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"El regreso de los exiliados" de Elisabeth de Waal

  La posguerra europea, los años que sucedieron a la Segunda Guerra Mundial, fueron de desarraigo, dolor y lucha. La lucha no era entre los contendientes que años antes habían desangrado su suelo, sino entre las personas y ellas mismas, porque la vuelta de los que se habían marchado y deambulado por el mundo, el reencuentro entre familias, el retorno a una vida cotidiana mermada por el desastre, fue una prueba de fuego para todos. Los años cincuenta en Europa darían para muchas novelas, pero los que podían haberlas escrito habían muerto o callado. Las naciones más castigadas por el nazismo, por ejemplo, la vergüenza inherente a los países que habían contemporizado con Hitler y sus prácticas, el cansancio que producen años de sufrimiento, pérdida de vidas y la difícil, dura y llena de carencias de la existencia en ese tiempo, constituyen un telón de fondo que pocas veces se expresan con la suficiente rotundidad.  La autora de este libro, que permaneció perdido junto con sus otr...
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"El detalle" de Jesús Carrasco

  No había leído hasta ahora nada de Jesús Carrasco y eso que es un autor muy conocido y apreciado, como he podido notar en las redes al hablar de esta novela, la última que ha publicado, El detalle. Leí la novela de un tirón, no me pareció nada difícil su lectura, ni nada enrevesada, sino todo lo contrario, rápida y bien trabada. También es verosímil, dentro de que suceden cosas extrañas. Hay una dimensión cotidiana, basada en la ciudad en la que vive la pareja protagonista, su cercanía a las calles y lugares que frecuenta. Y luego está el detalle, ese extraño viaje que propone el marido y narrador para contentar un poco a su mujer. Ella, en realidad, ya lo sabremos, no está descontenta sino cansada. En suma, ha dejado de quererlo y está hasta el gorro de él y de sus cosas. Porque son muchas cosas.  Jesús Carrasco se hizo muy conocido y respetado en la literatura con su primera novela, Intemperie, que fue un auténtico suceso. Luego ha publicado otras, las tenéis en las imágen...

La amiga Agatha

   Siempre a mi lado! ¿Sabes esas veces en las que todo se aleja? Las palabras se esconden en la lámpara de Aladino y el genio ha huido. Los sonidos de las palabras se oscurecen, no hay tictac de relojes que anuncien nada, tampoco el tiempo significa alborozo. Se suceden las horas como si fueran una fila de hormigas andando encima de un trozo de papel blanco y liso. Días sin alharacas, vacuos, sin esa sonoridad de la alegría. Amaneceres dudosos en los que el sueño se termina para lanzarnos a un precipicio cuya altura desconocemos. Noches en las que no existe sino una penumbra indistinguible de las sombras.  Cuando eso ocurre y ocurre muchas veces, porque la vida está llena de golpes, algunos de los cuáles llegan directamente al corazón, es el momento de tener a mano una pócima. Si fuéramos Harry Potter, una simple varita de sauce nos serviría para conjurar el dolor. Si fuéramos Aladino tocaríamos la lámpara y de allí saldría triunfante el genio, con su aspecto retozón y f...

"Asesinato en el Orient Express" de Agatha Christie

Los agathistas sabemos que Asesinato en el Orient Express no es la mejor de sus novelas ni tampoco la que muestra mejor el estilo de la escritora. Sin embargo, las versiones cinematográficas se suceden y algunas de ellas gastan dólares por todo lo alto. Como la que ha dirigido en 2017 Kenneth Branagh , genial actor y meritorio director, recitador de Shakespeare, exmarido de la grandísima Elinor Dashwood, perdón, Emma Thompson .  Las críticas, en esta ocasión, han sido contradictorias. Y hay que decir, para ser exactos, que ninguna de las versiones de novelas de Agatha Christie ha sido capaz de trasladar mínimamente ni la intención elegante, ni el detalle minucioso pero no estereotipado, ni el sabor de los personajes que inventó la genial escritora. Con una honrosa excepción: la versión de Testigo de Cargo , un relato que Billy Wilder llevó a la pantalla en 1957, con guión de él mismo y un elenco de actores y actrices de primerísima fila:  Tyrone Power ,   Marl...

La mujer miró de un modo intenso al crepúsculo

 /Foto: M. Litrán/ Todo el día se está resolviendo en lluvia. El sol es una alternativa que viene y va. Parece que va a entrar el otoño, pero este pensamiento lo he tenido otras veces, hay muchas primaveras otoñales. El tiempo parece haberse estudiado el libro de geografía y se agarra sin lógica a la definición de clima mediterráneo, lluvias intensas en primavera y otoño. Todas las amigas tienen alergia, se quejan de ella y andan tomando antihistamínicos y estornudando pese a todo. Pero hay fotografías que detienen el tiempo, que sacan a relucir la mirada y el fondo de parque sin especificar, esos lugares de los viajes, de los encuentros, de las tardes soleadas. Da igual que la lluvia caiga. La fotografía muestra imperturbable un mundo de posibilidades, de cosas que eran todas posibles aunque la vida destrozara muchas de ellas. O nosotros, quién sabe. (Título: una frase de un cuento de D. H. Lawrence)

La conversación

Vanessa Bell. Interior con Clive Bell y Duncan Grant bebiendo vino. 1918-19. Birberck, Universidad de Londres ¡Qué apacible resulta, a simple vista, esta charla entre el marido de Vanessa Bell y su amante! El matrimonio tuvo una relación abierta que duró hasta la muerte de Vanessa en 1961. Pero además vivieron en una especie de comuna, con varios amigos y en una granja, desde la Primera Guerra Mundial. Las guerras fueron para el matrimonio algo letal. Su hijo Julian murió en 1937 en la guerra civil española. Aquí están Clive Bell y Duncan Grant, el pintor, charlando tranquilamente mientras beben vino. Seguro que, por la fecha, todo transcurría en la granja Charleston, donde compartían la vida. Los rostros son inexpresivos, como solía hacer Vanessa en sus obras, pero hay muchos detalles que nos dan idea del ambiente y nos contextualizan la charla. Es una conversación tranquila y nada opresiva. Clive tiene un libro sobre las piernas, lo que indica que estaba leyendo cuando se ha iniciado...

"Las arenas cantarinas" de Josephine Tey

No he logrado encontrar el dato de cuándo escribió este libro Josephine Tey . En realidad, de ella se saben pocas cosas. Toda una vida se concentran en unos datos escasos. Su tardía publicación en español, gracias a la labor de la editorial Hoja de Lata , la han relegado a un conocimiento mínimo entre los lectores. No obstante, merece la pena indagar en su vida y en su obra, aunque a ella lo primero no le gustaría nada, pues era una persona muy celosa de su privacidad y lo era hasta el extremo. Hablemos de este libro.  Publicado el original en 1952, lo fue a título póstumo porque en ese mismo año murió la escritora. Tenía cincuenta y cinco años y llevaba algún tiempo enferma, tiempo en el que decidió apartarse de todas sus amistades y vivir sola sus últimos días. Por lo tanto, los detalles de la publicación de la obra no son fáciles de conocer. Lo mismo sucede con su escritura. ¿Cuándo escribió esta novela? ¿Sabía ya que estaba enferma, es una novela anterior que se quedó en un caj...

Un café en Turín

No hay que negarse a la aventura. Esa vez estabas muy cansada. Habías recorrido la ciudad entera y necesitabas sentarte, quitarte las zapatillas, tirarlas a la basura y dejar los pies descalzos todo el tiempo posible, todo el tiempo necesario para sentir el frío de las baldosas, para notar la sensación de alivio en los pies tan cansados. No hubo necesidad. Aquel chico, más o menos tu edad, llegó con aire suficiente porque era amigo del dueño del café y vivía dos casas más arriba. Te invitó a subir a su casa y a descansar allí. Te fiaste completamente de su palabra ¿y por qué no? Tanto tiempo recorriendo el mundo te enseña a decidir en quien confiar y pocas veces te equivocas. El chico se llamaba Carlo y era músico. En su casa, un piso grande en el que todo era una única habitación excepto el baño, había una guitarra, un violín y un piano de cola. Era músico por vocación y su familia entera estaba llena de músicos. Te contó su historia mientras tú te sentabas en el sofá y ponías los...

Amable transparencia

 /Fotografías de Uta Barth/ Entra un rayo de sol. Cruza la calle. Se sube al árbol más cercano y trepa. Se detiene en un banco. Un niño se levanta, se marcha, se lleva la pelota, se despide de otro, se aleja, su madre está esperando en una esquina. El sol no ha pedido permiso. El sol se mueve sin que nadie lo pare. No hay sonido, no hay voces, no hay ecos, no hay montañas. Todo es tranquilidad, todo es silencio, todo es bruma, todo es el sol naciente. Un leve impresionismo atraviesa la plaza, la convierte en plató, puro teatro, gestos de actor de Shakespeare, diálogos y monólogos, expresiones, la palabra, muchas palabras, todas caen en el borde de una papelera azul, colocada en la orilla de la plaza, vacía, sin el recuerdo de los niños y sus bolsas de papel pintadas de dinosaurios. Hay cuatro naranjos que desgranan azahar. Han perdido las naranjas amargas. Los operarios llegaron una mañana y las sacudieron con sus enormes ganchos y las naranjas volaron por el suelo, recubriero...

Asomada al verde de Hockney

Se había imaginado alguna vez cómo sería dejar la ciudad y vivir rodeada de árboles, de avenidas con árboles, en una casa con árboles, con plantas, con riego automático y con sillas de plástico en el patio. Una casa con porches, con terrazas, con una escalera interior de mármol y suelo de tarima en el resto de la casa. Muy grande, muy de película, muy llena de novedades. Se lo había imaginado alguna vez pero no así, no regada por llantos, no llena de adioses, no dolorida ni dolorosa, no así, así nunca. Cuando volvió a vivir a la ciudad echó de menos la casa y todo lo que parecía contener, su rayo de esperanza insatisfecho y su luz. No sabía entonces que hay dolores que siempre permanecen. 

"A solo un paso" de José María Velázquez-Gaztelu

Sobre el autor El precioso catálogo de la editorial Reino de Cordelia se ve hermoseado con este libro de poemas escritos por un polifacético personaje de la vida cultural española desde hace años. Se trata de "A solo un paso", cuyo autor José María Velázquez-Gaztelu es difícil de definir en pocas palabras, pues su larga trayectoria y las múltiples facetas que desarrolla hacen preciso detenerse en su biografía antes de reseñar esta nueva obra suya que ve la luz.  Nacido en Cádiz, en el año 1942, su vida está ligada íntimamente a la bellísima ciudad de Arcos de la Frontera, punto de encuentro de escritores y poetas desde antaño. Allí confluyeron las inquietudes de muchos de ellos y dieron lugar a espléndidos resultados en forma de libros y revistas. La actividad de José María se ha dirigido al cine, a la televisión, a la radio, al flamenco, al periodismo, a la poesía. Poeta, guionista, crítico y divulgador de flamenco, estudioso de este arte, su trabajo en Rito y Geografía del ...

Isabella Thorpe: El juego de las apariencias

  La abadía de Northanger es un libro muy especial. Tiene una protagonista tan inocente, crédula y poco mundana que te inspira una mezcla de asombro y ternura. Pero estoy segura de que había muchas chicas como ella en aquellos años, chicas que leían novelas góticas y que soñaban con que a ellas les sucediera “algo” interesante, algo que cambiara su rutina. Chicas que se enamoraban o creían enamorarse a las primeras de cambio y que eran un poco trastos en algún sentido. Lo que ocasionaba que hubiera madres como la de Catherine Morland, que le da unos estupendos consejos que ella no va a seguir. Pero la novela es también una crítica implacable contra los periodistas y contra las malas novelas, al tiempo que defiende con pasión el género cuando es bueno. Puede parecer que todo esto tiene un gran sentido de actualidad para nosotros y así es. Los críticos salen malparados y la gente que presume de no leer novelas y de dedicar su tiempo a libros sesudos se llevan su buena ración de ironí...

Charlotte Lucas: el matrimonio como estrategia

Charlotte Lucas, una de las amigas más íntimas de Elizabeth Bennet, era la hija mayor de sir William Lucas y lady Lucas. En el capítulo V de Orgullo y prejuicio se cuenta que la familia Lucas vivía “a escasa distancia a pie de Longbourn” y que “tenían una gran amistad” con los Bennet. El señor Lucas se había dedicado toda la vida al comercio, actividad emergente en estos tiempos, y estaba establecido en la población de Meryton, donde había ganado con su negocio una importante fortuna. Con ocasión de ser alcalde de la localidad tuvo la oportunidad de pronunciar un discurso de agradecimiento al rey y por ello fue distinguido con un título que recibió en el palacio de Saint James. Esto fue demasiado para el vanidoso Lucas, que dejó de lado sus actividades laborales, su ciudad, y se traslado a vivir a una casa que consideraba más acorde a su nuevo rango y se situaba a las afueras. A la casa la llamó Lucas Lodge y en ella pasaba su tiempo, dedicado a gozar de su posición.   Charlotte t...