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"Insolación" de Emilia Pardo Bazán

  Alianza Editorial conmemora el centenario de la muerte de Emilia Pardo Bazán con esta edición ilustrada de "Insolación", que ofrece esta sensacional portada y que es una oportunidad para quienes no conozcan la obra de Doña Emilia, si es que hay lectores avanzados en esta circunstancia. El original se publicó en 1889, envuelto en una nube de escándalo incluso entre sus colegas escritores. Pero el libro está ahí como prueba de la evolución formal de la Pardo Bazán, desde el naturalismo al retrato psicológico y también de su apuesta por una visión femenina alejada de vaivenes románticos y centrada en el derecho de la mujer a vivir su propia sexualidad y a expresar sus sentimientos.  La historia tiene formato clásico: una joven viuda que ha estado casada con un marqués (el de Andrade) bastante más mayor, abandona su vida ordenada y vacía cuando conoce a un atractivo mujeriego del que se queda enamorada perdidamente. Hay otro pretendiente ( Gabriel Pardo ) que se queda con do...

Descalza por el parque

No recuerdo quién me hizo la foto, pero sí el sitio, el Parque de María Luisa de Sevilla, mañana de verano, a punto de que estallara el calor y nos obligara a volvernos a casa. Quién sería, me pregunto. No me suena ningún amante a tiempo parcial, ningún enamorado a tiempo completo. No me suenan los nombres y tengo duda pero sé que ese día era feliz. La sonrisa es de ser feliz y los ojos entornados también. Solo cuando uno es feliz puede entornar los ojos de esa forma. Recuerdo con detalle el vestido. Era una tela de esas que llaman denim, aunque negra y no azul. Llevaba delante unos pequeños bordados, como puede verse. Y la parte de abajo hacía un volante discreto. Las zapatillas apenas se ven, pero las había comprado en Madrid, en la calle del Carmen, en una zapatería a la última moda, y se ataban con cintas. Fui la primera que llevó estas zapatillas a mi pueblo, a mi ciudad, más bien, y todas las amigas y las enemigas querían llevarlas. Y llevaba un pequeño collar al cue...

Aquellas escaleras ¿las recuerdas?

  (Foto: Esteve Munné. Barcelona) Durante algunos años recorrimos el mundo. El mundo que queríamos, la circunvalación de nuestros sueños, el perímetro del amor, un camino de Santiago vestido de nostalgias. Las dos, indiferentes al miedo de los padres, a la preocupación, al susto, viajamos solas y aprendimos sin ayuda de nadie que hay un tiempo para cada cosa y que el tiempo de la aventura lleva trenzas y un vestido de rayas.  De ese modo, asaltando la noche en los trenes de largo recorrido, visitando los parques de atracciones, disfrutando de alguna transgresión cuando era necesaria, supimos bebernos la juventud sin tasa, sin método, ni medios, ni mentiras, blanca esperanza solamente, luz blanca únicamente, nosotras, las dos, sin otra túnica que el apetito cierto de vivir.  Recuerdo el mediodía con el sol en lo alto, el vestido de rayas, la sonrisa cuajada de preguntas, nosotras, en una gran ciudad, rodeada de misterios, de encuentros fortuitos, de llamadas anónimas, de q...

Desayuno con algunos diamantes

 Un calor asfixiante rodeaba la subida a Cazorla. Sudaban las hojas de los árboles, sudaba el suelo, sudábamos. En una ocasión hubo que pararse, todo palpitaba al mismo tiempo que el sol caía sin ninguna piedad sobre nosotros. Así eran las excursiones y así era el tiempo del verano que vivíamos hasta la extenuación. En el pueblo no era distinto. Las charlas del mediodía, el camino a la casa desde el bar, la siesta, el sueño y el sopor que la rodeaban, solo podían compensarse con los baños a medianoche o al amanecer en la piscina. Esa clase de verano en que un vestido naranja podía convertirse en el camino más seguro a la feria. Los chicos tenían ingenio, inventaban tretas para que pudiéramos dejar la casa a una hora intempestiva y, sobre todo, para que el árbol que estaba delante del balcón nos convirtiera en julietas sin romeos, en anhelantes hadas, todo lo que los primeros amores traen consigo. El mío era más guapo y más joven, más moreno y de ojos más oscuros, más tierno y más a...

"La historia de amor del señor Gilfil" de George Eliot

En "La historia de amor del señor Gilfil" la autora cuenta la historia de Caterina Sarti , una niña italiana que es huérfana y acoge una aristocrática familia que la cría en Inglaterra. Dos jóvenes muy distintos aparecen en la vida de la muchacha, uno de buenos sentimientos y otro que va a jugar con ella y a engañarla. Es una historia, por tanto, de desesperanza y de salvación, porque la tristeza ocasionada por uno va a ser paliada por la ayuda del otro. Una historia cotidiana, si nos fijamos, y que la autora cuenta con su particular estilo directo y realista, más allá de exageraciones y adornos, dando primacía al carácter de los personajes y a aspectos como la educación del carácter o las conveniencias sociales.  La historia de amor del señor Gilfil George Eliot Traducción de Ricardo Bestué Editorial Belvedere Primera edición: noviembre de 2023 Mary Ann Evans había nacido en las Midlands, esa zona del Reino Unido de la que habla en sus libros D. H. Lawrence, el escritor qu...

"Las dos señoras Grenville" de Dominick Dunne

Dominick Dunne (1925-2009) fue católico, de origen irlandés, cineasta y escritor. Y, además, comentarista de sociedad en Vanity Fair, publicación con la que mantuvo una larga relación salpicada de escándalos. En todo caso, Dunne conocía muy bien el modo de vida americano y sus dos polos de atracción: Nueva York y Los Ángeles.  Esa dedicación al cotilleo puede tener que ver con el gusto por los detalles que desliza en su estilo literario. Descripciones que te trasladan al lugar de los hechos, podíamos decir, de los que no solo observamos su aspecto, sino también su olor y su sabor. Miradas de interior. Pequeñas cuestiones cotidianas que pasarían desapercibidas a un observador menos atento.  Esta novela, publicada en 1985, con sesenta años cumplidos, fue su primer éxito como escritor. En ella se narra cómo Billy Grenville (William Grenville Junior) conoce a una corista, llamada Ann Arden (antes Urse Mertens) y se enamora perdidamente de ella. La madre de Billy, Alice G...

"Mi vida con Alberti" de María Asunción Mateo

  María Asunción Mateo (Valencia, 1944) era una joven profesora de Literatura cuando conoció a Rafael Alberti (El Puerto de Santa María 1902-1999). Ese primer encuentro, que no tuvo demasiada importancia dentro de la avalancha de conocimientos que el poeta hacía en España tras su vuelta del exilio, tuvo lugar en Baeza, en el transcurso de un homenaje a Antonio Machado. Las anécdotas de ese día las cuenta María Asunción en el arranque del libro, escrito en 2021, a los veintidós años de la muerte de Alberti y publicado  dos años después en el sello Berenice de la editorial Almuzara, con sede en Córdoba. El deslumbramiento de la profesora por el famoso escritor aparece plasmado ampliamente en sus páginas y también los encuentros clandestinos, los detalles pequeños de un tiempo de conocimiento entre una pareja que, por otra parte, no era una pareja "normal" en ningún sentido y ambos lo sabían. Por un lado, la personalidad de él y por otro lado la siempre inevitable referencia a l...

Clint y Edna

  Los dos nacieron el mismo año. Fue en 1930. En mayo el actor, en diciembre la escritora. Ambos, por lo tanto, han cumplido o cumplen en 2023 los 93 años. Qué cifra...Él nació en San Francisco y ella en Tuamgraney, Irlanda. No es una circunstancia nimia. Mientras él se educó en libertad y sin ataduras, ella tuvo que sortear imposiciones y un rígido sistema educativo y familiar. Creo que no se han conocido. Al menos ella no lo cita en sus Memorias, donde sí nombra a otros actores con los que ha coincidido alguna vez en fiestas londinenses. Clint y Edna, a pesar de sus paralelismos, no se han encontrado nunca. O todavía.  A finales de los cincuenta y principios de los sesenta, cuando Clint hacía un papel secundario en una serie de televisión, Edna comenzaba en el mundo de la literatura. Con esfuerzo, porque apenas tenía tiempo para ello, logró terminar y publicar su primera novela, la más autobiográfica de todas las suyas, y que iniciaba su trilogía Las chicas de campo. El mund...

Montmartre, por favor

Nadie está solo si se sienta en Montmartre y abre un libro. En cualquiera de sus cafés de color rosa puede encontrarse el motivo para descubrirse. Estoy aquí, he venido y sé que ahora esta paz me rebosa. Todas las mesas se llenan de libros y personas. Y las ventanas verdes de madera se abren por tiempo indefinido. Nadie sabe cuándo se cerrarán, nadie lo sabe. No hay fechas, ni anuncios, ni aviones que sobrevuelan, ni huelga de pilotos. El suelo está hecho a base de paciencia. Legiones romanas cruzaron las calles y colgaron de cada casa un refrán. Están todos convertidos en sentencias imposibles.  Acuérdate de aquellos días. Era septiembre. Un septiembre más crepuscular, con horas más tardías y sueños más tempranos. Ese vestido a rayas y ese sombrero gris, con el tono de la perla natural que solo se encuentra en las islas más griegas. Acuérdate de las miradas. Tersas miradas sin ocultaciones. Miradas que esbozaban sonrisas. Gente que nos miraba. Nos mirábamos. Recuérdalo. Er...

Ritos

  Los ritos son esas pulsiones emocionales que nos llevan a la nostalgia. Aún así los necesitamos. Ordenan el calendario, clarifican las secuencias de los días y las noches, establecen la prioridad de nuestros afectos y, sobre todo, abren las ventanas de la memoria. Si a principios de diciembre colocas en tu casa esa sinfonía de luces, de ramas y de todos esos pequeños habitantes de la caja de navidad, entonces estás conjurando a quienes antes que tú hicieron esa misma operación y te enseñaron a hacerla. Los ritos de la navidad son, quizá, los que más recuerdos producen. Los días previos, los dulces que tu madre hacía, las compras que a tu padre le gustaba encargar, productos que solo se veían en esas fechas señaladas y la casa convertida en otra cosa. La caja de navidad que se abre y de ahí salen cosas año tras año y esa fisonomía dura un tiempo tan largo que da tiempo a que llegue el otro año, el año nuevo. Cosas nuevas y cosas viejas, la lámpara de Aladino, la necesidad de sacud...

"Esa clase de chica" de Elizabeth Jane Howard

 Elizabeth Jane Howard es una de mis escritoras favoritas. Tiene un dominio excelso del lenguaje y una capacidad de inventiva fabulosa. Además, crea universos reconocibles en los que la familia suele ser el centro. Un concepto de familia muy atípico en el que hay muchos miembros, muchas relaciones y también problemas y frialdad. Su telón de fondo favorito es ese, el complejo mundo de la vida familiar. Por eso me gusta la forma en que incide en esas cuestiones con su bisturí que no deja títere con cabeza.  Aquí los protagonistas son una pareja bien avenida, la formada por Anne y Edmund Cornhill, que lleva una buena vida en su bonita casa, con sus ocupaciones diarias y un entendimiento razonable entre ellos. No es fácil mantener ese grado de relación después de años pero parece que ellos lo han logrado. Al menos en apariencia porque un acontecimiento desestabilizará la ecuación. La cosa es que llega a vivir con ellos una chica, esa clase de chica, Arabella, poco usual y al ...

"Anhelo de raíces" de May Sarton

  La delicadeza de May Sarton se plasma en estos libros. En "Anhelo de raíces" todo se dirige a contarnos la historia de esa casa, la casa que compró, que arregló, embelleció y vivió durante años. Quién no ha querido tener la casa de sus sueños llena de jardines, de flores en jarrones y macetas, de bancos para sentarse a leer, de sol naciente, de una cocina bellamente amarilla...La casa de tus sueños. La casa que te convertiría en una persona serena, tranquila, apegada a tus cosas pero sin la desidia de los que están ajenos a la vida. Tu casa.  De esto trata el libro de May Sarton. En la década de los cincuenta compró una casa de campo del siglo XVIII en Nelson, Nuevo Hampshire. Era su casa ideal pero no fue fácil ponerla en marcha. Esa crónica de la preparación de la casa y los primeros diez años que vivió en ella forman el libro. Allí están las labores de jardinería, los visitantes, la transformación de las paredes, la búsqueda del confort, el amueblamiento, la cocina...T...

"El tren de las 4.50" de Agatha Christie

La mansión de los Crackenthorpe tiene problemas domésticos. ¿Y quién no? diría mucha gente. Es un caserón grande y viejo en el que vive el anciano Luther Crackenthorpe con algunos de sus hijos. Otros, van y vienen, quejándose continuamente de que su padre tiene el dinero bien atado y de que, hasta que no se muera, no va a soltar las cuerdas de la bolsa.  En otro lugar de la geografía inglesa, Londres, la señora Elspeth McGillicuddy ha terminado sus compras de navidad. Cuidando mucho los gastos ha logrado adquirir un detalle para cada uno de sus sobrinos. En la estación de Paddington toma un tren en primera clase, el de las 4.50, con paradas en varios pueblos de la campiña inglesa, uno de ellos cercano a Saint Mary Mead , donde vive su amiga de toda la vida, la señorita Jane Marple .  Una circunstancia excepcional, que recuerda a los testigos oculares del asesinato que se juzga en "Doce hombres sin piedad" (esto es, ver un crimen a través de las ventanillas de u...

Eclipse de luna

  (Anochecer en la playa de Valdelagrana) Éramos tan jóvenes. Nos habíamos reencontrado después de algunos años. La adolescencia había pasado y la primera juventud nos convirtió en dos personas diferentes, pero con un punto de proximidad con lo que fuimos. Tú, un muchacho guapo y lleno de risas y ocurrencias, listo, gentil y con una predisposición única a los besos de película. Yo, una especie de hada que saltaba de pétalo en pétalo y que llevaba un vestido vaporoso y algo transparente.  Nos fuimos a la playa. Sentados en una barandilla de piedra, bordeando la orilla, pisando la arena, allí vimos pasar la noche, acerarse las estrellas y desaparecer la luna. El eclipse fue total y todo se volvió anaranjado y luego azul, luego dorado, y, más tarde, de un gris parecido a las naves espaciales. Mirábamos el cielo y nos besábamos, tantos besos como extrañeza había. Las manos en las manos, los ojos en los ojos, hasta los pies se enredaban en las sandalias y la arena aún cálida del dí...

España

  Cabos bahías desiertos mesetas cordilleras dorada geografía un atolón de dudas una pregunta en forma de ancho cauce una duda como una nube negra.  (Cuadros de Joaquín Sorolla)