Alison Steadman es la actriz que interpreta a la señora Bennet en la serie de la BBC de 1995 "Orgullo y prejuicio".
En mi libro "Las mujeres en Austen" (Rialp, 2023, prólogo de David Cerdá) dedico un capítulo a las madres, a las que califico como ausentes. Desde su madre, Cassandra Austen, hasta las madres literarias, en todas ellas hay carencias de crianza y de afecto. Una versión reciente de "Orgullo y prejuicio" (Netflix, miniserie, 2026) presenta a la señora Bennet como un prodigio de empoderamiento, una precursora de las madres activas e independientes de ahora. Una estupidez como otras muchas, por resumir lo que me parecen estas malas adaptaciones de la obra de Austen.
Solo una lectura sesgada del libro o una no-lectura, puede llevar a hacer un retrato así de esta señora que la autora define con claridad como insensata y falta de juicio. Su forma de criar a las cinco hijas produce efectos irreparables en los caracteres de las chicas y en ningún momento de la novela parece que las desgracias hagan mella en la frivolidad inaudita de la señora Bennet, más preocupada del largo de las mangas que de la felicidad de sus hijas.
La señora Bennet no es criticable porque se empeñe en casar bien a sus hijas, esto, en cierto modo, es lo más positivo de su actitud porque era consciente, como todos en la época, de la necesidad de situarse en la sociedad cuando no se tienen medios. Lo peor es el histrionismo casamentero que utiliza en las relaciones con sus hijas, sin hacerles ver a estas que hay que casarse bien, pero no de cualquier forma. Está tan interesada en el flirteo como sus propias hijas y la relación con su marido deja mucho que desear como ejemplo conyugal. Claro que en esto ella no tiene toda la culpa, pues el señor Bennet, después de equivocarse al elegir esposa y casarse con alguien con quien no tiene afinidad alguna, no es capaz de ayudarla a reconducir un poco su insensatez sino que se ríe de ella y lo hace en complicidad con las hijas, lo que es mucho peor. El espejo matrimonial que tienen las chicas delante es deplorable.
Convertir a la señora Bennet en una adelantada feminista no deja de ser otro error más de los que cometen los cineastas con las versiones que hacen de las novelas de Jane Austen. Resulta penoso, porque se pierden la verdadera dimensión de su obra, mucho más profunda e interesante que el juego ideológico que se propugna en esas adaptaciones al cine o las plataformas. No hace falta añadir matices inexistentes sino conocer bien lo que se quiso contar y la forma en que se presenta a los personajes. Pero la mayoría de los que hacen los guiones o dirigen las películas se dedican a plasmar sus propias ideas sin beber de las fuentes originales o sin entenderlas, que todo puede suceder. Una mala lectura de Austen y un desconocimiento total de los verdaderos expertos en su obra que existen y que desde hace tiempo han ido contribuyendo a su comprensión. Las películas y series parecen dirigidas todas a las adolescentes que adoran a los Bridgerton, y presentan una época Regencia desvirtuada, una visión oscura de lo que fue la claridad georgiana y, sobre todo, una indiferencia increíble de los verdaderos valores que la obra austeniana contiene.





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