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Ángel Vela vuelve a Triana



En realidad, no se ha ido nunca. Pero la recrea como si la encontrara por primera vez, como si se asombrara, como si fuera un descubrimiento. Ese asombro nos llega a los lectores y así recorremos las páginas de sus libros como si fuéramos de Wisconsin y acabáramos de aterrizar en la calle San Jacinto. Pura revelación. 

Lleva ya tiempo, mucho tiempo, indagando en el ser de Triana. Se ha convertido en uno de sus fieles paladines, en un caballero que la recorre atónito y que plasma en el papel esa experiencia. Todos y cada uno de los aspectos que en Triana pueden considerarse literarios o plásticos han ido pasando por el filtro de su escritura. La hazaña flamenca ha ido a la par. En un momento dado, Ángel Vela decidió aportar su esfuerzo al conocimiento cabal de la Triana más flamenca, la de los flamencos de Triana y en Triana. De esa forma, cuando pasen los años y los lustros, cuando el tiempo nos cubra, habrá una forma esencial de conocer este pasado y esta realidad de ahora, la realidad que nos resulta negada tantas veces en el flamenco y sin la cual todo es conjetura. 

De esa forma, como un entomólogo que pusiera bajo su microscopio el suelo, el sueño, el paisaje y la gente, se asomó al flamenco de Triana en un primer libro del que ya hablamos aquí y que recuperó datos, personas, cantes, estilos y lugares de los años fundacionales, desde 1740 hasta 1931. Libro imprescindible, desde luego, si se quiere tener noticia exacta y no elucubración. Datos fiables y no opiniones o glosas más o menos rellenas de hojarasca. 

En esta ocasión, en este segundo tomo de esa orilla flamenca que es Triana, se nos lleva al período comprendido entre 1931 y 1970. Hay que decir que el empeño es gigantesco. Hablamos de unos años de enorme efervescencia y que cuenta con muchos protagonistas que están vivos, testigos de una evolución del barrio y del flamenco que tiene enorme importancia en el panorama general de este arte y también, por qué no decirlo, en la sociología sevillana y andaluza. Porque entre 1931 y 1970 suceden muchas cosas. En todos los aspectos. Y todas aquellas afectan al arrabal como afectan a Sevilla, a su entorno y al resto del país. Años difíciles, años duros, años oscuros, pero también años preñados de la claridad del arte, porque el arte no se detuvo, no se detiene y así lo plasma en su investigación Ángel Vela en este libro cuyo título quiero que recuerdes. “Triana, la otra orilla del flamenco“. Si Huelva es la orilla de las tres carabelas, en Triana el flamenco se escribe de otra forma, más marinero, sí, más cercano al aire de Cádiz, más ultramarino quizá, más vitalista, cambiante, nuevo, presentido, ignorado, también. 



Por eso, esta lupa que Ángel Vela coloca sobre estos años difíciles es una fotografía necesaria. Detalladamente llena de aportaciones, comentarios, fotografías, reseñas...Los artistas circulan libremente por el libro. Los hechos históricos. Las vicisitudes. La transformación del barrio. La diáspora. El desarrollismo. La pervivencia de los focos tradicionales. Los encuentros y las mezclas. La música, el aire, el sonido, el toque, los bailes, los corrales, la arquitectura, el caserío, las actividades económicas...

Todas las ilustraciones son explicativas pero algunas son deliciosas. Con el encanto de un pasado reciente, pero que se nos antoja románticamente lejano. Un pasado que el autor rememora quizá con nostalgia, porque enhebrado en él está también su vida. Y esa peripecia vital no deja de traslucirse en su escritura, como no podía ser de otra forma. 

Difícil, muy difícil, yo diría que imposible, resulta resumir en pocas palabras la enorme cantidad de personajes, de personas, de lugares y de eventos que el autor recoge. Es un esfuerzo enciclopédico que la flamencología deberá valorar en lo que vale. Testimonios directos en muchos casos y, en otros, un despliegue de investigaciones que únicamente pueden hacerse con tiempo, mucha dedicación y talento. En todos los casos, su mirada es cercana, comprensiva, sin juzgar, sin poner etiquetas, dando a cada uno su sitio, como un torero de tronío que tiene que lidiar con todo lo que se le ponga por delante y hacerlo con elegancia y con valentía. 

Porque así es la prosa de Ángel Vela. Elegante. Discreta. Adecuada. Transparente. Honda. Sin alharacas. Plena de convicción en lo que escribe. 



Algunos apuntes personales. Precioso el prólogo de Emilio Jiménez Díaz, lleno de su estilo inconfundible y de su generosidad literaria. Magnífico el trabajo del editor, Paco Sosa, porque en estos tiempos que corren arriesgar con el flamenco es digno de elogio. Y, en el contenido, dejadme que os diga que me ha emocionado el recuerdo justo a Manolo Centeno, macareno de corazón trianero y persona extraordinaria, por un lado y, por otro, como no podía ser menos, las páginas dedicadas a Luis Caballero, mi amigo, nuestro llorado amigo, probablemente el hombre que, sin haber nacido en Triana, más entendía, quería y admiraba este barrio. 

Ya sé que muchos de los que leéis esto no conocéis Triana o, quizá, no habéis profundizado en ella. Pero hacedlo. Es un buen antídoto contra los males del siglo. Porque rezuma autenticidad, verdad y esos destellos únicos de luz que son su mayor alegría. Entrar en Triana por la puerta grande de este libro es tanto como hacerlo a pie y por el puente. 


Referencias. “Triana, la otra orilla del flamenco. 1931 a 1970“ Autor Ángel Vela Nieto. Editor Francisco Javier Sosa. Ediciones Giralda. Sevilla, 2014. 
Fotos de la entrada. Antonio Mesa León “El puente de Triana es azul“. Caty León, Acuarela colección propia. 

Comentarios

A. Vela ha dicho que…
Impagable gesto de amistad y amor al flamenco y a tu barrio, Caty. Hay que releerlo porque aún no me lo creo. Muchas gracias.
Emilio Jiménez Díaz ha dicho que…
Fenomenal tu crítica al libro de Ángel. Gracias por gustarte también mi prólogo. Gracias y un abrazo:
Emilio
Caty León ha dicho que…
Ángel, Emilio, gracias a vosotros por tanta dedicación como habéis contrastado en vuestras trayectorias, no solamente a Triana, sino al flamenco y a la cultura en general.

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