Estos días medio grises, con la lluvia a punto de saltar a cada paso, invitan a la lectura si no eres demasiado capillita y prefieres recorrer la ciudad con tu paragüas por si ocurriese, de pronto, el milagro de una salida procesional. Pero hay algo que todavía te adormece mejor en este paisaje que parece otoño, con la luz difusa de los momentos de cambio: el cine. No sé quién dijo que la televisión acabaría con el cine y se equivocó tanto. No solamente no ha acabado sino que nos lo trae a nuestra casa de una manera tan sencilla y tan placentera. Estar en tu salón contemplando esa película que, justamente en ese momento te apetece ver, es algo grandioso. El cine te distrae y no te obliga tanto como el libro. Y, a veces, ese libro es la base de la película, creándose verdaderas obras maestras, que pueden hacerte olvidar el papel impreso. Se dice que una película no puede superar un buen libro, pero hay matices. Porque, en otras ocasiones, es la película la que termina comiéndose el...
El blog de Caty León