Las flores amanecen contigo. Te levantas de la cama y las observas. Ellas han madrugado más que tú. Suspiras. Respiras. Las observas. Tienen un aire de seguridad en sí mismas que te deja extrañada. Te agachas y coges del suelo las hojitas que se han caído. Sopla un viento sencillo y respetuoso que las deja tranquilas durante mucho rato. El viento es aquí un vecino a veces amable y otras veces terrible. Cuando irrumpen en medio del calor, lo agradeces, le susurras unas gracias imperceptibles. Pero el viento caliente te pone nerviosa, te obliga a concentrarte en una música relajante o te lleva hasta los bordes de la piscina, donde el sonido del agua y su frescor actúan de bálsamo. Agua, sol, viento, aire, cuerpos, palabras, recuerdos, tus abrazos. Miras las flores con toda tu atención. Sus colores parecen haberse elegido para combinar un cuadro impresionista. Tú y el impresionismo tenéis una asignatura pendiente. Las vanguardias y el arte contemporáneo te deslumbran. Muchas ve...
Desde 2009, leyendo y escribiendo El blog de Caty León