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Grises tirando a rosa

  (Paul Cornoyer. Washington Square)  El día amanece gris pero sin convicción. Estamos esperando la lluvia y consultamos con ansia de comprobación el tiempo en el teléfono. Esa maravilla de internet, quién la hubiera tenido de muy joven. Las cosas que podríamos haber hecho, los chicos con los que hubiéramos ligado, los amores que se hubieran cruzado con la vida...Cuando el día avanza, observo que ese gris es engañoso, que no respeta las expectativas y que no tiene intención de convertirse en lluvia. Si no llueve, ese gris se habrá desperdiciado porque un día sin sol solo tiene razón de ser si llueve, si el agua mansa cae sobre la plaza y la convierte en tibio y palpitante espacio donde los niños con botas de agua dan saltos como hicimos nosotros en la calle de la infancia, charcos que dejaban huella en todo, madres que reñían, padres que sonreían, al fin y al cabo no era una trastada demasiado importante.  La música está diciendo su reiterada frase, que escucho cada vez q...

Esa verdad

  Durante casi dos años estuvo viviendo en un vaivén que no sabía descifrar. Toda su vida giraba en torno al misterio. Y el misterio se organizaba en una sola frase: “¿Qué soy para él?” Esa frase era un tormento. Aparecía y desaparecía sin poderlo evitar. Una y otra vez. Como las olas que vuelven a la orilla, la arrasan y desaparecen. En ocasiones, la apariencia la llevaba al conformismo, incluso a una gota de felicidad bastante incierta. Pero la mayoría de los momentos eran turbios. Como si en una botella de cristal el agua se mezclara con una gota, solo una gota, de cemento, y convirtiera esa masa en algo viscoso y gris, sin limpieza, oscuro.   La única verdad interior estaba en su sentimiento. Ella lo amaba. Era un amor sin condiciones. Sabía que él no merecía ser amado. Sabía que era egoísta, de proceder engañoso y que su egocentrismo superaba cualquier cálculo. Pero daba en pensar que la culpa no era suya, que todo se debía a una crianza imperfecta, a una niñez triste co...

"El hijo" de Gina Berriault

  Vivian Carpentier es la protagonista de este libro. Aunque escrito en tercera persona lo que vamos a ver es su punto de vista, lo que vamos a oír son sus palabras. Sus padres, sus maridos, sus amantes, su hijo, todos están escondidos detrás de Vivian y, en realidad, no vamos a conocer exactamente qué piensan de ella y de su vida. La narración de Vivian comienza con su graduación y termina con la evidencia de la soledad. Recorre un largo camino para llegar de uno a otro lado y en ese camino están las figuras centrales y también las secundarias. Sobre todo está ella, una mujer plenamente insatisfecha, una mujer que nunca está contenta ni con ella misma ni con los demás, con si tuviera una deuda por saldar. Su temprano matrimonio no augura nada bueno y el nacimiento de su hijo abre tantas posibilidades de felicidad como de desdicha. Pocas veces se plasma en la literatura la ambivalencia de sentimientos que tiene la maternidad, sobre todo en una madre muy joven para la que el resto d...

El libro de la almohada de la dama Sei Shônagon

   Sei Shônagon fue dama de compañía de la emperatriz del Japón Sadako , allá por el año 1000. No se sabe cuál fue su nombre real, porque Sei Shônagon significa "Consejera menor Sei" . Pertenecía a la noble familia Kiyowara y su padre fue poeta y gobernador de una provincia. En un ambiente cultural refinado ella desarrolló su inteligencia y llegó a ser una mujer muy culta, admirada por ello. En estos años en Japón se vive la era Heian , que ocupa desde 794 hasta 1192. La sede imperial era la preciosa ciudad de Kioto , entonces llamada Heiankyo , que mantuvo esta condición hasta 1867.   El libro de la almohada o Makura no Sôshi,  no   es solamente  un texto que relata con detalle minucioso y esa elegancia propia de los orientales, todo lo que acontece en la vida de la corte, incluyendo aspectos relativos a la naturaleza, las comidas, las costumbres... Es más que eso, primero por la espontaneidad y verdad con la que está escrito, ya que su a...

"Mujeres en la cama" de Gina Berriault

  Como otras veces, he llegado a Gina Berriault por casualidad. Y el primer libro que he leído de ella es este "Mujeres en la cama", que es un volumen de cuentos. Ella escribió también novelas pero es, sobre todo, una cuentista excepcional. En estos días la editorial Muñeca Infinita saca a la luz una de esas novelas "El hijo", que espero leer en breve. Porque cuando conoces a un escritor que te atrae, comienza ese proceso de indagación que te lleva a intentar leer todo lo suyo. "Mujeres en la cama" está editado por Jus, una editorial de Ciudad de México y tiene la traducción de Olivia de Miguel Crespo. Es de 2018. Los cuentos que se recogen en el volumen son cortos, inquietantes, llenos de personajes curiosos y con tramas extrañas. Pueden parecer incluso exóticos, en el sentido de fuera de la realidad, pero no es así. Son tremendamente reales y ofrecen espejos en el que mirarse de una manera continua. Es la forma de escribir de Gina Berriault lo que nos in...

El sitio en que te encontré

  El sitio en que te encontré ganas me dan de volverme sentarme un ratito en él.  Y mejor si es un bar de luces violeta, con incómodas sillas de plástico, bancos de madera adosados a las paredes y letreros impactantes. Un bar de confianza, en el que la gente desayuna, almuerzo, merienda y cena. En el desayuno había tostadas con aceite de oliva y unos tarritos de cristal conteniendo tomate triturado, además del café, fuerte, fuerte, y la leche, caliente, caliente. En el almuerzo unos platos combinados que llevaban un poco de todo: el filete, el huevo frito, las patatas de bolsa, las hojas de lechuga y un postre de plástico en bote de plástico. Las tortitas eran cosa de meriendas, con su nata y su caramelo líquido. Y la cena, el momento más glorioso, tenía salchichas alemanas y chucrut. Pero, en realidad, lo más que tenía aquel sitio era conversación. Alguien se había percatado de que la música bajita invitaba a hablar y todo el mundo hablaba sin molestar en todas y cada una de ...

Una historia de sal

(Sal: campos, trazados y extractos. David Burdeny) Mi Rosebud, mi paraíso inalcanzable, existe. Es una salina, un espacio húmedo y cuajado de caminos de tierra y de agua salada, junto a la que se halla un fuerte casi destruido, recuerdo de la época de Napoleón que, en los lugares de mi infancia, dejó una huella muy profunda. Es el uno de enero de cualquier año y hace frío, aunque el sol está brillando en las primeras horas de la tarde. Allí estamos todos los hermanos con mi padre, porque ese es el único día del año en el que mi padre no trabajaba; el resto, todos los días, festivos, lluviosos, azotados por el calor, por la mañana, la tarde y la noche, mi padre trabajaba para que todos nosotros, sus nueve hijos, tuviéramos casa, comida, ropa, colegios y libros. En la salina el aire es muy denso y huele a verdín, a mar azulado y trepidante, a merienda recién preparada. Mi padre es delgado y de mediana estatura, con un fino bigote muy cuidado, lleva una camisa blanca de manga larga (él nu...

Tuvimos un jardín

  Quisimos tener un jardín que nos recordara al mar de olivos que dejaste atrás. Un océano pleno y ruboroso, con sonidos distintos y con veredas inciertas.   La naturaleza te juega estas malas pasadas. Consigue que se convierta en tu segunda piel, en el refugio secreto, en el lugar al que vuelves sin remedio. Por eso quisimos tener un jardín que a ti te trajera el sonido de los olivos y a mí el aire del mar. Una doble intención, un truco de prestidigitador, una lucha.  De modo que colocamos la tierra en las macetas, construimos los arriates, plantamos las semillas, levantamos las cañas, amarramos con cuerda las ramas más díscolas, pusimos el abono, elegimos las especies, regamos el resultado y esperamos. Y, en torno a ello, la cerámica de colores, los azulejos pintados a mano como si un alfarero de Triana se hubiera pasado por allí a echar un ratito. Todo el azul de mi océano, todo el verde de tu campo de olivos. Azul-verde-mar sin mácula.  Durante algún tiempo ...

Dos niñas

  La calle hace al final un gracioso recoveco y allí está la plaza. Una plaza rectangular, pequeña y muy garbosa. En uno de sus lados, la iglesia, con una portada sencilla y una hornacina con la imagen de la Divina Pastora. Las ovejas rodean a la Virgen y se escapan de su lado, quieren marcharse cuanto antes de allí y volver al campo. Enfrente de la iglesia hay una casa de comidas donde los marineros que desembarcan por algún tiempo tienen un refugio seguro, algo que les recordará a sus madres: comida casera, bien servida y barata. Y en el centro de todo una especie de parque de albero dorado para que los niños jueguen. Allí están ellas ahora, las dos niñas, saltando a la goma y moviendo de sitio las piedras para señalar el tocadé. Ninguna de ellas sabe que esos días de juegos compartidos serán, en el futuro, un asidero para la soledad, un fondo de armario para el abandono y las dudas. Ellas, ahora, bajo el sol del levante en calma, solo entienden de saltos y de risas, de quejas y...

La hierba es más verde

  Lo que convierte a una película en clásica es que la puedes ver en cualquier momento sin  que haya dejado de tener su chispa, su asunto, su aquel y su intención. Esto es lo que pasa con "Página en blanco", de título original traducido "La hierba es más verde", que me parece más bonito y adecuado. Stanley Donen la dirigió en 1960 y creó un artificio elegante y sutil que siempre, siempre, parece hecho antes de ayer.  El conde Víctor Rhyall (Cary Grant) y su esposa, Lady Hillary Rhyall (Deborah Kerr), viven en su mansión inglesa, llena de historia y antigüedades pero faltos de dinero. De modo que ella cultiva champiñones para venderlos y tienen la casa abierta para las visitas de rigor por media corona. En una de esas visitas un americano millonario y petrolero, Charles Delacro (Robert Mitchum) se cuela por la zona privada y allí encuentra a Hillary, de la que se enamora al instante. También ella siente algo irresistible por aquel hombre y se busca las mañas para pas...

La historia de Fay Langdon

  Fay es la hija única y querida de un matrimonio sencillo. En su juventud fue muy famosa porque cantaba en la radio las canciones románticas y tristes de la época. Esas canciones le recuerdan su infancia y su vida pasada y por eso, quizá, al crecer nunca ha querido volver a oírlas. Su boda con Owen Langton fue una verdadera suerte porque él era atractivo, atento y trabajador. Demasiado trabajador, según Fay, porque pasaba mucho tiempo fuera de casa y porque no parecía tener la suficiente alma como para entenderla. Las mujeres, piensa ella, son siempre complicadas de entender para los hombres de mente sencilla y crearles problemas no sirve de nada, te considerarían entonces un verdadero estorbo. La casa en la que Owen y Fay viven es horrorosa, porque la decoró Hermione, la primera mujer de Owen, que tenía mal estilo y mal gusto. Esos extremos en los colores y esos detalles horribles en la decoración perdurarán en la casa durante todo el matrimonio, que se romperá cuando él muera en...

La emoción desnuda

  (Pintura: Frank Weston-Benson) Si Jane Austen no hubiera muerto a la temprana edad de 41 años ¿qué hubiera ocurrido con su vida? ¿qué con su literatura?. Resulta un ejercicio especulativo, casi de ciencia-ficción, pero es atractivo pensarlo. Sobre todo para las personas como yo, que tenemos una relación de fraternidad creativa con ella. Habida cuenta de lo que consiguió con sus cinco grandes novelas...¿qué logros podría haber añadido en su madurez? Aunque hay autores cuyos mejores libros se escriben al principio de su carrera, lo más seguro, en su caso, si tenemos en cuenta la evolución que experimentó, es que grandes frutos literarios, novelas espléndidas, se hayan perdido por su muerte prematura.  Quizá sus logros no han sido suficientemente ponderados. Detrás de una trivialidad aparente, que no es sino una estrategia narrativa intencionada, emergen sus profundidades. La fantasía, la imaginación, la intuición, la inteligencia, la sospecha, el misterio, el enmascaramiento,...

Con otra mirada

  Sevilla es una postal. A veces aparece en alguna película, con su río, sus puentes, sus hermosas orillas, su música, su cosa "especial". Es una postal romántica, barroca, romana y renacentista. Una visión cuajada y llena de matices. Algo inexplicable. Imagen reluciente de calles y callejas, de artistas y de espacios, de edificios, de verde y de azul ultramarinos, de barrios. Todo eso es Sevilla y esa es la Sevilla que se siente tan amada, tan acorde con lo que uno desea contemplar y vivir. Pero hay otras Sevillas.  Una vez me robaron el coche. Era época de feria y yo vivía en Los Remedios. Mi pareja de entonces tuvo la ocurrencia de que nos diéramos una vuelta por algunas zonas de la ciudad a las que nunca íbamos pero que podían tener "algo que ver" con el coche robado. El coche nunca apareció, por otra parte, pero de esos paseos clandestinos y nocturnos, con las ventanillas subidas, saqué algunas enseñanzas. A él no parecía afectarle nada de lo que veía y creo qu...

La mujer con pantalones

  Gertrude Valderbilt Whitney posa en 1916 para Robert Henri con el descontento de su marido,  el banquero e inversor Harry Payne Whitney, que se negó a que el cuadro de su mujer en pantalones luciera en el salón de su casa.  Henri quiso retratar así a la mujer moderna en una pose eminentemente clásica. El cuadro está ahora en el Museo Whitney de Arte Americano. Es verdad que Gertrude no era una mujer al uso, sino una verdadera artista, que conoció bien la bohemia de París, estudió junto a Augusto Rodin y tenía las ideas muy claras.  El cuadro es ciertamente extraño. Mucho más en un pintor como Henri, uno de los fundadores de la escuela de Ashcan, que pretendía retratar a las clases populares de su época en la ciudad de Nueva York a modo de retratos realistas. Había nacido en 1865 en Cincinnati, Ohio, perteneciente a una curiosa familia de emprendedores propensos a los líos y que tuvieron peripecias para dar y tomar. La vida de Henri y los suyos bien daría para una s...

Fue la gloria

(Granada. Plaza de los Aljibes. Universo Lorca)  Seas de la ideología flamenca que seas (y hay varias) no puedes obviar una realidad incontestable en la que pocas veces se incide, aun siendo totalmente cierta: el balance más positivo, espectacular y verdadero del Concurso de Cante Jondo de Granada que se celebró en 1922, fue el nacimiento a la luz de los públicos de una figura que llenaría horas de flamenco a partir de entonces: Manolo Caracol. En aquel tiempo su edad lo convirtió en el Niño Caracol, pero no fue uno de esos “niños” efímeros ni tampoco de esos fandangueros similares que pueblan el devenir de este arte, sino una personalidad colosal, nada menos que el eje de una escuela de cante que perdura con total vigencia en nuestros días a través de otro genio que le dio al caracolismo “una vueltecita”: Camarón de la Isla. Dos heterodoxos.  En junio de 1922, fecha de la celebración del concurso, Caracol estaba a punto de cumplir los trece años, pues nació el 7 de julio de...