Foto: Ruth Orkin Música: Norah Jones El cine me entretiene, me llena de luz, es lo ideal para esos días en los que todo parece negro, en los que todo es negro de verdad. Esos son muchos días. No se sabe por qué la tristeza te acompaña a veces, pero lo hace de manera contumaz, incluso en medio de la alegría. Son formas de ser. La lectura me sumerge en otro mundo del que no puedo escapar. Por eso, cuando leo, soy capaz de saltar las estaciones, de olvidar el tiempo, de creer en que las cosas se convierten en otras y que los personajes existen y están a mi lado, sin moverse apenas, pero con plena seguridad, con su consciencia íntegra. Y la música ... oh, la música. La música siempre me hace llorar. Lloro a mi pesar. La música me traslada a la niña que fui, la niña que cantaba todas las canciones, con buena voz y buena entonación. La que quería ser actriz y cantante, pisar las alfombras rojas y salir en el cine, ganar un Oscar y convertirse en una estrella, con una casa do...
/Fotografía de Gonzalo Juanes, 1923-2014/ Había un paraíso en el encuentro. Las calles con sus miles de colores, sus atributos, la forma especial en que se presentaba a nuestros ojos, tenían toda clase de sorpresas y nosotros bullíamos en ellas, sin sospechar que un día no lejano iban a convertirse en enemigas, en cotos cerrados, en alambrada de espinos. Un tiempo hubo en que la calle era nuestro refugio, el que te hacía huir de la monotonía diaria, el que te aliviaba del trabajo, el que reseteaba tus sentidos y el que te traía el hallazgo de los encuentros. Todos unidos en ese momento del saludo, en ese adiós de las despedidas. Hace tiempo de esto y aún se recuerda esa fibra brillante de la vida enlazada. Hace unos años todo cambió y, para muchos, terminó. Nunca más recuperar la agilidad de las miradas, el abrazo, el beso, la bulla ingenua, el temblor de los escaparates. Nunca más sentirse libre y a salvo de todo en ese espacio irrecuperable que ya no es nuestro, no es nues...