Fue mi amiga Pepa Domínguez, una lectora feroz, la que me puso en el camino del cómic Persepolis que Marjane Satrapi había publicado y que había salido en España. Tengo que agradecerle a Pepa el hallazgo de Irène Némirovsky, pues fue ella la que me recomendó que leyera El baile, su novelita casi autobiográfica que me presentó a la autora. En esos años yo impulsaba todo lo posible la biblioteca del instituto del que era directora y Pepa era una de las personas que colaboraba más activamente. Ser lectora y amar los libros es un santo y seña que distingue a alguna gente con la que da gusto tratar.
La muerte de Marjane Satrapi, a los cincuenta y seis años, ha caído como una bomba entre la legión de seguidores que tiene y que ha seguido su carrera. Y la familia ha aclarado que ella no deseaba vivir, que la tristeza la había inundado desde el año pasado, cuando murió su marido a los cincuenta y tres años y ella declaró que la vida sin él no le merecía la pena. Esa tristeza del duelo que se enquista y que no te deja seguir andando la atrapó y muchos comentarios dicen que no lo entienden, que ella era fuerte para luchar, que era inmensa, que era capaz de casi todo. Pero el amor la ha vencido, como a tanta otra gente.
Los que hemos perdido al compañero de vida prematuramente sabemos lo que eso significa. Sabemos que nada volverá a ser como antes y, antes que todo, tú misma. La persona que fuiste desaparecerá y emergerá otra que no reconoces, que intenta tirar hacia adelante tropezando continuamente. Ante cada acontecimiento importante, ante cada cosa nimia, te preguntarás por qué, no perdonarás nunca que te lo hayan arrebatado y la rabia formará parte de ti sin quererlo. Puede que haya islas de mínima felicidad y puede que encuentres algo que te ayude a seguir adelante, pero, en el fondo, sabes que tu vida de repuesto se ha convertido en otra cosa y que es algo injusto. Conozco a otras personas que han sentido lo mismo y que han chapoteado en una soledad que nada es capaz de aliviar. Mi madre lo sintió así cuando murió mi padre, con el que llevaba desde los quince años. Era una mujer joven y decidió cerrar puertas y ventanas, quitarse el audífono, y terminar con el mundo exterior. Cada cual actúa de una manera y hay tantas reacciones como personas. Rosa Montero escribió un libro sobre ello y algunos ruedan películas o componen canciones. Marjane se dejó morir.
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