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"Hace años que no creo en nadie"



El familiar comienzo con los personajes más relevantes de la historia nos muestra a los protagonistas, el matrimonio formado por Gwenda y Giles Reed, ella "bellísima mujer de veintiún años" y él "un joven simpático y apuesto". Los sobrinos de Miss Marple, Raymond y su esposa Joan West, escritor de mediano éxito y novelas ininteligibles y pintora de cuadros extraños, respectivamente, también aparecen con ocasión de una visita de Gwenda Reed a Londres. Además, en una intervención estelar, el matrimonio Bantry, coronel retirado y simpática ama de casa amante de la jardinería, proporcionan a Miss Marple el contacto para poder acudir al pueblo donde sucede todo. Hay, por otra parte, una buena lista de criados: doncellas, niñeras, cocineras y jardineros. Estos últimos son personajes muy habituales de sus novelas (incluso aparece una mujer jardinera profesional en "Se anuncia un asesinato", Philippa Haymes) y no tienen demasiado buena fama: "Foster, el temperamental jardinero por horas, no siempre cumplía con sus promesas de presentarse al trabajo y había que aprovechar que estuviera allí". 

Están los que han vuelto de la India, los originarios de Nueva Zelanda, las viudas con hijos apegados que no se marchan de casa, el bufete de abogados prestigioso con un despacho antiguo lleno de carpetas y muebles de caoba, los militares retirados...Por supuesto, el consabido inspector de policía, un par de médicos, agentes inmobiliarios, hombres de negocios y, sobre todos ellos, la inteligente Miss Marple, "una anciana de buen ver, alta y delgada, con las mejillas sonrosadas y los ojos azules, de modales amables y remilgados...mirada pícara y de costumbres frugales a la hora de comer". 

Estamos en los años cuarenta y tenemos a una heroína joven, dinámica, independiente, que conduce sola su coche, viaja sola y toma la iniciativa a la hora de comprar, indagar o preguntar. Como lo era Agatha Christie. El escenario principal es una pequeña casa blanca, de estilo victoriano, en la carretera que conduce a Dillmouth, una "pequeña y anticuada ciudad costera, pero con mucho encanto". El conservacionismo está muy presente en la descripción de los lugares: "Habían edificado un par de hoteles nuevos y unas cuantas casas de diseño moderno, pero el trazado de la costa y de las colinas había evitado una expansión desmesurada". Aquí se nos está previniendo contra la especulación que las segundas residencias y el turismo desaforado provocan en el paisaje. 

La forma en que Gwenda encuentra esa casa para afincarse con su marido en Inglaterra tiene mucho que ver con la compra de Greenway, la casa de vacaciones de Agatha y su marido, el arqueólogo Max Mallowan. Aunque Greenway era georgiana, con su porche de columnas y su aspecto clásico, representa una casa para ser felices. Es el tipo de paisaje en el que ella nació (está muy cerca de Torquay, su lugar de nacimiento). Una población pequeña, con sus hoteles antiguos y cómodos, sus edificaciones "modernas" y criticadas por los vecinos, su oficina de correos, su estación de tren...Los trenes son muy importantes en estas novelas, la gente coge trenes todo el tiempo, y el "buen servicio de trenes" de Inglaterra es muy alabado. Incluso hay una novela titulada "El misterio de la guía de ferrocarriles". También es un tema central la jardinería, con sus labores, los nombres de las flores (forsitias, espuelas de caballero, diervillas, lilas, begonias, geranios) y esa manía de Miss Marple de dedicarle mucho tiempo a quitar las malas hierbas, algo que parece una metáfora de sus investigaciones y una muestra de desconfianza plena hacia los jardineros. 

En la novela se escriben cartas, se elaboran notas de compras, se  hacen listas y se envían telegramas, todo lo cual va dejando una huella que puede rastrearse. Cuando los nervios se alteran, porque las investigaciones de asesinatos son potencialmente molestas para el bienestar personal, se toma un "té fuerte con demasiado azúcar" y se colocan en los pies de la cama "bolsas de agua caliente". También vale un buen trago de wisky o un poco de brandy. Y si vamos a tomar té ("Gwenda bebía un trago de ginebra, lamentándose de que no le hubieran ofrecido una taza de té después del viaje") nada mejor que acompañarlo con esos bollos caseros con mantequilla que pirran a Miss Marple. Tener una cocinera es algo que merece la pena, aunque sepamos que son unas auténticas chismosas que lo cuentan todo. 

La novela, "Un crimen dormido", fue escrita en los años cuarenta y la última que se publicó. Salió en 1976, después de "Telón", publicada el año anterior y que significó la "muerte" de Hercules Poirot, pero Agatha Christie había muerto en ese mismo 1976, en el mes de enero. Resulta curioso que no "matara" a Miss Marple (todo lo contrario, aquí está en plena forma) y sí lo hiciera con Poirot. Seguramente acabó harta de él, como deja ver su alter ego, la escritora policíaca Ariadne Oliver en "Las manzanas", que despotricaba de su inventado detective belga en un guiño inenarrable. La característica principal de la novela es que ha de investigarse un supuesto crimen cometido dieciocho años antes, lo que no deja de tener su dificultad aunque, como siempre ocurre, el final es totalmente lógico y debimos verlo desde el principio. 


La novela tiene un maravilloso aire vintage. "Aquí tiene papel y tinta. Ah, tiene usted una estilográfica", dice un empleado del Hotel Royal Clarence. Para poder visitar a la gente se usaban cartas de recomendación de otras amistades comunes. Aparecen alusiones a problemas psicológicos y al psicoanálisis, así como al carácter de las personas en función de la infancia que tuvieron. Todo esto es cosa de la época. Los militares retirados cuidan jardines. Las señoras acomodadas de mediana edad visten de tweed, miman sus flores y plantas y tienen mucho ojo con el ama de llaves, una figura que tiene su peso en cualquiera de estas casas. 

La época se delimita con la decoración: "En una pared había una foto de la princesa Isabel y, en otra, la foto del rey en uniforme y otra donde aparecía Mr. Mountford con sus colegas de gremio". Los pueblos se llenan de personas que vienen de fuera y de las que no se sabe nada en realidad. Este es un tema recurrente, porque las referencias son importantes. Hay alusiones a la "intelectualidad", algo que Christie parece detestar profundamente. Se entiende que habla de la intelectualidad snob, un poco representada por su propio sobrino, Raymond West. Cuando pasan unos días en Londres con Gwenda, acuden a una obra de teatro interesante, con Gielgud de protagonista (quizá escrita por Josephine Tey), pero también a una pesadez traducida del ruso con el título cómico de "Ellos caminaban sin pies". 

No deja de tener un aire autobiográfico al contar cómo los hombres son infieles y se preocupan poco por las cosas. Debía tener todavía clavada la espinita de la infidelidad de su primer marido, el coronel Archibald Christie, un tipo guapísimo que la dejó por su secretaria, Nancy, a lo que ella, Agatha, reaccionó vengándose ampliamente con esa escapada que hace y de la que tanto se ha escrito, sin acabar de aclarar lo que sucedió. Algo que debería estar en el ambiente es la desconfianza hacia los extranjeros y sus costumbres. La guerra había movido a muchas personas de un país a otros por razones diversas, sobre todo políticas. Pero en la campiña inglesa lo tienen claro: Lo inglés es lo mejor. A los franceses los considera muy "creativos". "Los extranjeros siempre tienen mucha aprensión a la policía cuando están fuera de su país" "No hagas caso de los extranjeros, chica" "Son todos unos mentirosos. No son como nosotros". Y eso que Inglaterra, en aquel tiempo ¡estaba llena de extranjeros!.

La gran reflexión de la novela la lanza Miss Marple. Una vez se conoce la resolución del crimen (de los crímenes, ya puestos) ella les hace ver a los inocentes esposos Reed, que el problema está en fiarse de lo que la gente cuenta sin comprobarlo y en pensar en la bondad innata de las personas. Porque, no diré el resultado para evitar el spoiler, el desenlace es, realmente, el que debe ser dadas las circunstancias. Y ella, Miss Marple, nos dice al respecto: "Es muy peligroso creer lo que dice la gente. Hace años que no creo a nadie".


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