de perfume...Del mismo modo que los niños coleccionan estampas, piedras, muñecos, ella...

Libros para leer junto a la ventana

  Esta muchacha lee plácidamente junto a una ventana entreabierta. El suelo, la pared, las cortinas, todas en tonos dorados, le da un aire cálido a la escena. También su falda, larga, es de los mismos tonos. Reposa la espalda sobre un cojín. Una mancha de azul es su jersey y esos mismos tonos azules parecen querer entrar por la ventana, desde la naturaleza. En el alféizar, un sencillo jarrón de cristal alberga unas flores rosadas. Los pies, desnudos, reposan sobre una peana, y bajo ella, hay una alfombra suave y bien dispuesta. Toda la escena respira ternura, sencillez, belleza, tranquilidad. Es una mujer serena, absorta en la vida que el libro le narra, abierta a las sensaciones de las palabras. Una perfecta muestra de la felicidad. Clara luz dorada del silencio. He aquí el detalle de la lectura de siete libros sobresalientes. Alguno más se ha quedado en el camino pero hablaremos solo de estos, porque cada uno de ellos ha aportado ratos de placer, entretenimiento, felicidad, intri...

"Chesil Beach" de Ian McEwan

  IAN McEWAN forma parte de la gran generación de escritores ingleses, nacidos a mediados del siglo XX, que suele denominarse coloquialmente como "los Amis", tomando el nombre de uno de ellos, Martin Amis, el hijo de Kingsley Amis. Ahí están también Kanif Kureishi, Kazuo Ishiguro,  Graham Swift,  Christopher Hitchens  y Julian Barnes.  Se trata de una novela corta, no llega a las doscientas páginas, pero con toda la intensidad propia de este autor y del argumento que desarrolla. Se centra en una joven pareja, en un lugar extraño para ellos, y en las vivencias de  ambos cuando se ponen en contacto con gente que no conocían y con actitudes que les son extrañas. Una difícil resolución de gestos y palabras, una conmovida mirada a la pequeñez del ser humano, sujeto de vendavales y a cambios. "Eran jóvenes, instruidos y vírgenes" comienza diciendo el libro aludiendo a la pareja protagonista. Parece haber una contradicción en esas palabras. Instruidos en qué, vírg...