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Pasiones sin reservas

Una vez paseaba por las Ramblas de Barcelona y un chico negro tiró de mí para llevarme no sé dónde. Reaccionó rápido uno de los primos con los que iba y todo quedó en una aventura. No tuve miedo. Quién tiene miedo a los diecisiete años...Mis primos tampoco lo tenían y la historia se convirtió en el guión de una película que rodamos, sin cámaras ni atrezzos, en esos días claros de vacaciones en los que la ciudad era toda nuestra. Lo he recordado porque hubo una canción que fue nuestra banda sonora. En algunos locales que frecuentamos sonaba una y otra vez. Y luego la oíamos en el coche y buscamos incluso su letra en inglés. La tarareábamos sin parar. Los tres logramos que la canción fuera el hit del verano.  De esa forma mágica y sorprendente en que suceden las cosas, la canción volvió a mí hace poco tiempo cuando la vi en la última película estrenada de Woody Allen. La película es "Un día de lluvia en Nueva York" y la canción es Everything Happens to Me. Oír la ...

Hanna y la rosa del Cairo

Una extraña rosa ha crecido en el patio de recreo .  Nadie se explica su nacimiento ni su origen. Es una rosa amarilla. No de ese amarillo claro, desvaído, triste, que suelen tener las rosas de ciudad. No. Es un amarillo intenso, un amarillo potente. Como el color de un canario en libertad. Las tres niñas han sido las primeras en descubrirla. La rosa estaba justo detrás de la canasta de balon- cesto. Una canasta vieja, muy vieja, herrumbrosa y que nadie utiliza, semiescondida en la sombra en la zona del patio que apenas se utiliza. La mayoría de los niños prefieren la parte soleada porque este es un colegio frío, cuyas clases son antiguas y están mal acondicionadas. Por eso, en la hora del recreo, todos se apiñan en el centro del patio, allí donde el rayo de sol es firme, donde se despliega su calor sin necesidad de arrebujarse en los abrigos. ¿Todos? No. Casi todos. Las tres niñas, por ejemplo, indagan cada día en los alrededores del patio buscando alguna sorpresa. Así descubriero...

Catorce Nochebuenas

(Ramón Casas i Carbó.  Mujer sentada) En la Nochebuena número catorce la calle refulgía de recados, prisas y sonidos especiales. Las mujeres eran las reinas de la fiesta. Tenían en su mano el control de las cacerolas y los guisos, y, por una vez en el año, ordenaban a sus maridos qué hacer. Ellos estaban poco duchos en las cosas domésticas y trataban de no estorbar demasiado. Con eso era suficiente. Era una calle larga y sinuosa, con varios tramos de casas blancas y de color albero. La casa de la esquina tenía un zócalo de piedra ostionera y unos enormes cierros a la calle, de hierro forjado, y una azotea vibrante, desde la que se veían el horizonte, las salinas, el océano entero. En la casa de la esquina, la niña vivía su Nochebuena número catorce y estaba muy contenta porque ese año, por fin, su madre había entendido que tenía que usar sujetador y eso la convertía en alguien diferente. Solo una cosa faltaba para que su transformación fuera completa, pero tenía la esperanza de q...

El tiempo de los cerezos en flor (II)

           Keiko quería ser florista y no obrera, pero no vivía en Londres, París o Madrid, esos lugares en los que la mujer puede ser creativa, independiente, divertida. Para ella   no ha llegado el siglo XXI y, con él, la preciada libertad de tener una vida propia que vivir. La condena de Keiko está dirigida a ser una obrera de una fábrica gris de Osaka, con una existencia gris, un traje gris y un trabajo más gris todavía. Todas las esperanzas femeninas de Osaka son engullidas por las poderosas industrias y sus contundentes edificios.  Contra todos los pronósticos, venciendo mil dificultades, Keiko abrió su tienda y los clientes agradecieron su atención y el hecho de que, con cada planta que vendía, con cada ramo que preparaba, les hacía llegar un verso escrito en un pliego de bambú. Las palabras estaban cuidadosamente caligrafiadas en la hoja, con una tinta azul brillante que sobresalía del dorado bambú. Keiko busca...

Natsumi y el pez

Cumplir quince años es entrar en el reino del amor. Hasta entonces puedes preguntarte con auténtico interés qué es lo que se siente, qué pasa cuando te besan, en qué consiste ese cosquilleo del estómago, leve e impredecible… Pero no habrás tenido la oportunidad de sentirlo, si no contamos cosas como un devaneo sin importancia, algo carnal y que no puede confundirse con el verdadero amor.             A los quince años es otra cosa. Así lo entendió Natsumi, que quiso perpetuar su amor y el nombre de su amado, aunque éste no ha llegado hasta nosotros. Escribió una carta larga, llena de puntos suspensivos, palabras entrecomilladas y corazones pequeños y rojos. La leyó muchas veces antes de doblarla, pues no quería que las palabras expresaran cosas diferentes a las que ella quería decir. Después de todas esas veces comprobó que no era fácil expresar lo que sentía pero que, al fin y al cabo, sólo disponía de esas palabras para combin...

Tiembla la noche

La luna en cuarto creciente y esos versos, esas palabras dichas en inglés, la música, las manos volando sobre las teclas blancas, un espacio breve en el silencio, la noche tiembla, espera, nada. No hables, cállate, mejor así.  Hay flores que se escriben en un beso. Una vez intenté que el carmín se disparara sobre aquella mejilla. Pero huyó, no quiso saber nada. La nada es esa espera, pensé. El rosa de los labios no tiene vocación de posarse en su cara. Pensé, nada es nada.  Así suenan los versos en la música y está todo en inglés y me pregunto si acaso yo no he visto antes de ahora esta misma y volátil sensación de verano en medio del invierno. La luna crece y crecen las palabras, en un compás que las lleva a posarse en el río. Es el río prometido, me digo, fue la nada. Nada. Una barcaza azul y una camisa. Todo azul. Mentiras en azul. Azul falso, azul nada, los azules.  Cómo perder el tiempo en trenzar soledades si aquello fue una basura tierna, pero basur...

Poesía en tres palabras

(Foto de Annie Leibovitz) Agua, tierra, fuego Agua Qué dulce te recuerdo en las sombras del agua Mi mano temblorosa prisionera en tu cielo Llueven gotas de besos prendidos en el aire Relámpagos nocturnos de presencia lejana. Qué mirada la tuya asomada a mis ojos Qué dulzura final escondida en tu beso Me retorna a los labios el sabor de tu boca Se estremece mi cuerpo de encendida nostalgia Qué tristeza perderte al final de la tarde Alejarme sin vida del hueco de tu cuerpo Me duermo en tu recuerdo cada noche que vivo Y despierto pensando en sentirte hasta el fondo. Tierra Quiero romperme en ti como una llama Descansar en tus manos mi escondido cansancio Desenterrar mi cuerpo de las sombras Vivir la primavera entre tus labios.     No me basta con ser Quiero sentirme dentro. Abrirme entre tu boca Desatar de mis ojos la niebla que me cubre.   Quiero volar al r...

Paréntesis de agua

(Foto: Chema Madoz) Hoy he cerrado todas las puertas He apagado las luces al salir He borrado su nombre del teléfono He roto puentes y zanjado esperanzas He arrojado con ira su pequeño afecto Un simple, diminuto, insignificante afecto En un contenedor lleno de suciedades Para que nada suyo se mezcle con la vida. Al fin, si no te aman como tú deseas Llamarse amor no puede, es solo frustración Una mentira que cuentas por si cuela Una estupidez que se repite en sueños. He terminado una larga aventura En la que quise hallar perdido un paraíso Una forma del agua que llevara mi eco Que estuviera cuajada de abrazos sin medida. Pero al fin, si los cuerpos no se reconocen Si no hay piel o si la piel no tiembla Ya nada puedo hacer que no sea arrepentirme Acunar el vacío, pero este es yermo y terco. De nada sirve que el calor te corrompa Que la huella del sol nos amanezca Tal vez tenga que convertirme en aire En surco de levante, en brisa de poniente. No he vuelto l...

Aire que casi vuela

En la medida exacta de las cosas Estas tú Y quererte es la prueba de la armonía del mundo. Enlazo sentimientos, Ato los hilos de la emoción temprana. Escribo que te espero. Espero que me ames... Si subo un escalón, te encuentro arriba Con el olor del sol y de las rosas Con el color del aire que cerca el horizonte Con la verdad de ser, de ver en ti la vida. (Fotografías de Richard Avedon, 1923-2004) 

Para escribir la vida

  A orillas de las noches inciertas, cuando se olvidan los deseos, y los nombres pierden sus sílabas y las consonantes suenan a hueco, he llegado a amarte tanto, que tu silencio ha sido una respuesta.   En las noches que tienen el sabor de la duda, cuando algo te aleja y te acerca a las cosas, quise estar contigo aun sin conocerte, hasta que la aurora deslice su mano.  Y en los días que se levantan con el cielo gris con nubes azuladas y relámpagos dorados esos días que parecen desprenderse del tiempo, sé que si tú estuvieras hallaría un sol presentido un sol de rayos triangulares y enigmáticos un sol único para escribir la vida.  (Fotografías de Robert Doisneau)