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Entradas

Letras, palabras, historias

  Yo no sabría decir desde cuando los libros llegaron a mi vida. Pero desde que tengo memoria siempre han estado ahí. En la librería blanca que me compró mi madre para poner los libros que yo iba coleccionando, aunque al final terminó siendo de todos y, más tarde aún, de ella misma y sus novelas de misterio y sus thrillers de juicios. A veces hace frío. A veces la vida está escondida detrás de algún dolor y entonces hay que volver la mirada a algún sitio cálido y los libros, no se puede negar, son cálidos, amables, tienen siempre un momento para ti, un sitio donde encontrarse contigo. Apenas puedo creer ahora en la gente, hace demasiado tiempo que soy una total descreída, pero los libros son otra cosa, son otra forma de cercarte, de estar a tu alrededor. Heredé de mi padre la facilidad para preocuparme por todo y por todos. Todo eso te impide estar feliz, estar sereno, estar en paz. Preocupación tras preocupación, reales o presentidas, la anticipación del problema, la conciencia de...

Amable transparencia

 /Fotografías de Uta Barth/ Entra un rayo de sol. Cruza la calle. Se sube al árbol más cercano y trepa. Se detiene en un banco. Un niño se levanta, se marcha, se lleva la pelota, se despide de otro, se aleja, su madre está esperando en una esquina. El sol no ha pedido permiso. El sol se mueve sin que nadie lo pare. No hay sonido, no hay voces, no hay ecos, no hay montañas. Todo es tranquilidad, todo es silencio, todo es bruma, todo es el sol naciente. Un leve impresionismo atraviesa la plaza, la convierte en plató, puro teatro, gestos de actor de Shakespeare, diálogos y monólogos, expresiones, la palabra, muchas palabras, todas caen en el borde de una papelera azul, colocada en la orilla de la plaza, vacía, sin el recuerdo de los niños y sus bolsas de papel pintadas de dinosaurios. Hay cuatro naranjos que desgranan azahar. Han perdido las naranjas amargas. Los operarios llegaron una mañana y las sacudieron con sus enormes ganchos y las naranjas volaron por el suelo, recubriero...

El sosiego

En silencio. Sin que nadie interrumpa. Sin ruido, sin sonidos extraños, sin visitas, sin invitaciones, sin rémoras, sin luchas. La paz. El sosiego. Pensar sin que se nuble el pensamiento. Sentir sin que el sentimiento se vea invadido. Junto al árbol, en el bosque, en el campo, junto al verde, junto al amarillo de las hojas, junto al rosa de los resplandores. En paz. 

Un café en Turín

No hay que negarse a la aventura. Esa vez estabas muy cansada. Habías recorrido la ciudad entera y necesitabas sentarte, quitarte las zapatillas, tirarlas a la basura y dejar los pies descalzos todo el tiempo posible, todo el tiempo necesario para sentir el frío de las baldosas, para notar la sensación de alivio en los pies tan cansados. No hubo necesidad. Aquel chico, más o menos tu edad, llegó con aire suficiente porque era amigo del dueño del café y vivía dos casas más arriba. Te invitó a subir a su casa y a descansar allí. Te fiaste completamente de su palabra ¿y por qué no? Tanto tiempo recorriendo el mundo te enseña a decidir en quien confiar y pocas veces te equivocas. El chico se llamaba Carlo y era músico. En su casa, un piso grande en el que todo era una única habitación excepto el baño, había una guitarra, un violín y un piano de cola. Era músico por vocación y su familia entera estaba llena de músicos. Te contó su historia mientras tú te sentabas en el sofá y ponías los...

La música de los árboles rosas

  He recorrido la senda de los árboles rosas sin cansarme nunca. Los he visto todos, los he hallado y sentido. De esa manera, he logrado conquistar la paz del corazón y perdonar los empujones, las traiciones y la ira. Una vez encontré un paisaje tranquilo y diferente, una ciudad con una almohada blanca, que era capaz de acariciarte al dormir. Así, de esa manera, estuve varios días pensando en que la dicha era posible. Pese a todo, pese a la muerte, pese a la ausencia y el abandono, pese al vacío. Recorrí la ciudad, sus senderos, sus árboles rosas, sus avenidas, sus edificios oscuros, sus calles blanquecinas, sus tiendas, sus bares, sus restaurantes, sus cines y teatros, lo recorrí todo de tu mano, y no te conocía antes de eso, eras el desconocido de la historia, el hombre abstracto, el que nunca se enfadaba y el que siempre sonreía. Así fue todo, la historia que tuvimos, lo rosa, los rosales del Retiro, nosotros, un amanecer claro en rosas convertido. 

Tinta azul

 La tinta azul es el instrumento para dejar escrito que desde que te fuiste, desde tu muerte, ya nada es lo mismo. Todo ha cambiado en la vida. Ha cambiado mi vida y la de nuestra pequeña familia. Nos faltas y no somos capaces de seguir adelante con la fuerza que tú desearías que tuviéramos. Todo eso fue una injusticia, no lo merecías, eras tan joven y tenías tanto que hacer todavía. Entonces me quedé atónita, sin lágrimas y sin nada entre las manos. Asustada y cansada. Y estos años que han pasado no han servido para olvidar, sino para recordar aún más y para conocer la evidencia de que no volveremos nunca a vivir la vida que teníamos, una familia feliz. Nadie me interesa, nada me importa, no quiero saber nada de la gente, no me importa lo que hacéis ni de lo que os reís, no me interesa ganar ni perder. Tengo una obligación que cumplir y a ello me aplico y lo hago en tu nombre, pero todo lo demás es vacío, silencio, oscuridad, nada. La literatura me ha decepcionado tanto. No basta ...

"La cena de los infieles" de Beryl Bainbridge

  El escritor John Banville la definió como "una brillante escritora, en la estela del petit guignol de Evelyn Waugh y Muriel Spark: fría y meticulosa en su descripción aguda y tremendamente irónica de su tiempo". En esa crítica de la época que le tocó vivir y de su pérdida de valores culturales y éticos entronca claramente con D. H. Lawrence, un escritor del que ella se consideraba deudora. Las ideas de Lawrence, que vivió entre los años 1885 y 1930, sobre la sociedad industrial a la que consideraba que había roto con la relación del hombre y la naturaleza reduciéndolo a una mera máquina al servicio de un engranaje superior, así como la creencia del escritor de que la sexualidad era la herramienta máxima que humaniza a los seres humanos, hicieron mella en Beryl y así se puede notar en su obra, aunque la diferencia con Lawrence está clarísima: el sentido del humor, a veces humor negro, de ella, ausente por completo en la obra de él, mucho más trascendente y dramática. Lo que ...

Desde la torre de la catedral: La Regenta (1)

  En el contexto político de la Restauración española escribe y publica Leopoldo Alas "Clarín" su gran aportación a la historia de la Literatura, "La Regenta". El siglo XIX es el momento de las grandes novelas europeas, incluidas algunas españolas, tanto de "Clarín" como de Galdós. "Clarín" sitúa la acción en una imaginaria Vetusta que no deja de ser con claridad la ciudad de Oviedo, en la que él vivió, fue catedrático y murió muy joven. Una ciudad de provincias, con un entorno reducido donde todos se conocen, es el marco de esta novela coral que presenta su propia geografía social y su geografía moral a la vez. "Clarín" demuestra en su obra un gran poder de observación del entorno, un fino oído para la realidad y una animadversión clara contra algunas capas sociales y comportamientos, incluyendo los clérigos. Su penetración psicológica hará que retrate fielmente a los personajes, aunque añadiendo sus gotas de sentido del humor, de modo...

Un broche de flores y un collar de perlas

 El trasiego de las redes contrasta con la delicadeza de las fotos que hizo Nina Leen. El mundo femenino que ella retrata tiene un aire callado que no concuerda con el ruido. El sosiego es el paradigma más exacto. Como esta mujer que aparece en la revista Life y que se inclina con suavidad sobre la nota que está escribiendo, una carta, un recado, una disculpa, una declaración de amor, quién sabe. Precisamente ahí está su secreto, en no saber qué está escribiendo y a quién va dirigido. Quizá a ella misma, muchas veces nos escribimos a nosotros mismos, a lo mejor siempre, aunque haya otras personas que terminen leyéndonos. Qué despacio parece pasar el tiempo para esta mujer que se inclina levemente para escribir... Sabes lo que sucede cuando tienes algo que decir y no logras expresarlo. O cuando parece que las palabras van a fluir y se detienen. O, todavía peor, cuando no hay nada más y las expresiones desaparecen, todo desaparece, hasta las ganas de estar y de contar. Contar las his...

Asomada al verde de Hockney

Se había imaginado alguna vez cómo sería dejar la ciudad y vivir rodeada de árboles, de avenidas con árboles, en una casa con árboles, con plantas, con riego automático y con sillas de plástico en el patio. Una casa con porches, con terrazas, con una escalera interior de mármol y suelo de tarima en el resto de la casa. Muy grande, muy de película, muy llena de novedades. Se lo había imaginado alguna vez pero no así, no regada por llantos, no llena de adioses, no dolorida ni dolorosa, no así, así nunca. Cuando volvió a vivir a la ciudad echó de menos la casa y todo lo que parecía contener, su rayo de esperanza insatisfecho y su luz. No sabía entonces que hay dolores que siempre permanecen.   

"Recuerdos de Jane Austen" de James Edward Austen-Leigh. Nueva edición

 Fue el sobrino de Jane Austen, el hijo de su hermano mayor James, el que escribió una primera biografía de la autora, bajo el título de "A Memory of Jane Austen". Sucedió en 1870 y el libro tuvo éxito, de modo que al año siguiente, 1871, sacó una nueva edición, más completa pues llevaba también una novela corta epistolar e inédita, Lady Susan, amén de fragmentos de dos novelas inacabadas, Los Watson y Sanditon y un capítulo de "Persuasión" que no había entrado en la edición final de 1818.  James Edward Austen-Leigh había nacido en la rectoría de Deane, en Hampshire, que regía su padre, el reverendo James Austen, en 1798. En 1801 la familia se trasladó a la rectoría de Steventon, cuando el reverendo George Austen, padre de Jane, se jubiló y se trasladó a Bath para vivir allí con su esposa, Cassandra y sus dos hijas solteras, Cassandra y Jane. James Austen estaba casado entonces en segundas nupcias con Mary Lloyd, amiga de la familia, con la que tuvo dos hijos: James...

Releer es leer de nuevo: La Regenta de Leopoldo Alas "Clarín"

 Siempre he defendido que "Anna Karenina" es superior en belleza y estilo a "La Regenta" y que esta supera por mucho a "Madame Bovary". A estas tres novelas extraordinarias del siglo XIX podíamos sumar "Fortunata y Jacinta" del gran Galdós y así nos quedaría un mosaico de cuatro obras mágicas. Mi opinión sobre "La Regenta" ha cambiado a raíz de esta relectura. Eso sucede muy a menudo con los libros, no siempre los lees en el momento adecuado, no siempre los entiendes o llegas a ellos tal y como el autor los escribió. El caso es que ahora creo que "La Regenta" es la novela cumbre de la literatura en español del siglo XIX. Eso por no exagerar. 

De incógnito en La Gran Vía

 Cuando yo era chica, a La Gran Vía había que acudir de incógnito. Los padres no nos dejaban a las niñas. Solo los chavales tenían permiso para estar de pie en cualquier esquina y tomarse una cañita. Yo, desde luego, me escapaba, como hacía con tantas prohibiciones, pero más de una vez estuve a punto de que mi padre me pillara pasando por allí con el coche. Recuerdo la esquina redondeada de la barra y nosotros, los amigos del momento, charlando distraídamente. Eso era felicidad y no lo sabíamos. Alguien debería advertir a los jóvenes y repetirles el carpe diem. Carpe diem a todas horas. Nosotros no lo sabíamos y no aprendimos a ser felices. Sin embargo, en esos días de verano, de vacaciones, en los que dejábamos atrás los libros, el trabajo y la universidad, entonces nos sentíamos los reyes del mundo. Siempre había algún affair amoroso con un chico y muchas veces ese mismo chico no te hacía ningún caso. Sufríamos muchísimo, llorábamos por las noches, escribíamos un diario, hablábam...

Cuestión de muselinas

Una de las razones por las que el vestuario de Emma Woodhouse es tan relevante en la versión de 2020 de "Emma" es que es una muchacha rica, que tiene a su disposición toda clase de telas, complementos, sombreros, zapatos, capas, abrigos, adornos, de manera que es muy agradecido hacerle ropa. Por eso en las "Emma" que conozco, tanto en televisión como en cine, es donde más se acierta. Ahí están las muselinas, las mangas de farol, el talle Imperio, los rizos en el pelo, los sombreros con frutas o flores de los que tanto habla en sus cartas la propia Jane Austen, también las zapatillas bajas que usaban, tipo bailarina, o las cintas enmarcando la cintura alta, incluso aparecen gasas, pieles, batista suiza, pequeños estampados que nunca se verían en la realidad y una gama de color superior a la que existía en la época, donde no se salía del pastel. Pero los vestuarios de las Emmas quedan muy aparentes y, por simpatía, también mejoran notablemente los de Harriet, Jane Fai...

Pasó el 250 aniversario. Austen sigue.

 Pasó el 250 aniversario del nacimiento de Jane Austen y he aquí los libros que han salido en España para conmemorarlo. Hay una selección de cartas con comentarios. Un resumen de su vida y obra con brevedad. Dos biografías ilustradas. Y mi ensayo sobre los hombres en sus novelas y en su biografía. Para elegir. Hay que seguir leyendo a Jane Austen. 

La asombrosa obra de Josephine Tey

  Incluso muchos de los muy amantes de la novela policíaca desconocen a Josephine Tey . Ella no es como los demás escritores y se intuye. También en esto. En España tenemos poca ocasión de leerla, o, al menos, eso ocurría hasta hace poco. Porque ahora hay ocho novelas suyas que están a disposición del público por obra y gracia de la editorial Hoja de Lata , una de esas editoriales independientes que descubren autores para los lectores que tenemos la suerte, y el tino, de seguirlas. Aunque alguna otra editorial publicó alguna novela hace años, lo cierto es que hasta que Hoja de Lata se empeñó en que la conociéramos a fondo la cosa no tenía remedio. El hombre en la cola, Un chelín para velas, El caso de Betty Kane , Amar y ser sabio, La hija del tiempo , Las arenas cantarinas, Patrick ha vuelto , La señorita Pym dispone, han ido apareciendo a la venta poco a poco, preferiblemente en los veranos, dándonos ocasión a los lectores a acercarnos a miss Tey con paciencia, sosiego y expe...

Tantos como creyeron encontrar el premio

  Tantos como rindieron pleitesía, enviaron notas de agradecimiento mandaron invitaciones a todos los eventos que imaginarse pueda. Tantos como llamaron por teléfono, tantos como rieron sin motivo, tantos como adoraron el suelo que pisaba, tanta gente como pidió permiso. Tantos como esperaron detrás de alguna puerta, tantos como buscaron la ocasión, tantos como creyeron el relato, tanta gente como me dio la razón en tantas cosas, tanto ruido y tanta fiesta, tanta cena y tanta sobremesa, tanto regalo amable, tanta sonrisa, tanto todo, tanto, todo, tanto, tanto.     ¿Quién podría habernos dicho en esos años locos, apretados de agenda, ajustados de tiempo, aplaudidos, abrazados, admirados, convertidos en ese objeto de deseo para tanto arribista, quién podría habernos dicho que todo acabaría solo con una muerte, solo con un adiós?

Elizabeth Inchbald: la actriz que inspiró a Jane Austen

  (Retrato de Elizabeth Simpson Inchbald por Sir Thomas Lawrence, 1796) Elizabeth Inchbald nació el 15 de octubre de 1753 en Stanningfield, Suffolk , y murió el 1 de agosto de 1821 en Kensington. Es, pues, contemporánea de Jane Austen . Se trata de una personalidad muy interesante por muchos motivos. Fue novelista, actriz y dramaturga. Una mujer de vida curiosa y apasionante.  Era la octava de los nueve hijos del granjero John Simpson , que murió cuando ella tenía ocho años, y de su esposa Mary Rushbrook . La forma en que la familia salió adelante en estas circunstancias no me ha llegado pero tiene su interés. Se trataba de una familia católica, que educó en casa a sus hijos, como, por otro lado, solía pasar. Lo más extraordinario de Elizabeth es que cuando tenía dieciocho años, en 1772, se fue a Londres siguiendo los pasos de su hermano, George, que hizo lo mismo dos años antes, para actuar en teatros como actriz. Puedo imaginarme la vida en esta situación, la forma en la q...

El patio

 El patio se ha levantado con un sol de siempre que hacía días se ocultaba. La sombra planea sobre la mitad del espacio, la otra mitad hace su fiel ceremonia de saludar al sol. En los huecos de la pared se han colocado, a modo de espejos, los jazmines trepadores que nunca se niegan a salir. Y las rosas vibran. Solo los cacharros que, de tanto en tanto, rodean el perímetro, se mantienen inconmovibles a una primavera que, de todas formas, aún no se hace presente. Es el juego de las luces y las sombras. Es la belleza de lo que perdura. 

Plaza del Rey

 La ciudad en la que crecí ya no existe. Cuando miro las fotografías soy capaz de situar en ellas los recuerdos, la gente, lo que pasó y cuándo pasó. Pero sé que, igual que esos recuerdos son pasado, también la fisonomía de la ciudad se ha convertido en otra. La Plaza del Rey, por ejemplo, nuestro lugar de reunión de los jóvenes, el sitio donde había bancos de azulejos, parterres, palmeras, sombra y un suelo en mosaico. Todo ello ha desaparecido y ahora es un escenario de conciertos, luz y sonido hasta la madrugada, porque los gobiernos municipales han decidido que los vecinos no descansen y han olvido la ecología del silencio, la placidez de las horas en calma, el bullicio de las voces y las risas, suplantadas ahora por el estruendo de los altavoces. No existe la Plaza del Rey ni existe el aire tranquilo de las tardes de levante, ni el sonido rumoroso del mar, ni el olor a salina. No hay plaza, ni hay salinas, ni hay azoteas, ni hay niñas secándose al sol el pelo recién lavado. Es...

Ser agradecidos

  Tenía solo 33 años cuando Tamsin Greig hizo de señorita Bates en la serie "Emma" de 2009. Lo hizo tan bien que no se ve ridícula, ni estrambótica, ni estrafalaria, ni cursi, ni alocada, ni cutre, ni caricaturesca, ni aprovechada, ni malvada. Tamsin Greig interpretó el papel como si Jane Austen , la autora, le hubiera dado indicaciones: su señorita Bates es tierna, alegre, amorosa, curiosa, cotilla, entrometida, generosa, y, sobre todo, muy, muy, agradecida. Su agradecimiento no se manifiesta con servilismo , ni con peloteo , sino de forma sincera y natural. Cuando recibe un regalo para la casa, cerezas, carne, cualquier otro manjar que puede llevar a su mesa, ella reconoce la generosidad de quienes se lo entregan y lo hace sin exageraciones y, sobre todo, sin inquina . Porque la generosidad a veces convierte en rabia un regalo cualquiera. De todas las señoritas Bates de la televisión o el cine, es Tamsin Greig quien expresa mejor este carácter apacible, preocupado por ...

El extraño rechazo de Jane a los clérigos

  /Fotograma de la película de 2022 "Emma" en la que Josh O'Connor hace el papel del señor Elton/ Todo el mundo sabe que Jane Austen era hija de un clérigo anglicano, el Reverendo George Austen, un señor muy leído y amante de los libros, que inculcó en sus hijos ese gusto y que tenía una buena biblioteca en su casa, donde, además, tuvo un tiempo a un grupo de estudiantes que él autorizaba y enseñaba los clásicos. Además de sacarse un dinerito extra.  En las novelas de Austen aparecen muchos clérigos y algunos tienen un papel protagonista incluso. En Mansfield Park  hay, nada menos, que tres clérigos, uno de ellos Edmund Bertram, el protagonista masculino de la novela, que se termina quedando con Fanny Price, la huérfana desolada.Aparte de él están el señor Norris y el doctor Grant, que ocupan antes que él el beneficio de Mansfield. La novela es la que menos me gusta de Austen y no hay mucho más que decir de ellos, salvo que Edmund es bastante soso, aunque Fanny no se qued...