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Cine: The Mastermind

 


Título original: The Mastermind
Año: 2025
Duración: 110 min.
País: Estados Unidos 
Dirección: Kelly Reichardt
Guion: Kelly Reichardt
Música: Rob Mazurek
Fotografía: Christopher Blauvelt
Compañías: Film Science, MUBI

El cine tiene un resorte mágico. Cuando ves una película que te gusta, te envuelves en ella, la recreas, la miras de una forma tan diferente que se convierte en algo tuyo. Hay películas que te inspiran, que te activan una especie de resorte interior, una llamada. Y eso sucede con esta película. Ni el entorno, ni la temática, tienen nada que ver conmigo. Pero quizá no sea esto cierto. Para empezar, un museo, ese lugar en el que has pasado tantas horas cuando estudiabas Arte y aun después. El sitio de la mirada activa, del resurgimiento de la estética y de la belleza abierta. También está un actor al que sigues desde hace tiempo y que te gusta mucho, Josh O'Connor. Como eres muy mitómana, ese actor es un chico al que querrías conocer, con el que querrías haber coincidido, del que te enamorarías sin duda. En tiempos de Tyrone Power todas las chicas estaban enamoradas de él. Una cosa así. Después tenemos la fotografía. Soy una amante de la fotografía, entiendo la fotografía como una expresión artística que configura el mundo, que ofrece no solo técnica sino también intención y emociones. La fotografía podía haberla firmada William Eggleston, con esos coches largos y de colores intensos; esos espacios virginales solo ocupados por destartaladas casas; esa lírica de la fealdad en los objetos; esos restaurantes de comida rápida que son inconfundibles. Por fin, la música, una banda sonora que es toda jazz, que es todo jazz, que bombea, golpea, avanza rítmicamente y se mueve alrededor de ti, es una manera de compensar la tensión de lo que va sucediendo. 

J.B, el protagonista, es un carpintero en paro que vive en un lugar agradable de la costa oeste, con su esposa y sus dos hijos. Tiene una relación muy buena con ellos, aunque la situación económica que padecen no es nada adecuada y eso que es hijo de un juez, que su madre tiene dinero y que sus suegros casi los mantienen. No es agradable vivir así y él quiere algo más, quiere dar un golpe que lo cambie todo, y en eso está, y ahí se vive el meollo del argumento. En buscar algo mejor. Quiere algo mejor para su familia y también para él, como llega a confesarle a Terry, su mujer, callada, paciente pero firme. Aquí comienza todo y si no eres capaz de darte cuenta de que los atracos perfectos no existen es que no has visto a Kubrick ni a José María Forqué. Lo demás no puedo contártelo. 






En los años 70, en Estados Unidos, se vive la contestación a la guerra de Vietnam y el empuje del movimiento feminista. La calle es un hervidero pero a J B no le interesa nada de esto. Sin embargo, el destino y sus carambolas quizá lo conviertan en un activista sin quererlo. 

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