Ser agradecidos

 


Tenía solo 33 años cuando Tamsin Greig hizo de señorita Bates en la serie "Emma" de 2009. Lo hizo tan bien que no se ve ridícula, ni estrambótica, ni estrafalaria, ni cursi, ni alocada, ni cutre, ni caricaturesca, ni aprovechada, ni malvada. Tamsin Greig interpretó el papel como si Jane Austen, la autora, le hubiera dado indicaciones: su señorita Bates es tierna, alegre, amorosa, curiosa, cotilla, entrometida, generosa, y, sobre todo, muy, muy, agradecida. Su agradecimiento no se manifiesta con servilismo, ni con peloteo, sino de forma sincera y natural. Cuando recibe un regalo para la casa, cerezas, carne, cualquier otro manjar que puede llevar a su mesa, ella reconoce la generosidad de quienes se lo entregan y lo hace sin exageraciones y, sobre todo, sin inquina. Porque la generosidad a veces convierte en rabia un regalo cualquiera. De todas las señoritas Bates de la televisión o el cine, es Tamsin Greig quien expresa mejor este carácter apacible, preocupado por todos, propenso a la felicidad y muy agradecido con la vida, a pesar de que tiene muy poco en el orden material. Pero posee algo que no es intercambiable: amigos que la reciben en sus casas, gente que le ofrece su ayuda, que le hace regalos y que la quiere. Ella ofrece siempre ese amor de vuelta y la verdad es que supone un ejemplo. Hay personas así, personas que tienen poco y que sufren dificultades pero son capaces de poner un chorro de alegría a la vida y de contagiar ese optimismo a los demás. La gente así es la sal de la vida

Hay cualidades que Jane Austen ensalza especialmente en su obra. No lo dice explícitamente pero sí aparecen en la descripción de los caracteres y las acciones de los personajes. La amabilidad es una de ellas; la generosidad, otra; el agradecimiento, también. Es muy difícil ser agradecido y serlo sin resquemor. Demasiadas veces se tiene envidia o incluso odio a la gente que nos ayuda, que nos socorre. Por eso el caso de la señorita Bates es tan relevante. Ella tiene muy pocas cosas pero tiene muchos amigos. Y es alegre, confiada, sencilla, agradecida y, por tanto, feliz. Dichosa, señorita Bates. 

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