Me preguntas por qué me demoro en los bosques, enredado en las huellas de las horas perdidas. No sabría decirte qué me retiene en ellos, si fuera la paciencia de los líquenes, el rubor contenido de las bayas o la revelación de aquellos días en los que fuimos hijos de la niebla, seguidores del fuego que sólo por nosotros encendían los dioses. O esa forma que tienen las hojas amarillas de recordar tus manos. O esa ocasión de verme sin ti, contigo a solas, decantando las sombras lentamente hasta obtener el néctar de la luz... Los labios de la tarde sonriendo entre un rumor de otoño estremecido. ( Poema de Carlos Aganzo)
El blog de Caty León