/Retrato de una joven dama, 1920. Archibald Gl Barnes, 1887-1972)
Las redes sociales tienen muy mala prensa. No dudo de que sean dañinas en cierto modo, sobre todo si no se sabe cómo usarlas, si no gestionas mínimamente ciertas claves necesarias. He visto peleas absurdas, diatribas innecesarias, envidias puestas de manifiesto, robos descarados de ideas y de textos, engaños, un poco de todo. Lo bueno y lo malo de los seres humanos, como en la vida real. Porque son una parte de la vida real, inseparable ya de nosotros.
Sin embargo, hay ocasiones en que ejercen una influencia benéfica sobre nosotros. Pondré tan solo un par de ejemplos. Cuando quedé viuda no tuve ni consuelo ni consejo por parte de nadie. Puede resultar duro decirlo pero es así. Esporádicas visitas de algunos amigos, que cesaron rápidamente porque "ver y oír a un triste enfada" como dice el poeta; desinterés y horas de soledad. Ni familia, ni amigos dieron un paso adelante, ese empujón que necesitas. Ni para mí, ni para mi hijo. Pasamos las navidades en esa casa grande del Aljarafe solos y sin que nadie nos dijera vamos para allá o veniros para acá. Ya no recuerdo aquel abandono, quizá porque no me importa, pero queda la sensación cierta de que una pareja es algo y una viuda no es nada.
Y fueron las redes sociales el único asidero. Empecé a usar Twitter y Facebook. En los dos tenía cuenta aunque no aparecía por ellas nunca, no las necesitaba, era feliz, tenía la vida llena, trabajo, familia, ocio, fiesta, vida. Pero ese verano terrible de la soledad infinita estuve trasteando por Twitter y allí encontré a alguien, una persona que hablaba de libros y que era amable y considerada. Pasábamos mucho rato intercambiando mensajes, siempre comentando cosas culturales y arte y libros. Daba igual el tema, en realidad, el caso es que había alguien al otro lado que escuchaba y hablaba. No nos llegamos a conocer nunca, y ahora, aunque ha dejado de usar la red porque está en otras cosas, creo que seguimos sintiendo afecto mutuo porque creamos un lazo de compasión y afinidad en esos tristes y largos días. El tiempo de vaciar los armarios fue así menos duro.
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