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Todo es azul en Portimao

 Ese horizonte se confunde con el mar. Y el agua del mar parece caer en la piscina. La gente parece absorta en sus cosas, las parejas se miran, al son de una música tenue bailan cuando cae la madrugada. Alguien te ofrece una copa y sonríes. Estáis esperando el milagro. O eso parece. Hay una especie de tiempo nuevo cuando llegas aquí, una prórroga de la vida cotidiana. Terminan los agobios y acaban las tareas. Todo se va en soñar y en sentarte en una de esas hamacas dispuestas hacia el agua. El agua es el gran milagro. Lo que no falta en Portimao.  La playa es otra cosa. Desde todos los tonos de azul se pasa a todos los tonos del verde. Las enormes piedra rocosas sombrean toda la costa del Algarve, también aquí, y la gente parece perderse, son diminutos muñecos en un horizonte más amplio. Las sombrillas lucen sus colores y las olas apenas rompen en una extensión mínima de tierra. No hay bajamar, todo es altura. Nuestros días en Portugal fueron esplendorosos. No sabíamos qué nos...
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Ni siquiera los libros significan ya nada

  /Mujer leyendo. Matisse/ Tengo mi biblioteca repartida en dos casas y hoy he hecho una mudanza de libros. El chico que ha desalojado dos estanterías de mi casa del campo y ha traído los libros en cajas a mi casa de la ciudad se ha quedado sorprendido de ver tantos libros. Ni yo misma pensaba que cabían tantos libros en una estantería. Los libros han llegado en cajas y he podido tocarlos poco porque, aunque vienen de estar acristalados, basta el polvo del viaje para que mis ojos empiecen a quejarse. Pero ya he sentido lo que no pensé sentir nunca con respecto a mis libros. Un desapego, una indiferencia. Me he puesto a pensar en mi biblioteca, amplísima, todos los libros que he ido atesorando durante mi vida, muchísimos, y de pronto he tenido la sensación cierta de que no me importaban, de que los libros están en mi cabeza, que leerlos es eso, que se te queden dentro, y si no se te quedan entonces es que no era para ti. Y he seguido pensando mientras caía el agua de la ducha sobre ...

Historias de paraguas

  Pierre-Auguste Renoir   (1841-1919) Los paraguas , 1881-1886 Óleo sobre lienzo, 180,3 x 114,9 cm National Gallery, Londres Podría contar un montón de historias de paraguas. La del paraguas de rayas azul y blanco que llevaba en un autobús camino del trabajo y terminé regalando a una mujer que iba a mojarse de cabeza a pies con su pequeño hijo. Al final fui yo la que me mojé y la mujer la que me decepcionó: prometió devolvérmelo en el trabajo pero no lo hizo.  Hubo también un paraguas rojo y ese siempre lo llevaba con una trenka que tenía un forro interior de cuadros escoceses . Ese paraguas lo presté, cómo no, a una compañera y luego negó que se lo hubiera prestado. No la veía mucho pero, después de aquello, no quise volver a verla. Era ladrona y mentirosa. Hay gente así. En una ocasión me compré un bonito paraguas en tonos verdes , estampado, verde hoja oscura , con un aire precioso. Lo dejé sin estrenar, porque al final no llovió, en el asiento de uno de los cercaní...

Libros para leer en verano

Verano, vacaciones, días libres, quizá playa o montaña, amigos, familia. Termina el colegio y tienes tiempo suficiente para aburrirte y para recibir a la gente que llega de fuera a pasar las vacaciones al pueblo. Esto sucedía en unos años de adolescencia en los que pasábamos muchas horas en el club, charlando, bailando y jugando al ping-pong. Relaciono siempre el verano con los días de paseo por la orilla, con un prudente sol y una hamaca con sombrilla amarilla. Las playas han sido muchas y todas están aparecen en mi biografía: Cortadura, La Barrosa, Camposoto, Cabo Roche, Valdelagrana, la Victoria. Echo de menos los días de sol y abrazos, los paseos y los ratos de ocio en el paseo marítimo. Echo de menos mi casa de Valdelagrana, su terraza, su cortina amarilla y aquella otra blanca que yo cosí, sus estores en el salón, sus sofás y su vitrina de cristal, su cocina decorada en azul celeste, sus platos blancos y azules, su cama grande con su colcha en tonos rosas, su peinadora con su...

Voyeurs

(Este vestido de Edith Heath, vestido maravillosamente por Grace Kelly, ha pasado a la historia de la moda) Cualquiera que haya tenido alguna vez una pierna enyesada sabe lo que es eso. Yo he pasado en dos ocasiones por esa experiencia. La primera vez fue en diciembre y me dediqué a ver trescientas veces “Doce hombres sin piedad”, la segunda, en verano, y escribí, o casi, mi libro sobre Manolo Caracol. Las noches eran lo peor. Todo el mundo durmiendo y tú intentando aliviar el picor de la pierna con una aguja de hacer punto, ay.  El patio de vecinos, la casa de apartamentos, es un espacio estrecho, saturado, desde el que no se ve la calle, salvo un pequeño resquicio. La claustrofobia que genera su pequeñez se une al hecho de que el hombre está sentado en una silla porque no puede moverse a causa de su pierna. El hombre es un fotógrafo, tiene calor, suda, padece de picores en la pierna y su única arma, su distracción, es mirar a través del teleobjetivo de su cámara de f...

Fuera de temporada

Esa condición efímera del amor que lo convierte en un sentimiento único, esa manera en que dos seres humanos se encuentran en un gigantesco mundo hostil que va a separarlos y que, sin embargo, conservan en algún lugar de sí mismos no solo el recuerdo, sino la exacta vivencia de lo que fueron juntos. Una infinita primavera que aún vive en mí, me dijo alguien hace poco recordando el tiempo en que creímos ser el centro de la vida y lo fuimos. Siempre que lo recuerdo me hace llorar. De eso trata esta película. De la cualidad del amor que lo hace impermeable al paso del tiempo, imbatible ante las dificultades de espacio y de oportunidad, único e irrepetible, doloroso y vivificador a la vez. Ellos dos tuvieron una historia y las historias de amor, cuando lo son de verdad, nunca se escriben en pasado. Este encuentro, fortuito y sin esperanzas, es la forma en que la vida devuelve algo de lo que quiso quitarte. Así que de eso va esta película. Me encanta el cine francés. 

Rizos y un mapa de España

(Fotograma de "Sentido y Sensibilidad" de Ang Lee)  Es la música, en primer lugar, lo que hace de esta versión de Ang Lee del libro de Jane Austen "Sentido y Sensibilidad" una pequeña maravilla. Un tributo eficaz, diáfano, exacto, al genio de la escritora, a su creación de personajes y ambientes, a su estilo, a su ingenio e inteligencia. La música crea el tono especial que la distingue y, entre todos los libros de Austen, en los que la música siempre tiene un importante papel, es aquí donde expresa el dolor y la alegría con mayor lucidez. Lo mismo ocurre con los versos, las palabras, los poemas que se recitan, el consuelo de la lírica en los momentos difíciles. Shakespeare y sus sonetos que invitan al amor, aunque sea, como sabes, un amor aureolado de triste cobardía.  Entre todas las imágenes hay una evocadora, imposible de pasar por alto, una imagen en la que me detengo y en la que observo cosas que quizá otros no ven. Al fin nuestros ojos siempre vue...