Elegante y extrañísima novela que Rebecca West añade a su lista de buenos libros, entre otros la saga de los Aubrey, la trilogía que merece la pena leer. Dos primas están esperando que vuelva el marido de una de ellas, alguien a quien las dos aman, un hombre que está luchando en la Primera Guerra Mundial como tantos otros hicieron. Fue la última guerra romántica y hay que decir que, después de ella, nada fue igual. A veces me recuerda la guerra de Secesión americana, donde los caballeros del sur iban a la guerra llenos de alegría para terminar exhaustos o muertos. Chris, un hombre especial a la que aman las dos, ha sido herido y está en un hospital con una amnesia galopante. Una amnesia selectiva que solo le permite recordar a la mujer que fue su amor de juventud. He ahí el argumento. La vuelta de Chris, la presencia de esa mujer, todo concita el misterio y la lírica. Así lo muestra Rebecca West en un texto absolutamente poético y diferente.
Una de las grandezas del considerado maestro del cine John Ford es la épica, la potencia emocional y ética que imprime a sus películas. Sus héroes luchan por el bien común y por el progreso personal y tienen claro que en ese empeño deben poner todas sus fuerzas y que no deben echarse atrás bajo ningún concepto. Por eso son héroes sacrificados, responsables y que conocen cuál es su deber. Ese deber se antepone incluso a su satisfacción personal. La familia, la patria, la amistad, el deber otra vez. En estas dos películas se ejemplifica muy bien esta característica de su cine. Una de ellas tiene como fondo histórico la guerra de la independencia contra el inglés y la otra se desarrolla en otra guerra, la de Secesión, la llamada civil war. En la primera queda claro quiénes son los héroes y, en la segunda, como todo queda en casa, hay una ligera predilección por los vencedores pero los confederados tienen también su corazoncito. La chica, por ejemplo, es una aguerrida confeder...