aire, saturado de olores, el de los lirios del valle que
se abren en el jarrón, el de la madera de los muebles,
el de las telas, le acaricia las fosas nasales al bebé, y
las dos manos de su madre le acarician las mejillas,
y el calor de su madre, en las horas del amanecer,
impregna su cuerpo, y el sol le acaricia el cabello, y el
tiempo terrenal le desarruga las manos. Mi preciosa
hijita, éste es tu primer día.
(Fragmento del libro)
Madeleine Bourdouxhe (1906-1996), la autora, es una escritora excepcional, llena de delicadeza, elegancia y valentía. Valentía por el tiempo en que vivió y quizá esa valentía también haga falta hoy. Nos parece que hablar hoy del nazismo no conlleva peligro, y que, al contrario, todo lo que sea denunciar esa atrocidad lo vemos bien. Pero este libro es de 1944, un tiempo peligroso, en el que decir ciertas cosas te ponía en el punto de mira del horror. Había nacido en Lieja, pero tuvo que huir hacia París donde vivió con sus padres la Primera Guerra Mundial. Estudió filosofía en Bruselas. Cuando volvió a huir, tal y como se recoge en este libro, fue obligada a volver por el propio gobierno belga. Ella no era judía, como Irène Némirovsky, que murió a causa de ello en un campo de concentración, pero sí defendió a los judíos, sus derechos y sus vidas. Hizo el bien en la pequeña escala que podía. Y se negó a publicar con las editoriales francesas que estuvieron bajo control nazi, Gallimard y Grasset. Ahora es una escritora desconocida para nosotros, como tantas otras que están en el olvido y que solo nos llegan si una editorial se atreve a publicarlas, como en este caso.
En este libro se contraponen la vulnerabilidad de la protagonista, que es la propia autora porque es una novela autobiográfica, que está recién parida cuando comienza el libro y tiene que enfrentarse al éxodo de belgas huyendo de la invasión nazi, y el estallido del mundo a su alrededor. Tiene que sacar fuerzas de donde no las tiene, con hemorragias, dolores, hambre, cansancio, miedo, para defender a su bebé recién nacido. Ese bebé es el símbolo de que un mundo nuevo iba a surgir, pero entonces nadie era capaz de asegurarlo. Encontrará la madre que hay gente que la ayudará, tanto a ella como a la niña, pero también habrá peligros, mala gente, odios y desesperación. Qué clase de vida es esa, la que vivieron las personas a las que castigaron las dos guerras en tan poco tiempo...
Estos libros hay que leerlos. Porque se pueden olvidar, y no debería ser así, los hechos históricos que han conformado un mundo que parece derrumbarse. Las mujeres, los niños, los ancianos, tuvieron que convertirse en una columna de sombras marchando hacia París. Los jóvenes y los hombres maduros fueron directamente a perder la vida, a la muerte. La autora vivirá dos veces el drama del exilio, primero de niña en 1914 y luego de madre en 1940. Su sensibilidad y sus recuerdos han dado lugar a esta novela preciosa.
Bajo el puente Mirabeau
Autora: Madeleine Bourdouxhe
Traducción: Vanessa García Cazorla
Páginas. 96
Mi opinión sobre el libro:
Es un libro de esos que hay que leer. Por el testimonio, en primer lugar, porque nunca estará de más conocer las historias de aquellos que vivieron ese tiempo de terror. Y también por la belleza de la escritura, por la delicadeza y el detalle, por la manera en que se narran las tristezas y las extraordinarias alegrías que surgen de lo que no se espera. Un parto, un bebé, una madre, una invasión, la guerra, la muerte. Y la vida.
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