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"Hace años que no creo en nadie"

El familiar comienzo con los personajes más relevantes de la historia nos muestra a los protagonistas, el matrimonio formado por Gwenda y Giles Reed , ella "bellísima mujer de veintiún años" y él "un joven simpático y apuesto". Los sobrinos de Miss Marple , Raymond y su esposa Joan West , escritor de mediano éxito y novelas ininteligibles y pintora de cuadros extraños, respectivamente, también aparecen con ocasión de una visita de Gwenda Reed a Londres. Además, en una intervención estelar, el matrimonio Bantry , coronel retirado y simpática ama de casa amante de la jardinería, proporcionan a Miss Marple el contacto para poder acudir al pueblo donde sucede todo. Hay, por otra parte, una buena lista de criados: doncellas, niñeras, cocineras y jardineros . Estos últimos son personajes muy habituales de sus novelas (incluso aparece una mujer jardinera profesional en "Se anuncia un asesinato",  Philippa Haymes) y no tienen demasiado buena fama: "Foster, el...

Jane Austen en la televisión

(Romola Garai es Emma Woodhouse en "Emma", 2009) También la televisión ha mostrado en muchas ocasiones adaptaciones realizadas a partir de las novelas de Jane Austen. Esas adaptaciones comienzan en España en los años sesenta, en concreto en 1967 y 1968 respectivamente, con la adaptación de Emma, protagonizada por Lola Cardona y de La abadía de Northanger, dirigida por Pedro Amalio López y protagonizada por Lola Herrera. La primera miniserie británica es de 1972 y la dirige John Glenister, mientras que los protagonistas son Doran Godwin y John Carson. Se trata de otra "Emma". En 1980 aparece una "Orgullo y prejuicio" en miniserie, dirigida por Cyril Coke y protagonizada por Elizabeth Garvie y David Rintoul. El año siguiente, también británica como la anterior, se lleva a la televisión "Sentido y sensibilidad", dirigida por Rodney Bennett y con irene Richard y Tracey Childs como las hermanas Dashwood.  (Johnny Lee Miller, un excelente señor Knightl...

¿A quién le importa Jane Austen?

  "El mundo se derrumba y nosotros nos enamoramos". Ilsa Lund y Rick Blaine lo dijeron antes. El cine siempre avisa, siempre es una predicción que termina por cumplirse. Y que puede aplicarse a muchas situaciones. Por eso vivimos en modo cine tantas veces. Las imágenes y, sobre todo, las frases, tienen la versatilidad de los axiomas. Esto es así porque lo dijeron Bogart y Bergman . Punto.  Estos días el país, el nuestro, que no es todo el mundo pero es nuestro mundo, anda de cabeza. Elecciones, resultados, votaciones, adelanto electoral, consecuencias, pactos, pitos y palmas. La vida cotidiana se alfombra de estos temas a través de la televisión, internet, la radio y la prensa escrita. Cada cual a su modo tiene una idea de lo que sucede y, sobre todo, de su posición al respecto. La gente normal, que somos casi todos, no pinta nada. Aunque nos cueste reconocerlo. No vamos a elegir aunque lo parezca a la pareja de baila, ni vamos a bailar a nuestro son, es así y así hay que en...

Inventando aceras

  (Foto Bridgeman, acuarela de James Miller, Aceras de Londres, Museo de Birmingham) En el Londres de mediados del siglo XVIII, unos años antes de que naciera Jane Austen, hubo que inventar aceras para que los viandantes pudieran pasear o recorrer la ciudad sin toparse con la cantidad ingente de carruajes que se movían, algunos para llevar personas y otros para trasladar mercancías. La revolución industrial estaba en sus momentos iniciales y la fisonomía de la ciudad estaba sufriendo enormes cambios. El humo, el bullicio, el ruido, el gentío, todo eran factores nuevos a tener en cuenta si uno visitaba Londres entonces.  La señorita Jane Austen iba a Londres a veces y así lo demuestran algunas de sus cartas. La pregunta que hay que hacerse con respecto a estas cartas no es por qué se destruyeron casi tres mil sino por qué se conservan 161. El criterio debió ser presentar la cara más fidedigna de la autora, al menos así lo pienso conociendo a Cassandra, su hermana querida, su al...

"No dejaría nunca de escribirte. Cartas de Amor" de Gabriele D´Annunzio

(Botticelli. Madonna) "No dejaría nunca de escribirte" es el título de las cartas de amor que Gabriele D´Annunzio dirigió a Barbara Leoni, su musa, su amante, la mujer a la que quiso tiernamente, la que hacía que su vida tuviera un sentido más allá de aventuras amorosas y de vicisitudes cotidianas. En sus misivas, que se recogen en un libro reciente, no hay solamente sentimiento, sino literatura. Él era un hombre casado y con hijos, pero, sobre todo, un incorregible mujeriego que halló en Barbara Leoni, primero un motivo de seducción, luego una amiga y, por fin, una emoción única que trasladó a sus cartas. Ella era tierna, lúcida, inteligente, amable y generosa. Una mujer para inspirar e inspirarse. El hombre que había coqueteado con todas las mujeres terminaría escribiendo de Barbara unas frases que nos dan cuenta de los lazos que establecieron:  "¡No verte! ‒escribe d'Annunzio‒ ¡Cómo cambia de repente toda la visión de nuestra vida al pensar algo así! ...

Catorce años

  Da una pena ver las grapas en la foto, parecen que van a arañarla. Sin embargo, así están en el original de papel. Alguien puso las grapas en la foto y se oxidaron y esa es la huella que queda en la cara de la niña. Y también los restos del sello del club, en el que entró con catorce años y esa es la edad de la niña de la foto. Catorce años y una cara que es imposible de descifrar. Siempre buscando algo, siempre en busca de algo inexistente. Algo que no sabe qué es ni dónde está. Algo inasible, inabarcable. Sigue así, no lo ha encontrado. Quizá no existe. La niña sigue así.

Preparando un baile

  Hoy es posible ir de Steventon a Basingstoke en catorce minutos en coche. En la época de Jane Austen Basingstoke era el centro comercial y cultural de referencia. Allí acudían los habitantes de Steventon y también de Deane, donde estaba la otra rectoría del padre de Jane, para comprar, resolver asuntos y para el ocio, sobre todo, para los bailes. Un baile era el centro de la vida social de la época y prepararlo requería esfuerzo y organización. Había que ver el medio de locomoción para llegar allí, es decir, el carruaje que se utilizaría. También las personas que acudirían, los vestidos y adornos, los zapatos, el horario.  Basingstoke forma parte del distrito Basingstoke and Deane, está situado en el valle del río Loddon y pertenece a Hampshire , cuyo capital del condado es Winchester . En la catedral de esta última ciudad está enterrada la escritora. Steventon es hoy un pequeño pueblo de unos trescientos habitantes, al noroeste de Basingstoke, que es una ciudad grande, c...

Lo inacabado

  ¿Cuáles son los motivos por los que un escritor deja un libro a medio hacer? ¿O apenas iniciado? Eso sucedió con Jane Austen y aquí vamos a aventurarnos en las posibles razones. Dejando claro que no fue lo único que no culminó, sino que en su juventud, cuando escribía historias que iba clasificando en tres volúmenes que luego se publicación con el título genérico de Juvenilia, muchas de esas historias se quedaron sin acabar. Ahí podemos aludir a una especie de experimentación, de jugueteo con las palabras, pero en las dos novelas que aparecen en las imágenes las cosas son de otra manera.  "Los Watson" se escribió en el corto espacio de tiempo en que la autora vivió en Bath. Tras jubilarse, su padre, George Austen, había tomado la súbita decisión de retirarse a Bath y allí que se fueron el matrimonio y las dos hijas solteras, Cassandra y Jane. En los añoso 1803 y 1804 estuvo escribiendo este texto en el cual hay también unas hermanas y otras familias de la campiña, además de...

Mamá

  /La casita de Chawton, en la que vivió Jane Austen con su madre y hermana/ ¿Cómo era la madre de Jane Austen? ¿En qué influyó en la vocación literaria de su hija? ¿Se llevaban bien? Para empezar pertenecía a una familia superior a la del padre en cuanto a títulos, ascendencia y parentesco. Su padre era el reverendo de Oxfordshire y su tío Theophilus Leigh, un tipo excéntrico y eminente. La propia Cassandra tenía importantes cualidades intelectuales: era inteligente, tenía sentido crítico, un humor irónico muy reconocible y era muy sensata. Esa sensatez la demostró al casarse con alguien tan formal como George Austen, clérigo, y también al espaciar convenientemente los sucesivos partos de sus ocho hijos, de modo que no se resintió su salud ni la de los niños. Cassandra Austen, madre, murió a los ochenta y ocho años, diez años después que su hija, y solo padeció una leve hipocondría que se fue acentuando con la edad como suele ser normal en esta dolencia.  /La ciudad de Bath, ...

El hermano Francis

(Puerto de Porstmouth, fines XVIII, principios XIX, Thomas Whitcombe) La privilegiada situación geográfica de la ciudad de Porstmouth, en un resguardo del mar y enfrente de la isla de Whigth, la convirtió en centro de la actividad naval durante muchos años, incluso siglos, y todavía es ahora una importante ciudad marítima, con un puerto comercial en plena actividad, un astillero y una base militar. Pero, en los años en que vivió Jane Austen, estaba allí la escuela naval en la que se formaban los futuros marinos ingleses. Todavía se conserva como reliquia el puerto histórico y en él la HMS Victory, que comandaba el almirante Nelson, héroe nacional, en su victoria sobre los españoles en la batalla de Trafalfar. A esa escuela naval asistió desde los doce años Francis William Austen (1774-1865), tan solo un año mayor que la escritora. Conocido hoy como sir Francis Austen, por el título alcanzado en su trayectoria, tuvo una larga hoja de servicios que le llevó a lograr el grado de almirante...

Inocencia

  No hay mayor inocencia de la que sostienes cuando todavía vistes una blusa que te ha cosido tu madre. Has mirado en la revista de modas, has ido a comprar un retal en la tienda de tejidos de siempre, has elegido un modelo y te has imaginado a ti misma en medio de todo, fulgurando a la luz de las estrellas, sembrando dicha bajo el sol. Recuerdas la sudadera rosa, recuerdas la cazadora blanca, recuerdas los pendientes de mercadillo, los recuerdas. Recordar es un lujo que la vida te ofrece. Y tu mirada…¿Qué miras? ¿Cuál es la gran pregunta? Hoy no sé lo que piensas. Se nota en la forma en que miras a un punto indeterminado, no se sabe a quién, no se puede descubrir el motivo de esos ojos, de esa especie de tristeza mínima, de esa sonrisa sin definir. Cuando la sonrisa falta, hay algo que parece perderse y quizá entonces ya adivinabas algo, ya sabías que las cosas no tenían futuro. En un fondo indeterminado, que no reconoces con el paso del tiempo, ella parece preguntarse todo y no h...

Los días más frívolos

A veces es difícil enhebrar las agujas. Se descose el vestido. Se hace largo y se pasa de moda. Por mucho que quieras adornarlo con puntillas, adornos y otro tinte, el tiempo lo ha convertido en pasado, y el pasado no vuelve. Entonces miras a lo lejos y esperas que las cosas se ajusten y que todo se convierta en un nuevo cauce, algo en lo que reparar sin ganas o sin vuelta. La mano pensativa. Los ojos ocultos tras las gafas. El pequeño reloj, que fue un regalo. El lugar lleno de gente y la tarde cayendo en la ciudad del mar y vacaciones. La piel tersa, la juventud completa, los pendientes de cristal, el pelo cayendo sin pensarlo siquiera. Esos días de Sanlúcar, esas tardes de helado y de conversaciones, esas noches de inocente locura, esos amaneceres. Sanlúcar en un sueño, en una espera, allá quedó, tan lejos, tan enorme y ansiado.  (Foto: Luis de la Rosa. Sanlúcar de Barrameda. Cádiz) 

Aquellos ojos verdes

No diré su nombre por prudencia y porque los nombres, al fin y al cabo, importan poco. La esencia, las horas, los sonidos y las voces, todas esas cosas que no admiten reserva, están depositadas allá donde la memoria no puede hallar batalla. Días gloriosos que tenían siempre una explicación. Los tiempos en los que el verano iba abriéndose paso entre el gozo y la duda, siempre ardiente, siempre insatisfecha, siempre en brazos del amor que no acababa nunca. Si la vida se viviera del revés hubiera sabido entonces que era él, él quien habría de llegar para quedarse. Pero la juventud tiene la mala costumbre de convertir una tontería en categoría, y un desliz en causa común. Ahí, en ese momento, sin embargo, falda de rayas celestes, camiseta a juego, sandalias de piel y ese bolso azul inseparable, ahí, en ese momento, todavía el sueño era posible, todavía aquellos ojos verdes convertían el objetivo de la cámara en una canción que hablaba de deseo, de enorme deseo satisfecho y por venir. E...

A tu orilla

El viento no era nuestro enemigo. Ninguno de ellos, ni el levante, ni el poniente, ni el sur, podía evitar que recorriéramos con ansia cualquiera de esos caminos que antes otros habían trillado pero que, para nosotros, eran nuevos. Las ciudades, los pueblos, las orillas de las playas, las plazas de las ciudades, las calles de los pueblos, los puertos, los atajos, las cordilleras, el monte, el campo. Siempre buscabas campo porque decías que aquí no había, que solo eran pequeños matojos, yerba, setos, nada de verdadero campo, el campo salvaje, virgen, de tu tierra. En tu pequeño pueblo, tan desconocido para todos, el campo era el punto y aparte de las cosas. Como si fueras irlandés y hubieras nacido en una granja. Entonces yo no lo sabía, pero serían los hombres de campo los que escribirían gran parte de mi historia. El viento no era nuestro enemigo y corríamos adonde podíamos amarnos sin reservas, sin testigos, sin vecinos ni voces. Aquellos días inmaculados, verd...

Barcelona y Esteban

En las tiendas de segunda mano de Barcelona encontré esa falda de flores, que se abría como un pañal y que se movía al andar como si yo fuera una chica brasileña. Y me coloqué ese día un pañuelo portugués a modo de blusa, sin sujetador ni nada parecido, porque para eso era joven y podía hacerlo. Y las esparteñas negras con flores, que se esconden en el suelo, con ese césped tan poco agradable de la foto. Y allí estaba Esteban, con nuestra pequeña primita, uno de esos veranos en las que recorría España a conocer a toda esa familia que andaba desperdigada. Ahora Esteban se llama Esteve, ha reivindicado los apellidos catalanes de su padre, que son un montón, y tiene banderas esteladas en todas sus redes sociales, así como si nada. Pero entonces era un chaval maravilloso, lleno de ingenio y de gracia, de sentido del humor, de perfecto slapstick de comedia. Los espías nos vigilaban y nos partíamos de risa. Y yo colocaba lazos rojos en la melena, para convertirla en esas coletas rubias ...