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La asombrosa obra de Josephine Tey

 


Incluso muchos de los muy amantes de la novela policíaca desconocen a Josephine Tey. Ella no es como los demás escritores y se intuye. También en esto. En España tenemos poca ocasión de leerla, o, al menos, eso ocurría hasta hace poco. Porque ahora hay ocho novelas suyas que están a disposición del público por obra y gracia de la editorial Hoja de Lata, una de esas editoriales independientes que descubren autores para los lectores que tenemos la suerte, y el tino, de seguirlas. Aunque alguna otra editorial publicó alguna novela hace años, lo cierto es que hasta que Hoja de Lata se empeñó en que la conociéramos a fondo la cosa no tenía remedio. El hombre en la cola, Un chelín para velas, El caso de Betty Kane, Amar y ser sabio, La hija del tiempo, Las arenas cantarinas, Patrick ha vuelto, La señorita Pym dispone, han ido apareciendo a la venta poco a poco, preferiblemente en los veranos, dándonos ocasión a los lectores a acercarnos a miss Tey con paciencia, sosiego y expectación. Tanto es así que ahora nos da pena que se hayan acabado las novedades. Solo queda por publicar en español su biografía, que ya existe en inglés, pero no tengo esperanzas de que eso se produzca. 


Aquí están todas. Mis favoritas, si me preguntas, son La hija del tiempo, Las arenas cantarinas y El caso de Betty Kane. Amar y ser sabio también me gusta mucho. Una de las cosas que más me atraen de su obra es la figura del detective, el inspector de Scotland Yard Alan Grant, atractivo, educado, sensible, buen fisonomista, soltero pero con amores, perspicaz y sin tonterías. Basta de detectives llenos de manías y con físico que echa para atrás. Aquí hay un auténtico héroe de película. Hubiera enamorado incluso a Elizabeth Bennet o a Emma Woodhouse, con permiso del señor Darcy y del señor Knightley, respectivamente. 
Todo ello, todas estas novelas y estos personajes, se deben a la personalidad original, distinta, de Josephine Tey, a la que veis en esta foto con su padre, un padre al que quería muchísimo y al que dedicó enteramente unos años de su vida, cuidándolo y abandonando incluso sus perspectivas profesionales. Pero las novelas se fueron escribiendo y por eso tenemos la suerte de poderlas leer. 

Quién era Josephine Tey...

Elizabeth Mackintosh, que era su verdadero nombre, nació en la ciudad escocesa de Inverness el 25 de julio de 1896, hija de un frutero, Colin, y de una antigua profesora, Josephine Horne. Precisamente su nombre de novelista lo tomó de su madre y de sus abuelos maternos, los Tey. Josephine tuvo una buena educación. Estudio en la Academia Real de Inverness y luego en la universidad de Birmingham, ambas instituciones existen todavía. La Inverness Royal Academy es una escuela secundaria no confesional de alto nivel, que fue fundada en 1792 y está situada en la zona sur de la ciudad. Su lema, todavía vigente, era Trabajo y Excelencia. En cuanto a la universidad, estudió en la Anstey Physical Training College de Erdington, Birmingham. También estuvo trabajando un tiempo como profesora de Educación Física en varias escuelas de Inglaterra y de Escocia. En 1926, muerta ya su madre, tuvo que volver a Inverness a cuidad a su padre que estaba invalido, ella tenía entonces treinta años. Josephine tuvo dos hermanas. Las vemos a continuación en la foto flanqueando a la escritora. 


 (Josephine Tey en 1914, con sus hermanas Jean y Etta. Ella es la del centro)

Desde muy pequeña escribió cuentos, relatos y poemas que publicó en revistas y periódicos en los años 20. Era una escritora de vocación. Lo que pasa es que tenía muchas otras cosas por hacer y dedicó tiempo a trabajar, ganarse la vida y cuidar a su familia. No se casó, no tuvo hijos y no se le conocen amores. Llevaba a rajatabla su vida privada y nunca concedía entrevistas a la prensa. Le gustaba la vida tranquila, montar a caballo, pescar, el campo y el cine y el teatro. El mundillo teatral lo conocía muy bien y eso se nota en algunas de sus obras, ambientadas en el ambiente de los excéntricos artistas que entonces pululaban por Londres. Esos ambientes los borda. Al final de su vida enfermó de cáncer de hígado y entonces abandonó a todos sus amigos, se recluyó sola y murió en 1952, con cincuenta y cinco años, dejando todo lo que poseía al National Trust de Inglaterra, una entidad para la conservación del patrimonio cultural, natural y artístico, incluyendo mansiones, castillos, restos arqueológicos, naturaleza, parques. 

Un club de escritores ...

En 1930 fue invitada a formar parte del Discovery club, fundación dedicada a la novela policiaca que había sido creada el año anterior por Anthony Berkeley y Dorothy L. Sayers, que organizaron encuentros con los mejores y más destacados autores del género para lograr que este conservara la pureza del estilo. Años después, el 11 de marzo de 1932, se creó formalmente el Detection Club, que sigue existiendo en nuestros días. Para ello se elaboraron unas normas que había que seguir y que perseguían el objetivo de jugar limpio con los lectores. Tey nunca perteneció a este club ni siguió sus normas. Era una outsider en este sentido. En sus libros los temas son muy distintos. Hay desapariciones y reapariciones, aparentes suicidios, investigaciones históricas, secuestros inventados, cambios de identidad, suplantaciones de personalidad, por supuesto asesinatos, pero nada de esa teoría de las cuatro familias en un entorno reducido. Tey se mueve. 

A finales de los años 20 la fórmula iniciada por Edgar Allan Poe en las novelas policíacas contaba ya con más de ochenta años, era una fórmula para jugar limpio, con tres elementos principales: el crimen, el detective y un círculo cerrado de sospechosos. Pero esta fórmula fue degenerando y se pervirtió apareciendo elementos sobrenaturales, exóticos, sofisticados, fuera de lógica. Aquellos se pasó de rosca por el éxito que tenían estas historias y hubo una reacción contra esa mixtificación que traicionaba el género. En 1928 el escritor norteamericano S. S. Van Dine publicó en el American Magazine 20 normas que habían de seguirse y un año más tarde Ronald Knox publicó a su vez un catálogo de reglas. S. S. Van Dine (Charlottesville, Virginia, 1888 - Nueva York, 1939) es el pseudónimo utilizado por Willard Huntington Wright para escribir las novelas policíacas del detective Philo Vance, doce títulos que entre 1926 y 1939 revolucionaron la novela de misterio internacional con un enorme éxito de público. La serie, adaptada a la radio y al cine, la protagonizaba un adinerado excombatiente de la Primera Guerra Mundial, sofisticado coleccionista de arte, dandy y cínico, que con la ayuda del propio Van Dine ayudaba a resolver casos aparentemente imposibles. De la misma manera que Dashiell Hammett sentó las bases del Hard Boiled, con detectives rudos, matones, prostitutas, borrachos, y demás ralea, los autores de policíaca estaban moviendo el cotarro.  

La finalidad del Detection Club la dejó escrita Dorothy L. Sayers: "Mantener la novela policial en el más elevado nivel que su naturaleza intrínseca consienta y depurarla del funesto legado de sensacionalismo, cháchara y estilo corrompido que por desgracia la abrumó en los tiempos pasados". 


Agatha Christie, Dorothy L. Sayers y G. K. Chesterton, eran miembros destacados del Detection Club. Sin embargo, y para mi asombro, Josephine Tey siempre fue por libre, con lo difícil que es eso en el mundo literario y teniendo en cuenta que los del Detection eran la élite de la novela policíaca. Y estaban muy empeñados en preservar el género, aprobando una serie de estrictas normas, con una parafernalia muy exagerada y un compromiso férreo entre sus miembros. El primer presidente fue Chesterton, el creador del Padre Brown, un detective muy peculiar, y él mismo redactó la constitución y el reglamento del club. 28 escritores se unieron en esta iniciativa, entre ellos, además de los citados, E.C. Bentley, R. Austin Freeman, A.A. Milne y la baronesa de Orczy. En la actualidad tiene sesenta miembros y el presidente es Martin Edwards. Los miembros lo eran por invitación y tenían que tener el aval de tres miembros. El rito de admisión era algo imponente. Se celebraba en un salón con velas y allí estaban los escritores con togas negras, el presidente con una capa escarlata, algunos con antorchas, el secretario con un cojín rojo con la calavera Eric. Tenían un juramento secreto que no había forma de conocer por el común de la gente. Lo que sí sabemos es lo que debían hacer los detectives que aparecían en los libros de los miembros del club: jugar limpio con público y colegas, investigar por sus propios medios, no usar venenos absurdos, no hablar de rayos mortíferos, manejar un inglés correcto, no filtrar argumentos de los colegas y ayudarse entre sí. 


Volviendo a nuestra Josephine Tey, ella siguió su camino independiente, tanto escribiendo y publicando novelas como haciendo teatro, algunas obras con verdadero éxito. No le interesaba el Whodunit, o sea, quién lo hizo. Lo suyo era una historia diferente, en la que hay desapariciones, engaños, mentiras, asesinatos, artisteo, planteamientos diferentes en cada novela, dilemas por aclarar más que enigmas. Le interesa el contexto personal, social e incluso histórico del hecho. Así, incluso escribió una novela histórica que fue aclamada como la mejor novela de misterio de la historia. Me refiero a La hija del tiempo. En 1990 la Crime Writers Association la elige como mejor novela de misterio de todos los tiempos, situando a El caso de Betty Kane (The Franchise Affair") en el lugar número 11 de la lista. Me gustaría saber en qué lugar quedó El asesinato de Roger Ackroyd, obra maestra de Agatha Christie

La hija del tiempo es la única novela de Josephine Tey que se había publicado en España con anterioridad a las ediciones de Hoja de Lata. En concreto, en 1994 la sacó la editorial Debate, con la traducción de Flora Casas. RBA Libros la editó en 2012 con la traducción de Efrén del Valle Peñamil, que será la misma traducción que después utilizará Hoja de Lata. Y la editorial Alma ha sacado en 2024 una edición de la misma novela, traducida por Núria Salinas Villar e ilustrada por Stephanie von Reiswitz. Salvo este caso, las demás novelas han estado en la inopia hasta ahora. 


Qué nos dices de Alan Grant ...

En Scotland Yard Londres trabaja este exmilitar de 1,80 de altura, complexión fuerte y aficiones sencillas, la pesca, el golf. Vive en el número 19 de Tenby Court y lo cuida y cuida su casa la señora Tinker. Grant tiene una mente analítica y una gran facilidad para retener las caras, además de ser experto en caligrafías. Su primera pregunta es ¿a quién beneficia este crimen?. Tiene una muy buena amiga íntima, la actriz Martha Hallard, con la que mantuvo un romance que acabó en amistad. También tuvo un amor de juventud, su prima Laura Grant, que aparece en Las arenas cantarinas en un papel muy bonito. Esta es una novela póstuma, que se publicó el mismo año en que ella falleció. 


En Las arenas cantarinas aparece la faceta más humana del inspector Grant. No es la primera vez que lo vemos de baja por enfermedad y, sin embargo, esto no es óbice para que haga una investigación. Pero en la otra ocasión, La hija del tiempo, está en cama en un hospital por un problema físico. Sin embargo aquí Grant sufre de agotamiento nervioso, depresión y ataques de pánico. Eso lo humaniza completamente. Describe los síntomas, soporta las situaciones y terminamos sintiendo que Grant es un tipo adorable que hubiera merecido un final amoroso más acorde con sus cualidades. 


Esta novela es la primera que leí de la autora. Y me gustó muchísimo. Tanto que comencé a estar pendiente de que la editorial Hoja de Lata sacara sus libros. Y así fue, verano tras verano. Ningún verano estaba completo sin el nuevo libro de miss Tey. Este es muy especial. Una historia distinta a todas porque, hay que decirlo, a Josephine no le interesan los asesinatos normales, ni el quién, ni el cómo lo hizo, sino toda esa historia trasera que tienen los asuntos difíciles. Aquí no asesinan a nadie pero un hecho incomprensible da lugar a toda una serie de rumores que hacen la vida imposible a dos mujeres. Parece una mujer adelantada a su tiempo esta Tey. Porque habla de la cancelación, de que la vida de esas dos mujeres cambia de raíz a partir de una calumnia. Es verdad que las calumnias están en la base de algunas obras notables, pero aquí resulta todo tan estrambótico. Menos mal que hay un caballero andante, un abogado que pondrá las cosas en su sitio y dará lugar a un poquito de amoríos que eso siempre viene bien. 

Josephine, dramaturga ...

No solo fue novelista, también escribió obras de teatro de gran éxito y seriales para la televisión y la radio. Para ello usó el pseudónimo de Gordon Daviot. Su obra de más éxito fue Richard of Bordeaux, que estuvo en cartel 14 meses, con John Gielgud como actor principal. La segunda de sus facetas, la de dramaturga, es bastante menos conocida por razones obvias. Sin embargo, podemos averiguar algo de ella consultando su propia página web y las referencias externas que se pueden encontrar investigando un poco. "Richard of Bordeaux" fue su primera obra de teatro y, por las críticas, se sabe que encumbró a John Gielgud dentro de los actores de teatro del West End. Se presentó en 1932 en el Ars Theatre. Tanto éxito obtuvo que se trasladó al Nuevo Teatro (hoy Teatro Noël Coward), donde estuvo un año entero en 1933. Vemos que su actividad teatral es anterior a la de novelista. La obra cuenta la historia de Ricardo II de Inglaterra de manera romántica, enfatizando la relación entre Ricardo y su primera esposa, la reina Ana de Bohemia. La obra fue un gran éxito en 1933, desempeñando un papel importante en convertir a su director y protagonista John Gielgud en una estrella importante. El público encontró refrescante su representación de personajes medievales hablando como gente moderna. Daviot/Josephine escribió la obra después de ver a John Gielgud interpretar a Shakespeare como Ricardo II en el Teatro Old Vic, le presentó la obra al actor, que, al principio, tuvo reservas sobre la obra pero accedió a probarla en dos sesiones matinales. Gielgud finalmente reconoció el potencial de la obra y la dirigió con él mismo. Antes de esa producción, Gielgud era considerado un actor clásico muy respetado por sus actuaciones en el Old Vic, pero el éxito abrumador de Richard de Burdeos lo catapultó al status de superestrella.

Resumiendo ...

Era una mujer muy trabajadora, muy sencilla, quizá adusta, pero siempre fiel a sí misma. Eso me gusta. No hacen falta escritores de relumbrón de esos que están en todas partes haciendo vida social y ganando premios sospechosos. No. La gente como Tey es la que me gusta. La gente como Austen. Inclinadas sobre su manuscrito, cuidadosamente documentado, con una imaginación desbordante y también muchas horas de trabajo. Escritores de oficio, escritores de elegantes convicciones. Y con unos personajes a los que terminas queriendo como si fueran de la familia. 

Josephine Tey forma parte cronológicamente de la edad de oro de las novelas británicas de misterio, pero, en realidad, no asume los postulados del grupo mayoritario. Sin embargo, su obra está ahí, con su originalidad y su forma de elegir los temas y de mostrarlos al lector.  Josephine Tey forma parte del cuarteto de damas escritoras más importantes de la llamada edad de oro de la novela de misterio británica. Las otras tres son Agatha Christie, Dorothy Sayers y Ngaio Marsh. Sin embargo, los temas que trata Tey y su tratamiento de los mismos ofrecen una visión muy adelantada a su época y abre el camino a otras escritoras posteriores como Patricia Highsmith o Ruth Rendell. No desdeña las cuestiones candentes, como la pena de muerte y el debate que trajo consigo durante aquellos años, por ejemplo. Dorothy Sayers (Oxford, 1893-Witham, 1957) fue una eminencia académica en momentos en que las mujeres no podían titular en la universidad. Fue escritora, traductora, experta en lenguas clásicas y modernas, toda una humanista. El protagonista de sus novelas detectivescas es un noble, Lord Peter Wimsey. Por su parte, la neozelandesa Ngaio Marsh, (Merivale, 1895-Christchurch, 1982) además de escritora de treinta y dos novelas policíacas, fue pintora, actriz y productora de teatro. Su detective es Roderick Alleyn. También escribió una autobiografía "Black Beechand Honeydew". De Agatha Christie (Torquay, 1890-Wallingford, 1976), se sabe casi todo. Sus detectives, Hércules Poirot y la señorita Marple, gozan de merecida fama. Escribió un número importantísimo de novelas de misterio y otras de temas diversos. Es la gran dama del crimen. 

Nota de la creadora de contenido: 
Hay varias entradas en este blog dedicadas a Josephine Tey, Algunas de ellas se han enlazado en este post. 
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