Como este es un humilde blog personal no necesitaré utilizar los recursos propios de una reseña bibliográfica y quizá este libro sea el que menos precise de artilugios. Sobre su autor diré que es una persona fiable, alguien a quien le comprarías sin dudarlo un coche usado y es también un pensador polifacético, amante de muchas cosas, que ofrece una mirada original sobre el mundo, al tiempo que participa abiertamente en la conversación pública sin importarle ir a contracorriente. Así lo dice en el subtitulo del libro. A David Cerdá llevar la contraria no le preocupa, sabe lo que quiere transmitir y lo hace con valentía, por usar una palabra que él mismo ya ha empleado en otro de sus libros, "Ética para valientes". Armado de convicciones y de buenas maneras, David Cerdá cree en sí mismo y defiende sus posturas con ánimo de construir pero de una forma férrea. Es un duro contrincante dialéctico. La suavidad del trato no debe confundirnos. Resulta difícil mantener esas formas e...
Cómo sería el vicio de la lectura en esa niña que se escondía en algún recodo de la azotea para leer. La azotea era el marco ideal para cualquier aventura. Desde allí se veía la pantalla del cine de verano, porque solo una huerta lo separaba de la casa. Desde allí se oían los avisos de los barcos que circulaban por la bahía y también la algarabía de los niños volando barriletes. Leer en la azotea te convertía en invisible para el resto de la casa. Nadie podía adivinar que estabas sentada, al resguardo del viento, en una de las esquinas que la azotea formaba en su diseño. Una azotea tan grande, tan llena de pequeñas escaramuzas, tan difícil de limpiar a fondo, tan fácil de disfrutar a tope. Una azotea para soñar en que algún príncipe de cuento trepaba por las almenas imaginadas de la tapia y llegaba hasta allí, armado de sonrisas y de buenos presagios. Una azotea para guardar confidencias, para tomarte un bocadillo, para estirar las piernas, para tender la ropa sin prisa y sin agobios, ...