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Rizos y un mapa de España

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(Fotograma de "Sentido y Sensibilidad" de Ang Lee)  Es la música, en primer lugar, lo que hace de esta versión de Ang Lee del libro de Jane Austen "Sentido y Sensibilidad" una pequeña maravilla. Un tributo eficaz, diáfano, exacto, al genio de la escritora, a su creación de personajes y ambientes, a su estilo, a su ingenio e inteligencia. La música crea el tono especial que la distingue y, entre todos los libros de Austen, en los que la música siempre tiene un importante papel, es aquí donde expresa el dolor y la alegría con mayor lucidez. Lo mismo ocurre con los versos, las palabras, los poemas que se recitan, el consuelo de la lírica en los momentos difíciles. Shakespeare y sus sonetos que invitan al amor, aunque sea, como sabes, un amor aureolado de triste cobardía.  Entre todas las imágenes hay una evocadora, imposible de pasar por alto, una imagen en la que me detengo y en la que observo cosas que quizá otros no ven. Al fin nuestros ojos siempre vue...

En el calor de la noche

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  “Los negros mienten” parece pensar el jefe de policía de Sparta (Mississippi), el rudo y terco Bill Gillespie. No lleva un buen día. El asesinato de Colbert, poderoso industrial del norte, le ha contrariado. Tiene que solucionarlo de la forma más rápida posible. Y he aquí que su ayudante, el visceral Sam Wood, le trae la respuesta en bandeja. Ahí está Virgil Tibbs, negro, que estaba en la estación del tren durante la madrugada de este caluroso día de septiembre. Cómo un culpable de asesinato y robo (doscientos dólares exactos) se sienta luego a esperar tranquilamente que pase un tren es algo que excede de la inteligencia de Woods y del temperamento de Gillespie. He aquí un sospechoso y ya está.  Bueno. No tan rápido. El señor Tibbs, el negro de la estación, alto, guapo, bien vestido y muy sereno dadas las circunstancias, asegura que estaba esperando el tren de las cuatro y cinco que circula las madrugadas de los martes en dirección a Memphis, donde tiene a su madre. Y afirma...

Woody en París

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  Los que formamos la enorme legión de militantes en la fe Allen esperamos siempre con entusiasmo y expectación su última película, no la que termine con su carrera sino la que continúe con la misma. A ver qué dice, a ver qué pasa, a ver qué cuenta. Esperamos su narrativa y sus imágenes, creemos en sus intenciones y admiramos que vuelva a trabajar con profesionales tan magníficos como este Vittorio Storaro , director de fotografía, que dejó en la retina sus dorados memorables en otras de sus películas y que ahora plasma un París de ensueño. ¿Quién no querría recorrer este París? En el imaginario Allen tiene un papel esencial la suerte, la casualidad, aquello que surge sin esperarlo y que te cambia la vida. Él cree firmemente en eso y nosotros también. Shakespeare lo llamaría "el destino" y Jane Austen trataría de que la razón humana compensara las novelerías de la naturaleza. Allen también cree en la fuerza de la atracción y en la imposible lucha del ser humano contra sí ...

La mejor Agatha del cine

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  Resulta curioso que la mejor adaptación que se ha hecho nunca de una obra de Agatha Christie sea esta, " Testigo de cargo " y que las circunstancias sean tan especiales. Para empezar es un relato corto que, sin nada de florituras y yendo al grano, narra los hechos relacionados con un asesinato y un encubrimiento. En la novela no hay ese juego de abogado famoso y enfermera, ni tampoco ascensores interiores que suben y bajan, ni pastillas para controlar la ansiedad durante el juicio. Todo es mucho más directo, claro y sencillo. Sin embargo, la adaptación no solo conserva intacto el espíritu del libro sino que es una obra maestra del cine. ¿Por qué? El relato se publicó dentro de un conjunto de ellos en 1948 y la película se rodó en 1957, casi diez años después. Tres artistas rutilantes forman un triángulo increíble, algo fuera de lo normal en una obra aparentemente destinada a ser menor. Marlene Dietrich es la amante del acusado, la mala mujer, la que lo acusa primero y l...

Jonny Lee Miller es el señor Knightley

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  Resulta curioso que Jonny Lee Miller , cuyo bagaje principal es el de actor de películas de acción, diera tan bien en el personaje de Mr. Knightley en la miniserie de la BBC "Emma" de 2009, con Romola Garai en el papel de la protagonista. La miniserie estuvo muy cuidada en todos los aspectos, con un reparto admirable, una ambientación exquisita y un resultado que capta fielmente el espíritu de la novela de Austen . Dentro del conjunto de actores es destacable la química entre Romola Garai, una jovencita entonces de veintisiete años y su oponente, Miller, que tenía diez años más que ella, de modo que estaba muy bien ajustada la diferencia de edad entre la pareja tal y como la novela detalla.  No fue el primer Austen que interpretó Miller. En 1983 participó en " Mansfield Park " en el papel del hermano de Fanny, Charles, que era un destacado militar, de presencia episódica. En 1999 en otra versión de "Mansfield Park" hizo del protagonista masculino, Edmu...

El tiempo de vaciar los armarios

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  /Retrato de una joven dama, 1920. Archibald Gl Barnes, 1887-1972) Las redes sociales tienen muy mala prensa. No dudo de que sean dañinas en cierto modo, sobre todo si no se sabe cómo usarlas, si no gestionas mínimamente ciertas claves necesarias. He visto peleas absurdas, diatribas innecesarias, envidias puestas de manifiesto, robos descarados de ideas y de textos, engaños, un poco de todo. Lo bueno y lo malo de los seres humanos, como en la vida real. Porque son una parte de la vida real, inseparable ya de nosotros.  Sin embargo, hay ocasiones en que ejercen una influencia benéfica sobre nosotros. Pondré tan solo un par de ejemplos. Cuando quedé viuda no tuve ni consuelo ni consejo por parte de nadie. Puede resultar duro decirlo pero es así. Esporádicas visitas de algunos amigos, que cesaron rápidamente porque "ver y oír a un triste enfada" como dice el poeta; desinterés y horas de soledad. Ni familia, ni amigos dieron un paso adelante, ese empujón que necesitas. Ni para m...

Asombro y soledad

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  /Richard Burlet/ Aprendí sola el arte de la observación. Tenía un extenso muestrario delante de mí: mi calle era un paraíso de personalidades, tipos y caracteres. Me acostumbré a mirarlo todo y a enterarme de todo, aunque había temas vedados a los niños. En realidad, no creo que a los niños les interesara nada de lo que allí sucedía, ni a la mayoría de las niñas. Pero yo era una niña distinta, una niña rara, porque escribía y escribir significa observar. Desarrollé de este modo el arte de la observación y lo practiqué a conciencia de tal modo que aún hoy, pasados los años, sigo teniendo una absoluta claridad sobre aquella gente, sobre sus acciones y su forma de ser, sus relaciones, sus amistades, sus encuentros, sus problemas. Era un laboratorio y en mi cabeza sigue siéndolo. Aunque soy consciente de que yo también formaba parte del muestrario. También era observada por los demás.  /Raphael del Orme/ Mi principal interés estaba en las mujeres y los hombres. Los niños no me i...