Desde la torre de la catedral: La Regenta (1)
En el contexto político de la Restauración española escribe y publica Leopoldo Alas "Clarín" su gran aportación a la historia de la Literatura, "La Regenta". El siglo XIX es el momento de las grandes novelas europeas, incluidas algunas españolas, tanto de "Clarín" como de Galdós. "Clarín" sitúa la acción en una imaginaria Vetusta que no deja de ser con claridad la ciudad de Oviedo, en la que él vivió, fue catedrático y murió muy joven. Una ciudad de provincias, con un entorno reducido donde todos se conocen, es el marco de esta novela coral que presenta su propia geografía social y su geografía moral a la vez. "Clarín" demuestra en su obra un gran poder de observación del entorno, un fino oído para la realidad y una animadversión clara contra algunas capas sociales y comportamientos, incluyendo los clérigos. Su penetración psicológica hará que retrate fielmente a los personajes, aunque añadiendo sus gotas de sentido del humor, de modo que la sátira e incluso la parodia forman parte del libro. Domina el discurso indirecto libre, como Jane Austen, el uso del tiempo y la estructura, aunque él se quejaba de tener que escribir muy rápido por obligaciones editoriales y sin poder apenas revisar.
Después de un portentoso arranque vienen unos capítulos de detalle que detienen algo la efervescencia narrativa y que se recupera a partir del capítulos IX, otro gran momento a partir del cual todo va ya hacia arriba. El libro tuvo muy buena acogido aunque hubo quien se vengó de las críticas duras que "Clarín" les había dedicado previamente, no en vano su faceta de crítico literario era la más conocida. Como crítico no se casaba con nadie, lo que le acarreaba enemigos no cabe duda. En vida de "Clarín" la novela tuvo tres ediciones, que son la base de las que ahora se publican:
La primera edición salió en dos volúmenes entre los años 1884 y 1885, en la Biblioteca de Artes y Letras Daniel Cortezo y Cía de Barcelona. Llevaba ilustraciones de Juan Llimona y F. Gómez Soler, con una tirada amplísima para la época, diez mil ejemplares.
La segunda edición se hizo por entregas y estaba llena de erratas, por el poco cuidado que se puso en imprimirla por parte del Diario barcelonés La Publicidad, que fue el que la publicó en forma de 151 entregas durante nueve meses, desde el 15 de enero de 1894 y el 3 de octubre del mismo año.
Por último, la tercera edición estuvo a cargo de la Librería Fernando Fe de Madrid y fue en dos volúmenes, revisada y corregida por él, lo que nos da una edición muy completa y digna de tener en cuenta. Se puso a la venta en mayo de 1901, unos meses antes de que muriera el autor y llevaba un prólogo de Galdós, a quien "Clarín" admiraba enormemente y se lo había pedido. Esta tercera edición, junto con la primera, son la base fiable para editar la obra actualmente.
El comienzo de la novela es extraordinario y marcará el tono de la misma. En el campanario de la catedral de Vetusta, situado en su torre gótica, charlan y discuten dos individuos, el acólito Celedonio, lo último en cuanto a religiosos, y Bismarck. Usan un lenguaje popular, a ratos vulgar, que traduce insólitamente bien el escritor. Celedonio es ahora mismo un chaval de doce o trece años, monaguillo, un pícaro de mucha enjundia hay que decir. "Clarín" aprovecha para presentar a través de estos dos a uno de los personajes más enigmáticos y repulsivos de la novela, el magistral, el montañés don Fermín de Pas, guapo, joven y ambicioso, capaz de manipular con su palabra a cualquiera que se le acerque y al que gusta de subir a las alturas. El magistral fue un niño pobre, ahora es un arribista llegado a más y considera que Vetusta es suya, que la domina, porque la conoce muy bien. Aquí aprovecha "Clarín" para describir con detalle a la ciudad, sus barrios, sus edificios, su forma de vida en general. Qué magnificas descripciones de la parte vieja, la nueva, los ensanches, los paseos, incluso el clima, el cielo, los conventos, las iglesias, las fábricas, las familias pudientes, los obreros, las casas nobles, la prensa. Un prodigio. Así comienza "La Regenta". Sin que ella aparezca todavía hasta la página 60.



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