La tristeza de las mujeres
/Fotografía: Saul Leiter/ Las mujeres de mi calle eran mujeres tristes. Me di cuenta de ello cuando era muy pequeña. No tengo claro qué síntomas me desvelaron esta cuestión, pero estoy segura de que no me equivocaba. Tampoco le dediqué entonces tiempo a pensar sobre lo que sucedía, lo que les sucedía, pero, cuando el tiempo ha ido pasando, he encontrado algunas fórmulas que podrían explicar cómo se vivía allí y el motivo, o los motivos, por los que yo encontraba esa tristeza a flor de piel, ni siquiera escondida sino evidente. Quizá lo he entendido de mayor cuando yo también soy una mujer triste, con motivos que no logro descifrar y que no quiero conocer. Prefiero volver la mirada atrás y observarlas a ellas, situadas en ese microespacio que ocupaba solo una calle, no una calle entera, sino una parte de la calle, la parte en la que yo vivía y jugaba con las otras niñas. Las mujeres están allí, se llevan todo el día haciendo faenas, no se detienen nunca. No las veo sentadas, ...
