Eran las horas de la siesta las que se aprovechaban para hacer aquello que nunca parecía bastante. Como leer, como escribir en el diario de pastas verdes con una llavecita y un pequeño candado, como coser vestidos a las muñecas, como probarse peinados ante el espejo del pasillo. Éramos mudas en las horas de las siestas, porque no se podía hacer ruido. Los niños pequeños dormían. Eran los únicos. La madre no tenía tiempo de descanso, nunca se sabía cuando dormía. Las niñas mayores odiaban tener que parar en su actividad del día. Las siestas en vacaciones eran fuente de inspiración. El tiempo del colegio, que era casi todo el año, no permitía nada más que comer rápidamente y volverse a marchar. Pero el verano traía estos momentos vacíos que se llenaban con aquello que mejor convenía. Era una vida emocionante pues cada vez traía una ilusión nueva, incluida el nacimiento del amor temprano. El suelo fresco, ese mosaico de color estropeado de tanto fregarse, era el paraíso de las horas de calor en unas tardes cuajadas de aventuras.
( Aibileen Clark con la niña a la que cuida, Mae Mobley Leefolt en Criadas y señoras , 2011) Una frase puede valer tanto como un tratado. La mayoría de los que escriben darían oro por una buena frase. Las frases son como las ideas: lo más difícil de hallar, lo más fácil de plagiar y lo más duradero. Una buena frase representa un logro para el que la escribe o pronuncia. Detrás de una buena frase siempre hay una idea valiosa. Y, además, una buena frase te hace pensar en cuestiones que merecen la pena. La película Criadas y señoras ( The Help , 2011, de Tate Taylor ) incluye esta frase en boca de la criada negra de la niñita blanca: "Tú eres buena, tú eres lista, tú eres importante" . La criada negra no ha estudiado psicología pero ha criado ella sola a diecisiete niños. Todos ajenos. Todos blancos. Resulta incongruente cómo en esta película ( y supongo que también en la realidad que retrata) las mujeres blancas dejan a sus preciosos hijos blancos en manos de ...

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