/Cuadro de Gustav Klimt fotografiado por Inge Prader/ Desaparecieron las lágrimas. Todas se unieron entre sí y formaron una nube oscura, que se elevó y se confundió entre otras nubes, allá en el más lejano horizonte de la galaxia. Habían estado rondando durante días, semanas y meses pero, llegado el momento de estallar, se confundieron con el aire, con el humo y con la distancia, y desaparecieron las lágrimas para siempre. De ese modo, el sentimiento era un poderoso arcón donde las palabras se mezclaban unas con otras y donde no había manera alguna de entenderse. Una torre de Babel infinita, que días se escondía y días se mostraba sin llegar a construir ningún pensamiento. Una inmensa nube oscura plagada de imposibles. Las imágenes dejaron de tener sentido, los abrazos desaparecieron, las venganzas eran solo un punto del pasado, los amigos huyeron y los miedos se aposentaron. Ni una sola lágrima aliviaba esos momentos, ni una sola aparecía en el horizonte y el horizonte no tenía e...
Cenamos en Le Violette y luego recorrimos las calles. Brillaban. Se oía un sonido tenue de alguna fiesta en algún sitio. Pero nada molesto, nada que hiciera interferencia con el amor y el eco de los ojos. Nos miramos. Hacía calor pero a quién le importaba. No a nosotros, tan jóvenes. No a nosotros, tan llenos. No a nosotros, tan enamorados. La ciudad se revolvía sobre sí misma. La plaza del carrusel siempre estaba llena y, durante el día, teníamos la ocasión precisa para recorrer librerías, comprar regalos y regalarnos a nosotros mismos, dos amantes sin indecisiones, completamente seguros, libros y convertidos en fuego y bruma. Nous avons dîné au restaurant Le Violette, puis nous nous sommes promenés dans les rues. Elles brillaient. Il y avait un léger bruit de fête quelque part. Mais rien de gênant, rien qui ne puisse perturber l'amour et l'écho des yeux. Nous nous sommes regardés. Il faisait chaud, mais qui s'en souciait ? Pas nous, si jeunes. Pas à nous, si pleins. Pa...