Cuando yo era chica, a La Gran Vía había que acudir de incógnito. Los padres no nos dejaban a las niñas. Solo los chavales tenían permiso para estar de pie en cualquier esquina y tomarse una cañita. Yo, desde luego, me escapaba, como hacía con tantas prohibiciones, pero más de una vez estuve a punto de que mi padre me pillara pasando por allí con el coche. Recuerdo la esquina redondeada de la barra y nosotros, los amigos del momento, charlando distraídamente. Eso era felicidad y no lo sabíamos. Alguien debería advertir a los jóvenes y repetirles el carpe diem. Carpe diem a todas horas. Nosotros no lo sabíamos y no aprendimos a ser felices. Sin embargo, en esos días de verano, de vacaciones, en los que dejábamos atrás los libros, el trabajo y la universidad, entonces nos sentíamos los reyes del mundo. Siempre había algún affair amoroso con un chico y muchas veces ese mismo chico no te hacía ningún caso. Sufríamos muchísimo, llorábamos por las noches, escribíamos un diario, hablábamos largas horas con las amigas y las confidencias nunca cesaban, todos los detalles eran importantes y todo había que contarlo. Ese tiempo impagable de la amistad de juventud no tiene repetición nunca más. A partir de la madurez empiezas a guardarte las cosas y ya nunca más vas a depositar en nadie tu confianza. Eres una ser solitario aunque no quieras reconocerlo. Pero a veces vuelves los ojos a los tiempos de La Gran Vía, y ves pasar de soslayo a tu padre en el coche, te escondes como puedes y no te sientes mal, porque la rebeldía es cosa de ese tiempo y tú tienes que conquistar el mundo, tienes que ganarlo entero, tienes que ser una heroína implacable.
( Aibileen Clark con la niña a la que cuida, Mae Mobley Leefolt en Criadas y señoras , 2011) Una frase puede valer tanto como un tratado. La mayoría de los que escriben darían oro por una buena frase. Las frases son como las ideas: lo más difícil de hallar, lo más fácil de plagiar y lo más duradero. Una buena frase representa un logro para el que la escribe o pronuncia. Detrás de una buena frase siempre hay una idea valiosa. Y, además, una buena frase te hace pensar en cuestiones que merecen la pena. La película Criadas y señoras ( The Help , 2011, de Tate Taylor ) incluye esta frase en boca de la criada negra de la niñita blanca: "Tú eres buena, tú eres lista, tú eres importante" . La criada negra no ha estudiado psicología pero ha criado ella sola a diecisiete niños. Todos ajenos. Todos blancos. Resulta incongruente cómo en esta película ( y supongo que también en la realidad que retrata) las mujeres blancas dejan a sus preciosos hijos blancos en manos de ...
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