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"Expiación" de Elizabeth von Arnim

  Expiación. Elizabeth von Arnim Editado por Trota Libros, 2023 Traducción de Raquel G. Rojas Publicación original: 1929 El escritor británico Ian McEwan tiene publicado desde 2001 un libro con el mismo título que también fue llevado al cine. Un novelón potente y lleno de fuerza, con personajes inolvidables. La adaptación cinematográfica fue muy notable y ha pasado a la historia del vestuario el traje verde de Keira Knightley. De Elizabeth von Arnim he escrito ya en este blog.    Elizabeth von Arnim era, en realidad, Mary Annette Beauchamp y nació en Sidney (Australia) en 1866. Era pariente de la también escritora Katherine Mansfield. Tuvo una educación inglesa y se casó a los 24 años con el barón von Arnim, un tipo adusto, colérico y poco amable, de quien tomó su apellido y con quien se fue a vivir a la región de Pomerania, en Alemania. Su vida conyugal no fue nada agradable ni, en general, sus relaciones amorosas. Así que se vengó de la forma más elegante posible, a t...

Los tejados de Roma

 Tenía los manteles amarillos de una tela parecida al hilo, pero más lavable, más práctica. Siempre estaba lleno, había que reservar o, al menos, dejarle una nota al camarero de confianza para que te guardara una mesa en una esquina de la terraza que no esté muy al paso. En la Osteria da Fortunata hay pasta fresca y podías elegir sabores, colores y hasta decorado. Una jornada intensa de museos y academias en Roma siempre merece un rato de buena comida y buen postre. En el ático de Giovanni las plantas parecían revivir a pesar del calor y todos nos agolpábamos en la zona buena, la esquina del sofá de exterior, el sitio desde el que veías los tejados de la Ciudad Eterna y eras capaz de distinguir, por el olor, qué estaban cocinando los anfitriones. 

La mirada insistente de May Sarton

Así suceden las cosas: una editora de una pequeña editorial descubre a una escritora que le gusta y que no ha sido traducida al español. La editorial se embarca en una primera traducción. Y funciona. El boca a boca de las redes ayuda a esa difusión y el nombre de la autora comienza a ser conocido en la élite de lectores avanzados, sobre todo mujeres, que están atentos a las novedades y que consume literatura no comercial.  De este modo, May Sarton llega a nuestras estanterías y a nuestras vidas de lectores en las que el libro y todo lo que trae consigo es un elemento fundamental. Comenzamos a leerla y estamos pendientes a las novedades que se van publicando. Y así descubrimos algo que todo autor posee y que es el punto de arranque de cualquier obra literaria: el estilo. Dado que lo que se está publicando es todo memorialístico, podemos afirmar que su manera de mirar el mundo y de trasladarlo a la escritura tiene sus especiales características. Yo no lo llamaría autoficción, sino, ...

39 páginas

  Algunas críticas sobre el libro de Annie Ernaux "El hombre joven" se referían a que solo tiene 39 páginas. ¿Cómo es posible que una escritora como ella no haya sido capaz de escribir más de este asunto? se preguntaban esos lectores, o lectoras, no lo sé. Lo que el libro cuenta, en ese tono que fluctúa entre lo autobiográfico y lo imaginado, aunque con pinta de ser más fidedigno que el BOE, es la aventura que vivió la propia Annie con un hombre treinta años más joven que ella, cuando ya era una escritora famosa y él un estudiante enamorado de su escritura. Los escépticos pueden decir al respecto que si no hubiera sido tan famosa y tan escritora no habría tenido nada de nada con el susodicho joven, que, además, podía ser incluso guapo y atractivo, aunque ser joven era aquí el mayor plus, lo máximo. Una mujer mayor no puede aspirar, parece decirnos la historia, a que un joven se interese de algún modo por ella si no tiene algún añadido de interés, una trayectoria, un nombre, u...

La lista de lectura

 La lista de libros pendientes de leer, y reseñar en su caso, ha crecido. Ahora la primavera ya tiene sus palabras. Hay una relectura, la Nada de Carmen Laforet. Todo lo demás es de nueva lectura. Algunos son libros bastante exóticos, otros son clásicos ineludibles, hay un poco de todo, también ensayo. Se trata de componer un puzzle exquisito, lleno de resonancias. No hay poesía de momento, pero llegará. 

Las lecturas de primavera: Lispector, White y Tyler

  De modo que llevaba unos días diciendo que no tenía nada que leer, nada nuevo se entiende, y me pasé por la página web de La Puerta de Tannauser, una librería chula, chula, extremeña para más señas, y a la que compro online siempre que puedo. Y encontré estas tres monadas, que están ya en la parrilla de salida de las lecturas primaverales. A ver qué tal. 

¡Adoro Madrid!

  Adoro Madrid, como se adora a los lugares donde siempre fuiste feliz. Todas las fotos son de Alicia. 

¿Qué fue de aquel sombrero?

 /Foto Gema Guerrero/ Todos los momentos felices merecerían conservarse. La tristeza tiene más tirón, genera más literatura, es más cinematográfica. Pero la alegría lleva consigo una etiqueta que debería ser imborrable. Que a esos momentos felices la memoria no los triture, que el paso de los años no los convierta en añicos. No es solamente la buena compañía, la risa cómplice, es el olor del campo en primavera, la risa de Gemma convertida en fotógrafo, el trotecillo de Beltrán que se enreda en los pies, el olor del guiso en la cocina del chamba, las voces amigables que recorren el porche, el aire azul, azul, de un día de esperados encuentros... Todo traza una efímera alianza en ocasiones para que el recuerdo se convierta en certeza. Sí, éramos nosotras, lo vivimos, estábamos allí. Fuimos felices. 

Aventura en Saint Tropez

  Verano. Los cuatro tenemos la misma sensación de libertad desde que hemos llegado. Al mediodía y después de comer las calles del centro están vacías. La gente huye del calor y se va a las playas, pero somos insobornables en eso y las recorremos como si tuviéramos la firme voluntad de grabarlas en nuestra retina para siempre. Y lo logramos. Las ventanas aparecen cerradas, el suelo es irregular y los negocios tienen las puertas demasiado pequeñas. En algunos rincones aparece la visión del mar en la lejanía y entonces entra en nuestras vidas el azul, esa sinfonía de colores cambiantes que convierten el pueblo y su costa en un cuento de hadas.  Pero hay verde. Donde menos te lo esperas aparece un cafetín con las mesas enmanteladas y un aire perdido como si nadie quisiera recibir visitas, a pesar de que el negocio es ese. Cerca de la playa, los establecimientos están saturados de turistas, pero en el interior, todo es silencio, holgura y platos verdaderamente curiosos. Hay branda...

El milagro de los días lentos

  En la playa había toda clase de artefactos marinos. Y con algunos de ellos hacíamos una especie de artilugio para atarlo a las chanclas de goma. Sonaba al caminar y daba la impresión de que llevábamos tacones. Todas queríamos llevar tacones cuanto antes. En los días lentos del verano una de las distracciones era entrar a escondidas en los dormitorios de los padres. Aparecían oscuros, con las ventanas corridas y una sensación de frescor que llamaba la atención. En las cómodas había algunos cajones que nos interesaban y sobre ellas los cacharros de la belleza, la crema, el lápiz de labios, el cepillo del pelo, un espejo, un bote de colonia. Ese territorio prohibido había que explorarlo en los momentos más inesperados, para que las madres no nos sorprendieran y el juego no se acabara antes de tiempo. Y luego venían las confidencias, porque había madres de todas clases incluso las que tenían en la mesita de noche los versos de Gustavo Adolfo Bécquer.  (Pintura: Joaquín Sorolla)

Besos de película

  /Jean François Millet, pintura/ El cortijo se llamaba La Laguna Seca. Tenía una esplendorosa entrada con columnas y dos enormes palmeras. Un pavo real se paseaba y abría su cola ante el asombro de los visitantes. A un lado, los quesos, el requesón, la zona de lavar la ropa, el aula que el maestro rural usaba para dar las clases a los niños. De otro, el toril, los artilugios de esquilar a las ovejas, las cuadras. En medio el gigantesco patio, con baldosas de barro cocido siempre polvorientas. Y al fondo, una doble subida de escalera exterior de piedra que conducía a la zona de vivienda. A la izquierda, las dependencias del marqués. A la derecha, las del administrador. Y todavía más al fondo, como si quisiera pasar inadvertida, una habitación forrada de tela metálica en la que estaban las colmenas. Y en un recodo, el cuarto de los quesos, rodeados de cuerda y estambre para que se secaran. Todo el cortijo era un enorme mundo que funcionaba por sí mismo, rodeado de campo y vinagrillo...

¡Qué verde era mi valle! (1941, John Ford)

  Para mi madre En un intercambio de mensajes con mi amigo Ángel Vela sale a colación esta película. Entonces me expresa su admiración por la misma y yo le confío que no la he visto aunque mi madre la ponderaba como su película favorita. Suena raro esto, ya lo sé. Y el mismo Ángel Vela dice, con toda razón, que no se entiende que no la haya visto. De modo que aprovecho un rato antes de cenar, bueno, en realidad es más que un rato, y la busco en las redes. Aparece en YouTube muy aceptablemente y es importante esa calidad porque la película tiene una fotografía magnífica, donde los blancos son blancos, que es algo fundamental en el uso del blanco y negro.  Empiezo por el principio. El niño, ya un hombre mayor, recuerda a su padre y, al mismo tiempo, su vida de la infancia, su tierra, su valle. Estamos en Gales, en las zonas mineras que tan poco gustaban a D. H. Lawrence, hijo de minero y de maestra, que abominaba de esa oscuridad de las minas. Los mineros de Ford están orgulloso...

George's

  El padre de Jane Austen se llamaba George. Ella le hizo honor poniéndole su nombre a uno de sus mejores personajes masculinos: George Knightley, de Emma. En su juventud creó a Darcy y con él conquistó a todas las chicas en edad de casarse, pero, llegada a una edad madura, sus hombres adquieren más empaque y más experiencia. Ahí están Knightley y Frederick Wentworth. A Jane Austen le gustaría este George Clooney de ahora, más elegante, más curtido por la vida y con menos tonterías. Desde que hizo ese papel tan carismático de editor de un programa de radio muy rompedor en "Buenas noches y buena suerte" la visión que tenemos de George Clooney ha cambiado. Es un tipo que no va de guapo, que no va de listo, que no va de guay. Es un hombre inteligente y que sabe mirar. 

The Idea of You: cuarenta y veinticuatro

Lo clásico y lo que no llama la atención es que haya un romance entre un hombre mayor y una chica muy joven. El hombre mayor puede tener hasta noventa años, no hay límites. Pero es menos frecuente en la vida y en el cine que la cosa sea exactamente al revés. Mujer mayor y hombre muy joven. Aunque ni siquiera pueda hablarse de una mujer mayor sino de una diferencia de edad sustanciosa, esto no se asimila todavía, no se comprende y se critica. Hay un curioso feminismo mediante el cual las mujeres están obligadas a ser siempre jóvenes o a parecerlos y para ello cuentan con el concurso inmediato de las cirugías, los bótox y demás adminículos que te convierten en un remedo de tu nieta. Cuando la mujer es mayor que el hombre siempre parece estar en la cuerda floja, siempre se puede uno imaginar que todo saltará por los aires e, incluso, que es algo ridículo y sin sentido. Pensar así dice poco de la capacidad de los hombres de entregarse por amor y que este sea verdadero y no sujeto meramente...

En Grecia el mar cambia de color

  Céline (Julie Delpy) y Jesse (Ethan Hawke) hablan de sus cosas. Y el fondo es agua y piedra, los dos elementos que definen las islas griegas, que hablan de Grecia a los que buscan en las guías de viaje una forma nueva de encontrarse. Cuando estudiábamos el mundo clásico todavía no sabíamos que habría veranos al calor de ese mundo que parece no haberse hundido nunca. Son las ruinas más fotogénicas del universo y el lugar en el que una puede resarcirse de los sonidos molestos de la civilización, aunque aquello es lo más civilizado del mundo. Grecia es el pasado y el futuro, mucho menos el presente, porque el presente pasa rápido si te sientas en cualquier pequeño restaurante, que una familia al completo lleva con total devoción.  Monemvasía se cuelga del mar y de la piedra, sus calles son piedra y suena a piedra siempre. Arachova presume de frescos bizantinos y lo hace con razón, porque Bizancio es una piedra (siempre la piedra) angular de los restos artísticos que ...