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Jane Austen habla de John Murray II

«Ha llegado carta del señor Murray; obviamente es un granuja, pero un granuja cortés. Ofrece cuatrocientas cincuenta libras, pero quiere que se incluyan los derechos de MP y S&S. Todavía terminaré publicándolo yo por mi cuenta.  JA mantenía negociaciones con Murray para la publicación de Emma, que  tendría lugar en diciembre de aquel año (con fecha de 1816). El mismo editor  publicará también la segunda edición de Mansfield Park y dos novelas  póstumas: Northanger Abbey y Persuasion». (Cartas de Jane Austen. Martes 17, miércoles 18 de octubre de 1815. Carta de Jane Austen desde Londres a su hermana Cassandra en Chawton) El tira y afloja que Jane Austen solía mantener con los editores se aprecia en este fragmento de la carta que escribió a su hermana Cassandra. Ella estaba en Londres negociando directamente con el editor John Murray II, que sería, al final, quien le publicaría cuatro de sus novelas: la reedición de Mansfield Park, la edición de Emma...

"Una mirada atrás. Autobiografía" de Edith Wharton

La autobiografía de Edith Wharton se llama "Una mirada atrás" y la publicó al final de su vida en 1934, tres años antes de morir. Las primeras páginas son muy interesantes porque hablan de la vejez, la decrepitud y la pena, ese elemento que distorsiona los últimos años de las personas y no las deja apreciar lo que tienen o lo que han vivido. Para ella hay dos recetas que mejoran la vida: la insaciable curiosidad intelectual y el olvido de las ofensas. La rutina y el capricho son cosa negativa, aburren o estropean. El hábito es una forma de cansancio. Este curioso cóctel está en la base de su forma de pensar. La observación, la reflexión y la escritura fueron, sin duda, los pilares de su evolución personal y de sus momentos felices.  Edith Wharton nació el 24 de enero de 1862 en Nueva York, en el seno de una de esas familias antiguas que ella retrata tan acertadamente en "La edad de la inocencia". Nueva York era entonces un lugar efervescente, donde los límites entr...

Asombro y soledad

  /Richard Burlet/ Aprendí sola el arte de la observación. Tenía un extenso muestrario delante de mí: mi calle era un paraíso de personalidades, tipos y caracteres. Me acostumbré a mirarlo todo y a enterarme de todo, aunque había temas vedados a los niños. En realidad, no creo que a los niños les interesara nada de lo que allí sucedía, ni a la mayoría de las niñas. Pero yo era una niña distinta, una niña rara, porque escribía y escribir significa observar. Desarrollé de este modo el arte de la observación y lo practiqué a conciencia de tal modo que aún hoy, pasados los años, sigo teniendo una absoluta claridad sobre aquella gente, sobre sus acciones y su forma de ser, sus relaciones, sus amistades, sus encuentros, sus problemas. Era un laboratorio y en mi cabeza sigue siéndolo. Aunque soy consciente de que yo también formaba parte del muestrario. También era observada por los demás.  /Raphael del Orme/ Mi principal interés estaba en las mujeres y los hombres. Los niños no me i...

Vidor, Cukor y Redford

 /Jennifer Jones en Duelo al sol de King Vidor , 1946/ La magia del cine y el milagro de Internet aparecen en los vídeos de YouTube que recogen las entregas de los Oscar a través de los años. A veces veo tal o cual edición de los premios y veo maravillas, como esa de 1981 en la que George Cukor y King Vidor entregan el Oscar a la mejor dirección a Robert Redford por su película " Gente corriente ". Irrepetible. Creo que el entonces joven Redford vería con admiración a esos dos señores mayores, elegantemente vestidos, que hacían bromas con la estatuilla.  /Robert Redford y Meryl Streep en Memorias de África, 1985/ King Vidor había nacido en Texas en 1894, en una familia de ricos madereros de origen húngaro. Tuvo un gran éxito en el cine mudo y vivió la transición al sonoro, consiguiendo una serie de películas míticas que forman parte de la historia del cine, como Stella Dallas , de 1937; Duelo al sol, de 1946; El manantial , de 1949, con Gary Cooper; Guerra y paz de 1...

"Final de partida. Diario a los setenta y nueve" de May Sarton

  La literatura diarística tiene en May Sarton a una de sus principales representantes. Se trata de un experimento sencillo que tiene más que ver con la mirada que con las palabras. Aunque las palabras están cuidadosamente escogidas. En este blog se recogen otros libros de May Sarton que inciden en la misma temática: ella misma, su vida, su entorno, la naturaleza, la casa, el jardín, sus amores, sus miedos, sus vivencias. El minucioso detalle acompaña la narración y logra que se lea con el cuidado y el mimo con el que la autora lo escribe. Es un milagro de la comunicación entre lector y escritor que no siempre se consigue. Aunque May Sarton y su historia no tengan nada que ver contigo siempre puedes extraer ideas, virtudes, valores, secretos, pasadizos extraños de la mente, que te hacen comprenderla. Es una literatura para leer pausadamente, sentada en algún lugar cómodo, sin estridencias ni ruidos, sin interrupciones, sin prisa, el colmo de la belleza diríamos, el colmo de la pa...

Letras, palabras, historias

  Yo no sabría decir desde cuando los libros llegaron a mi vida. Pero desde que tengo memoria siempre han estado ahí. En la librería blanca que me compró mi madre para poner los libros que yo iba coleccionando, aunque al final terminó siendo de todos y, más tarde aún, de ella misma y sus novelas de misterio y sus thrillers de juicios. A veces hace frío. A veces la vida está escondida detrás de algún dolor y entonces hay que volver la mirada a algún sitio cálido y los libros, no se puede negar, son cálidos, amables, tienen siempre un momento para ti, un sitio donde encontrarse contigo. Apenas puedo creer ahora en la gente, hace demasiado tiempo que soy una total descreída, pero los libros son otra cosa, son otra forma de cercarte, de estar a tu alrededor. Heredé de mi padre la facilidad para preocuparme por todo y por todos. Todo eso te impide estar feliz, estar sereno, estar en paz. Preocupación tras preocupación, reales o presentidas, la anticipación del problema, la conciencia de...

Amable transparencia

 /Fotografías de Uta Barth/ Entra un rayo de sol. Cruza la calle. Se sube al árbol más cercano y trepa. Se detiene en un banco. Un niño se levanta, se marcha, se lleva la pelota, se despide de otro, se aleja, su madre está esperando en una esquina. El sol no ha pedido permiso. El sol se mueve sin que nadie lo pare. No hay sonido, no hay voces, no hay ecos, no hay montañas. Todo es tranquilidad, todo es silencio, todo es bruma, todo es el sol naciente. Un leve impresionismo atraviesa la plaza, la convierte en plató, puro teatro, gestos de actor de Shakespeare, diálogos y monólogos, expresiones, la palabra, muchas palabras, todas caen en el borde de una papelera azul, colocada en la orilla de la plaza, vacía, sin el recuerdo de los niños y sus bolsas de papel pintadas de dinosaurios. Hay cuatro naranjos que desgranan azahar. Han perdido las naranjas amargas. Los operarios llegaron una mañana y las sacudieron con sus enormes ganchos y las naranjas volaron por el suelo, recubriero...

El sosiego

En silencio. Sin que nadie interrumpa. Sin ruido, sin sonidos extraños, sin visitas, sin invitaciones, sin rémoras, sin luchas. La paz. El sosiego. Pensar sin que se nuble el pensamiento. Sentir sin que el sentimiento se vea invadido. Junto al árbol, en el bosque, en el campo, junto al verde, junto al amarillo de las hojas, junto al rosa de los resplandores. En paz. 

Un café en Turín

No hay que negarse a la aventura. Esa vez estabas muy cansada. Habías recorrido la ciudad entera y necesitabas sentarte, quitarte las zapatillas, tirarlas a la basura y dejar los pies descalzos todo el tiempo posible, todo el tiempo necesario para sentir el frío de las baldosas, para notar la sensación de alivio en los pies tan cansados. No hubo necesidad. Aquel chico, más o menos tu edad, llegó con aire suficiente porque era amigo del dueño del café y vivía dos casas más arriba. Te invitó a subir a su casa y a descansar allí. Te fiaste completamente de su palabra ¿y por qué no? Tanto tiempo recorriendo el mundo te enseña a decidir en quien confiar y pocas veces te equivocas. El chico se llamaba Carlo y era músico. En su casa, un piso grande en el que todo era una única habitación excepto el baño, había una guitarra, un violín y un piano de cola. Era músico por vocación y su familia entera estaba llena de músicos. Te contó su historia mientras tú te sentabas en el sofá y ponías los...

La música de los árboles rosas

  He recorrido la senda de los árboles rosas sin cansarme nunca. Los he visto todos, los he hallado y sentido. De esa manera, he logrado conquistar la paz del corazón y perdonar los empujones, las traiciones y la ira. Una vez encontré un paisaje tranquilo y diferente, una ciudad con una almohada blanca, que era capaz de acariciarte al dormir. Así, de esa manera, estuve varios días pensando en que la dicha era posible. Pese a todo, pese a la muerte, pese a la ausencia y el abandono, pese al vacío. Recorrí la ciudad, sus senderos, sus árboles rosas, sus avenidas, sus edificios oscuros, sus calles blanquecinas, sus tiendas, sus bares, sus restaurantes, sus cines y teatros, lo recorrí todo de tu mano, y no te conocía antes de eso, eras el desconocido de la historia, el hombre abstracto, el que nunca se enfadaba y el que siempre sonreía. Así fue todo, la historia que tuvimos, lo rosa, los rosales del Retiro, nosotros, un amanecer claro en rosas convertido. 

Tinta azul

 La tinta azul es el instrumento para dejar escrito que desde que te fuiste, desde tu muerte, ya nada es lo mismo. Todo ha cambiado en la vida. Ha cambiado mi vida y la de nuestra pequeña familia. Nos faltas y no somos capaces de seguir adelante con la fuerza que tú desearías que tuviéramos. Todo eso fue una injusticia, no lo merecías, eras tan joven y tenías tanto que hacer todavía. Entonces me quedé atónita, sin lágrimas y sin nada entre las manos. Asustada y cansada. Y estos años que han pasado no han servido para olvidar, sino para recordar aún más y para conocer la evidencia de que no volveremos nunca a vivir la vida que teníamos, una familia feliz. Nadie me interesa, nada me importa, no quiero saber nada de la gente, no me importa lo que hacéis ni de lo que os reís, no me interesa ganar ni perder. Tengo una obligación que cumplir y a ello me aplico y lo hago en tu nombre, pero todo lo demás es vacío, silencio, oscuridad, nada. La literatura me ha decepcionado tanto. No basta ...

"La cena de los infieles" de Beryl Bainbridge

  El escritor John Banville la definió como "una brillante escritora, en la estela del petit guignol de Evelyn Waugh y Muriel Spark: fría y meticulosa en su descripción aguda y tremendamente irónica de su tiempo". En esa crítica de la época que le tocó vivir y de su pérdida de valores culturales y éticos entronca claramente con D. H. Lawrence, un escritor del que ella se consideraba deudora. Las ideas de Lawrence, que vivió entre los años 1885 y 1930, sobre la sociedad industrial a la que consideraba que había roto con la relación del hombre y la naturaleza reduciéndolo a una mera máquina al servicio de un engranaje superior, así como la creencia del escritor de que la sexualidad era la herramienta máxima que humaniza a los seres humanos, hicieron mella en Beryl y así se puede notar en su obra, aunque la diferencia con Lawrence está clarísima: el sentido del humor, a veces humor negro, de ella, ausente por completo en la obra de él, mucho más trascendente y dramática. Lo que ...

Desde la torre de la catedral: La Regenta (1)

  En el contexto político de la Restauración española escribe y publica Leopoldo Alas "Clarín" su gran aportación a la historia de la Literatura, "La Regenta". El siglo XIX es el momento de las grandes novelas europeas, incluidas algunas españolas, tanto de "Clarín" como de Galdós. "Clarín" sitúa la acción en una imaginaria Vetusta que no deja de ser con claridad la ciudad de Oviedo, en la que él vivió, fue catedrático y murió muy joven. Una ciudad de provincias, con un entorno reducido donde todos se conocen, es el marco de esta novela coral que presenta su propia geografía social y su geografía moral a la vez. "Clarín" demuestra en su obra un gran poder de observación del entorno, un fino oído para la realidad y una animadversión clara contra algunas capas sociales y comportamientos, incluyendo los clérigos. Su penetración psicológica hará que retrate fielmente a los personajes, aunque añadiendo sus gotas de sentido del humor, de modo...

Un broche de flores y un collar de perlas

 El trasiego de las redes contrasta con la delicadeza de las fotos que hizo Nina Leen. El mundo femenino que ella retrata tiene un aire callado que no concuerda con el ruido. El sosiego es el paradigma más exacto. Como esta mujer que aparece en la revista Life y que se inclina con suavidad sobre la nota que está escribiendo, una carta, un recado, una disculpa, una declaración de amor, quién sabe. Precisamente ahí está su secreto, en no saber qué está escribiendo y a quién va dirigido. Quizá a ella misma, muchas veces nos escribimos a nosotros mismos, a lo mejor siempre, aunque haya otras personas que terminen leyéndonos. Qué despacio parece pasar el tiempo para esta mujer que se inclina levemente para escribir... Sabes lo que sucede cuando tienes algo que decir y no logras expresarlo. O cuando parece que las palabras van a fluir y se detienen. O, todavía peor, cuando no hay nada más y las expresiones desaparecen, todo desaparece, hasta las ganas de estar y de contar. Contar las his...

Asomada al verde de Hockney

Se había imaginado alguna vez cómo sería dejar la ciudad y vivir rodeada de árboles, de avenidas con árboles, en una casa con árboles, con plantas, con riego automático y con sillas de plástico en el patio. Una casa con porches, con terrazas, con una escalera interior de mármol y suelo de tarima en el resto de la casa. Muy grande, muy de película, muy llena de novedades. Se lo había imaginado alguna vez pero no así, no regada por llantos, no llena de adioses, no dolorida ni dolorosa, no así, así nunca. Cuando volvió a vivir a la ciudad echó de menos la casa y todo lo que parecía contener, su rayo de esperanza insatisfecho y su luz. No sabía entonces que hay dolores que siempre permanecen.