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Intrusa

  /Pintura de Luis Touriño/ Debería uno aprender en algún lado a hacer el diagnóstico correcto de las situaciones. Se diría, en plan castizo, a calar a la gente. Pero no es tan fácil. No hay asignaturas de perspicacia. Me maravilla la forma en que la señorita Marple es capaz de establecer paralelismos de personalidad entre la gente que se encuentra cuando hay un asesinato de por medio y sus vecinos de Saint Mary Mead. Desde que empecé a leerla, tan pronto, eso me llamaba la atención. Pero creí que era cosa de novelas y de situaciones límite. Me equivocaba como en tantas cosas. Luego he vivido momentos en los que me hubiera venido bien una señorita Marple que me orientara y guiara. Puede una tener intuición y carecer de perspicacia. Ocurre.  Una prueba de ella es todo lo que rodeó a mi desembarco en un instituto. Tenía aquel lugar una especial idiosincrasia y una historia anterior de la que blasonaban. Era un centro difícil por muchos motivos, el principal por la plantilla que ...

Jane Austen y el caso de Cressida Jones

  Cressida Jones es una de esas amigas desconocidas de Jane Austen. Toda su vida, salvo un breve paréntesis, vivió cerca de Steventon, en un cottage que la familia reformó para adaptarlo a una vivienda con varios hijos, de los que Cressida Jones era la mayor. Ni que decir tiene que eran muy frecuentes los paseos de ambas jóvenes por los preciosos alrededores y también las visitas mutuas. Durante algún tiempo era diario verlas agarradas del brazo dar saltos de un lugar a otro, pararse en los muros bajos de piedra a descansar y a chismorrear e, incluso, oír sus risas. Cressida era un año mayor que Jane y tenía una fuerte personalidad. No le gustaba nada leer ni comentar sermones ni pamemas parecidas. Lo suyo era la acción y por eso se metía en bastantes líos que luego eran difíciles de desatar. De todas las historias que les sucedieron a ambas hay una que no me resisto a contaros aunque es algo escabrosa y, desde luego, poco edificante. Pero es que Cressida no era una cumplidora fiel...

Oscuros pétalos

/Fotografías de Uta Barth/ De cualquier forma siempre esperamos algo. Incluso cuando miramos a través de la ventana, la intensa claridad de fuera nos confunde. Estamos solos. Algo en la naturaleza nos intimida. La forma en que se mueven las ramas de los árboles. El suelo cubierto de un tapiz de pétalos oscuros. Una sombra tan etérea como firme que sigue nuestros pasos. Estamos solos. No hay sonidos que estorben. El tiempo que vivimos en esa latitud es un instante. Las flores comparten nuestro miedo. Hay veces en que el silencio es grito. Otras veces tiene un eco de austera compasión. No queremos temer, pero el miedo es esa línea de fuego que avanza hacia nosotros. Ya vemos que las cosas se llaman muchos nombres.  Si te ha gustado esta entrada, ya sabes, comenta, opina y suscríbete al blog. Puedes difundirlo también. Gracias. 

El tiempo en que el verano tenía sabor a fresa

  El actor Josh O'Connor y la directora Alice Rohrwacher en el rodaje de  La chimera  (© Simona Pampallona) Sí, tenía un aire a Josh O'Connor, tranquilo, seguro de sí mismo, tierno y siempre dispuesto a la conversación. Era el más inteligente de los muchachos del grupo. Tenía una especie de autoridad moral sobre los otros. Y las chicas lo miraban con interés. A muchas de ellas les hubiera gustado para casarse. Pero él, esta es la realidad aunque yo no lo vi, estaba enamorado de mí. Tenía casi diez años más, que son muchos, por eso estaba en la universidad y yo en el instituto, pero la única que lo entendía, que le seguía sus disquisiciones y sus dudas, era yo. Y eso era lo mejor que teníamos. No hicimos el amor nunca, creo que ni siquiera nos besamos, porque daba la impresión de que había que esperar el momento, pero, en realidad, eso era amor con todas las letras.  Su compañía tenía el aire del verano. El resto del año estaba estudiando en Madrid y solo venía de vac...

Todo es azul en Portimao

 Ese horizonte se confunde con el mar. Y el agua del mar parece caer en la piscina. La gente parece absorta en sus cosas, las parejas se miran, al son de una música tenue bailan cuando cae la madrugada. Alguien te ofrece una copa y sonríes. Estáis esperando el milagro. O eso parece. Hay una especie de tiempo nuevo cuando llegas aquí, una prórroga de la vida cotidiana. Terminan los agobios y acaban las tareas. Todo se va en soñar y en sentarte en una de esas hamacas dispuestas hacia el agua. El agua es el gran milagro. Lo que no falta en Portimao.  La playa es otra cosa. Desde todos los tonos de azul se pasa a todos los tonos del verde. Las enormes piedra rocosas sombrean toda la costa del Algarve, también aquí, y la gente parece perderse, son diminutos muñecos en un horizonte más amplio. Las sombrillas lucen sus colores y las olas apenas rompen en una extensión mínima de tierra. No hay bajamar, todo es altura. Nuestros días en Portugal fueron esplendorosos. No sabíamos qué nos...

Violetas

/El jardín en Bougival. Berthe Morisot/ A lo lejos, sin que el tiempo las nuble, apenas sin motivo, quizá por inercia, sin amor desde luego, sin pasión, que eso sería pedirle demasiado a la vida, en forma de palabras, en forma de frases sencillas que no hablan de emociones sino solo de hechos...En la distancia, a través del aire y el teclado, en forma de voz tenue que saluda y repite la última palabra, en el recóndito espacio de un tiempo que no tiene principio y que acabará sin duda un día, tal vez no muy lejano...En un verso cualquiera, en un texto, en el fragmento de película que aparece en un cine de verano, en un artículo de prensa, en una imagen presentida, allí, en el aire, donde se oculta todo...De modo que aparezca cuando el día está más gris o ella está más cansada; de modo que recomponga apenas las piezas rotas de esa porcelana que un día cruzó su tiempo más exacto; de modo que parezca que la vida no ha terminado entera: solamente un espejismo pero cubierto de oloroso consue...

Calle Alfarería

 Mi amiga María y yo solíamos pasear por la calle Alfarería al salir de clases en el instituto. Cuando teníamos un buen horario siempre nos daba tiempo por la mañana para hacer alguna excursión urbana. Ibamos al centro a comprar corsetería coqueta, o a andar cerca del Río, o a pasear por Triana. La calle Alfarería nos pillaba muy cerca y pasearse por allí era muy agradable. No hace tanto tiempo de esto, quizá unos seis o siete años. Los cinco años perdidos desde la pandemia me hacen olvidar las fechas. Si te fijas es poco tiempo pero suficiente para que aquella cambiado todo. El fenómeno del turismo de masas aún no estaba en su apogeo y se veían algunos vecinos que salían a comprar el pan, alguna tienda de objetos raros, bares muy pequeños e íntimos, y un silencio al cruzarla que no era vacío sino reconfortante. Eso ocurría entonces. Los vecinos, los pocos vecinos que quedan ahora, le dicen al periodista que solo se oyen traqueteos de maletas y gente que va y viene. La Triana que h...

"Barbie" o el feminismo rosa

  En Barbieland viven las Barbies y los Ken. Ellas disfrutando de una posición de dominio y ellos en plan blandengue, una especie de complementos a la altura de los zapatos, las cintas del pelo o los sombreros. Una de esas Barbies no está nada contenta con la situación, ella aspira a más, aunque no sabe a qué, quizá siente que ese mundo en el que todo está hecho a su medida no le gusta porque es más interesante tener que luchar para conseguir las cosas. O algo así. De modo que decide ir al mundo real, donde las Barbies son, ya lo sabemos, unas bonitas muñecas con las que las niñas juegan y les cambian la ropita. Como la muñeca Barbie, la chica Barbie tiene a su disposición a un Ken. Y ese Ken también tiene ansias de correr aventuras, por eso salta a la realidad con ella. Ahí está el argumento inicial de la película. Un apunte: el mundo de Barbie es aquel en el que todo está hecho a la medida de ellas y el mundo real es un infierno para las mujeres y un paraíso para los hombres. La ...

Fuera de temporada

Esa condición efímera del amor que lo convierte en un sentimiento único, esa manera en que dos seres humanos se encuentran en un gigantesco mundo hostil que va a separarlos y que, sin embargo, conservan en algún lugar de sí mismos no solo el recuerdo, sino la exacta vivencia de lo que fueron juntos. Una infinita primavera que aún vive en mí, me dijo alguien hace poco recordando el tiempo en que creímos ser el centro de la vida y lo fuimos. Siempre que lo recuerdo me hace llorar. De eso trata esta película. De la cualidad del amor que lo hace impermeable al paso del tiempo, imbatible ante las dificultades de espacio y de oportunidad, único e irrepetible, doloroso y vivificador a la vez. Ellos dos tuvieron una historia y las historias de amor, cuando lo son de verdad, nunca se escriben en pasado. Este encuentro, fortuito y sin esperanzas, es la forma en que la vida devuelve algo de lo que quiso quitarte. Así que de eso va esta película. Me encanta el cine francés. 

"Kathleen" de Christopher Morley

Conocía a Christopher Morley por la lectura de dos de sus libros, que andan reseñados en este blog: La librería ambulante , de 1917 y La librería encantada , de 1919. Libros encantadores, tiernos y que giran en torno a la literatura desde dentro, como si fuera un libro dentro de otro. Roger Mifflin, el librero, y la señorita Helen McGill, son los protagonistas de esta historia, un clásico de la literatura norteamericana que vio la luz por vez primera en 1917. Personajes tiernos, entrañables, dotados de ingenio y de una ligereza que no es simpleza sino aguda observación y un sentido práctico de la vida que los lleva a encontrar en los libros todo aquello que la cotidianeidad a veces oculta. Hondas reflexiones, ironía, gracia muy especial, movimientos pendulares de razonamientos que te hacen reír sin más, espectaculares diálogos y el poso hondo de la literatura en su relación con lo mejor de los hombres. Todo esto aparece en "La librería ambulante" y en la obra de su au...

Rosa y azul

Los niños, azul y las niñas, rosa. Si no hay niños, una niña, rosa y otra en azul. Me tocó ser la niña rosa muchos años, hasta que me di cuenta que me sentaba mejor el azul. Cambié al azul y, durante otros años, fui de azul, de todos los azules. Entonces me cansé del azul y volví al rosa, increíblemente usado en todos sus tonos. Ese ir y venir demuestra que las cabezas frívolas pasan por muchas etapas y las profundas también. Hay que aguantarse con las dos. De resultas de tanto experimento me apasiona el azul y me apasiona el rosa. Esos colores que tienen nombres raros y que se ponen de moda, esas figuras lánguidas todas vestidas de institutrices y de amas de llaves de Rebecca son muy cansinas. Nunca me gustaron, ni cuando la elegancia era ir de oscuro, cosa absurda e inventada. Hasta mi abuela dejó el luto y se ponía unos vestidos blancos y negros muy pulcros y con unas florecitas pequeñas que eran un mar de simpatía. Y mi vecina Isabel se vestía como la reina madre, con sus batas de ...

Zapatos de tacón

 Llevaba un bolso nuevo cada día, cambiaba de zapatos y de perfume. La peluquería era un sitio acogedor en el que las muchachas se jugaban los sueños en la complicidad y el aire de la tarde siempre daba paso a una cita, a un encuentro, a un paseo, a una función de teatro. Las mañanas de otoño eran perfectas y se movían con gracia las gabardinas y las chaquetas y todo era oloroso y firme, como si se escribiera en una novela de esas que están ambientadas en Nueva York, donde todo el mundo vibra de belleza. Así tantos años que parecía no iban a acabarse nunca, que no iban a cambiar nunca los coqueteos, los rouges y los perfumes, Chanel número 5, Gucci o Giorgio Beverly Hills, según el plan, según el momento. Era delicioso, pensaba. El aire fresco del amanecer plagado de mirados, el contoneo de los zapatos de tacón, de las botas o de las sandalias, llegado el momento, el color dorado después de la liturgia del mar, el sonido de la risa, esa risa, la risa, las risas aladas. Quiero despe...

Ese fulgor efímero del verano que calla...

El frescor de tus labios seguro oasis en una isla desierta... Por ejemplo, algo así escribiría si la cosa fuera de un poema amoroso. Amoroso significa aquí dramático, porque el amor es un drama que a veces se escribe en comedia, otras en tragedia y algunas en chanza. Una aventura medieval sin yelmo ni coraza, un estupendo recorrido en barco sobre las aguas bravas del Mississippi. Lo contaría Mark Twain con su deje sureño y su fastidio ante las novelas de mujeres que hablan de hombres interesantes. Amoroso significa también que el corazón anda apabullado, en busca de un secreto que descifrar. Muchas veces el amor es solo una cortina de humo, una manera de olvidar los problemas. Se esconden detrás del sentimiento porque son ellos los que nos abruman. Incluso el desamor, que es el amor en negativo, es un espléndido sistema para que la vida diaria no nos sacuda. Si estoy desvencijada por el miedo puedo pensar en él y sentir su desprecio y entonces ese miedo se conjura y se c...

La palabra imposible

( Lee Miller. Fotografía) Una frase bailaba todo el tiempo en la cabeza: Cuando te veo, te echo tanto de menos...Y así era. Podía soportar la ausencia si no lo tenía cerca. Pero, en esas raras veces, extraordinarias, únicas, en las que lo veía, entonces no podía dejar de añorarlo desde el primer instante. Por eso, apenas lo miraba. Sabía que esa mirada sería su perdición. Sabía que, si guardaba en su retina la forma de sus manos, el hueco de su risa, la llama de sus ojos, la catástrofe sería irremediable. Por eso, apenas detenía en él su mirada. Por eso reía continuamente, de una forma nerviosa, irreverente y tibia. Como ella misma era. Extraña para muchos. Distinta. Conservando un hilo de inocencia que nadie percibía. Ni él siquiera.  Un pensamiento estaba en su cabeza y de ahí no se movía: Podría decirte tantas cosas. Y he de callarme tanto. Estaba segura de que las palabras nunca hallarían el camino de salida. Estaba segura de que ninguna circunstancia har...

De repente, todos los veranos

  Llega un momento en que el verano se convierte en nostalgia. Una suma de ausencias y un enorme revoltijo de recuerdos. La vida se escribe de verano a verano y, en ciertos momentos, el verano es el gran invento de la memoria. Así lo viste cuando las azoteas ocupaban todo tu tiempo, mensajes indescifrables a pie de agua, a pie de viento, aires que llevaban ecos de gente a la que amabas, futuro, posibilidades, quejas, sueños. Las mañanas de playa tienen ese inenarrable sabor atlántico de la baja y la alta marea, nimbada de canciones de moda, de chicos a los que amas y que suelen tener los ojos verdes. En la caseta de rayas blancas y azules hay tiempo para buscar en un rincón la botella de cerveza para lavarse el pelo entre las olas. El agua del mar lanza un sortilegio de esperanza siempre. Es la bonanza del pensamiento y de la vida, tiene sentido simplemente porque soltamos nuestras risas imparables. La risa es el alimento que todos queremos conservar siempre. Hay noches de discotec...