La mujer que tenía un amante
/Foto de Nina Leen/ Seguro que ella estaba cansada de hacer todos los días lo mismo. Planchar, lavar la ropa, tender, ir a la compra, cocinar, limpiar la casa, cuidar del niño, un día y otro, todos los días, sin apenas compensaciones, estirando el sueldo, sin estrenar vestidos, sin arreglar los muebles de la casa. Era lo corriente en la calle, amas de casa agobiadas por el trabajo y la crianza de los niños. Pero los hombres no eran unos privilegiados en ese entorno. Al contrario. Los días para ellos eran duros, salían de casa muy temprano y volvían al anochecer. La mayoría eran camareros, chóferes, trabajadores de astilleros, tenderos o trabajadores del mercado. No había épica en este modo de vida y quizá por eso veían de noche en la televisión alguna película para contemplar otras cosas, para ver situaciones que nunca vivirían. Un día de verano llegó el rumor a las casas de que ella tenía un amante. No se dijo así, esto es demasiado novelero. La frase exacta fue "está liada...
