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"Mi vida con Alberti" de María Asunción Mateo

 


María Asunción Mateo (Valencia, 1944) era una joven profesora de Literatura cuando conoció a Rafael Alberti (El Puerto de Santa María 1902-1999). Ese primer encuentro, que no tuvo demasiada importancia dentro de la avalancha de conocimientos que el poeta hacía en España tras su vuelta del exilio, tuvo lugar en Baeza, en el transcurso de un homenaje a Antonio Machado. Las anécdotas de ese día las cuenta María Asunción en el arranque del libro, escrito en 2021, a los veintidós años de la muerte de Alberti y publicado  dos años después en el sello Berenice de la editorial Almuzara, con sede en Córdoba. El deslumbramiento de la profesora por el famoso escritor aparece plasmado ampliamente en sus páginas y también los encuentros clandestinos, los detalles pequeños de un tiempo de conocimiento entre una pareja que, por otra parte, no era una pareja "normal" en ningún sentido y ambos lo sabían. Por un lado, la personalidad de él y por otro lado la siempre inevitable referencia a la diferencia de edad: cuarenta y un años. En esos días de 1983 él tenía ochenta años (cumpliría los ochenta y uno en diciembre, el mismo día en que cumple años Jane Austen) y ella treinta y nueve. Quizá esta circunstancia haya de tenerse en cuenta a la hora de calibrar lo que fue su relación y lo que ello significó a la hora de escribir este libro que, por otra parte, María Asunción se ha resistido a escribir a pesar de que, tal y como ella relata, Alberti le dio desde siempre carta libre para hacerlo. 

El libro tiene dos partes evidentes, que no están separadas sino que se van mezclando en la narración. La relación íntima, personal, cómplice, entre un hombre y una mujer, por un lado, y la forma en que esa mujer, según ella cuenta con detalle, es percibida por cierto entorno del poeta y, como consecuencia, es tratada por ese entorno. Se respeta absolutamente la figura ausente de María Teresa León, de quien la autora del libro solo escribe buenas y bellas palabras, aunque no todos los familiares del poeta están a este mismo nivel de tratamiento. Entiendo que los habituales reseñistas literarios no se hayan atrevido a acercarse siquiera al libro, a comentarlo o a criticarlo. Hay demasiado hierro candente en sus páginas. Aunque ¿no es cierto que los libros de memorias, y este lo es en realidad, tienen siempre fuego y resquemores?. La vida de Alberti con María Asunción que aquí aparece retratada es una historia de amor. El amor, bien lo sabemos, aparece en cualquier momento y a cualquier edad. Quizá no debería extrañarnos que una mujer inteligente, amante de la literatura, se enamorara de un señor que le dobla la edad pero que es, a su vez, inteligente, sensible y capaz de escribir el mundo en un poema. Pero, haré aquí un inciso particular, las mujeres tenemos mala suerte en esto del amor. Si eres mayor, tienes vedado enamorarte de alguien más joven y, por supuesto, nadie creería que se enamoran de ti salvo por el interés. Si eres joven la cosa tampoco funcionará porque si te enamoras de un señor muy mayor todos pensarán que vas a aprovecharte. Hay miles de ejemplos. Las mujeres lo tenemos muy mal. Y en este sentido María Asunción no fue la excepción. 

El relato de su vida en común no termina el libro, sino que, tras su muerte, la escritora narra las vicisitudes que sufrió ante lo que ella considera una campaña denigratoria por parte de algunos escritores y algunos periodistas culturales. Los enumera y cuenta las situaciones con total tranquilidad, da la sensación de que no le importan las represalias si las hubiera. Ella, creo que se dice a sí misma, tiene ya setenta y nueve años y el momento de callar ya ha pasado. La verdad o mentira de lo que cuenta habrá de ser dictaminado por quiénes tienen los datos al respecto. Los simples lectores no podemos entrar en eso, pero tenemos nuestra propia idea y nuestro propio pensamiento. Hay cosas que leemos aquí y que no nos extrañan nada, es más, las presentíamos. Y, aparte bellísimas estampas como la que enlaza para siempre al poeta con su tierra (esa nostalgia vívida de la mar de Cádiz y de su bahía), aparte las pequeñas historias que describen el amor que se tuvo la pareja, hay un poso de suciedad, de miseria, que habla más de la pobreza del alma humana, de las envidias, de los engaños, de la parte más negra de ese ambiente literario que, ya lo dijo Jane Austen, quizá sea conveniente no pisar, no conocer, no descifrar. No obstante, las mujeres lo tenemos muy mal. 

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