En esta novela, el escritor Antonio Puente Mayor hace dos veces derroche de clasicismo: primero, con el título, de reminiscencias austenianas; segundo, con ese comienzo en el que aparecen los personajes del drama, al estilo del "orden alfabético convencional" que usaba Agatha Christie. No quedan aquí los paralelismos entre la dama del crimen y este libro, sino que la señorita Marple sería capaz de encontrar, con su mente aguda, alguno más. Como ese concepto de aislamiento, de isla, que se extiende a los personajes cuando empiezan los asesinatos. Así sucede en esta novela que el autor califica de "travel mistery", es decir, un misterio en un viaje, tal y como pasó, hay que recordarlo asimismo en cierto tren que se llenó de asesinos en potencia. Definitivamente, la novela es una ofrenda de amor a doña Agatha, y, si no me creéis, basta leer la cita que encabeza la historia. Os diré que el prólogo os dejará con ganas de más, porque se avecina el drama con esos versos...
Se incorpora un poco, coge a la niña en brazos; el aire, saturado de olores, el de los lirios del valle que se abren en el jarrón, el de la madera de los muebles, el de las telas, le acaricia las fosas nasales al bebé, y las dos manos de su madre le acarician las mejillas, y el calor de su madre, en las horas del amanecer, impregna su cuerpo, y el sol le acaricia el cabello, y el tiempo terrenal le desarruga las manos. Mi preciosa hijita, éste es tu primer día. (Fragmento del libro) Madeleine Bourdouxhe (1906-1996), la autora, es una escritora excepcional, llena de delicadeza, elegancia y valentía. Valentía por el tiempo en que vivió y quizá esa valentía también haga falta hoy. Nos parece que hablar hoy del nazismo no conlleva peligro, y que, al contrario, todo lo que sea denunciar esa atrocidad lo vemos bien. Pero este libro es de 1944, un tiempo peligroso, en el que decir ciertas cosas te ponía en el punto de mira del horror. Había nacido en Lieja, pero tuvo que huir hacia Parí...