Otra historia de Alan Grant
Si hay algo mejor que la lectura, es la relectura. Resulta muy gratificante, pasado un cierto tiempo, volver a enfrentarte con una obra que leíste y que te dejó tal o cual impresión. Puede, incluso, que no te gustara demasiado, o que no llegaras a entender, pero la fruta madura convierte al acto de releer en un placer inusitado, porque, ahora sí, ahí está todo. Eso me está sucediendo a mí con la obra de Josephine Tey. Y con este libro. Y con Alan Grant. Tan potable.
El título del libro bien puede despistarnos. Porque aquí decimos que "la pasión quita el conocimiento" y eso es lo que quiere expresar. El ambiente de la novela está situado en uno de esos lugares de moda a los que arriban artistas de toda clase y le roban la tradición local a los de allí, los enfada, los cabrea y se genera una importante división entre los de fuera y los de dentro. ¿Cómo conocía tan bien a todos esos dramaturgos, bailarines, comediógrafos, fotógrafos, escritores, nuestra escritora, la señorita Tey? Pues porque ella no solo era escritora sino que ponía en marcha obras de teatro en Londres, algunas de gran valor y proyección, con actores de categoría, y, siendo que lo conocía todo parece que no le gustaba nada. Por eso alejó su vida privada de toda esta exhibición. La fama era algo que detestaba. Y su inteligencia superior estaba en mala relación con la superficialidad absurda. La sencillez, sí. La impostura, no. Aquí, en esta novela, es Alan Grant el alter ego de la autora. Él disecciona a tope lo que sucede, tanto en relación con el caso misterioso del que se trata, como en lo que atañe a las vidas de esas extrañas personas que se creen el ombligo del mundo.
Cada vez me cae mejor Alan Grant. Pero vayamos con la sinopsis: El joven, guapo, elegante y americano Leslie Searle, fotógrafo, que llega a ese enclave de moda y va arrasando por donde pasa, hasta mover los cimientos de muchas de esas personas y terminar de liarla cuando desaparece. ¿Dónde está el joven? No sabemos si se ha ido, si se ha ahogado, si ha sido asesinado, si lo han secuestrado. No sabemos qué ha sucedido con él y se pone en marcha la máquina de la investigación, en la que podemos disfrutar de las actuaciones de Alan Grant, que tiene tanta vista y tanta elegancia para hacer las cosas. El desenlace, complejo o quizá fácil, no lo diré, para que haya lectores que acudan al libro, pero demuestra que Josephine Tey era una escritora distinta a las demás. Mucho más parecida a Daphne du Maurier que a Agatha Christie. Tan inteligente, ingeniosa como cínica y escéptica. Es lo que hay.



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