La música de los árboles rosas
He recorrido la senda de los árboles rosas sin cansarme nunca. Los he visto todos, los he hallado y sentido. De esa manera, he logrado conquistar la paz del corazón y perdonar los empujones, las traiciones y la ira. Una vez encontré un paisaje tranquilo y diferente, una ciudad con una almohada blanca, que era capaz de acariciarte al dormir. Así, de esa manera, estuve varios días pensando en que la dicha era posible. Pese a todo, pese a la muerte, pese a la ausencia y el abandono, pese al vacío. Recorrí la ciudad, sus senderos, sus árboles rosas, sus avenidas, sus edificios oscuros, sus calles blanquecinas, sus tiendas, sus bares, sus restaurantes, sus cines y teatros, lo recorrí todo de tu mano, y no te conocía antes de eso, eras el desconocido de la historia, el hombre abstracto, el que nunca se enfadaba y el que siempre sonreía. Así fue todo, la historia que tuvimos, lo rosa, los rosales del Retiro, nosotros, un amanecer claro en rosas convertido.



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