"La cena de los infieles" de Beryl Bainbridge

 


El escritor John Banville la definió como "una brillante escritora, en la estela del petit guignol de Evelyn Waugh y Muriel Spark: fría y meticulosa en su descripción aguda y tremendamente irónica de su tiempo". En esa crítica de la época que le tocó vivir y de su pérdida de valores culturales y éticos entronca claramente con D. H. Lawrence, un escritor del que ella se consideraba deudora. Las ideas de Lawrence, que vivió entre los años 1885 y 1930, sobre la sociedad industrial a la que consideraba que había roto con la relación del hombre y la naturaleza reduciéndolo a una mera máquina al servicio de un engranaje superior, así como la creencia del escritor de que la sexualidad era la herramienta máxima que humaniza a los seres humanos, hicieron mella en Beryl y así se puede notar en su obra, aunque la diferencia con Lawrence está clarísima: el sentido del humor, a veces humor negro, de ella, ausente por completo en la obra de él, mucho más trascendente y dramática. Lo que tiene un tinte filosófico en Lawrence, en Bainbridge tiene aire de comedia. Pero el trasfondo desengañado y escéptico es el mismo en ambos. 

La escritora siempre reconoció esa influencia, lo mismo que la del francés François Mauriac. Los personajes de Beryl Bainbridge son a veces desagradables, pero terriblemente humanos, sin que haya por su parte ningún intento de suavizar los rasgos del carácter o los errores cometidos. Tenía, por tanto, una mirada particular sobre la vida y sobre los hombres, además de una experiencia con demasiadas vicisitudes y bastantes hechos complicados y terribles. Es el punto de vista, por tanto, y la forma de acercarse a una realidad que no les gustaba, lo que une a ambos escritores, Lawrence y Bainbridge. 

"La cena de los infieles" es una asombrosa sátira de las buenas costumbres, en la que los personajes son, a la vez, repulsivos y amables, y a los que hay que mirar con cierta compasión porque bastante tienen con lo suyo. Junto con el resto de su producción literaria le acarreó premios y reconocimientos, a los que ella respondió con sorpresa, pues nunca pensó que se pudiera vivir de escribir libros. 

Comentarios

Seguir leyendo otras cosas...