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El patio


 El patio se ha levantado con un sol de siempre que hacía días se ocultaba. La sombra planea sobre la mitad del espacio, la otra mitad hace su fiel ceremonia de saludar al sol. En los huecos de la pared se han colocado, a modo de espejos, los jazmines trepadores que nunca se niegan a salir. Y las rosas vibran. Solo los cacharros que, de tanto en tanto, rodean el perímetro, se mantienen inconmovibles a una primavera que, de todas formas, aún no se hace presente. Es el juego de las luces y las sombras. Es la belleza de lo que perdura. 

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( Aibileen Clark con la niña a la que cuida, Mae Mobley Leefolt en Criadas y señoras , 2011) Una frase puede valer tanto como un tratado. La mayoría de los que escriben darían oro por una buena frase. Las frases son como las ideas: lo más difícil de hallar, lo más fácil de plagiar y lo más duradero. Una buena frase representa un logro para el que la escribe o pronuncia. Detrás de una buena frase siempre hay una idea valiosa. Y, además, una buena frase te hace pensar en cuestiones que merecen la pena.  La película Criadas y señoras ( The Help , 2011, de Tate Taylor ) incluye esta frase en boca de la criada negra de la niñita blanca: "Tú eres buena, tú eres lista, tú eres importante" . La criada negra no ha estudiado psicología pero ha criado ella sola a diecisiete niños. Todos ajenos. Todos blancos. Resulta incongruente cómo en esta película ( y supongo que también en la realidad que retrata) las mujeres blancas dejan a sus preciosos hijos blancos en manos de ...

Si hay prisa, no hay literatura

*Lucia Berlin, escritora, 1936-2004 *********** Lo contaba en una entrevista grabada el escritor recién fallecido Paul Auster. Tras ocho horas de trabajo diario, como si fuera un obrero de la literatura, se daba por satisfecho si alguna vez de forma extraordinaria conseguía tener tres páginas terminadas. Lo normal es acabar una sola página y en circunstancias buenas quizás dos. Y nos cuenta su método. Un párrafo que se escribe y se reforma una y otra vez, continuamente, se escribe, se reescribe, se corrige, se vuelve a escribir. Hasta que, nos dice, quede suave, limpio, armónico, como si de ese fragmento surgiera música, rítmo, a compás diríamos nosotros.  Ese cuidado en la escritura, esa placidez a la hora de escoger las palabras, es una de las grandes cimas de la creación y cuando se logra, cuando una es capaz de olvidarse la prisa, la inmediatez, la necesidad urgente de decir algo, cuando puedes sentir el sosiego de escribir despacio, de buscar despacio en tu mente las palabras ...

Azules lirios

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Concha Méndez: un fresno en el centro de la casa

María Zambrano escribe la presentación de este libro que tengo en las manos y que releo mientras escucho a Norah Jones (siempre la misma música). Es un texto breve que sitúa a los principales personajes de esta historia que siempre me parecieron héroes mitológicos, gente que logró empezar de nuevo cuando parecía que todo había concluido. Lo que para algunos fue el final de la guerra para otros, muchos, constituyó el inicio de una aventura vital. Y esto vale no solo para los que se fueron, sino para los que se quedaron. Las guerras son el fracaso de la civilización y de esto sabían mucho los griegos. En 1939 y en los meses anteriores cuando se observaba con preocupación el fin de la democracia en España, por imperfecta que esta fuera y por poca confianza en ella que tuvieran unos y otros, ya hubo movimientos que indicaban que una parte importante de la intelectualidad y de los artistas iban a exiliarse. La historia del exilio se está construyendo ahora y algunas biografías ...

Un desamor salado

Portadas de Christian Bérard para Vogue El verano lo revolucionaba todo. Los amores bullían. Había bailes, verbenas, reuniones en las casas de los amigos, excursiones a los pueblos cercanos y días de playa sin límite. Mi madre me hizo aquel verano cuatro vestidos. Estuve persiguiéndola varios meses hasta que los dejó terminados, colgados en mi armario, listos para ese brillo de los ojos en los quince años. Uno era malva y tenía una falda amplia, un escote amplio y unos tirantes a modo de trencitas. Había otro de rayas blancas y celestes, con un cuello halter de piqué blanco, parecía francés. Luego estaba uno de fondo blanco con unos cuadritos azules y un escote redondo. Y estaba el estampado en tonos naranja, con la manga japonesa y una tela que crujía al bailar. Mi madre y yo diseñábamos los vestidos, íbamos a por la tela y ella se sentaba a la máquina y yo la ayudaba haciendo dobladillos o sobrehilado. La única tarea que me gustaba de todas las de la casa era ir a la compra, pero ali...