Indigestión de flores


 Libros del Asteroide ha publicado este año pasado un libro buenísimo (Prohibido morir aquí, de Elizabeth Taylor) y dos espléndidas mediocridades (El accidente, de Blanca Lacasa y Comerás flores, de Lucía Solla Sobral). El libro de Elizabeth Taylor (no confundir con la actriz de los ojos violeta) había salido ya a la luz con la editorial La Bestia Equilátera en 2018. Quise conseguirlo desde entonces porque de la misma autora ya conocía Una vista del puerto y Un alma cándida, ambos editados por Gatopardo Ediciones; El juego del amor y La señorita Dashwood de Ático de los libros. Me reafirmo, con todas estas lecturas, que la mejor traductora de Taylor es Ana Bustelo. Pues bien, Prohibido morir aquí ha obtenido la acogida que la escritora merece. Es un libro lleno de hondura y lirismo, muy bien escrito y con personajes inolvidables. Es un gran libro. En cuanto a El accidente, que he leído entero con un asombro creciente sobre por qué alguien ha pensado que merecía publicarse, no tengo noticia de que haya sido un suceso. La cosa cambia con las flores, lo de comerse las flores, lo de pillar una buena digestión a base de las flores de Lucía. 

Nunca escribo aquí sobre los libros que no me gustan. No soy nadie para enmendar la plana a los autores. Pero, ahora que lo pienso, ¿cómo que no? Soy una lectora y, por ello mismo, no emito un juicio sino una opinión y tengo derecho a opinar. Ese deseo de opinar de este libro se ha exacerbado ante las alabanzas, los comentarios laudatorios y el hecho de que lleve ¡DOCE EDICIONES! Tengo que confesar que no lo he leído entero, y que me he esforzado en leer la tercera parte porque desde la primera página ya estaba aburrida. Narrar un hecho tan fuerte y que te deje indiferente ya es un mérito. He leído libros sobre el duelo que te hacen llorar porque sé mucho de duelos y de lágrimas. Pero esto es un vodevil sin pies ni cabeza, un libro tik-tok sin mayor enjundia, sin que pellizque, sin que te llegue más allá de la más superficial epidermis. No es solo que la temática está forzada para que entre todo, el duelo, las amigas, la pareja, el romanticismo, los tíos maduros que manipulan, la juventud que no sabe y no contesta. No es solo que no exista estilo ninguno, sobren "y" y falten signos de puntuación, es, sobre todo, que no hay en él ni un ápice de emoción. Pretendiendo hablar de sentimientos, te deja tan fría como un plato de lentejas sobrantes del día anterior, ya que hablamos de comida. 

El fulgurante éxito de este libro me ha hecho pensar. Porque no es el primer caso. Ahí están los libros planetarios, infumables todos y súper leídos. Es verdad que los asteroides eran gente de confianza aunque están haciendo oposiciones para caer en picado ante sus lectores más fieles. Entre estos dos bastinazos (usaré el lenguaje del carnaval de Cádiz, que es época) y su comunicado diciendo que va a "actualizar" la biografía de Julio Iglesias, han demostrado ser una editorial venida a menos. Sin valentía y sin criterio. 

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