Meli
Había un sol de justicia, había un secreto y un vestido blanco con margaritas. Había gente muy joven y algunos mayores que no lo pasaban demasiado bien, pero los jóvenes sentían que aquello no tendría importancia alguna después de pasar los años y tuvieron razón. En el tiempo de los descubrimientos, la elegante ciudad de Sierra Morena concentraba anhelos y amores, todos ellos incrustados en corazones ardientes, deseosos de vivir la vida a tope. En los bares y en las cafeterías, en los paseos, en los restaurantes, se alternaba con la esperanza de descubrir el mayor de los afectos. Había un hotel en el que los novios aguardaban el sí quiero. Y había también una alberca, una enorme alberca floreciente, que daba a la casa la categoría de espectáculo. Lanzarse a la alberca recién levantadas era un milagro. En medio de todo esto, la vida no anticipaba sino dichas. Y, a pesar de todo, el paso de los años convirtió aquello en un balneario donde la felicidad era seguro. Nadie sabía lo que el devenir del tiempo les depararía pero en aquellos corazones, por unos instantes, la promesa de un encuentro eterno pervivió. Vestidos azules, vestidos negros, vestidos rojos, vestidos blancos y unos zapatos altos de tacón para celebrar que solo una vez se tienen veinte años.
/Ilustración de Kelly Smith/

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