/Mis fotos. Patio del Aljarafe/ Las tardes frescas del verano, ese momento en que el aire atlántico se atreve a cruzar el espacio y llegar hasta la pequeña fuente, el arriate, el banco de madera, el escalón, la casapuerta, ese momento. La puerta de la casa está entornada, no hay nadie por la calle, los niños tienen prohibido pisarla hasta que acabe la hora de la siesta. Alguno se escapa siempre. Y se sienta en una esquina en silencio, en el banco, en el suelo, en el escalón, en un felpudo viejo. Y saca de alguna parte un libro, el libro de esas horas y esos días, el libro de los instantes silenciosos, el libro que contiene una aventura insalvable, que cubrirá de agua de mar los sueños, de una valle por pintar a la que se saca negocio, de una lucha incansable entre los cruzados o, quién sabe, de princesas también, siempre alguna princesa.
La gloriosa generación literaria de Julian Barnes comienza con él mismo, que es el decano, puesto que nació en 1946. También están Ian McEwan , de 1948; Graham Swift , de 1949; Martin Amis , también de 1949 y fallecido en 2023; Christopher Hitchens, del mismo año y fallecido en 2011; así como los más jovenes, William Boyd , de 1952; Kanif Kureishi y Kazuo Ishiguro , ambos de 1954. He leído más a Barnes, Kureishi, McEwan e Ishiguro que a los otros, y, aunque he tratado a Swift , pero tengo una asignatura pendiente con Amis, por ejemplo. Y eso que conozco bien a su madrastra, Elizabeth Jane Howard , una de mis escritoras favoritas. Barnes es, también, el único de ellos que ha sido premiado con el Premio Princesa de Asturias de las Letras , que tienen otros ilustres colegas como Philip Roth o John Banville. Ha sido este año de 2026 cuando el escritor se ha retirado de la literatura y ha cumplido los ochenta años. Sus dos últimos libros, no los llamaré novelas, están e...